
La lentitud al caminar puede ser un indicador cognitivo, tanto en perros como en humanos.
Una investigación realizada en 17.000 personas en 2023 encontró que una marcha más lenta de un año a otro puede ser un signo temprano de deterioro cognitivo, el cual puede aumentar el riesgo de demencia por la enfermedad de Alzheimer u otro trastorno cerebral. Se descubrió que las personas que caminaban alrededor de un 5% más lento o más cada año y que mostraban signos de un procesamiento mental más lento tenían más probabilidades de desarrollar demencia.
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Curiosamente, algo semejante ocurre también con los perros.
Ahora, un estudio de North Carolina State University y publicado en Frontiers in Veterinary Science, identificó una señal física que puede ayudar a detectar demencia en perros: el acortamiento de la zancada de las patas delanteras, un cambio que podría servir para vigilar el deterioro cognitivo en animales mayores y distinguirlo mejor del envejecimiento habitual.
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Qué es la disfunción cognitiva canina

La afección, conocida como síndrome de disfunción cognitiva o disfunción cognitiva canina, puede afectar hasta al 60% de los perros de más de 11 años. Su detección no siempre es sencilla porque sus manifestaciones se superponen con las del paso del tiempo.
Entre los signos ya conocidos figuran alteraciones en los patrones de sueño, cambios en la conducta social, confusión y episodios en los que el animal parece perderse en lugares familiares. El nuevo trabajo añade una medida física objetiva, aunque no propone usarla como diagnóstico único.
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El acortamiento de la zancada delantera se asoció con un peor rendimiento cognitivo

La investigación analizó a 88 perros de edad avanzada, machos y hembras, de raza pura y mestizos. Para participar, cada animal debía haber alcanzado al menos el 75% de su esperanza de vida prevista según su tamaño y raza.
Los investigadores evaluaron múltiples variables físicas, neurológicas, fisiológicas y ortopédicas. Revisaron visión, audición, movilidad y fuerza física para descartar que el patrón de marcha se explicara de forma simple por otras limitaciones.
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En la parte del estudio dedicada a la caminata, los perros recorrieron un trayecto de 5 metros (16 pies) a su propio ritmo, sin estímulos verbales ni premios. Esas pruebas se repitieron cada seis meses durante varios años.

Los resultados mostraron que las zancadas más cortas se vinculaban con peores puntajes en las pruebas cognitivas, incluso después de considerar la edad y la presencia de enfermedades crónicas. Esa relación apareció solo en las patas delanteras.
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La neuróloga veterinaria Natasha Olby dijo: “Demostramos que la longitud de la zancada de las patas delanteras que dan los perros disminuye con la edad, pero aún más importante, disminuye con el deterioro cognitivo”.
Olby agregó: “De hecho, descubrimos que el efecto del deterioro cognitivo es mayor que el efecto de la edad por sí sola”.
Las patas delanteras cumplen funciones distintas

El estudio plantea que el hallazgo puede explicarse por la función diferente de las extremidades delanteras y traseras en la marcha canina.
En los perros, las patas traseras son claves para impulsar el cuerpo hacia adelante, mientras que las delanteras también participan en el cambio de dirección y en el inicio del frenado.
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La publicación cita a Olby, quien señaló: “El deterioro cognitivo afecta de manera diferente a las patas delanteras y traseras”.
También explicó que caminar con fluidez no depende solo de músculos y articulaciones, sino de la capacidad del cerebro para integrar información sensorial, planificar el movimiento y coordinar el cuerpo.
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Sobre ese punto, la especialista detalló: “La corteza cerebral integra más información sensorial en los circuitos neuronales que producen los pasos en las patas delanteras, y por eso la pérdida de integración sensoriomotora de alto nivel las afecta de manera diferente”.
Los investigadores dijeron que estos resultados respaldan el uso de la longitud de la zancada de las extremidades torácicas como una medida objetiva y escalable de movilidad funcional, capaz de reflejar cambios asociados con el deterioro cognitivo y útil para la investigación y el seguimiento clínico del envejecimiento en perros.
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El trabajo no concluye que la longitud de la zancada permita diagnosticar por sí sola la demencia canina.
La marcha puede alterarse por otros factores, entre ellos dolor crónico, artritis o problemas cervicales.
Por eso, observar si la forma de caminar de un perro cambia entre visitas al veterinario, o incluso de un día al otro en casa, puede servir como una señal de alerta inicial. No hace falta equipamiento especial: solo atención al patrón de movimiento del animal.
Olby recomendó que, si los dueños notan que la zancada de las patas delanteras se acorta, consulten con un veterinario porque puede haber causas alternativas tratables, como dolor artrítico o trastornos del cuello. Añadió que, si se confirma un diagnóstico de deterioro cognitivo, existen varias intervenciones sobre el estilo de vida, aunque por ahora no hay cura.
Es posible que los nuevos conocimientos sobre los sistemas de detección de síntomas cognitivos también puedan ayudar a orientar la investigación sobre la demencia en humanos.
Los investigadores quieren ahora poner a prueba estas mediciones y conclusiones en grupos más grandes de perros, con un rango de edades más amplio y una mayor diversidad de condiciones de salud.
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