“Todo esto me sirvió para darme cuenta de que el medio es muy cruel”, afirmó Martín Liberman en Ellos, el ciclo de entrevistas de Infobae, al recordar cómo se interrumpió su trayectoria en los principales medios de comunicación del país. El periodista deportivo sostuvo que sus enfrentamientos con figuras del fútbol tuvieron consecuencias en su carrera, aunque aseguró que no se arrepiente de sus opiniones ni pediría disculpas.
Liberman construyó una extensa trayectoria de 28 años en los medios, principalmente vinculada al periodismo deportivo y a la cobertura de grandes acontecimientos internacionales. Después del Mundial de Qatar 2022, sus contratos no se renovaron y comenzó una etapa de reconversión profesional.
Durante la charla, explicó por qué nunca se consideró anti-Messi y recordó que sus cuestionamientos estaban relacionados exclusivamente con el rendimiento futbolístico. Además, habló de su estilo directo, de los enfrentamientos con las llamadas “vacas sagradas” y de cómo cambió su mirada con el paso de los años. A los 52, reconoce que entiende los matices de otra manera, aunque sostiene que nunca cruzó los límites del respeto.
Por otro lado, compartió una de las experiencias más personales de su vida: el largo camino que recorrió para convertirse en padre. Contó que tuvo que atravesar siete tratamientos de fertilización in vitro para tener a su hijo Blas y que, años después, volvió a apostar a la paternidad junto a su esposa, Ana Laura López, con quien tuvo a Milo. También recordó las dificultades que enfrentaron durante los tratamientos, el coraje de las mujeres que lo acompañaron en ese proceso y la felicidad que encuentra hoy en la relación con sus dos hijos, a quienes considera lo más importante de su vida.
A lo largo de su carrera, Liberman se destacó como conductor de programas de debate y análisis futbolístico. En 2017 recibió el Premio Martín Fierro de Cable como mejor conductor masculino por Debate Final. Actualmente continúa trabajando en radio y desarrolla contenidos en su canal de YouTube, donde mantiene su estilo frontal y su mirada crítica sobre la actualidad del fútbol.

— ¿En qué momento de tu día te encuentro?
— En un momento de reconversión, de reconstrucción, de buscar qué es lo que me genera la llama.
— En nuestro medio, donde todo el tiempo hay estímulos y una zanahoria para ir por más, es difícil hacer un parate y preguntarse qué querés hacer. El medio te lleva puesto y cuesta volver a encontrar qué es lo que realmente querés, ¿no?
— Sí. A mí, de hecho, me está costando un montón.
— Aparte has hecho todo en tu carrera profesional.
— Soy un afortunado porque elegí hacer algo en lo que pude desarrollarme muchísimo. Pero la coyuntura me llevó a este parate. Yo no lo elegí. En diciembre del 22, trabajaba en los medios de comunicación grandes e importantes que estaban al aire en Argentina, una señal internacional de deportes y, de repente, todo lo que tuve durante 28 años se interrumpió. Todavía me pregunto por qué. Tengo algunos indicios, pero no importa. Y eso me obligó a reconvertirme, a hacer otras cosas y, mientras tanto, intentar descubrir si me está gustando lo que hago, hacia dónde quiero ir y qué es lo que me llama la atención. Hay pocas cosas, en realidad, que me motivan mucho. El otro día lo hablaba con mi esposa y le digo: “Estoy en una encrucijada fuerte”. Me dice: “¿Por qué?”. “Porque no me gusta nada. Estoy en un momento donde no encuentro el norte”, le digo. Sigo haciendo lo mío porque me gusta, pero también lo hago un poco por la sinergia, la obligación, porque es mi trabajo y tengo algunas obligaciones diarias, matutinas.
— Pero ese “no me gusta nada” apareció después de esta situación que me contás, en la que la coyuntura te dejó fuera de juego, ¿o ya lo venías sintiendo?
— No. Inserto en la maquinaria, yo estaba totalmente feliz, pleno y arrastrado por la ola. Una vez que me tocó sacar el pie de la maquinaria, me empecé a dar cuenta de que no sé si me gusta tanto lo que estoy haciendo y no sé si me motiva. Me empecé a preguntar: “¿Cuánto tiempo más voy a hacer esto?”. En un momento lo sentí estando dentro y dije: “Ya no quiero presentar más noticias”. Creo que hice 15 o 16 años el noticiero de Fox en aquel momento. Y un día dije: “No hago más noticias”. “¿Por qué? Sos la cara del noticiero”, me dijeron. “Está todo bien. Pero no quiero presentar más noticias”. “Pero si tenés tu programa de opinión”. “Porque quiero hacer solo eso”.
— O sea que ya estabas en esa búsqueda.
— Sí. De hecho, dije: “El año que viene me parece que quiero volver a hacer política”. Yo tuve ocho años un programa de política, de interés general, en Canal 26 y dije: “A ver si eso vuelve a motivarme”. Salir un poco del deporte. Aunque el deporte me encanta y lejos estoy de renegar de lo que me ha dado, pero en esa etapa es diferente.
— Venías laburando hace casi 30 años en distintos medios, vinculado 100 por ciento al deporte. ¿Y cómo fue? ¿Un día te llamaron y qué pasó?
— No, se vencieron los contratos y en diciembre del 2022, vuelvo del Mundial, Argentina salió campeón del mundo el 18 de diciembre y creo que llegué acá el 20.
— Hiciste la cobertura entera de ese Mundial, ¿no?
— Sí, tuve que hacer una noche en Madrid. Me acuerdo de estar caminando solo, tranquilo, con un paraguas. Disfruté muchísimo esa noche y al otro día me subí al avión, llegué acá y me fui de vacaciones. Me fui a Uruguay, como todos los años, y cuando estaba terminando el año digo: “Qué raro que nadie me llame”. Normalmente hablabas antes de que se terminen los contratos, pero en ese momento una de las personas que me había elegido para uno de los trabajos tenía un problema de salud grande.
— ¿Creiste que tenía que ver con esto?
— Obvio. Y además era prioritario que él pueda superarlo. Imaginé que me llamarían más adelante. Pero, mientras tanto, le preguntaron a otra persona qué opinaba de mí y dijo: “No, yo no tengo nada que ver. Decide aquella persona”. Y en el otro canal pasó lo mismo. Después empecé a atar cabos y creo saber por dónde viene y no creo que sea un hecho casual. Es raro que después de 28 años ininterrumpidos de trabajo, de buenas a primeras, nadie más me llamara para trabajar. Entiendo que tiene un costo producto de algunas opiniones mías en algún momento. Nunca entenderé que el fútbol genere una cosa así, porque no deja de ser fútbol, que es lo más importante de lo menos importante. Yo considero, viviendo esto, que es bastante poco importante. Si un equipo gana, si un equipo pierde, juega bien o juega mal, surgen los comentarios: “¿Viste lo que dijo aquel?”
— Es parte de la idiosincrasia del fútbol.
— Pero la gente lo vive de una manera extrema. El fanático no tiene conciencia. Es un fundamentalista al que le estás tocando la fibra más profunda. Yo he tenido confrontaciones con personas que me han dicho: “No, porque vos te metiste con lo que considero mi familia”. Y no me metí, opiné. “No, porque vos lo mataste”. ¿Qué es matar? ¿Decir que jugó pésimo? Y no me pasó solo a mí, también lo he visto con compañeros míos. Me acuerdo una vez estábamos con dos colegas en la cancha del Santos de Brasil, en Vila Belmiro, y justo bajaba la hinchada de un equipo y nos encontramos los tres contra toda la hinchada y ese día, zafé, no sé por qué. Pero le decían a uno de mis compañeros: “Porque vos dijiste...”. Y yo lo miraba al hombre y no podía entrar en razón. No tenía ningún sentido intentar explicarle de qué trabajábamos. Ahí te das cuenta de que no tiene sentido la discusión.
— Alguna vez preguntaste: “Che, ¿qué pasó?”.
— Un poco sí, un poco no. También me sirvió para darme cuenta de que el medio es muy cruel. Que los que yo creía amigos no lo eran tanto o no eran tan amigos como yo suponía y que el teléfono suena mucho menos. Pero también me hizo bien. ¿Viste que dicen: “No hay mal que por bien no venga”? Usás un poco el tamiz, descartás gente y corrés gente que te das cuenta de que estaba de más, que sobraba. Y después, independientemente de la pregunta o de las respuestas que quisiera tener o que me hubiera gustado tener, hubo un par de cosas que me hicieron confirmar mi presunción. Hubo algunas sugerencias y demás.
— ¿Vos decís que alguien levantó el teléfono y dijo: “Se terminó Liberman”?
— No así, pero sugerir. “Fijate, ¿hace falta?”. Con decir: “¿Hace falta?”, vos ya le generaste la duda al que tiene que tomar la decisión. Y si es una persona con cierta influencia y con poder, puede generar alguna duda en aquel que tiene que tomar la resolución.
— Es terrible. Porque en definitiva esa decisión te deja sin libertad para poder desarrollar tu trabajo.
— Pero lo entiendo. ¿Te digo la verdad? Hoy, a mis 52 años, lo entiendo como un hecho absolutamente lógico.
— Déjame jugar un minuto al abogado del diablo. Te escucho y no dudo de que debés tener la confirmación de lo que me estás diciendo. Pero, por otro lado, si estoy del lado de ese hincha crítico que dice: “Fuiste anti-Messi durante un montón de tiempo, lo has criticado y Argentina salió campeona”. Capaz que si Argentina no salía campeona, si Messi no ganaba esa Copa América, si no ganaba el Mundial, esto no pasaba, pero…
— “Tenías razón”, me iban a decir. “Fenómeno, tenías razón”. Igual dejame hacer un punto ahí, porque es medio cruel lo que dijiste.
— Fue facilista para poder hacerte la pregunta.
— Yo te entiendo. Pero me refiero a la crueldad cuando alguien me dice anti-Messi. Porque yo digo: “¿Qué es ser anti Messi?”.
— Y le dabas duro con las críticas...
— Pero hablaba de fútbol. Hay gente que ha cruzado barreras que yo no crucé y, sin embargo, todos esos hoy trabajan y yo no. ¿A qué me refiero? Nunca jamás me hubiera metido ni con su vida privada ni con su sentimiento patriótico, nacionalista, cuánto siente la camiseta argentina o no, si cantaba o no cantaba el himno, si quería o no quería a la Argentina. Jamás me metí con nada de todo eso. Yo solamente le pedí a él, porque veía lo que hacía cada fin de semana en el Barcelona, que tuviera una prestación parecida en la Selección y no sucedía. Y pasó en el 14, en el 15 y en el 16 y yo tengo videos subidos, que invito a la gente a que entre a Liberman Martín en Instagram. Hay videos míos en el 14, 15, 16 y en el 17, diciendo: “No hay otra manera de soñar que no sea con Messi. Es el bastión, es con él, pero necesitamos que él sea el que demuestre que puede ser”. Eso es todo lo que decía y cuando jugaba mal, yo no creo eso nadie...
— Hay mucha gente que lo criticó mucho tiempo.
— Bueno, pero yo fui elegido como el villano y está bien, me la banco.

— ¿Crees que fuiste el chivo expiatorio de todo ese grupo?
— Sí. Y está todo bien. También conozco mis formas, ¿eh? Esas formas que me llevaron al lugar que llegué.
— Y que le daba el rédito a los medios en los que estabas.
— Sí, claro. Y son las formas que hoy me tienen un poco raleado y no pasa nada. Me la tengo que bancar. No me victimizo. Pero cuando dicen: “Che, ¿por qué no está?”. No sé. Yo lo que sí sé es que hubo algunos llamados y algunas sugerencias. Ahora, después está el dueño de un medio de comunicación que decide.
— Obvio, libre albedrío tambié nde quien decide.
— El que dice: “Todo bien, pero mi canal lo decido yo. Mi estructura la formo yo o quién trabaja en mi canal es problema mío. Gracias por tu sugerencia”. Pero comprendo, porque creo ser bastante analítico y comprendo que, si estoy armando la grilla del Mundial 2026, este que pasó, contratar a Liberman es antipático.
— ¿Vos decís?
— Sí, yo mismo lo digo (risas). En mi casa no esperaba el llamado de ningún medio argentino para trabajar en el Mundial. Sabía que no iba a suceder. Y hasta lo entiendo como algo lógico. No sé si caería muy simpático que un canal me contratase para hablar de Argentina. En el 2022 me pasó que un directivo de un canal me dijo: “Escuchá, vamos al Mundial, pero somos de Argentina, ¿eh?”. “Sí, obvio”. “Si Argentina pierde, vamos Argentina. Si Argentina juega mal, ya vamos a jugar mejor”, me dijo. Y ahí dije: “No, pará. No cuentes conmigo. Yo no hago ese periodismo. Si Argentina juega bien, vamos Argentina. Si Argentina juega mal, qué mal jugó Argentina. Siempre queriendo que gane, pero con la verdad”. Y me respondió: “Ahí tenemos un problema”.
— ¿Creés que son pocos los que dicen la verdad en el periodismo deportivo?
— Creo que tienen la capacidad lógica de supervivencia.
— ¿Para que no les pase lo que te pasó a vos?
— Sí. Lo que te permite saber que tu forma de vida, el nivel al que llegaste, el colegio que querés para tus hijos y demás, tiene un costo. Y si ese costo a veces es guardarte un poquito lo que opinás, creo que es el instinto de supervivencia. Me cuesta hoy señalar a los que están adentro y que tal vez dicen: “Ole”, y la dejan pasar. A mí siempre me costó dejarla pasar. En algún momento me han dicho antes de algún programa: “Esto no, ¿eh?“. Y yo les decía: ”Tranquilo. Hay testigos que vos me dijiste lo que no tengo que decir".
— Hay testigos de que viniste y me censuraste.
— No, al revés. Diciéndole: “Vos me dijiste lo que te dijeron que me digas. Quedate tranquilo. Están todos ellos de testigo. Pero si yo al aire y no hago lo que vos me pedís, no es culpa tuya”.
— Me hago cargo yo.
— Exactamnete, como diciéndole: “Tranquilo, yo no me meto con tu trabajo. Todos ellos escucharon que vos me bajaste la orden”.
— Igual qué difícil salir airoso en el medio de tantos intereses que se cruzan de un lado a otro.
— Sí, pero yo no puedo creer que sea tan importante el fútbol. No se está decidiendo el curso de un país o el rumbo económico de la nación, estamos hablando de fútbol. Aunque parezca mentira, también hay muchos intereses, hay dinero dando vueltas, pero sobre todo hay una sensación de poder muy grande. El fútbol se transformó en la plataforma de lanzamiento de muchas personas para diferentes ámbitos. Y ahí es donde empiezan a confundirse las cosas. Porque yo, que trabajo hace tanto tiempo, antes no había segundas intenciones. El presidente de Racing no quería que lo critique porque no le gustaba ser criticado.
— No era porque algún día quería ser presidente de la Nación.
— Claro. Y lo mismo el presidente de San Lorenzo y de cualquier club.
— ¿Sentís que, de un tiempo a esta parte, el fútbol se convirtió en una plataforma muy sólida para proyectarse políticamente?
— Y creo que pocas cosas tienen tanta popularidad.
— ¿Te arrepentís de algo?
— Creo que hay matices. Se puede decir lo mismo de otra manera, pero explicáselo al Martín impetuoso de 35 años. Es difícil. En el festejo de mi cumpleaños de 35, de hecho, había que venir vestido de blanco o de negro. Y en un momento tomé el micrófono y expliqué por qué: “Porque a la vida la entiendo así. No hay grises. O es blanco o es negro. Por eso estamos todos vestidos así”. Y la verdad que hoy digo que sí hay grises.
— Bueno, es un aprendizaje.
— Sí, claro. Pero tiene que ver con la maduración de todas las personas. Es malísimo a los 35 pensar igual que a los 52. O a los 35 pensar igual que a los 20. Marcelo Araujo, que en paz descanse, era un genio, una figura. Un día me acuerdo que tuve un problema con un dirigente fuerte que me apretó en una concentración de un equipo en un hotel. Cuando se lo cuento, Marcelo -fumándose un cigarrillo negro de esos que fumaba él-, me dice: “Liberman, aprendé. Hay cosas que no se dicen”. “Pero tengo razón, Marcelo”. “Sí, pero tenés 21 años”. Y fue todo un aprendizaje para mí. Me dijo: “Tenés razón, pero tenés 21 años, querido, tranquilo”.
— Me decís que a los 35 eras vehemente y no concebías los matices. Hoy, a los 52, ¿levantarías el teléfono para pedir disculpas?
— No.
— O sea que, independientemente de las formas, para vos todo el contenido de lo que has hecho estuvo bien.
— Sí. Porque como te decía, más allá de mi ímpetu, la televisión es entretenimiento. Cuando hacía una editorial en cámara, me acuerdo que un día que agarré una escoba y le dije al Patón Bauza: “O barrés o te barren, Patón, ¿entendés? O barrés o te barren”. Porque estoy actuando y a mí me gusta actuar también.
— Y es el show que la tele también pide y que al fútbol le encanta.
— Y a mí me gustaba hacer mis editoriales así, meterle un poco de volumen, cambiar mis tonos y jugar un poco, porque estás entreteniendo. De eso se trata. La televisión es eso. “Yo le diría a Bauza que tenga mucho cuidado, porque si no toma decisiones, yo creo que la puede pasar mal”, ese no es mi estilo. No me representa. A mí me representaba agarrar la escoba y decirle: “Patón, usala porque te van a barrer a vos”.
— ¿Alguna vez alguno de esos referentes importantes te llamó para decirte: “Che, pará”? ¿O hubo algún intento de acercamiento más sutil, como “tomémonos un café”, o alguno más directo, como un “te voy a cag*r a trompadas”?
— Está todo bien igual. Algo se van a llevar (risas). Es probable que me ganen porque son jóvenes muy fuertes. Pero no, nunca pasó. Yo creo que nunca pasó porque nunca crucé la barrera.
— ¿Vos sentís que dentro de todo lo que opinás, nunca le faltaste el respeto a nadie?
— Nunca le dije a un tipo “sos un perro” o “no podés jugar”. Yo soy el villano, no sé por qué todavía. Hay cosas que han dicho colegas míos que son fuertes de verdad. Yo nunca dije una cosa así y si la dije algún día, estuvo mal. Pero nunca le dije a un tipo “a este hay que echarlo”. ¿Cómo voy a perjudicar a un tipo que está trabajando? Yo era vehemente y me metía con “vacas sagradas”. Yo creo que eso, en lugar de señalarme, me tendría que destacar. Pero en un mundo acomodaticio, servil, meterse con “vacas sagradas” trae las consecuencias que me trajo a mí. Pero no, nunca me pasó porque creo que nunca crucé una barrera como para provocar que alguno tomara esa decisión de llamarme, invitarme a pelear o ir a buscarme. Yo los criticaba por cómo jugaban. Está jugando mal, al banco, no pasa nada. Pero nunca dije: “Este no puede jugar”.
— ¿Sentís que fue injusta la cancelación?
— Cualquier cancelación es injusta, de cualquier persona, en cualquier ámbito.
— ¿Sentís que fuiste cancelado?
— No. Porque tengo mi programa de radio todos los días en AM y FM. Aprovecho para saludar y agradecer la libertad con la que trabajo en Radio Late y en Radio El Sol, en las que trabajo hace muchos años. Y trabajo ahí porque estoy cómodo. De radio tuve algunos llamados, pero la libertad que tengo ahí es imposible de negociar. Y salgo en paralelo con mi canal de streaming, que si me censuraran, sería insólito porque se llama como yo el canal. No creo que esté cancelado. Sí creo que es antipático contratarme.
— En algún momento, dirigiéndote a Messi, dijiste -palabras más, palabras menos- que le habían comido la cabecita.
— ¿Dije eso? Es probable.
— ¿Lo seguís pensando al día de hoy?
— Es que él no vivía acá. De hecho, no vive acá. Y para estar seguramente enojado como está, supongo, porque nunca hablé con él ni nunca lo vi...
— ¿Nunca lo viste personalmente a Messi?
— Nunca, jamás. Y yo lo admiro, ¿eh? Me parece un genio. Pero a mí me quisieron imponer siempre que diga que era el mejor. Y para mí el mejor es Maradona. Entonces, me querían imponer la marea: “Y Messi, único, fantástico”. Es un genio, pero dejame que opine. Yo fui amigo de Maradona y fue mi superhéroe por una cuestión de edad, además. No me quieras imponer lo que tengo que sentir y mucho menos lo que debo decir. Pero nunca lo vi, nunca lo traté y creo que él, viviendo tan lejos como vivió siempre, obviamente había gente que articulaba todo, no solo para acercarse a él, sino para alejar a otros. Y obviamente que algún mensaje debe haber llegado tergiversado y entiendo que a nadie le gusta ser criticado. Viste que siempre dicen: “Lo que pasa es la crítica buena, bienintencionada o malintencionada”. Es mentira.
— Es crítica al fin.
— Coincido. A nadie le gusta que lo critiquen. A mí tampoco, ¿eh? Y yo creo que tal vez le pintaban algo sobredimensionado.
— Algún día capaz tenés la posibilidad de tomarte un mate con él. Nunca se sabe las vueltas de la vida. ¿Qué le dirías?
— Loco, de mi parte todo bien. Yo estoy lejos estoy de tener un problema con vos. Al contrario, te admiro. He dicho que sin vos no había vida en la Selección. Celebré tus goles.
— Obvio. ¡¿Qué argentino no gritó los goles?!
— Lloré como nunca. Pero aparte, mis hijos, los dos, lo aman. Así que le diría: celebré tus goles, lloré como nunca pensé que iba a llorar en el Mundial de Qatar. Porque yo no había visto nunca Argentina campeona del mundo. A mí no me gusta el periodista que se emociona, que llora. Yo me permití esa alegría o ese quiebre porque no estaba trabajando. Estaba en la platea viendo el partido y me quebré completamente. No imaginé que me iba a pasar.
— Lo viviste como ese hincha vehemente del que hablábamos antes.
— Pero ni siquiera como hincha. Yo amo el fútbol y obviamente que amo el fútbol argentino. Nunca trabajé en otro. Bueno, esporádicamente. Y la verdad que me pareció magnífico estar ahí, en ese lugar y ver la final. Me quebré. Y que me haya sucedido eso en gran parte es por él. Entonces, ¿lo odio tanto que me pongo a llorar? Aparte, no tengo ese sentimiento. Es difícil que yo odie a alguien.

La paternidad después de siete fertilizaciones in vitro
— Mencionaste a tus hijos recién. Y hay toda una parte tuya, más allá de lo sólido y lo firme que se te ve en cada etapa de tu carrera e incluso en esta que quizás es un poco más incómoda, como decíamos al principio.
— Pero estoy mejor que nunca.
— La incomodidad lleva a estar muy bien en general.
— Una cosa es la incomodidad laboral o la búsqueda laboral, tratando de encontrar bien qué quiero hacer y otra cosa es cómo me siento yo.
— Para mí, ese es el quid de la cuestión: cuando uno toma conciencia de lo que quiere y de lo que no, deja de dejarse llevar por la ola y empieza a vivir el presente con mayor claridad.
— Yo creo que este es el mejor Martín. Se enoja mucho menos, disfruta mucho más y comparte mucho con sus hijos.
— Has contado en algún momento lo que te costó convertirte en papá. Recuerdo haberte escuchado hablar mucho sobre la fertilidad y lo difícil que fue atravesar ese camino. ¿Cómo recordás esa etapa de búsqueda?
— Mi lucha empezó justamente con Blas, con el primero de mis hijos. A mí me detectan una dificultad que yo suponía podía llegar a tener, porque tuve muchas complicaciones de chico, muchas operaciones. Y producto de esta dificultad que me encuentran, no quedaba otro camino que la fertilización in vitro. Pero primero me tuve que operar y de esa operación dependía la posibilidad de ir a una in vitro. Me acuerdo que el médico me dice: “Hay pocas chances, tus exámenes de sangre no están bien”. Y le digo: “¿Usted tiene hijos, doctor?”. “Sí, ¿por?”. “Si yo fuera su hijo, ¿qué me diría?”. “No me pongas en ese lugar”, me dice el médico. “Suponga que yo soy su hijo. ¿Usted qué le dice a su hijo? ¿Hay que operarse o no?”. “Mientras haya un uno por ciento de chance, yo le diría que se opere”. “Y bueno, entonces opérame”, le dije. Y me acuerdo como si fuera hoy despertarme de la anestecia y ver al doctor que me hace un gesto con la mano de que salió todo bien. Como que había encontrado lo que tenía que encontrar, que eran espermatozoides. Y le digo: “¿Y cómo se hace ahora?”. “Tranquilo, están congelados”. Y a partir de ahí empezó un largo camino.
— Que es algo de lo que no se habla mucho públicamente.
— Un tratamiento, otro tratamiento y otro tratamiento. Y otro más. Y por suerte tener la posibilidad económica de afrontarlos.
— Después se convirtió en ley.
— Sí, pero la gente tiene que seguir luchando igual. A mí me ha tocado ver cosas increíbles. Una señora, me acuerdo como si fuera hoy, subiendo una escalera, abriendo una receta que la tenía toda doblada y dijo: “Vine a comprar esta medicación”. Y la secretaria del doctor diciéndole: “Señora, esta receta tiene 11 meses”. “Bueno, son los 11 meses en los que junté la plata”. “No, pero el doctor tiene que volver a evaluarla. No le puedo vender esta medicación ahora. Tal vez no sea lo que necesita en este momento”. Y en medio de todo eso, nosotros seguíamos intentando. Tuve la suerte de tener buenas compañeras. Las madres de mis dos hijos son muy corajudas. La segunda ya estaba advertida de lo que iba a pasar en caso de querer ser mamá. Y yo lo único que digo es que agradezco a la vida haber sido padre de la manera que me tocó.
— ¿Por qué?
— Porque le agradezco a la vida que me haya tocado así. Luchando, operándome y teniendo dos mujeres muy corajudas, porque la que pone el cuerpo es la mujer.
— ¿En algún momento pensaste o pensaron en bajar los brazos?
— Ante tantas frustraciones, hay momentos que lo pensas. Encima un día el doctor nos dijo: “Son un roto y un descosido. Porque vos tenés los líos que tenés y ella es baja respondedora”. O sea, tenía pocos óvulos. Entonces, habíamos empezado a bucear en la posibilidad de la ovodonación, que es la donación de óvulos. Porque mis espermatozoides estaban bien y había muchos, por suerte, tenían buena movilidad y todo lo que tenían que tener, pero tenían que juntarse con un óvulo sano. Y había pocos óvulos y no tan sanos. Y de repente un día quedó embarazada.
La apuesta al amor y al segundo hijo
— Mencionaste amorosamente a las madres de tus hijos.
— Sí, muy corajudas las dos, porque es impresionante cómo pusieron el cuerpo. Y con cada frustración cada uno reacciona como puede y como le sale. Yo no soy quién para decir cómo hay que hacerlo, pero era masticar bronca un día, dos días, tres días y después decíamos: “¿Cuándo arrancamos de nuevo?”
— Solo el que lo pasa sabe de lo que se trata.
— Blas fue la séptima fertilización in vitro. Después con la mamá de Blas quisimos buscar un hermano o hermana otras tres veces y no vino. Después me casé con Ana. Pero desde el primer momento que empezamos a estar juntos, le dije: “Mirá que yo tengo este lío”.
— Ana había sido tu compañera en un certamen de baile.
— Sí, era mi compañera en ShowMatch.
— ¿Cuántos años llevan juntos?
— Era mi compañera de ShowMatch 2014. Yo me separo en noviembre del 16. O sea, dos años y medio después me separé.
— Y se reencontraron después.
— Sí. Y un día fui a ver a Cristian Castro y ella estaba bailando con él. Entonces yo, que tenía relación con Cristian, le dije que quería ir a camarines a saludar. En realidad no lo quería ir a saludar a él, quería saludar a Ana. Ahí la vi y costó mucho muchos meses hasta que accedió a que nos viéramos. Y cuando empezamos a estar juntos le pregunté: “¿Vos querés ser mamá?”. “Sí, la verdad que sí”, me dijo. “Dos cosas te digo: tengo este problem y yo no sé si quiero ser papá de nuevo”, le expliqué. Y ella ahí me dijo: “Pensalo porque ahí tenemos un problema. No perdamos el tiempo”. Y la verdad que estoy feliz con la decisión. Estoy muy feliz. El otro día cumplimos siete años de casados. En total, llevamos nueve años más o menos. Pero, sobre todas las cosas, estoy feliz por tener un hijo de cuatro años que es una maravilla, es una genialidad. Lo que me provoca Milo, no pensé nunca que lo iba a ser así.
— Porque te agarra en otra etapa de tu vida.
— Con mucho tiempo para darle. Y aparte ver la relación del chiquito con el grande, que nunca supuse que podía ser así. Porque hay una brecha grande entre ellos: 17 años y cuatro. Y a veces se pelean como si fueran dos niños y en otras los encuentro charlando como si fueran dos adolescentes. La verdad que está buenísimo. Soy muy afortunado.
— Si pudieras tomarte un mate con ese Martín que entró a la sala de operación y que no sabía si iba a poder ser papá y le hablás desde este Martín que hoy ve estas escenas que son mágicas. ¿Qué te dirías?
— ¡Qué bien que lo intentaste! Lo que te hubieras perdido. Yo tengo tatuado a uno en cada brazo y la verdad que son mi vida entera. Es hermoso. No tengo que explicarle a los que están del otro lado y son padres. Pero me encanta ser padre de los dos, cada uno en su etapa. Son tan distintas las etapas. La de un nenito de jardín con uno grande que sale de noche, te preocupás y no sabés dónde está. Le decís: “Activame la localización” (risas). Es tan heterogéneo, tan cambiante, oscilante, pero es una ocupación que me vuelve loco. Yo creo que es lo que mejor hago en mi vida y lo que más me gusta.
— ¿Cómo te gustaría verte de acá a cinco años? ¿Qué añorás?
— Yo siempre digo: ojalá tenga salud para poder acompañarlos porque no desconozco que fui papá grande. Fui papá de Milo a mis 47. Entonces, hasta llegué a pensar en un momento que era un poco egoísta de mi parte, porque estaba cumpliendo con mi deseo y con el de mi esposa, con el de Ana, de tener un nene o una nena, pero era un poco egoísta. En algún momento lo sentí. Después digo: “Con 47, si Dios quiere y tengo buena salud, se puede”.
— Hoy cambió un montón todo.
— En algún momento pensé qué egoísta porque dije: “¿Cuánto le voy a poder dar? ¿Cuánto voy a poder jugar con él?”. Y hoy, la verdad, me tiro al piso, juego, todos los días jugamos al fútbol y él se pone los guantes. Yo trato de sacarle los guantes para que sea goleador y él me dice: “Yo defiendo el arco”. Y es una escena que se repite y me encanta. Es como una cosa cotidiana. Yo sé que llega y me dice: “Papá, ahora jugamos al fútbol” y va a poner los arcos, se va a enojar y va a querer ganar. Y a veces lo dejo ganar y a veces no, y son cosas que me encantan. La verdad que lo disfruto muchísimo. Y acompañar al más grande a sus partidos de fútbol, por más que sean dos horas de manejo de ida y dos horas de vuelta, me encanta. La verdad que es un momento de mi vida que disfruto muchísimo y agradezco tener el tiempo para poder aprovecharlo bien. A veces voy al gimnasio en doble turno y algunos me cargan: “¿Otra vez acá?”. Y to les digo: “Yo siento que es el tiempo mejor invertido”.
— Porque es lo que te permite después estar tirado jugando con los chicos.
— Exactamente, entre otras cosas.
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