De modelo top en París y Nueva York a una vida de aventuras en dos ruedas: la llamada que cambió el rumbo de Virginia Guidetti

La ex modelo desfiló por las pasarelas de firmas de lujo como Dior, Stella McCartney y Lanvin. En este nuevo episodio de Voces contó cómo cambió aquella vida glamorosa por la velocidad y rutas desiertas a bordo de La Torda, la moto con la que hoy recorre el mundo

De modelo top en París y Nueva York a una vida de aventuras en dos ruedas: la llamada que cambió el rumbo de Virginia Guidetti
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A los 15 años, Virginia Guidetti empezó a trabajar como modelo casi como un juego. Viajaba desde San Lorenzo, Santa Fe, a Buenos Aires para asistir a castings y, con el tiempo, aquella adolescente que todavía iba al colegio terminó desfilando en París, Nueva York y Japón para algunas de las marcas más importantes de la moda internacional. Trabajó para Dior, Lanvin y Stella McCartney, entre otras, y conoció un mundo que parecía muy lejano a su vida cotidiana.

Pero a los 22 años decidió volver a casa. Estaba en Japón cuando su papá la llamó para contarle que había comprado una moto. Ella tenía una atracción por esos vehículos desde chica y, después de años de modelaje, sintió que quería probar algo diferente. Se bajó del avión y al día siguiente estaba aprendiendo a manejar aquella moto que había comprado su familia.

Lo que empezó como una curiosidad terminó transformándose en una nueva vida. Guidetti conoció al expiloto René Zanatta, que se convirtió en su mentor, empezó a entrenar en pista y finalmente debutó en una carrera en 2021. Hoy compite, trabaja con marcas y viaja sola por distintos países. Su último gran recorrido fue por Bolivia, donde pasó casi dos meses arriba de su moto.

A los 38 años, aquella modelo que alguna vez desfiló con joyas millonarias en una fiesta en Cannes y compartió eventos con figuras como Lionel Richie, Paris Hilton y la princesa de Mónaco tiene otra rutina: rutas desiertas, campings, pueblos, una moto a la que bautizó La Torda y una vida itinerante que también convirtió en trabajo. En esta charla con Infobae cuenta cómo fue pasar de las pasarelas a las pistas, por qué decidió abandonar el modelaje y cómo terminó haciendo de los viajes su nueva forma de vida.

Desfilo para Dior, Stella McCartney y Lanvin, pero eligió las pistas de motociclismo.

—No sé si viniste en modo model o en modo piloto de motos…

—Piloto, modo modelo ya no más.

—¿Por la vida te movés en moto también?

—Cada vez menos, pero sí. Cuando te empezás a dedicar a andar en pista o a viajar, que son dos cosas muy diferentes, empezás a ver más los riesgos de andar en ciudad, por el tránsito, así que la evito.

—¿A qué edad empezaste a trabajar?

—Empecé a trabajar a los 15 años, una niña. Empezó un poco como un juego y tanto el trabajo como modelo como las motos partieron un poco de mi padre. Él dijo: “Vos tenés que trabajar de modelo”. Estábamos paseando por Rosario y me crucé con mi manager, que luego lo fue durante todos mis años de modelo.

—¿Se conocieron así, en la calle?

—En la calle, sí. Y, de hecho, hoy cuenta que yo fui la primera chica que encontró cuando decidió abrir su primera agencia. Él trabajaba con Pancho Dotto en ese momento y así empezó, como de la nada.

—¿Mamá qué decía?

—Como yo todavía estaba en el secundario, fue como un tanteo: “Vamos a ver qué tal, qué proponen”. Viajamos a Buenos Aires, me acompañaron mucho durante los primeros años porque era muy chica. Empezó un poco como un juego porque salía en las revistas, era lindo. También era una novedad para mi ciudad ser la chica de San Lorenzo que trabajaba de modelo.

Voces - Virginia Guidetti - Tatiana Schapiro - Motociclista
Virginia Guidetti trabajó como modelo en New York, París y Japón.

—Hasta ese momento, familia normal, estudiabas, amigos. ¿Cómo era esa infancia?

—Mi mamá trabajaba de arquitecta, mi papá había estudiado ingeniería, pero tenía unos alquileres y se manejaba más que nada con eso. Y con mi hermana íbamos al colegio, teníamos amigos del barrio, nada que ver ni con el modelaje ni con las motos hasta ese momento.

—¿Te proponen ser modelo y te dieron ganas?

—Sí, me tentó. Y durante muchos años mi objetivo fue tratar de llegar lo más alto posible y hacerlo lo mejor posible. Es un trabajo muy exigente y hay que dedicarle toda la vida. No es que sos modelo solamente cuando estás haciendo las fotos: después tenés que cuidarte, entrenar...

—¿Viajabas mucho a Buenos Aires?

—Claro. Venía por el día y al principio me volvía con mis padres. Después, me tomaba el colectivo a las tres de la mañana para llegar a las ocho a los castings y volverme a la noche. Fue exigente, tuvo cosas buenas y cosas malas, pero valió la pena porque me gustaron las cosas que llegué a vivir como modelo.

—¿Cuáles fueron las malas?

—La mala es importante en la historia porque fue lo que me hizo tomar la decisión de dejar de trabajar de modelo. Viajás siendo chica, sola y es muy difícil empezar a ganar plata porque al principio, sobre todo en alta costura, trabajás mucho por el prestigio y después recién empezás a ganar bien. Me llama mi papá que habia comprado una moto, yo estaba sola en Japón, cansada, y me pregunté: “¿Qué hago? ¿Me quedo acá o vuelvo a mi casa, a estar con mi familia y a ver qué es esta cosa nueva de andar en moto?”. Y ahí decidí volverme.

—¿La presión sobre el cuerpo?

—Eso es de lo peorcito del trabajo. Hay chicas o chicos a los que les cuesta menos, a mí me costaba un poco más porque soy grandota y más allá de que de altura somos todas parecidas, alrededor de un metro ochenta, había que ser muy delgada.

—¿Nunca generó problemas en vos eso?

—No, porque tenía a mi familia siempre apoyándome. Pero era un desgaste, porque el trabajo pasa por gustarle a los demás y no siempre podés gustarles. Es un trabajo personal que hay que hacer también y cuando sos chica por ahí te cuesta un poco más, pero por suerte con el tiempo lo pude lograr.

Voces - Virginia Guidetti - Tatiana Schapiro - Motociclista
A los 22 años y con todo por delante decidió volver y dedicarse a una pasión heredada de su papá, las motos.

—En algún momento empiezan a aparecer las propuestas de viajes. ¿Cómo fue?

—Siempre era trabajar para eso, para ir a hacer los shows en París. Antes había hecho viajes a Chile y a Perú para hacer fotos puntuales y volver, pero cuando me fui ya tenía 20 años y surgió la idea de ir a Nueva York. Fue uno de los momentos más lindos hasta ahora de mi vida porque lo recuerdo como un gran cambio, como el primer objetivo logrado.

—¿Qué marcas empezaban a aparecer ahí que decías “guau”?

—El día que llegué fui a un par de castings y me vieron de Stella McCartney, la hija de Paul McCartney, que tiene una marca muy conocida, muy linda y que me encanta. Fue rarísimo porque, así como me vieron, quedé. Es muy difícil llegar y enseguida empezar a trabajar con marcas buenas. Entonces, encima de que lo había logrado, me estaba yendo bien. Fue un lindo sueño.

—¿Qué vino después?

—En Nueva York ahí estuve poquito tiempo. Estuve para la época de shows, que fueron tres semanas más o menos, e hice shootings para revistas como Numeró, Interview, como varias revistas buenas que ahora ni siquiera me acuerdo porque pasó tanto tiempo, te juro, es como que estoy hablando de otra vida.

—¿Te quedaste con Stella trabajando un poco más o no?

—Sí, fueron shows. Hice fittings, que te pagaban por probarte toda la ropa. Te tienen capaz tres o cuatro horas probándote toda la colección, para trabajar en la ropa, probar combinaciones, hacerle retoques y últimos detalles. Después hicimos el desfile en un parque en Manhattan y estaba lleno de invitados famosos, las modelos más conocidas del momento y estaba yo ahí recién llegada. Nadie lo podía creer, ni yo.

—¿Con qué marca soñabas trabajar y se te dio?

—Soñaba trabajar con todas, no con una en particular. También con Lanvin y con Dior pude hacer un par de cosas en París, que estuvo muy lindo.

—¡Contame de Dior!

—Eran desfiles. A ellos llegabas siempre por medio de la agencia. Ellos piden modelos, te proponen y ellos eligen.

—Decime que te dejan todos los productos.

—No, maquillaje sí te regalaban en su momento. Ropa no. A veces te pagaban con ropa, que también estaba bueno.

—¿Hay alguna marca con la que tenías ganas de trabajar y te dijeron que no?

—Sí, podría ser con Givenchy, porque encima me llevaron a Europa desde Buenos Aires y no me eligieron para el desfile. Podía pasar, por ahí no te entraban los zapatos o esto o aquello y quedabas afuera. Son todas experiencias: viajé gratis y me quedé unas semanitas en París (risas).

—¿Cuánto tiempo te instalabas en Nueva York o en París?

—Dos, tres meses. De ahí se veía si te ibas para otro lado, si volvías para acá y después volvías a ir. Dependía de la temporada de desfiles y de la demanda. Era una logística que se armaba al principio de año.

—¿Tu base siguió estando en Argentina?

—Mi base fue cambiando bastante, pero hasta esa época seguía siendo San Lorenzo, mi pueblo en Santa Fe.

Voces - Virginia Guidetti - Tatiana Schapiro - Motociclista
Virginia hoy recorre el mundo en moto y comparte las travesías en sus redes sociales.

—¿Cuál fue el trabajo más raro que te propusieron en esos años?

—Como raro te puedo decir algo lindo por diferente. Cuando fuimos a hacer un desfile para una marca de joyas en el Festival de Cannes, de repente estábamos en una mega fiesta con un montón de gente conocida. Se levantó una pared y salió Lionel Richie a cantar. Estaba la princesa de Mónaco, Paris Hilton y después, al día siguiente, yo estaba en San Lorenzo con mis amigos. No tenía nada que ver una cosa con la otra.

—Pasaste de estar con la gargantilla de siete millones de dólares a estar tomando mate a la vera del río.

—Sí (risas).

—¿Vos tenés que circular por la fiesta como una invitada con joyas maravillosas y tenés guardias de seguridad que te controlan?

—Exacto. Con las joyas y con un mega vestido.

—O sea, sos una vidriera viviente y de repente se te acerca Matt Damon que te quiere ver el collar.

—Claro, ese es el trabajo básicamente. Es una locura.

—¿Alguna vez tuviste que desfilar cosas que no te gustaran?

—Sí. Hay algunos diseñadores, cuando son demasiado de autor, que vos decís: “¿Qué es esta cosa que estás diseñando?”. Una vez me hicieron un peinado que parecía un pepino y vos decís: “¿Con esto tengo que salir?”. Pero bueno, vos salís diosa, te pongan lo que te pongan.

—¿Podías vivir bien con tu trabajo como modelo afuera?

—Afuera sí, porque también es un poco una inversión de la agencia, sobre todo al principio, hasta que empezás a trabajar. Si trabajás, cubrís tus gastos. Si no los cubrís, no te los cobran, y eso te da tranquilidad. Lo que más pagaba era cuando hacías comerciales, con eso se vive bien.

—¿Qué fue lo que más te gustó hacer, lo que se quedó en tu corazoncito?

—Me encantó haber trabajado en Japón y haber hecho desfiles muy buenos allá, de los mejores diseñadores, y haber conocido una cultura tan diferente.

—¿En qué país estuviste más tiempo instalada?

—En París, pero iba y venía distintas veces.

—¿Mamá y papá ahí qué decían?

—Ellos contentos, orgullosos. Mi abuela también, coleccionaba las revistas.

—¿Vos estabas de novia en esa época?

—Tuve novio, no recuerdo exacto, pero sí dos o tres noviecitos acá.

—¿Levantaste interesante en París?

—¿Sabés que nunca? Nunca. Mis noviecitos eran de acá.

—Todo mal, Virginia. Ibas a fiestas, estaba Carolina de Mónaco...

—Todo mal, eh (risas). Podría haber conseguido, pero no, yo estaba contenta con mis noviecitos de acá.

—Tenías 22 años cuando pensaste en dejar el modelaje y te quedaba un recorrido larguísimo por delante

—Sí, podría haber seguido trabajando, de hecho mis amigas lo siguen haciendo hasta el día de hoy. Pero llegó un momento en que dije: “No quiero seguir con esto”. Quizás no era lo que más me apasionaba.

—¿Cómo te diste cuenta que las motos sí te apasionaban?

—Siempre tuve esta atracción aunque mi familia nunca tuvo motos. Me acuerdo cuando tenía seis o siete años y veníamos con mi papá a Buenos Aires porque él trabajaba acá, pasábamos por Libertador y me pegaba a una vidriera porque adentro había una Ducati, una moto roja. Como chiquita ya lo tenía, quizás venía de otras vidas, andá a saber, pero te juro que es algo que traigo de adentro.

—¿Costó amigarte con querer dejar el modelaje?

—Creo que fue una decisión que cayó de madura, pero puede ser que me haya costado porque durante muchos años seguía pensando: “Quizás debería seguir con esto”. Intentaba, pero no estaba del todo contenta.

—Me imagino que debía haber algo de “pero si te va re bien y sos re chica, tenés todo para”.

—Sí, analizaba las posibilidades: quizás podría volver a París y seguir con esto.

—¿Tus papás lo entendieron fácil?

—Sí, ellos nunca me obligaron ni me tiraron para ningún lado, solo querían que estudiara y lo hice. Estudié ingeniería química un par de años, pero cuando empecé a viajar dejé la carrera. Después estudié hotelería, que es algo que también me gusta mucho, pero más que nada para dejarlos contentos a ellos.

—¿Pudiste ahorrar en esos años?

—No demasiado, pero me compré un terrenito acá. Tenés las que ganan fortuna y las que ganan menos. Yo estaba bien, cubría los gastos y podía ahorrar.

—¿Y un día en Japón?

—Un día en Japón hablo con mis papas y me contaron que iban a comprar una moto. Ahí me quedó algo haciendo ruido. Cuando estaba con la agencia viendo si iba a seguir trabajando con ellos, si renovábamos el contrato por otros tres meses, era justo la época de Navidad, fin de año, y dije: “No, voy para mi casa. Después vemos más adelante”. Así que, así como llegué, me bajé del avión y fuimos a aprender a andar en moto grande.

—¿Y cómo fue eso?

—Hermoso, encima era una moto muy de viaje, muy de ruta, de las más conocidas. Un ruido hermoso, una sensación muy linda.

—Siempre con casco, siempre responsable, ¿no?

—Sí, obvio. Como estas eran motos grandes y potentes, empecé a andar en pista porque mi papá me dijo: “Si vas a usar esta moto, te voy a llevar a que aprendas a manejarla bien en un ambiente controlado”. Compró el equipo de cuero, el casco ya tenía, y me llevó a una escuela de manejo en un autódromo.

Voces - Virginia Guidetti - Tatiana Schapiro - Motociclista
Virginia Guidetti: "La conexión que se genera con la moto es un poco ancestral, en el sentido de que estás montando, como montar un animal, pero mecánico"

—¿En qué momento ese querer probar la moto que se había comprado tu familia se transforma en un proyecto de vida?

—Se fue dando de manera muy natural. Me llevó a esta clínica de manejo y, de repente, me encontré adentro de un autódromo haciendo lo que veía por televisión: los pilotos de carrera. Con mi papá mirábamos las carreras y siempre fui fanática de MotoGP. De repente estaba yo ahí y dije: “Esto me gusta”. También estaba esa cosa rara de que era la modelo y, encima, la modelo que andaba en pista. Era llamativo.

—¿En qué momento le decís a tu papá “yo con esto voy a hacer algo en serio”?

—No fue una decisión, como que se fueron uniendo ambos mundos muy naturalmente. De hecho, las marcas me fueron llevando a vivir de las redes y a crear un personaje más público, porque como me conocían me ofrecían: “Te voy a prestar tal moto para que subas unas fotos a Instagram”. Mientras, en la pista conocí a René Zanatta, que es mi mentor hoy en día, que es un referente en lo que es motociclismo, es muy muy conocido en toda Latinoamérica. Y él me dijo: “¿por qué no te animas a correr?”. Y me lo fue diciendo durante dos años, que fuera a entrenar para correr. Y bueno, vendí el terrenito que me había comprado y me compré una moto de pista y me decidí a probar.

—¿Se puede vivir de eso?

—Hoy en día puedo decir que sí, pero fueron también muchos años de hacerlo por pura pasión.

—¿Cuándo llega la primera carrera?

—A mis 33 años.

—Tardaron en convencerte. Estuviste nueve años más con el modelaje.

—Exacto, y jugando a ir a correr. Eran track days, era muy amistoso.

—¿El primer día?

—Fue en 2021, diluvio torrencial en el autódromo de Buenos Aires. Largué última porque era mi primera carrera y había clasificado con chicos de 20, 21 años que se dedican a esto. Al día de hoy pienso cómo me animé a estar ahí sin tener casi experiencia. Tenía muchos años de pista, de estar metida en el mundo, de aprender y mirar carreras, pero nunca había competido y estaba con estos chicos profesionales que andaban rapidísimo. Estaba en la largada, llovía, se prende el semáforo en rojo, se apaga, largamos y no duré dos vueltas. Pisé un charco y me caí. Es natural caerte, no pasa nada. Me subí a la moto, volví andando y un par de días después ya estaba entrenando de vuelta.

—No te frustró.

—No, ahí estaba muy verde, no sabía bien de qué se trataba, entonces las expectativas también eran bajas.

—¿Es comparable a cuando en un casting te dicen que no?

—No, porque acá pasa todo por vos. Es decisión tuya, es tu esfuerzo, hasta dónde llegás por tu confianza en vos misma y por el trabajo que hagas.

—¿Cómo se profesionaliza todo esto?

—Siguiendo, estando, entrenando, corriendo. Después me surgió la oportunidad: me invitaron de México a un latinoamericano femenino. Y ya es el tercer año que voy y en Brasil también se hizo otro latinoamericano. Como representante femenina no hay otras mujeres corriendo en este momento, hay otras pilotas, pero no están compitiendo.

—¿Es un deporte en el que te gustaría llegar a un mundial?

—En su momento me ilusioné porque la gente de México tiene un equipo en el mundial y las chicas que organizaban el campeonato allá son las principales referentes de Latinoamérica. Son las más rápidas, las mejores, pero tenés que dedicarte 100% para llegar a ese nivel. Y por más que yo creo que podría haberlo logrado, o al menos tener el nivel como para poder estar ahí, hay que dejar muchas cosas para llegar.

—¿De qué se vive?

—Un poco de sponsoreos, pero principalmente la mayoría de la gente que se dedica al motociclismo tiene trabajos aparte. Yo trabajo en redes.

—Con tus redes lograste conectar un poco todo, porque no cualquier trabajo tal vez te permite irte a México a correr.

—Exacto. Si hay algo que yo siempre tuve claro era que quería hacer las cosas a mi manera y manejar mi vida, escapando a los mandatos.

—¿Tu mejor carrera cuál fue?

—Tuve algunas lindas que corrimos en San Juan, en Villicum, como teloneros del campeonato del World Superbike, que éramos un montón de motos y fue una linda carrera, anduve rapidísimo.

—¿Cuál fue tu mejor posición?

—Segunda y tercera, en Termas de Río Hondo, una de las últimas carreras que corrí acá en Argentina, con lluvia también y quedé tercera.

—¿Las marcas acompañan las carreras o a las corredoras?

—Sí. De hecho, a mí una marca de cascos me acompaña desde el inicio y apoya económicamente. La verdad, muy bien.

—¿Es como en otros deportes la diferencia entre lo que cobran hombres y mujeres?

—Es muy difícil vivir de las carreras. No tengo idea de cuánto ganan los demás, pero conociendo a las marcas, creo que sí.

—Hoy que lograste este mix entre tus redes y la moto, ¿la modelo ya quedó absolutamente de lado?

—Quedó totalmente de lado y hay una parte, una faceta todavía de la que no hablamos: después me dediqué a viajar en moto y hoy es mi trabajo principal. Es también un sueño que tuve, una imagen de tener una moto así toda cargada y viajar por el mundo. Por ahora por Sudamérica, he hecho un par de viajecitos por Europa, pero con esto pude encontrar como vivir de esto.

Voces - Virginia Guidetti - Tatiana Schapiro - Motociclista
Virginia Guidetti: "Estamos las dos cruzando rutas desiertas donde literalmente no hay nadie, somos ella y yo"

—¿Con qué moto estás viajando hoy?

—Es una Vogue DS800X Rally a la que llamo La Torda.

—¿El viaje más largo que hiciste en moto de cuánto tiempo fue?

—Bueno, ahora acabo de volver de Bolivia, que la recorrí sola en casi dos meses. De hecho, muchas veces me cruzo con grupos que van viajando y me dicen que cómo me animo a hacerlo sola, pero es un paso a paso.

—Debe haber un montón de prejuicios, ¿no?

—Más que prejuicios, noto admiración. Incluso de parte de los varones. Cuando parás quizás en estaciones de servicio, yo ando con toda la ropa y muchas veces no se nota si soy hombre o mujer, pero cuando me saco el casco y ven que soy mujer, se acercan con admiración.

—¿Tuviste miedo alguna vez?

—Miedos uno siempre tiene como ser humano. Pero, la verdad, los únicos miedos que tengo son que se me caiga la moto y cosas así.

—¿Se te rompió la moto alguna vez y le hablaste para decirle “por favor, no me hagas esto”?

—Siempre le hablo a la moto. Vivo de esto y hago videos para YouTube de todos estos viajes. Uno de los que más se viralizó fue justamente por una rotura. Se me rompió la parte de abajo del motor, perdí todo el aceite y estaba en el medio de la nada, a dos días del pueblo más cercano.

—¿Y qué hiciste?

—Son cosas que pueden pasar perfectamente en una ruta con mucha piedra. Tengo un teléfono satelital y obviamente ahí no había cobertura de ningún tipo. Le avisé a mi hermana, que siempre está atenta a todo, y se comunicaron con un pueblito cercano para ver si me podían ir a buscar. Fueron el intendente y el policía del pueblo, una aventura hermosa. Después me quedé como cuatro o cinco días en la casa de ellos comiendo en familia.

—¿Cómo es la charla con La Torda en ese momento?: “Estamos en la ruta, es de noche, no me hagas esto”.

—La conexión que se genera con la moto es un poco ancestral, en el sentido de que estás montando, como montar un animal, pero mecánico. Es una relación muy linda porque, una vez que se pone en marcha, es como si cobrara vida. Es una compañera, al fin de cuentas. Estamos las dos cruzando rutas desiertas donde literalmente no hay nadie, somos ella y yo. Entonces vas hablando: si se me cae, le pido perdón, porque también es un poco un juego.

—¿Cómo hiciste para viajar con la moto a Europa?

—Me habían invitado de una marca de motos de acá, de Argentina, y fuimos a un evento grande. Alquilamos una moto allá y viajamos un par de días juntos, después me quedé dos o tres semanas más recorriendo sola. Hice la parte central de Europa, Alemania, Francia, Suiza, Italia, Austria y República Checa.

—¿Cómo sigue el año?

—Este año tengo dos ideas. Una es volver a Europa y que, en España, quizás me den otra Vogue para recorrer el norte de África. Y, si no, quedarme acá y seguir recorriendo Sudamérica.

—En estos viajes vos vas haciendo el contenido de tus redes.

—Le pude dar esta vuelta de hacerlo como un trabajo porque de alguna manera hay que pagarlo. Hay distintas formas para financiar los viajes, esta es como un coquetear con dejar el sistema, pero sin dejarlo.

—¿Y qué otras maneras decís que hay de financiarse?

—Hay un montón de gente que viaja, que son nómades y van trabajando. Quizás tienen trabajos remotos o trabajan en distintos lugares. Hay distintas maneras de viajar y financiarte el viaje.

Voces - Virginia Guidetti
Virginia Guidetti con Tatiana Schapiro en Infobae

—¿Te imaginás una vida viajando siempre?

—Y por un tiempo más, sí. Tanto mi trabajo como modelo, como las carreras, siempre han sido itinerantes, entonces en mi personalidad está eso de no estar quieta, no estar dos semanas en el mismo lugar. Y de hecho me alquilé un departamento ahora a principio de año, porque nunca había tenido una base como para decir “vuelvo a mi casa”.

—¿Ese departamento tiene los muebles, tiene cosas?

—El colchón está en el piso (risas). Pero funciona todo perfecto. Hay una casa funcional, una heladera con comida. Me compré dos plantas y se las tuve que dar al encargado para que las riegue porque me fui dos meses y se me iban a morir.

—¿Estás de novia?

—Ahora no. Estuve en pareja 12 años con Nico, que no estamos juntos, pero sigue siendo un pilar fundamental en mi vida. De hecho, él fue quien me incentivó a que me compre la moto de carrera para dedicarme a esto y que haga lo que mejor me hacía.

—Deben ser lindas las historias de romance en la ruta.

—Sí, es lindo viajar sola pero también me encanta compartir.

—¿Cualquiera puede hacer ese viaje?

—El viaje en moto no es para cualquiera, porque tenés que bancarte muchos días al sol, a la intemperie. Quizás parás en pueblitos donde no te podés bañar con agua caliente.

—¿Lo invitaste a tu papá alguna vez de viaje?

—No, nos quedó pendiente eso. Falleció hace un par de meses, pero ahora lo llevo conmigo a todos lados.

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