Facundo Parra y Hernán Fredes son dos ex futbolistas de larga trayectoria, que coincidieron en Independiente, equipo con el que obtuvieron la Copa Sudamericana en 2010. Su buena relación y amistad fuera de las canchas los llevó por estos días a compartir un emprendimiento ligado al deporte más popular de la Argentina: una agencia de representación de futbolistas.
Dos semanas atrás, los nombres de Parra y Fredes volvieron a ser noticia, pero, esta vez, vinculados a las crónicas policiales. Rápidamente se viralizó una foto de ambos, desalineados y esposados. Ambos fueron imputados por atentado y resistencia a la autoridad, y desobediencia tras un incidente con policías porteños durante un control de tránsito. Por el episodio, pasaron una noche detenidos. Desde aquel momento, los ex futbolistas no hicieron declaraciones, pero ahora decidieron romper el silencio en Citados, donde denunciaron haber sufrido “abuso de poder, abuso de violencia, abuso de todo tipo” por parte de los uniformados.

-Es la primera vez que hablan de aquel episodio, ¿qué fue lo que pasó? ¿cómo fue?
FP -Gracias por el espacio, primeramente, por poder tener la oportunidad de poder expresarnos, cosa que no tuvimos hasta ahora y no tuvimos ese día. Lamentablemente, desde que ocurrió el hecho hasta el día siguiente, nosotros no tuvimos poder de comunicarnos con nadie, salvo en un momento. En principio, esto fue el martes 19 (de mayo). Salíamos los dos de una reunión de laburo y estábamos a tres cuadras de donde sucede el hecho, que es en (Avenida del) Libertador y General Paz, debajo del puente.
-¿En qué horario, más o menos?
FP -Cinco de la tarde, cinco menos cinco. Exactamente cinco, ponele.
-Está bueno marcar el horario, porque uno ve la noticia y piensa “en auto, de noche, en pedo...”
FP- Es que muchos nos escribieron y nos dijeron “che, ustedes venían chupados o algo”. No, no, pará, eran las cinco de la tarde y la reunión la terminamos porque mi hijo más chiquito juega en River y a las cinco de la tarde, ahí en Cantilo y General Paz, termina el entrenamiento y nosotros íbamos a buscarlo. Esa era la historia. De ahí yo lo llevaba a él (Hernán Fredes) a su casa y yo me iba para la mía. Entonces, pasando por debajo de General Paz, vemos el control vehicular, de la policía, y nos frenan. Ya cuando nos frenan, yo me acordé que el 16 de mayo, que es el cumple de mi viejo, yo me había dejado un tarjetero, con el registro físico en la casa de mi hermana, donde fue el cumpleaños de mi viejo. Entonces, cuando bajo la ventana, me saludan y me piden seguro, cédula verde y registro. Ya el trato, cuando bajé la ventana, fue medio hostil, tenían mala onda.
-¿Hasta ahí te pidió los documentos?
FP- Sí, lo normal. A lo que yo le digo “tengo Mi Argentina, no tengo el registro físico”. Yo me bajo de la camioneta con Mi Argentina y le voy a llevar el teléfono para que mire y abro Mi Argentina, pero la app de Mi Argentina te mandaba a actualizar, te mandaba al Apple Store y del Apple Store te mandaba a la aplicación, a actualizar. No andaba, era como un bucle que todo el tiempo te decía lo mismo. Ahí se acerca una chica, policía también, que tenía una tablet y me dice: “Probá vía web”. Me meto ahí, con ellos ahí, vía web, pongo mi documento, y cuando entro dice que la página estaba fuera de funcionamiento, que pruebe más tarde. Se lo muestro, le digo: “Mirá, no funciona, así que no te puedo mostrar el registro”.
HF- En ese momento además le dijeron “ponelo en modo avión”, algo así pasó, ahí pudo actualizar la app, pero cuando entró le decía “error en actualizar documentos”, seguía fallando la aplicación.
FP- Ahí el policía me dice “esperame”. Va, vuelve y como que había cambiado el semblante con ese. Y cuando yo le digo “bueno, ¿cómo seguimos?“, me pasa otro policía por atrás y dice “esa camioneta queda retenida acá, que la metan adentro, porque yo tengo que seguir parando autos”. En ese momento lo miro al poli con el que estaba hablando y le digo: “¿Puedo hablar con él?” “Andá, hablá”, me dice. Le digo: “Oficial, discúlpeme” y empiezo a caminar para donde caminaba. Se da vuelta y cuando se da vuelta le digo: “Discúlpeme, ¿pero usted está al tanto de la situación, de lo que está aconteciendo? Yo tengo que ir a buscar a mi hijo”. “Esto no me interesa, acá la tolerancia es cero. Guardá la camioneta, porque tengo que liberar el espacio”. Le digo: “¿Tolerancia cero a qué? ¿A qué es la tolerancia cero? ¿De qué está hablando? Yo tengo la foto, pero no tengo mi registro físico”. Ahí me responde: “Es tu responsabilidad no traer el registro físico. Guardá la camioneta, queda retenida”. A lo que, con el diario del lunes, si yo no tengo el registro físico y me lo olvidé o no, yo no le tengo por qué explicar qué pasó con el registro físico, porque está Mi Argentina, que es una aplicación válida. Si la aplicación válida que da el gobierno de la ciudad no funciona ellos tienen el deber de buscar en su base de datos si yo tengo un registro válido para conducir. O sea, que yo no estaba en infracción, mi camioneta está mal retenida.
HF- A todo esto, yo saco mi registro y le digo “Facu, dale mi registro, manejo yo”, porque nos teníamos que ir a buscar al hijo. Entonces él (Facundo) les dice “haceme la multa, labrame el acto, y maneja él, que tiene el registro acá”.
FP - Igual fue “meté la camioneta adentro”. Y yo en todo momento les decía “tengan un poco de sentido común, de empatía, tengo que ir a buscar a mi hijo, son las cinco de la tarde, tengo todos los papeles, no anda Mi Argentina, él (Hernán) tiene registro. No te estoy diciendo, ni siquiera te discuto la multa, me estás complicando la vida, vengo de laburar, no estoy de joda, me estás reteniendo el vehículo por algo que ni siquiera es infracción".

-¿Y ahí cómo siguió?
FP - La camioneta estaba sobre Libertador, en el lugar donde están los conitos para estacionar. Entonces, me dicen que la estacione, que la meta adentro. Resignado, enojado con la situación, agarro la camioneta y la meto adentro yo. Me bajo de la camioneta, salgo. Obviamente que el comisario estaba ahí, me miraba. Todo hostil, todo feo. Entonces, nos vamos con Hernán caminando para la esquina del lado de Libertador de Provincia, porque nosotros vamos para zona norte. Ya mi hijo se iba en un micro que pone River, que va hasta 202 y Panamericana, porque yo ya no llegaba. Eran ya como las cinco y media y él sale a las cinco, ya no podíamos hacer nada con eso. Y cuando estoy en la esquina lo veo al comisario, girando alrededor de mi camioneta, hablando por teléfono. Y yo le digo a este (a Hernán): “Voy a ir a grabar mi camioneta, porque de la misma forma en que yo la dejo, quiero encontrarla cuando vuelva”. Vuelvo caminando cincuenta metros. A lo que hay que agregar también que, desde el lado de Provincia, desde donde yo estoy, viniendo desde ese lado hay como una especie de tranquera, porque ni siquiera es una puerta, es como una tranquera, y ahí no hay ningún cartel que diga “prohibido pasar”, no hay ningún cartel que diga “destacamento policial tal” o lo que sea, ahí. Sí está del otro lado y hay un cartel arriba de donde están ellos, el de la garita, pero yo desde mi posición no lo veo. Más allá de eso, agarro mi teléfono y entro. Cuando entro no hay ningún “pero”, no hay ningún “por qué” ni nada. Tengo el video grabado, le doy una vuelta a mi camioneta grabándola toda completa de cómo yo la estaba dejando, en las condiciones en la cual la estaba dejando. Y había un poli, que también sale en el video.
HF- Era el comisario ese...
FP- Puede ser, no sé, pero estaba tomando nota de algo de la camioneta. A lo que me dice: “¿Qué estás haciendo?”. Y le digo: “Estoy grabando la camioneta para que quede en el mismo estado que yo la encontré cuando la venga a buscar”. Y me dice: “Bueno, estate calmado”. Le digo: “Yo estoy calmado”. Se escucha todo en el video. Me retiro, porque él, Hernán, no estaba. Me pido un Uber, y cuando lo pido, yo le digo: “Me olvidé algo adentro de la camioneta, otra vez”. Era la mochila de Manu del colegio del otro día, el bolso, tengo un bolso de pádel y un parlante que le doy a mi nene para que escuche música cuando va en el micro a River ida y vuelta. Entonces, me vuelvo otra vez caminando y sucede la misma situación. Me meto en el lugar a buscar las cosas con mi llave. Dijeron que me había ido a Pilar a buscar la segunda llave. Pero fue todo en el mismo momento, a las cinco de la tarde desde Libertador y General Paz hasta Pilar tardo una hora y media, dos, y hasta que vuelvo, deberían haber pasado tres horas. Cuando voy a entrar, la camioneta estaba ahí, me meto caminando y ahí el comisario me dice “no podés entrar”. Ahí le digo: “Voy a buscar mis cosas personales y me voy”. Yo entró caminando y él entraba atrás mío. Me meto en la camioneta, abro la camioneta con la puerta abierta. También dijeron otra mentira, que yo prendí la camioneta. Es mentira, en ningún momento la prendí. Era imposible escapar, con el tránsito, había siete policías alrededor, no se qué pensaron ahí, en una película yanqui...
HF- A todo esto, me imagino que debe haber cámaras y todo para avalar lo que pasó... En ningún momento se prendió una luz de la camioneta. Y cuando él (Facundo) ingresa a la camioneta, automáticamente el comisario, porque era el mismo, le agarra la puerta y se pone todo tenso...
FP- De hecho yo entro a la camioneta y entro por mi puerta, del lado del conductor, porque el parlante que yo tengo es chiquito y está en la guantera, entonces cuando entro me agarra de la campera (se señala el hombro izquierdo), se produce el primer contacto físico. Yo nunca levanté una mano, ni la voz, ni un insulto. No fui violento, porque ahí ellos obviamente declararon que yo entré bruscamente, violentamente. Mentira, es mentira. Que prendí la camioneta, mentira. Que me fui a buscar otra llave, mentira. Que la camioneta estaba secuestrada, mentira. La camioneta nunca estuvo secuestrada, estuvo retenida. Es una diferencia grande. Y mal retenida, porque yo nunca tuve una infracción.
-¿Y cómo siguió después de que entraste a buscar las cosas? Porque cuando uno ve la foto que se difundió dice “esto no fue por un registro”.
FP- Claro, porque todo el mundo que llama te pregunta: “Che, ¿qué pasó? ¿Qué hicieron? ¿Cómo llegaron hasta esas circunstancias?" Porque no es normal, no es para nada normal. Cuando me subo (a la camioneta), el chabón viene y me agarra de la campera así (hace el gesto de que lo agarran) y me tira de la camioneta. Entonces yo me agarro del volante y me trabo. Le digo: “Dejame, me bajo solo, esto es propiedad privada, es mi auto. No me podés bajar, no me podés tocar”. Yo no estaba haciendo absolutamente nada que fuera acorde a ese trato. Entonces, cuando él me agarra le digo: “Pará, no me podés agarrar así, no me toques. Dejá que yo me bajo solo”. Si yo me quiero escapar, te cierro la puerta de la camioneta, prendo la camioneta y capaz me voy como un loco, y me expongo a que me peguen un corchazo. Pero no, yo tengo dos hijos, laburo, soy un pibe normal, no tengo ninguna causa anterior por nada. Jamás tuve una pelea. Entonces me abren la puerta del acompañante, me abren la puerta del de atrás, otro policía se mete por atrás, me ahorca desde atrás y el otro me empuja. Entonces yo ahí ya me tiro a la camioneta, pero sin resistencia, ¿qué voy a resistirme? O capaz que ellos estaban buscando que yo me resista y que todo sea peor.
-¿Te sacaron a los golpes de la camioneta?
FP - No, a los golpes no. No me metieron una piña ni nada. Pero cuando me tiran al piso, que yo ya estaba regalado, tirado en el piso, boca abajo, viene uno -ojalá supiera quién fue exactamente, ojalá haya cámaras y lo pueda verificar- con la rodilla directamente me apretaba la cabeza contra el piso, pero con todo su cuerpo encima de la cabeza, bien apretado contra el piso. Lleno de tierra, porque el piso es de todo de tierra y de tierra como blanda. Entonces cuando ellos pisaban alrededor mío, la tierra se subía y se me metía por la nariz y por la boca y no podía respirar. Le pongo énfasis a esta situación y lo digo porque es grave, porque yo soy un pibe entrenado de toda la vida, él también. Pero si vos agarrás una persona que puede llegar a tener... ellos no saben si yo tengo un stent, si yo tengo un problema de corazón, si yo puedo llegar a tener otra cosa... lo dejás muerto ahí, y se los dije...
-¿Te asustaste un poco, te cagaste ahí?
FP - ¡Cómo no me voy a cagar! ¡No soy He-Man! Estaba todo cagado, no entendía la violencia de la situación. Porque ponele que yo no tenía que entrar ahí, ¿no? Pero la reacción no fue acorde a la situación.
-¿Y ahí vos Hernán qué hacías?
HF- Me decían que me tire al piso y yo les decía “tranquilos, tranquilos” (hace el gesto de levantar las manos), no me quería ensuciar nada, y me decían “perdiste por logi, por pelotudo...” y a Facundo, que lo tenían en el piso, le decían “¿querés que te rompa el brazo?“...
FP- Y yo ahí, tirado en el piso, les dije: “Me estás matando”. Me acuerdo de las palabras: “Me estás matando, soltame porque me estás haciendo mal en serio”. Estaba regalado. Yo nunca presenté resistencia. Solamente cuando me agarro del volante y me quieren bajar y les dije “pará, si decís que me baje, me bajo solo, agarro mis cosas y me voy”.
-¿Y cómo terminó esto?
FP- No, no terminó para nada. Hicieron toda esta escena de violencia desmedida y ojalá podamos tener, porque ya las pedimos, las cámaras, que verifiquen toda esta situación. Y ojalá que haya alguien que también haya grabado un video de esta situación. Después de esto, nos esposan a los dos, tampoco entendía porque lo esposaron a él (Hernán). Además, la carátula de la causa penal que tenemos es la misma, como si los dos hubiésemos hecho lo mismo y él estaba parado ahí nomás. Nos detuvieron contra una columna que hay ahí, muy grande. Nos pusieron las esposas bien apretadas, al mango. De hecho, le decíamos: “¿Me podés aflojar un poco las esposas?" Eran las seis, seis y cuarto, nos tuvieron hasta las ocho.
HF- Sentados e incomunicados.
FP- Ahí fue fotito para acá, fotito para allá, parate, perfil, foto, foto, foto...
HF -Nos sacaron fotos onda delincuentes, que son las fotos que se terminan viralizando...

FP - Otra cosa más, nosotros estuvimos un día incomunicados. Ellos como funcionarios públicos, venden la publicidad, venden la foto, literalmente. O sea, nosotros tenemos una imagen, nosotros trabajamos... Mientras pasó todo ese tiempo, que fue un montón, yo le pedía perdón a él (a Hernán), porque no entendía por qué estaba ahí. Pero tampoco entendía porque estaba yo ahí.
-¿Dónde termina la cuestión? ¿Dónde se los llevan?
HF - Todos los procedimientos eran larguísimos, como que iban a hablar con un fiscal y con este y con lo otro, iban a buscar antecedentes, hasta que se dan cuenta que éramos ex futbolistas. En eso momento cayó la ficha ahí, en ese control, y ahí viene el comisario y nos dice: “¿Cómo no nos dijeron que eran jugadores de fútbol? Yo no entiendo nada de fútbol“... ¿Pero que íbamos a decir? “Che, no me pares o no me hagas esto, no me pongas esposas que soy jugador de fútbol?”...
FP - La próxima vez me bajo sin documentos, les digo “yo jugué al fútbol” y me voy...
-¿Ahí ellos cambiaron el trato, cuando supieron que eran ex jugadores de fútbol?
FP - Ahí vinieron con otro semblante, bajaron, pero seguían las esposas bien apretadas. Nos pasearon, nos llevaban al móvil, a Libertador.
HF - Y ahí también nos dicen que había dos posibilidades, o nos labraban un acta o íbamos “directo a Chacarita”.... ¿Cómo a la Chacarita? “Sí, ahí quedan detenidos”, nos dijeron. Y ahí empezaron “esa camperita (que tenés puesta), vas a tener que pelear por la camperita, está buena...”
FP - Se iban salteando entre ellos y nos iban tirando todos la misma, nos iban verdugueando, nos iban verdugueando con esa situación.
HF - Yo pensaba igual que nos iban a llevar a la comisaría, nos dejarán una o dos horas, nos darán una cagada a pedos y ya está.
FP - Yo les pedía que me dejen llamar a mi mujer para que busque a mi hijo. Les dije: “Déjame hacer una llamada, ponete el celular vos en la mano -porque yo estaba esposado-, marcá el número que te digo y yo aviso y déjame hacer una llamada”. Y me respondieron: “Te hubieses preocupado antes”.
-¿Ahí los liberaron o fueron a la comisaría?
HF - No, a todo esto a mí me vibraba el teléfono. Y les digo: “¿Puedo atender? Porque no saben qué está pasando". Y ahí nos dicen que no, que estábamos incomunicados en calidad de detenidos. Alrededor de las ocho y media nos llevan a la 13 B. Ahí vienen ya oficiales de la 13 B y nos llevan hasta el patrullero.
FP - El tema es que los que estaban haciendo el control no eran de la comisaría correspondiente a la zona, de Núñez, que es la 13. Venían de otra jurisdicción a hacer el control ahí. Pero cuando nos viene a buscar el patrullero, vienen de la 13. Dentro del patrullero venían dos oficiales de la 13 y uno grandote que era de los que estaban de antes. Hay que resaltar que los de la 13 con nosotros tuvieron un trato cordial.
HF - Los de la 13 ya sabían a quiénes venían a trasladar y se decía que éramos detenidos de relevancia. Entonces ahí nos llevan a la comisaría con dos testigos, nosotros les pedíamos disculpas, era gente que se quería ir a su casas, que venían de laburar.
FP - Esto fue un abuso de poder, abuso de violencia, abuso de todo tipo, porque nada correspondía con lo que había ocurrido. Arrancando siempre y haciendo la puntuación sobre que yo no estaba en infracción.
-Imagino que después de todo esto se asesoraron legalmente.
FP - Por supuesto, cuando empiezan a pasar este tipo de situaciones, que no son habituales, también empezás a sentir, a ver a decir “qué hice yo?”, o “¿por dónde me equivoqué?“. Y empezás a darte cuenta dos, tres días después... yo estuve dos, tres días mal por la situación, porque digo: “Loco, la pasé como el culo”. Pasé el peor momento de mi vida, porque nunca pasé por algo así. Nunca pensé que iba a atravesar algo así.
-¿Los llevan a la 13 B y después cómo siguió?
FP - Ahí nos ponen en bolas. Revisión total. Nos hacen cacheo. O sea, con calzón, en un calabozo arriba. De ahí nos trasladan a una dependencia en Congreso. Nos llevan otra vez al patrullero, estábamos los dos atrás. Yo tengo las patas largas, este (Hernán) de costado y otro poli atrás. Éramos tres así. Y le digo al chabón: “Disculpame, yo no sé dónde meter las patas, me tengo que cortar las piernas”. Íbamos por Lugones a ciento treinta, esposados atrás, sin cinturón. Y Hernán le dice: " ¿Y las multas quién las paga?“. Yo le decía: ”Si se te cruza uno y perdés el control del auto, yo me muero acá. O sea, no tengo forma, no tengo un brazo, no tengo cinturón, me pego la cabeza contra esto, me muero acá. ¿Y cómo hacemos?”... Ahí llegamos y nos pasaron las esposas adelante y nos cambió la vida tener las esposas adelante.

-¿Y ahí se fueron a sus casas?
HF - ¡No! Ahí estábamos por la mitad. En Congreso también estuvimos esperando hora y media, dos horas. Fueron bajando de otros patrulleros a otros detenidos, a los que llaman a tocar el pianito, poner las huellas, fotos. Eso fue como a las 10 de la noche, viene el abogado, el defensor público y ahí nos dejan hacer una llamada. Llamo a mi novia y me dice que ya sabía, porque la habían llamado cuando corroboraron los datos. Le pedí que llame a una abogada. A partir de ahí nos volvieron a llevar a la 13 B y ahí estaban viendo si nos llevaban a Chacarita o no.
FP -El poli que estaba adelante, que era de la jurisdicción de ellos, quería casi que nos vayamos. Ellos querían que nosotros nos vayamos. Nos decían “no es para tanto, quédense tranquilos que seguramente ahora se vuelven para su casa, ya está”. Nos preguntaban qué había pasado, les contamos y nos decían: “No, estos se pasan, se pasan. Por eso después a nosotros nos llaman ortivas, por lo que hacen acá”.
-¿Y cómo finaliza la historia?
FP - De ahí nos llevan a la comisaría que está enfrente del cementerio de Chacarita, que es una comisaría más grande. Cuando entrábamos era San Onofre, entramos con el patrullero hasta el fondo, era El Marginal... Ahí pensaba “¿pero dónde estamos?“. Ahí primero me hacen la entrada a mí, y cuando me agarra una médica legista, yo tenía toda la frente marcada, con raspones y tenía el brazo (izquierdo) con el manguito rotador, que el chabón me lo tiró para arriba acá (hace el gesto) y yo ya no lo podía levantar. Entonces cuando a la mina le digo lo que había pasado, le cuento y me manda al (Hospital) Pirovano a hacer una placa del hombro y que me revisen. Y a él (Hernán) le hacen la entrada. Estaban todas las ”conejeras", tenía dieciséis o dieciocho “conejeras”. Era todo alambrado, jaulas, jaulas, jaulas, jaulas y toda gente adentro, de a tres, de a cinco, depende del tamaño. Había cuatro o cinco durmiendo en el piso, en colchones. Yo vuelvo a las 4 de la mañana del Pirovano y Hernán entró solo.
HF - Yo ahí me quería morir. Por todo lo que habían generado, que “ahora la vas a pasar mal” y todo eso... y ahora me la tenía que bancar solo. Cuando entro estaba todo apagado, era la una de la mañana. Me sacan las esposas y me meten en la primera “conejera”, ahí con un tipo que estaba durmiendo, me mira, “¿qué hacés?“, listo, nada. Y me senté en el piso, no sabés el olor que había...
FP - Yo vuelvo del Pirovano a las cuatro de la mañana, entro, lo veo a este hecho una bolita, ahí sentado. Cuando entro, vuelo y, agarrándome la cabeza le digo: “No puedo creer en dónde estamos”. Me agarro la cabeza y le digo: “Te pido perdón”. Y así estuvimos hasta las once de la mañana. Nos llevan a la fiscalía, en Cabildo y Quesada. Ahí estaba nuestra abogada, Mariel Corredera, agradecidos con ella, porque fue la persona que desde el minuto uno le pudimos contar todo lo que pasó, actuó rápido, en todo momento. Para que quede claro, nosotros estuvimos a derecho en todo momento. Hoy tenemos una causa penal, que la idea es que nos absuelvan. La Justicia determinará todo lo que tenga que determinar. Nosotros pedimos las cámaras, pedimos todo. Estamos tranquilos y obviamente que lo que queremos es que se sepa también la verdad de esta situación, nosotros vivimos un momento de mierda. Queremos que se nos limpie el nombre, jamás tuvimos un problema de estos.
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