La leyenda del estudio “Mate y venga” y la historia del abogado que hizo vaciar un lago y convirtió a un acusador en acusado

En las décadas de 1950 y 1960, el letrado causó impacto en los tribunales platenses con el nombre de su estudio que indicaba el lugar al que los homicidas debían dirigirse para buscar ser defendidos. Los detalles de cómo resolvió los casos Penjerek y Nélida Prior

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Fotografía en blanco y negro del perfil derecho de un hombre hablando por un micrófono antiguo. El hombre tiene el pelo peinado hacia atrás
Víctor José Roberts Alcorta ganó varios casos resonantes, de modo que pudo demostrar que el título de su estudio estaba justificado

Es la leyenda del abogado Víctor José Roberts Alcorta que intervino en algunos de los casos más resonantes de su época, varios de ellos ventilados en juicios orales que marcaron a la opinión pública local y nacional. Alrededor de su figura creció una leyenda popular, condensada en una ocurrencia que él mismo alimentó: su estudio jurídico bautizado como “Mate y venga”, nombre que, con risa socarrona, explicaba remitiendo al juego del truco -esa invitación a redoblar la apuesta sin temor-, pero que también se asociaba con la idea de que todo homicida podía contratar sus buenos oficios.

Con el tiempo se convirtió en un penalista de enorme prestigio, al punto de que su nombre quedó asociado a una fama singular: la de ser un defensor prácticamente invencible. Junto a su hermano Luis María fundó un estudio jurídico que, con los años, continuarían otros integrantes de la familia, consolidando así una tradición profesional que perduró más allá de su muerte. Es la historia de Víctor José Roberts Alcorta, una de las figuras más notorias de la abogacía platense del siglo XX.

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“Mate y venga” era un slogan pícaro, perspicaz para atraer todo tipo de clientes. Aunque en el fondo sabía que a los periodistas y curiosos que le preguntaban a cada rato por lo mismo, debía tenerles preparada otra explicación que pareciera más seria. Como era amante de los caballos de pura sangre y tenía un haras, también le puso “Mate y venga”, y así el abogado salía del paso explicando que el nombre de su estudio era una réplica de su caballeriza.

En las décadas del 50 y 60, el abogado ganó varios casos resonantes, de modo que pudo demostrar que el título de su estudio estaba justificado. A partir de entonces, la broma en tribunales platenses era indicar a dónde todo homicida debía dirigirse. La humorada le dio fama y la expresión terminó por sintetizar lo que muchos creían de él: que en el terreno judicial siempre estaba listo para ir a fondo, y que rara vez perdía.

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El caso de Norma Penjerek fue cubierto por todos los medios nacionales
El caso de Norma Penjerek fue cubierto por todos los medios nacionales

El acusador que terminó acusado

Algunas anécdotas ayudan a componer el retrato de este abogado. En una causa penal logró que se desagotara el lago del Bosque platense en busca de un arma vinculada a un homicidio. En otra ocasión, cuando le robaron su automóvil Lincoln, el vehículo apareció rápidamente lustrado y lavado junto a una nota que decía: “No sabíamos que era suyo, doctor”.

Pero uno de los casos en donde el sagaz abogado logró invertir los roles fue en la década del 60, cuando hizo un pase de magia judicial: que el acusador pase a ser el acusado.

Los diarios de la época titularon: “Increíble, lo absuelven, gracias a su abogado el acusador se convierte en acusado”. Y sigue: “En el Juzgado […] tuvo lugar ayer el juicio oral seguido a los policías […] acusados de procedimientos ilegales consistentes en detenciones arbitrarias con el objeto de “descubrir crímenes”.

Ese caso tuvo un giro espectacular en medio del juicio. Los medios de la época cuentan cómo el intrépido abogado interroga a los testigos mientras va encadenando las contradicciones hasta exponer que la causa estaba armada. Finalmente es la víctima quien se desdice y deja al descubierto la coartada: se trataba de policías honestos que habían sido perjudicados por otros oficiales en medio de una vieja interna. Se habían armado los relatos en el sumario.

Para la prensa de la época, en el momento de los alegatos la figura de Roberts Alcorta es descollante: con maestría se para y señala a la víctima, y dice que se trata del victimario, que debería estar sentado a su lado, que él también lo defendería en el futuro como víctima de policías corruptos.

Los policías, que entraron como imputados, logran ser absueltos. El acusador, que sostenía todo, queda procesado por falso testimonio.

Norma Penjerek desapareció en junio de 1962, cuando tenía 16 años
Norma Penjerek desapareció en junio de 1962, cuando tenía 16 años

El caso Penjerek

Pero el caso que hizo famoso a nivel nacional a Roberts Alcorta es otro. Es un asunto que tuvo en vilo al país. Y está vinculado a la forma en la que encarar el tema “declaraciones armadas”, algo de lo que ya era especialista. Se trata del caso de Norma Mirta Penjerek, una chica que desapareció en junio de 1962. Tenía 16 años. Había salido de su casa en la ciudad de Buenos Aires para ir a su clase de inglés y nunca regresó. No había rastros ciertos de su paradero: ni testigos firmes, ni reconstrucción consistente de sus últimos movimientos. La búsqueda se sostuvo en la incertidumbre. Se la había tragado la tierra.

Poco después, apareció un cadáver femenino. La autopsia indicó signos de muerte violenta: estrangulamiento. Sin embargo, desde el inicio surgieron inconsistencias. La edad estimada del cuerpo, su contextura y, especialmente, su estatura no coincidían plenamente con las de Norma. Aun así, la investigación comenzó a vincular ambos hechos.

El 24 de agosto de 1962 se produjo la identificación formal. No fue un proceso concluyente. El padre de Norma no pudo reconocer el cuerpo. Sin embargo, un odontólogo sostuvo que se trataba de ella. Con ese dato, y sin que se explicara de modo técnico la correspondencia entre el cadáver hallado y la joven desaparecida, la justicia dio por acreditada la identidad. Al día siguiente, 25 de agosto de 1962, el cuerpo fue enterrado en el cementerio israelita de La Tablada.

La causa, lejos de avanzar, entró en una fase de estancamiento. No hubo detenidos, no hubo hipótesis dominante. La familia Penjerek, por su parte, adoptó un perfil de extrema reserva: no promovió reclamos públicos ni participó en la exposición mediática del caso. La causa siguió parada.

Detención de Pedro Vecchio, acusado por el crimen de Norma Penjerek
Detención de Pedro Vecchio, acusado por el crimen de Norma Penjerek

El 15 de julio de 1963, se produjo el segundo punto de inflexión. Ese día, en la estación Constitución, la policía detuvo a una mujer de nombre Mabel Sisti, de 23 años, por presunto ejercicio de la prostitución. En ese contexto, Sisti declaró espontáneamente tener información sobre el caso Penjerek. Su relato modificó completamente la escena. La mujer afirmó que Norma había sido víctima de una organización dedicada al secuestro de jóvenes para encuentros con empresarios y dirigentes políticos. Ubicó los hechos en un chalet denominado “Los Eucaliptos”, en la localidad de Bosques, y señaló como responsable a Pedro Vecchio, comerciante de Florencio Varela, propietario de la zapatería y concejal electo por una fuerza vinculada al peronismo proscripto.

La denuncia tuvo un impacto inmediato. Medios como Crónica y La Razón instalaron el caso como eje de la agenda pública. La tirada de Crónica se multiplicó ostensiblemente. La hipótesis de una red de corrupción con participación de sectores de poder generó una fuerte conmoción en toda la Argentina. El tema fue tratado en el Congreso Nacional y motivó pronunciamientos de la CGT. En la vida cotidiana, el caso se tradujo en una alerta difusa: el nombre Penjerek pasó a funcionar como advertencia para las mujeres que caminan solas por la calle.

En ese contexto, las detenciones se ampliaron. Entre los implicados apareció Fabricio Mucci, quien fue detenido, sometido a apremios y obligado a declarar en línea con Sisti. Las distintas declaraciones comenzaron a reforzarse entre sí. El caso adquiría apariencia de coherencia probatoria: una estructura organizada, un lugar, un responsable, un circuito. Por las dudas quedaron detenidos Sisti, Vecchio y Mucci. Todos como parte cómplice de la trama.

Es en ese punto cuando entra en escena el abogado Robert Alcorta. Por distintos contactos de amigos y familiares de Pedro Vecchio llegan al estudio “Mate y venga” y lo contratan para que revise el caso. De entrada al abogado platense le pareció lógico asumir la defensa de Mabel Sisti, ya que ella era el eje de la acusación contra Vecchio. Entonces se puso en campaña para llegar a Sisti y que ella lo designe como su letrado, desplazando así al abogado que la policía ya había colocado para forzar sus dichos bajo presión (según sus dichos posteriores no tenía vivienda y le habían ofrecido una casa a cambio de firmar papeles que incriminaban a Vecchio, pero también la autoincriminaban).

El abogado de “Mate y venga” sabía bien que si la mujer se retractaba, al tratarse de una imputada y no de un testigo, no estaba bajo la obligación de decir verdad. Por lo que -desde el plano estricto penal- ese cambio de versión nunca la iba a perjudicar.

Con el avance de la causa se pudo demostrar que un fotógrafo de nombre Juan Manuel Fernández, un mandadero policial, instigó y extorsionó a Mabel Sisti para comprometer a Vecchio y compañía
Con el avance de la causa se pudo demostrar que un fotógrafo de nombre Juan Manuel Fernández, un mandadero policial, instigó y extorsionó a Mabel Sisti para comprometer a Vecchio y compañía

Aquí apareció la figura del juez Alberto Garganta, a cargo de la causa y un viejo conocido de Roberts Alcorta de los tribunales platenses (el cadáver había aparecido en la jurisdicción de La Plata). Todos sabían que ese vínculo entre abogado y juez era central. Alcorta no era cualquier abogado, se movía como pez en el agua en el mundillo de la capital provincial, por lo que su reputación valía demasiado. Sus honorarios también. Pero en este caso, como él dijo varias veces, nunca cobró un centavo.

Con el avance de la causa se pudo demostrar que un fotógrafo de nombre Juan Manuel Fernández, un mandadero policial, instigó y extorsionó a Mabel Sisti para comprometer a Vecchio y compañía, aprovechando una vieja inquina existente entre ambos. Así lo contó la mujer, quien gracias a la estrategia de Roberts Alcorta realizó su retractación ante el juez Garganta. Por lo que la causa perdía su peso de raíz.

Letrado especialista en aplicar la llamada “doctrina del fruto del árbol envenenado” (la invalidez de la prueba de raíz envenena las ramas y todos los frutos como fojas del expediente judicial), otorgaba nulidad a todo lo actuado. Es a partir de ahí que la figura de Vecchio, instalada como culpable del secuestro de Norma Penjerek para la opinión pública, se cae. Para la justicia también: la causa pasa por distintos juzgados, se dilata y pierde fuerza probatoria. Finalmente, el 5 de abril de 1965, la Cámara del Crimen de la Capital dicta el sobreseimiento de Vecchio y de todos los demás.

Remberta Nievas
Remberta Nievas, ama de casa, asesinó a su esposo Abraham Gabriel Robles, agente de policía, mientras dormía en su casa de Wilde, en Avellaneda, en 1947. Lo hizo, según dijo a la Justicia, para “salvar el honor de mi hija”

Una salida para Nélida Prior

Fue en mayo de 1950. En los diarios se hablaba de la mujer que había asesinado a su marido. Se llamaba Nélida Prior. La mujer era víctima de todo tipo de violencia por parte de su esposo de apellido Santillán. Una vida de calvario, una vida de hostigamientos. Hasta que un día Nélida reaccionó y encontró el arma que su marido guardaba y lo asesinó, justo luego de sufrir una fuerte paliza. El fiscal solicitó la pena perpetua atento el agravante del vínculo y por homicidio premeditado. Mientras Roberts Alcorta, por su parte, planteó un “estado de necesidad justificante”, un concepto que estipula el artículo 34 inciso 3ª del Código Penal (no es punible quien causa un mal para evitar otro mayor inminente).

Los jueces condenaron a Nélida Prior a cadena perpetua. Pero el tema causó mucha indignación popular, medios como Crítica y La Prensa escribieron notas favorables a Prior; sobre todo porque este tipo de casos representaba un patrón que se repetía en varios puntos del país: esposas víctimas de violencia que se hartaban y mataban al agresor. Un tema que por primera vez en el país la justicia se iría a revertir en el caso Remberta Nievas en 1956.

Pero si con el juicio no lo consiguió, el abogado de Nilda Prior no se dio por vencido. Movió cielo y tierra, interpuso recursos y apelaciones, pero no logró revertir la sentencia. Le quedaba una chance, el indulto, el mecanismo de perdón que solo el gobernador puede otorgar. Pero eso no era ya una instancia judicial sino política.

Roberts Alcorta no solo fue un letrado, había sido intendente de Trenque Lauquen en un breve paso en 1937 y había cosechado muchos contactos en la vida política. También fue presidente del Club Estudiantes de La Plata y su vida social era más que intensa. El caso de Nélida Prior era uno de aquellos que el estudio “Mate y venga” debía capitalizar como un triunfo, pues la opinión pública había expresado simpatía por esa mujer desesperada. Conseguir un perdón era un triunfo, y el abogado se impuso una meta que consiguió.

El 25 de mayo de 1950, el gobernador Mercante indultó a la mujer. El júbilo social se hizo sentir, los medios de todo el país cubrieron la noticia, y el abogado platense sintió que el caso estaba cumplido.

Los últimos años

Muchos años después con el legendario Roberts Alcorta ya jubilado, el mismo tenía la costumbre de sentarse en la puerta de su casa, en pleno verano, para tomar “la fresca” sobre la esquina de la calle 8 y 39. Al menos así lo cuenta Ricardo Jaén en el diario El Día de La Plata, donde además relata cómo el viejo abogado, rodeado de vecinos, clientes y curiosos, narraba los casos como si aún estuviese litigando.

El estudio jurídico “Mate y venga” siguió en manos de sus hijos y nietos, quienes también ejercen la abogacía; y –de alguna forma– continúan alimentando la leyenda que marcó una época. Esa en la que todavía se ríen entre los pasillos de tribunales: “Si te mandaste una macana, andate al estudio Mate y venga”.

Víctor José murió en La Plata en 1977.

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