Toti Spangenberg: tenía tres años cuando murió su padre “Spider” y los amigos de él se unieron para hacer realidad su sueño artístico

Tras el final de las grabaciones de la serie de Cris Morena que le dio una exposición que jamás imaginó, el músico y actor se prepara para los dos shows del 17 y 18 de diciembre en el Campo Argentino de Polo. En una charla a corazón abierto con Infobae habló de su infancia sin su padre y de todas las personas que ocuparon ese lugar a lo largo de su vida: “Siempre tuve muchos padres”. También contó cómo nació su relación con Mora Bianchi, quien lo tiene “embobado”

Toti Spangenberg: tenía tres años cuando murió su padre “Spider” y los amigos de él se unieron para hacer realidad su sueño artístico
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Durante años, Toti Spangenberg tuvo claro que quería vivir de la música, pero no estaba seguro de animarse a intentarlo. Estudió un año de Administración de Empresas, hasta que una amiga de su familia lo escuchó cantar y lo empujó a mandar un video para entrar a Otro mundo, la escuela de Cris Morena. No podía pagar la cuota, pero los amigos de su papá, quien murió cuando él tenía tres años, se organizaron para ayudarlo.

A partir de ahí, todo cambió. Llegó Margarita, el personaje de Merlín y una exposición que nunca había imaginado. También llegó Mora Bianchi. Lo que empezó entre ensayos y escenas compartidas se transformó en un romance que durante mucho tiempo mantuvieron en secreto. “Estoy tarado”, dice ahora con ternura, cuando habla del amor que siente por ella.

Se acabaron las grabaciones de la serie, pero el final tiene algo de trampa: el 17 y el 18 de diciembre, el elenco llegará al Campo Argentino de Polo para dos shows —el primero ya está agotado— y, mientras una etapa termina, otra empieza. “Es un gran comienzo”, resume.

En una charla a corazón abierto con Infobae, habla de su infancia, de la ausencia de su papá y de la mujer que lo crio, de aquel año en la facultad que abandonó para dedicarse al arte y del momento exacto en que entendió que la fama había llegado. También cuenta cómo nació su relación con Mora, qué hizo con su primera plata importante y cuál es el sueño de su vida.

—¿En qué momento de tu vida estás?

—Se podría decir que en un gran momento, aunque estoy melancólico porque se termina Margarita, pero es el comienzo de una nueva etapa de mi vida.

—Toti, ¿cómo empezaste a ser Toti?

—Siempre fui Toti, desde chico. No tengo recuerdo de que me digan Rami, Rama, Ramiro. La historia del sobrenombre es mala: es que a mi hermana no le salía decir Ramiro y me decía Toti. Entonces crecí siendo Toti. Siempre estuve relacionado con la música y con el arte, mamá cuenta en todos los asados y tés familiares que cuando era chiquito agarraba palitos de sushi y empezaba a darle a los juguetes como si fuese una batería. Me ponía los baldes de la playa y empezaba pum, pum, pum, sin saber nada. No miraba dibujitos animados, pedía música. Y siempre tuve el apoyo de mi familia en ese sentido.

—¿Cómo era esa infancia?

—Muy, muy dulce. Somos tres hermanos y yo soy el más chico: Agustín tiene 31, Violeta tiene 29 y yo 25. Crecí sin mi padre, que falleció cuando yo tenía tres años.

—¿Qué le pasó?

—Falleció durante una carrera de Adidas. Él trabajaba en Adidas y estaba empezando a desarrollar el mundo del golf acá. En una maratón le agarró un paro en el medio de la carrera. Era súper sano, súper deportista. Fue súper trágico, un hombre joven.

—Eras muy chiquito.

—Teníamos tres, seis y nueve, números muy importantes en mi vida. Crecí sin él, pero mi infancia nunca fue dura. Siempre tuve muchos padres: los padres de mis amigos, mis abuelos y mi madre. Mi madre es madre y padre, la peleó a morir.

—¿Tu mamá trabajaba?

—Mamá estudió diseño gráfico y siempre fue muy artista, pero tuvo que salir a laburar y entró en algo parecido a una financiera. Le costó mucho al principio, porque había estudiado arte y tuvo que ir a una oficina ocho horas. Económicamente también fue difícil. Yo, por ser el más chico, siempre fui muy apegado a ella, me llevaba siempre a upa..

—¿Tus abuelos podían ayudar?

—Siempre ayudaron mis abuelos, desde donde podían, obviamente. Pero mi viejo debe ser la persona que más amigos tiene en todo el país, en todo el mundo. Es el día de hoy que siempre alguien me va a decir: “¿Vos sos el hijo de Spider?”.

—¿Spider? ¿Por qué?

—Le decían Spider. No me acuerdo si en el colegio donde iba él. Mi apellido es Spangenberg: Span, Spider, derivado de Spangenberg. También, historia tonta.

—¿Los amigos de tu papá estuvieron presentes?

—Siempre. Los amigos del club, donde jugaban rugby, son de fierro. Hoy mi vieja se junta con ellos y los ve todo el tiempo. Para entrar a Otro mundo, mamá no podía pagar la cuota. Era muy caro. Yo laburaba desde los 15: daba clases de guitarra y agarraba cualquier changa para no pedirle guita a mamá, porque siempre me dio mucha cosa pedirle plata.

—¿Costaba en tu casa?

—Mamá nunca nos hizo saber. Vivimos en una casa hermosa y nunca me enteré de que costó, pero siempre tuvimos el apoyo de los amigos de mi viejo. Volviendo a la historia de la escuela de Cris, empecé a estudiar Administración de Empresas. Hice un año, lo metí entero, y en el fondo siempre supe que iba a ser músico o hacer algo con el arte, pero nunca tuve la convicción y los huevos de meterme, porque crecí con mi vieja que tuvo que reinventarse y con ese miedo también de decir: “Che, capaz con esto no. Me la juego y capaz me sale mal”. De cagón. Y también Argentina, no es fácil. En el arte hoy acá es imposible y soy un privilegiado de la vida.

—¿Y cómo apareció Cris Morena?

—Belén Caride, que es la mujer del mejor amigo de mi viejo, me invitó a cantar a su cumpleaños. Ella siempre me decía: “Vos tenés que estudiar música porque sos un crack”. Me escuchó ensayar y me dijo: “Escuchá una cosa, pendejo: vos te metés ahora en el programa de Cris Morena o me voy a enojar mucho. Tenés que mandar un video, nada más”. Lo grabamos y lo mandamos. Días después me llamaron: “Hola Ramiro, ya quedaste. Bienvenido a Otro mundo”, pero yo no podía pagar eso y no había becas. Entonces encaré todo como para entrar a segundo año de Administración y me llamó Belén: “Toti, vos no tenés que hacer nada. Ya armé un programa para que entres a Otro mundo. Todas las personas que te quieren, ya sea por vos o por tu padre, van a pagar una cuota para que puedas estudiar y hacer lo que más te gusta”. Yo no quería aceptar, me daba vergüenza, pero me dijo: “Ya está, ya tengo la lista. Ya cubrimos dos años”. Y así entré. Entré gracias a Belly y el Bocha, les mando un saludo gigante.

—Me emociona que 20 años después un grupo de gente se junte para que vos puedas soñar. ¿Qué dijo tu mamá?

—Mamá no se quería meter y siempre agradeció a todo el mundo. Ella también es terca como yo y le cuesta pedir ayuda, no es fácil, ero está bueno saber pedir ayuda.

—Vos eras muy chiquito. Te debés acordar poco de tu viejo.

—No me acuerdo, no tengo recuerdos de mi padre. Tengo millones de fotos, pero no tengo videos, que es algo que me hubiese gustado tener.

—¿Lo hablan en familia?

—Sí, pero no desde un lugar de “qué duro”. La que más recuerdos tiene presentes es mamá. Nos cuenta momentos y nosotros reaccionamos cada uno con nuestra personalidad. Y hoy nos reímos con nuestros amigos y las familias amigas. Yo crecí con esa tranquilidad.

—¿Se volvió a enamorar tu mamá?

—Mamá se volvió a enamorar, estuvo de novia muchos años con una persona que quiero mucho y dejé de verla porque se separaron, pero con él también crecí, veraneé muchos años. No llegamos a vivir juntos por decisión de ambos, pero fue una persona que mis amigos y familia lo conocen y todos lo recuerdan como alguien muy importante en mi vida. Es músico, él laburaba en una empresa pero tocaba la batería, tenía una banda y yo estaba en esa banda.

—Vos estudiabas administración de empresas, pero ¿estaba la fantasía de poder vivir de esto?

—Estaba la fantasía de los shows, pero no estaba el proceso hasta ese show. Siempre estaba escuchando música, me gusta todo: crecí con The Police, U2, Sting, más que nadie. Después, cuando empecé por mi cuenta, mucho Charly García, Spinetta, Cerati, Fito. Después me fui metiendo más en lo nicho: pasé a Metallica, Megadeth, Iron Maiden, porque me divertía sacar los temas con la guitarra.

—Mientras rendías un final de Análisis.

—Macroeconomía. Sí, cómo me costó esa, por Dios (risas).

—¿Por qué decidiste estudiar una carrera así?

—Porque me daba miedo no estar cómodo, no estar tranquilo económicamente, estar todo el tiempo buscando, llegando a fin de mes con lo justo, rascando. Me daba miedo.

—¿No ser bueno te daba miedo?

—No, siempre tuve confianza, nunca dudé.

—¿Y cuando entrás en Otro mundo?

—Entré y me sentí como medio sapo de otro pozo porque entré después, como a las dos o tres semanas. Y al toque a hacer shows internos, a participar en clases, que nunca en la vida participé en clases en el colegio. Me iba pésimo, me llevaba a todas.

—¿Seguías con la facultad en paralelo?

—No, chau, solté todo. Eran ocho horas diarias en Otro mundo, muy intenso. Dije: “No, ya está, acá me dedico a full”.

—¿Se hacen buenos amigos adentro? Porque también hay algo medio competitivo de estar todos queriendo ser vistos para un proyecto.

—De afuera se ve lógico que haya competencia, pero nosotros éramos muy inocentes. Fuimos la camada fundadora y estábamos medio como en un cuento de hadas. Después se empezó a rumorear Margarita y la gente que no fue quedando se fue de Otro mundo, porque se cayó esa ilusión de estar en un proyecto de Cris. Pero nunca estuvo esa competencia.

—Empieza a sonar el proyecto Margarita. ¿Ustedes ya por estar en Otro mundo estaban siendo evaluados sin saberlo?

—Sí, de infraganti estábamos siendo observados. Los guías daban feedback: “Este tipo canta muy lindo”, “este no sabés lo que toca la guitarra”. Todo llegaba a Cris, a Laura o a los que estaban encargados de Margarita. Pero nosotros ni le dábamos bolilla porque lo veíamos tan lejos que no imaginábamos que fuera a surgir un proyecto.

—¿Cómo surgió finalmente?

—A Mateo (Belmonte) y a mí nos mandaron a un casting y lo hicimos juntos. Era nuestro primer casting y estábamos súper nerviosos. Él salió y dijo: “No, me fue pésimo”. Entro yo, salgo y digo: “Esto es una cagada, yo soy músico, esto no lo voy a hacer nunca”. Y Mateo se cagaba de risa. A partir de ese casting nos llamaron y nos dijeron: “Chicos, no quedaron, pero tranquilos que tenemos algo preparado para ustedes”. Y ahí surgió Margarita.

—¿Cómo te enterás de que quedaste?

—Después de las vacaciones de invierno nos citaron a todos en una sala de Otro mundo y nos dijeron: “Bueno, vamos a hacer la biblia de los personajes”. Empezaron: Margarita, toda la descripción; Merlín. Y Cris nos miraba a cada uno. Entonces fue: “Merlín”. Aplausos, todos llorando, desahogo. Fue un gran alivio.

—¿A quién le contaste primero?

—Llamé a mamá. También a Belly y al Bocha. Ellos son los primeros que llamo junto a mi madre cuando suceden estas cosas.

—¿En qué momento entendiste que te estaba cambiando la vida?

—Cuando estrenamos. Específicamente cuando fuimos a un canal de streaming y a Morita la frenaron los paparazis, con una cámara al hombro y flash. Ella estaba encantada, no podía creer lo que le estaba sucediendo. Después nos subimos rápido al auto y dijimos: “Che, nos cambió la vida. No somos los mismos que éramos antes”.

—¿Y qué te empezó a cambiar a vos?

—Yo siempre fui de chancleta, short de fútbol y musculosa. Salir a comprar algo o a comer un asado así. Hoy intento verme bien. No es que me moleste que la gente me vea así, sino que me molesta verme en una imagen como de dejado. Pero sí, hoy en día salgo mucho más puesto a comprar un maple de huevos.

—Pero seguís yendo a comprar un maple de huevos.

—Sí, no me importa nada. Hago todo lo mismo que hacía antes. Voy al shopping en horario pico, no me importa. Si me tengo que sacar fotos, no pasa nada. Trato de no perder eso y no apartarme de lo que soy.

—¿Qué le pasó a tu mamá con este boom?

—Hoy vivo solo con mi vieja y ella se caga de risa, no lo puede creer. Tuvo que aprender a lidiar con lo que pasa puertas afuera de casa. Después de los shows fue la primera vez que le pasó de estar arriba del auto y que la gente se abalanzara. Ahí dijo: “Che, esto pasa de verdad”.

—¿Se bancó que dejaras Administración?

—Ella fue la primera que me dijo: “Largá todo”. Tengo una suerte de tener una madre así. Nunca tuve el no de nada.

—¿Qué hiciste con la primera plata importante que ganaste?

—Cambié mi celular. Siempre tuve celulares pedorros, todos hechos pelota, la pantalla toda rota, el sonido que no andaba.

—¿Y te administrás vos?

—Sí. La negociación la hacemos con el manager, pero mi plata sí la gestiono yo. Tengo un amigo, un viejo lobo de mar, al que le mando mi plata y me cuenta todo, la invierte.

—¿Y le hiciste algún regalo a tu mamá?

—Sí, varios. Le compré un horno. Le cambié el horno de casa.

—¡Hoy ya la situación en tu casa no hace que tengas que ayudar económicamente?

—No. Era más un tema de cuando éramos chicos, de mamá mantener a tres y mantener la casa también. Nunca quiso vender la casa, entonces era ese tema. Hoy mis hermanos ya laburan. Mi hermano es profesor y trabaja en un lugar de simuladores de golf y mi hermana está en un banco de alimentos en Benavídez. Y los dos están chochos. Ella está de novia hace ocho o nueve años y estoy esperando a que se casen y que tengan un hijo. Ya no puedo más.

—Ojo que te pueden pedir lo mismo a vos.

—Que me lo pidan. Sería hermoso igual. Me gustaría ser padre, formar una familia, casarme y tener tres hijos.

—¿Siempre fue ese el sueño?

—Sí, siempre. Crecí con eso. Siempre me imaginé padre, siento que podría ser un buen padre, por más que sea complicado. Me llevo muy bien con los niños, me divierte jugar y me gusta la familia.

—¿Cómo empieza el noviazgo con Mora?

—Con Morita, ella pasó muy desapercibida en la época del taller, antes del rodaje. Cuando abrió la garganta para cantar se me cayó la mandíbula al piso. Dije: “¿De dónde salió esta enana de metro y medio?”. Empezó a cantar y yo no lo podía creer. Empezamos a compartir escenas y nos aislaron a los dos juntos para ensayar escenas específicas. Ahí la empecé a conocer en todas sus facetas: nerviosa, contenta, triste. Y eso me hizo enamorarme. Ella es de La Plata, entonces se quedaba a dormir en lo de un amigo de la madre, un chinazo. Apenas la conocí me enamoré, pero nunca puse el pie en el acelerador porque, como ella también lo cuenta, nunca supimos si era parte de la ficción, de los ensayos, del trabajo o de lo que nos estaba sucediendo a Mora y a Toti. Yo me volvía a mi casa y estaba todo revuelto. Decía: “No me puede estar moviendo tanto esta chica. Me está matando”. Llegó el verano, relajé un poco, pero seguía en mi cabeza.

—¿Vos se lo decías a ella?

—No, yo no se lo hacía saber, de cagón. También había algo de: “Vamos a estar cuatro meses conviviendo, ¿qué puede llegar a pasar si pongo primera?”. Podría pasar cualquier cosa y viendo la jugada, tampoco sabía del otro lado qué había.

—¿Ella tampoco había dicho nada?

—No. En los ensayos todo el tiempo había situaciones. Yo sentía cuando del otro lado había algo más que trabajo, pero no tenía la certeza. Entonces no quería poner primera. Nos fuimos a grabar, pleno rodaje, locura, intensidad, sin dormir, cansados, agotados, hasta que poco a poco yo empecé a poner un poquito de primera, casi a fines de rodaje.

—¿Y cómo se enteraba ella de que era Toti y no Merlín?

—Yo se lo hice saber desde el minuto uno. Le dije: “A mí me pasa esto desde que te conocí. Estuve mucho tiempo intentando descifrar si era parte del trabajo o si es parte de lo que me pasa a mí con vos como persona. Y definitivamente me pasa. Estoy hasta las manos”. Y, por suerte, la conquisté.

—Eso no es primera: eso es como cuarta.

—Sí, puse cuarta de una porque no podía más, Tati. Estaba hasta las manos. No podía aguantármelo más. Puse cuarta de entrada. Arrancó el auto y ahí sí.

—Y ella se subió.

—Y ella se subió. Cuando volvimos de rodaje quedamos como en: “Bueno, fijémonos bien qué nos pasa. Terminemos de definir si esto es parte del trabajo o si es parte de lo que nos pasa a nosotros”. Y al toque dijimos: “Esto somos nosotros”.

—¿Era secreto en el rodaje?

—Nosotros no queríamos que nadie supiera, pero todos lo suponían, veían que había onda en set. Nuestra primera cita fue a una parrilla en Punta Carretas, a tres cuadras del hotel. Salimos sin que nos vieran, relojeando: “Te espero en la esquina”. Llegó Morita, fuimos y vimos en la otra esquina a Lola. Nos hicimos los boludos. Después ella le contó a Lola y, a los dos días, Martiniano me preguntó. Le dije: “Bueno, pero no digas nada”.

—Y a los tres minutos...

—A los tres minutos nos agarra Cris y nos dice: “¿Qué onda? Si me cuentan, les muestro el tráiler”. Esto era septiembre, nosotros terminábamos de grabar en noviembre y ya tenía el tráiler, era primicia /absoluta. Y al toque le dijimos: “Bueno, sí, mostranos el tráiler”. Lo vimos y nos fuimos, quedamos a mano y así fue nuestro comienzo.

—¿Tuvieron la bendición de Cris?

—Tuvimos la bendición de Cris, que fue una madrina para nuestro comienzo de relación. Nos mimó. Siempre nos preguntaba cómo estábamos, cómo estaba Morita, a mí me preguntaba por ella y a ella por mí. Siempre nos cuidó, estuvo atenta. Le interesó genuinamente porque nos quiere mucho y nosotros también la queremos mucho. Fue un placer tenerla cerca.

—Y al principio tampoco querían que se supiera. ¿Cómo hacían?

—Eso fue recomendación de Cris. Nos dijo: “Yo les recomiendo, por experiencia, que no lo cuenten. Que la gente no sepa, por más que lo dude, que no tenga la certeza de ustedes. Más al principio, cuando se acomode bien la relación y esté todo encaminado, ahí tomen la decisión que quieran”. Y fue así. Lo elegimos.

—¿Es verdad que se cuidaban en las redes?

—Sí, nos cuidamos un montón. No subíamos fotos juntos en el mismo lugar y si yo sacaba una selfie o una foto de una comida en un restaurante, nos fijábamos que en la cuchara no se viera el reflejo de los rulos de Morita. Porque, aparte, los rulos de Morita son los rulos de Morita, y así nos cuidamos durante mucho tiempo, hasta Brasil 2026.

—Hace cinco minutos.

—Hace cinco minutos y medio. Tomamos la decisión de confirmarlo porque todo el mundo lo sabía aunque sin confirmación. Ya era insostenible, era lo mismo, y estábamos de viaje juntos y no podíamos ni subir una foto.

—¿Seguís igual de enamorado?

—Embobado, estoy tarado. Lo estoy. Morita me sorprende día a día, es una reina.

—Cris toma un poco ese lugar de mamá de todos ustedes durante el proyecto. ¿Cómo se vive eso?

—Está todo el tiempo, 24/7 presente en el set. Fue súper importante para la historia, para nosotros como actores y para nosotros como grupo también. Tenerla ahí es como tener a Messi en tu equipo. Tiene setenta proyectos encima.

—Y estuvo con ustedes en un momento dificilísimo de su vida.

—Sí. Es el día de hoy que le siguen pasando cosas y vos decís: “¿Hasta cuándo será?”.

—¿Ahí la cuidan un poco ustedes a ella?

—Sí, un montón. .

—¿Está bueno lo que viene?

—Está increíble. Se vienen los shows y estamos muy contentos y muy emocionados. Y que se hagan estas cosas hoy en día acá en el país y que venga de un proyecto argentino es algo que agradezco.

—Me gustó saber que tenés ganas de ser papá de tres. Pero antes de eso, ¿qué soñás?

—Trabajar en esto, hasta cansarme. Llegar a los 80 y decir: “Uh, lo que laburé”. Ese es mi sueño.

—¿Te imaginás en Argentina?

—Ojalá sea en Argentina. Y ojalá pueda representar el arte que tiene este país, que para mí está muy infravalorado a nivel mundial. Ojalá pueda ser parte de una gran historia del cine, si Dios quiere, y representar a la Argentina a nivel mundial.

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