
Muchas personas observan cuidadosamente el comportamiento de sus animales de compañía para identificar y aliviar cualquier malestar. No solo se deben vigilar los síntomas físicos, sino también las conductas que pueden indicar alteraciones emocionales. La depresión en perros y gatos suele manifestarse a través de apatía, pérdida de interés o cambios en sus rutinas diarias.
Los animales pueden atravesar episodios de alteración emocional profunda tras eventos negativos relevantes, como la pérdida de un integrante del hogar o modificaciones significativas en su entorno.
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Según Lore Haug, doctora en medicina veterinaria, máster en ciencias, doctora en fisiología veterinaria y especialista en comportamiento animal, existen diversas situaciones en la vida de una mascota en las que es más probable que esté atravesando una depresión y no sea una simple pereza.
“Estas incluyen cambios en la dinámica familiar (la llegada de un nuevo bebé u otro miembro de la familia, la partida de un familiar, la adopción de una nueva mascota, la muerte de una mascota) y cambios en el entorno, como mudarse de casa. Los cambios en el horario laboral de un miembro de la familia, como pasar de un trabajo remoto a uno presencial, también pueden ser muy estresantes para algunas mascotas", afirmó en la Asociación Americana de Hospitales Veterinarios de Estados Unidos.
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Y añadió como indicios de este padecimiento: “Los gatos suelen mostrarse retraídos, aislados o irritables. Los perros también pueden mostrarse aislados, además de un aumento de la agresividad, la irritabilidad y la hiperactividad”.
10 signos de depresión en animales

Oscar Cortadellas, profesor asociado del Departamento Medicina y Cirugía Animal en el Hospital Clínico Veterinario de España, explicó: “En base a lo que se conoce sobre la depresión en personas se ha estipulado que la presencia durante un periodo prolongado (1-2 semanas) de un patrón de comportamiento endógeno o reactivo, que incluya la falta de interés en acciones y actividades que previamente resultaban atractivas e interesantes para el animal, junto a alteraciones en el apetito y en el ciclo vigilia-sueño que no sean ocasionales, podría ser indicativo de la existencia de un cuadro de depresión en perro", señaló el profesor en Vet´s&Clinics.
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Y añadió: “Otros criterios que ayudarían a confirmar el diagnóstico incluirían la existencia de una reducción en la actividad motora y en la capacidad de respuesta frente a estímulos ambientales, en ausencia de una condición neurológica o fisiológica que lo explique".

La depresión en animales de compañía puede manifestarse a través de distintos signos conductuales y físicos. Según especialistas, antes de atribuir estos síntomas a una causa emocional, es fundamental descartar enfermedades orgánicas mediante la evaluación de un veterinario. Los principales indicadores incluyen:
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1. Pérdida de apetito o trastornos alimenticios.
2. Sueño excesivo o somnolencia durante la mayor parte del día.
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3. Desinterés por rutinas diarias y falta de interacción social o de juego.
4. Aullidos o gemidos frecuentes sin causa aparente.
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5. Ansiedad o incremento en el comportamiento agresivo.
6. Movimientos lentos o arrastrando las patas.
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7. Pérdida de control de esfínteres durante el sueño.
8. Conductas compulsivas, como morderse las patas o lamerse en exceso.
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9. Baja respuesta afectiva hacia personas u otros animales.
10. Tendencia a esconderse o mostrarse huidizo bajo muebles.
El tratamiento de la depresión

Las opciones terapéuticas para la depresión reactiva en perros se dividen en dos estrategias principales: tratamiento conductual y tratamiento farmacológico. La colaboración entre el médico veterinario y el propietario es fundamental, ya que la estimulación adecuada y la modificación del entorno resultan imprescindibles para una recuperación efectiva.
Es clave estimular, sin forzar, a los perros afectados para que participen en actividades que antes les resultaban agradables y que han dejado de disfrutar debido a la depresión, evitando aquellas situaciones que les generen angustia o miedo. Involucrar al animal en actividades estimulantes y restablecer la seguridad y la rutina diaria favorece su recuperación.

Es recomendable enseñar a las mascotas habilidades de comportamiento mediante el refuerzo positivo, es decir, añadiendo un estímulo reforzante después de una conducta deseada para aumentar la probabilidad de que se repita.
Se sugiere dedicar más tiempo a jugar, acicalar o pasear al animal y fomentar la interacción con otras mascotas o personas amigables. Además, los tutores pueden contribuir significativamente al bienestar de sus animales prestando atención a las interacciones diarias y a su propio estado emocional. Durante los periodos de cambio, es aconsejable mantener rutinas familiares para las mascotas y, si resulta necesario, buscar ayuda profesional para gestionar la ansiedad o la depresión propia.
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