
Se le conoce como adicción a los dulces a un comportamiento compulsivo hacia el consumo excesivo de alimentos ricos en azúcares, generando dificultades para controlar su ingesta a pesar de ser consciente de los efectos negativos en la salud.
De acuerdo con información de la Organización Mundial de la Salud (OMS) aunque este tipo de adicción no está oficialmente reconocida como una enfermedad, es considerada un problema común debido al impacto que el azúcar tiene en el sistema de recompensa del cerebro, fomentando una dependencia similar a la observada con sustancias adictivas como el alcohol, tabaco y algunas drogas.
Sin embargo, a diferencia de las sustancias anteriormente mencionadas, el consumo de dulces y alimentos azucarados pueden venir de una necesidad natural del cuerpo y la activación de la hormona del cortisol, la cuál puede llegar a descontrolarse por padecimientos como el estrés y la ansiedad hasta ser un problema que necesite ayuda profesional.
¿Por qué el estrés nos hace comer dulces?

De acuerdo con información del sitio especializado en la salud Mayo Clinic, el cortisol es una hormona esteroidea producida por las glándulas suprarrenales, situadas encima de los riñones.
Esta hormona, es conocida como la “hormona del estrés”, debido a que cuando el cuerpo percibe una amenaza, el cerebro estimula la producción de cortisol como parte de la respuesta de lucha o huida y la hormona aumenta la glucosa en la sangre, o sea, los niveles de azúcar. También mejora el uso de la glucosa en el cerebro y aumenta la disponibilidad de las sustancias del organismo que reparan los tejidos.
Una vez ha pasado una amenaza percibida, las hormonas restablecen sus niveles normales. A medida que bajan los niveles de adrenalina y cortisol, la frecuencia cardíaca y la presión arterial recuperan los valores normales así como los otros sistemas retoman su actividad regular.
Sin embargo, llevar una vida con altos niveles de estrés, suelen provocar un desorden hormonal, pues el cuerpo se siente en constante peligro, por lo que el cortisol comienza a elevar los niveles de glucosa y el cuerpo interpreta que se deben consumir alimentos altos en azúcar para poder regular las cantidades perdidas.
Esto incrementa el riesgo de tener muchos problemas de salud, como los siguientes:
- Ansiedad.
- Depresión.
- Problemas digestivos.
- Dolores de cabeza.
- Tensión y dolor muscular.
- Enfermedad cardíaca, ataque cardíaco, presión arterial alta y accidente cerebrovascular.
- Problemas de sueño.
- Aumento de peso.
- Problemas de memoria y concentración.
Además, cuando se consume azúcar, se estimula la producción de dopamina, un neurotransmisor asociado al placer y la recompensa. Este proceso genera una sensación de bienestar que puede llevar a repetir el consumo para recrear esa experiencia placentera, dando lugar a un patrón de comportamiento adictivo.
Técnicas saludables para reducir el estrés

De acuerdo con Medlineplus, existen varias forma para lidiar con el estrés, pero la efectividad de las mismas, puede variar dependiendo de las personas, entre las técnicas que destacan se encuentran:
Dormir lo suficiente: descansar lo suficiente durante la noche puede ayudar a pensar con más claridad y a tener más energía. Esto hará que sea más fácil manejar cualquier problema que pueda surgir. Intente dormir entre 7 y 9 horas todas las noches.
Reconozca las cosas que no puede cambiar: aceptar que no puede cambiar ciertas cosas le permite dejarlas ir y no alterarse. Por ejemplo, no puede cambiar el hecho de que debe conducir durante la hora del tráfico. Pero puede buscar maneras de relajarse en el trayecto, como escuchar un podcast o un audiolibro.
Hacer ejercicio: realizar actividades físicas todos los días es la mejor y más fácil manera de lidiar con el estrés. Al hacer ejercicio, su cerebro libera químicos que lo hacen sentir bien. También puede ayudarle con su energía reprimida o su frustración. Busca algo que disfrute, ya sea caminar, montar en bicicleta, jugar softball, nadar o bailar, y hacerlo por al menos 30 minutos la mayoría de los días.
Practica tus gustos: cuando el estrés provoque malestar, puedes hacer algo que disfrutes para ayudarte a ponerte de pie de nuevo. Puede ser algo tan simple como leer un buen libro, escuchar música, ver su película favorita o salir a cenar con un amigo. O comience un nuevo pasatiempo o clase. Sin importar lo que elija, intente hacer al menos una cosa al día que sea solo para usted.
Mantener una dieta saludable: comer alimentos saludables ayuda a darle energía a su cuerpo y su mente. Evite los refrigerios con altos contenidos de azúcar y consume muchas verduras, frutas, granos integrales, lácteos reducidos o libres de grasas y proteínas magras.
Evita la sobrecarga de responsabilidades: si el estrés viene de realizar demasiadas tareas en casa o en el trabajo, aprenda a establecer límites. Pida ayuda a los demás cuando la necesites.
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