
Mariano Hernán Borinsky, juez de la Cámara Federal de Casación Penal, fue distinguido con el doctorado honoris causa de la Universidad de Palermo. La institución le otorgó al magistrado su máxima distinción académica en un acto de investidura celebrado este jueves.
El decano de la Facultad de Derecho, Fulvio Santarelli, abogado y conjuez de la Suprema Corte de la Provincia de Buenos Aires, abrió la ceremonia con una carta de Diego Barroetaveña, presidente del máximo tribunal penal federal.
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El abogado Ricardo Gil Lavedra, ex ministro de Justicia y uno de los seis jueces que integró la Cámara Federal porteña en el histórico Juicio a las Juntas, también se pronunció. “Para mí es un gusto participar en una universidad tan prestigiosa que siempre se ha caracterizado por la innovación, la pluralidad de ideas y la búsqueda permanente de excelencia”, afirmó. Durante su discurso recorrió la trayectoria profesional del magistrado y destacó sus aportes.
Gil Lavedra lamentó que el tiempo no alcanzara para repasar, uno por uno, los más de 20 libros que el juez Borinsky lanzó como escritor o director, las más de 400 publicaciones académicas que firmó y todas las universidades del país en las que dio clases.
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“Mariano es, desde el año 2011, juez de la Cámara Federal de Casación Penal. Fue el magistrado más joven en acceder a ese cargo, solo con 38 años. Pero no era un recién llegado. Lo respaldaba ya una trayectoria judicial extensa. Había sido fiscal general y, antes de eso, director de la unidad que hoy conocemos como Procelac”, continuó.
“Y no entró por la ventana a ninguno de estos cargos. Participó en 16 concursos ante el Consejo de la Magistratura. Fue ternado en siete de ellos y en dos elegido por el Poder Ejecutivo para acceder a la función a la que aspiraba”, valoró luego el exjuez.
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Gil Lavedra señaló que la búsqueda de la excelencia y el rigor de su trabajo son los mayores méritos de Borinsky como juez. Tal es así que el magistrado somete el funcionamiento de la Sala IV de la Cámara de Casación a un permanente control de calidad, por lo que el tribunal cuenta con la certificación ISO 9001.
Además, habló de su extensa formación. “Es abogado egresado de la UBA, especialista en Derecho Penal, especialista en Derecho Tributario, doctor en Derecho Penal, con calificación sobresaliente y, como si todo esto no fuera mucho, posdoctor también de la Universidad de Buenos Aires”.
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“Gobiernos de distinto signo político han llamado a Mariano para integrar las comisiones encargadas de reformar nuestro antiguo Código Penal del año 1921″, siguió Ricardo Gil Lavedra.

Luego hizo un párrafo aparte para recordar que, en el año 2024, el juez Borinsky visitó en el Vaticano al Papa Francisco, precisamente para conversar sobre la reforma del Código Penal y del Código Procesal Penal.
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“No sé si hay mucha gente que pueda decir que habló con el sumo pontífice de temas penales”, aseguró, antes de ser interrumpido por los aplausos.

Gil Lavedra concluyó recordando que la “entrega tiene también un costo silencioso”. “Alguna vez su familia tuvo que convivir con amenazas por alguno de sus fallos. Y sin embargo, él siguió, sin bajar los brazos, porque para Mariano no ejercer la función con total independencia jamás fue una opción. Así que hoy, cuando la Universidad de Palermo le entrega este doctorado honoris causa, no le está reconociendo solamente a Mariano como jurista, al profesor, al autor de más de una veintena de libros. Está reconociendo a aquel pibe de pelo largo que entró a trabajar como meritorio de tribunales y supo construir su carrera en base al estudio, al esfuerzo y a la dedicación. Te lo has ganado merecidamente, Mariano. Felicitaciones”.
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Luego de una extensa ronda de aplausos, el juez Borinsky tomó la palabra para brindar su discurso, en el que ahondó sobre “la necesaria interconexión que debe haber entre derecho, academia y justicia”. Primero agradeció a las autoridades de la Universidad de Palermo, al doctor Gil Lavedra, a su familia y a los jueces, funcionarios judiciales, miembros de otros poderes del Estado y amigos que asistieron al homenaje.
Borinsky no pudo contener su emoción cuando recordó a su padre, también abogado, quien falleció cuando él apenas se había hecho mayor de edad. En esos 18 años, cuenta, aprendió las características que fueron su guía: el esfuerzo, el estudio y la perseverancia.
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También rememoró momentos que lo marcaron como juez. Recién llegado a la Cámara Federal de Casación Penal, le tocó revisar la sentencia de Reynaldo Benito Bignone, el último presidente de facto de la República Argentina.
“Bignone me mira y me pregunta el nombre y el apellido. Le contesto: ‘Mariano Borinsky’. Me lo vuelve a preguntar, me lo vuelve a preguntar. Tres veces me pregunta. Yo dije: ‘No me escuchó’. Y lo que me estaba diciendo Bignone era que él no iba a aceptar que un juez civil lo juzgue, que él solo iba a admitir jueces militares, aun por hechos de estas características”, relató el magistrado.
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La Cámara de Casación aumentó la condena del represor de 15 a 25 años de prisión por el plan sistemático de apropiación de bebés.
Otro fue el caso Cromañón: “No me puedo olvidar del momento en el cual estaba por leer el veredicto, y cuando levanto la vista un instante, están las 195 caras de las personas fallecidas, por sus familiares que estaban levantados. Las víctimas pedían justicia. Y uno no se olvida de esa situación y no se olvida de que cuando uno va a dictar sentencia tiene que comprender el dolor, pero también tiene que mantenerse firme, enfocado”, recordó.
Al terminar sus palabras, Borinsky recibió su distinción de manos de Gil Lavedra y Santarelli.
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