El futbolista que robó el cuadro “El grito”, una nota burlona en la mesa del guardia y un golpe sincronizado con los Juegos Olímpicos

Un ex delantero del fútbol noruego sorprendió al robar la obra más famosa del país en menos de un minuto. La apertura olímpica de 1994 en la ciudad Lillehammer de convirtió el episodio en un escándalo internacional

Guardar
Google icon
Vista trasera de una persona tomando una foto con su smartphone de la pintura 'El grito' de Edvard Munch, enmarcada en dorado
El cuadro "El grito" estuvo durante 87 días escondido en un casa luego de haber sido robado en segundos (REUTERS)

La nota que dejaron los ladrones sobre la mesa del guardia de seguridad era una especie de insulto escrito a mano: “Muchas gracias por la pobre seguridad”. El 12 de febrero de 1994 dos hombres entraron por una ventana del segundo piso de la Galería Nacional de Oslo, cortaron el hilo que sostenía una de las obras de arte más conocidas del mundo, El grito, de Edvard Munch, y desaparecieron en menos de 50 segundos. La obra más notoria de Noruega estaba en manos de delincuentes antes de que la policía llegara al lugar.

El robo ocurrió en uno de los momentos de mayor exposición pública del país: esa misma mañana se inauguraban los Juegos Olímpicos de Invierno en Lillehammer. El mundo miraba a Noruega, pero no precisamente a Oslo.

PUBLICIDAD

El autor del robo no era un traficante de obras ni un espía internacional. Se trataba de Pål Enger, un futbolista noruego que jugaba como delantero y que ya tenía antecedentes como ladrón en el mundo del arte. Años antes del golpe a la Galería Nacional, Enger había sustraído otra obra de Munch: Amor y dolor, también conocida como Vampiro.

Eduard Munch
La autenticidad de la pintura recuperada en mayo de 1994 fue verificada gracias a gotas de cera que Munch dejó sobre el lienzo durante su proceso creativo (AFP)

El robo de El grito no fue improvisado. Enger eligió deliberadamente la fecha de apertura de los Juegos Olímpicos para ejecutar el golpe. Con la atención de las fuerzas de seguridad concentrada en Lillehammer y los medios del mundo volcados al evento deportivo, la Galería Nacional quedó en una situación de vulnerabilidad que él aprovechó con precisión.

PUBLICIDAD

La obra que tomaron esa madrugada era la versión de 1893, pintada en pastel sobre cartón. Era una de las cuatro versiones que Munch produjo del mismo motivo y formaba parte de su serie El friso de la vida. Su título original en alemán, Der Schrei der Natur, se traduce como El grito de la naturaleza, un dato que el propio museo Munch recoge para aclarar que, según los textos del pintor, no es la figura la que grita sino el paisaje que la rodea.

Poco antes de las 6:30 de la mañana, los dos ladrones apoyaron una escalera contra la fachada del museo. Treparon hasta el segundo piso, rompieron un vidrio, entraron a la sala y cortaron el soporte que mantenía el cuadro en la pared. Las alarmas se activaron, pero cuando la policía llegó, los hombres ya habían escapado en un vehículo que los esperaba afuera.

La obra no tenía vidrio protector. No había un sistema de alarma avanzado. El director de la Galería Nacional, Knut Berg reconoció después que la pintura estaba expuesta con una seguridad insuficiente para una pieza de esa magnitud.

Edward Munch
Edward Munch pintó desde que lo hizo por primera vez en 1880 hasta su muerte en 1944. Formó parte del movimiento simbolista en la década de 1890 y fue pionero del arte expresionista desde principios del siglo XX (biography.com)

El Gobierno noruego entró en estado de crisis. La ministra de Cultura, Aase Kleveland, declaró que el robo había sido “un abrecabezas” para el país. Noruega perdía, en menos de un minuto, una de sus obras más valiosas en el mismo día en que recibía al mundo para celebrar sus Juegos Olímpicos.

Tras el robo, los responsables enviaron una demanda de rescate por un millón de dólares, pero la Galería Nacional se negó a pagar. Las autoridades noruegas abrieron una investigación y rápidamente establecieron contacto con la Policía Metropolitana de Londres, fuerza policial conocida internacionalmente por sus divisiones especializadas, que tenía experiencia en crímenes de arte y sabía que una porción importante del arte robado en Europa terminaba, habitualmente, en el mercado londinense.

El jefe del escuadrón de Arte y Antigüedades de Scotland Yard, el inspector John Butler, asumió la coordinación conjunta con el inspector noruego Leif Lier. Mientras ambos trabajaban en paralelo, dos agentes encubiertos de Butler ya habían establecido contacto con personas que decían poder conseguir la pintura.

Eduard Munch
La ausencia de sistemas de seguridad avanzados y de vidrio protector facilitó la sustracción de la obra en menos de 50 segundos (AFP)

Uno de esos agentes era el detective Charley Hill, que decidió hacerse pasar por un comerciante de arte “un poco dudoso, con acento impostado”, como él mismo relató. Hill no llegó a la reunión con los ladrones sin preparación previa.

Antes del encuentro con los criminales estudió en detalle la versión robada. Munch había soplado una vela frente a la obra durante su proceso de trabajo, y pequeñas gotas de cera habían caído sobre el lienzo. Hill estudió la disposición precisa de esas marcas.

“Me propuse memorizar exactamente cómo se veían esas gotas de cera de la vela”, explicó el detective. Cuando los ladrones lo llevaron a una casa de verano en el sur de Noruega donde guardaban la obra en un sótano, Hill inspeccionó la pintura y confirmó su autenticidad: “Sabía que la imagen era la correcta porque revisé la cera”.

La operación encubierta culminó el 7 de mayo de 1994, casi tres meses después del robo, hace 32 años. La policía noruega encontró El grito prácticamente sin daños en un hotel de Asgardstrand, una localidad costera al sur de Oslo donde Munch había tenido una cabaña y donde, según los archivos del propio museo, pintó varias de sus obras más conocidas durante los veranos de la década de 1890. Tres noruegos fueron detenidos.

Eduard Munch
El pintor Edvard Munch ante algunas de sus obras. Había nacido en 1863 y murió en 1944

El director Berg examinó la obra en cuanto la recuperaron. Encontró una perforación microscópica, pero describió el estado general como intacto. “Los ladrones deben haberla manejado con extremo cuidado”, dijo. Según el diario Dagbladet, uno de los principales medios de Noruega, los dos agentes de Scotland Yard habían engañado a los ladrones simulando que estaban dispuestos a comprar la pintura por 250.000 libras esterlinas.

Berg anunció que esperaban tener el cuadro de vuelta en la pared la semana siguiente. La ministra Kleveland celebró la recuperación: “Estoy extremadamente feliz y aliviada de que uno de nuestros más grandes y reconocidos tesoros artísticos haya sido recuperado”.

Los expertos en arte habían advertido desde el primer día que la pintura era prácticamente imposible de vender en el mercado abierto. Su fama era, curiosamente, su mejor protección contra una transacción pública. Eso orientó a los investigadores desde el principio: si no podían venderla libremente, tarde o temprano intentarían cobrar un rescate o buscar un comprador clandestino dispuesto a asumir el riesgo.

"El grito" pintado en pastel sobre cartón en 1893 es una de las cuatro versiones que Edvard Munch creó de la misma obra (REUTERS)
"El grito" pintado en pastel sobre cartón en 1893 es una de las cuatro versiones que Edvard Munch creó de la misma obra (REUTERS)

La seguridad reforzada que siguió al episodio de 1994 no alcanzó para evitar un segundo golpe. En agosto de 2004, dos hombres armados y enmascarados entraron al Museo Munch de Tøyen en pleno día, delante de los visitantes, y se llevaron El grito junto con otra obra del pintor, Madonna. El robo quedó registrado en video gracias a un turista austríaco que filmó la huida de los delincuentes.

Las dos pinturas fueron recuperadas dos años después, en 2006. Pero esta vez la historia no terminó sin consecuencias para la obra: El grito presentaba una mancha en el ángulo inferior izquierdo que los restauradores no pudieron eliminar. El museo Munch lo consignó en su documentación oficial como una marca permanente del episodio.

El museo señala que Munch solía decir que “un buen cuadro con diez agujeros es mejor que un mal cuadro sin ninguno”. La frase cobró un sentido que el pintor nunca imaginó.

"El grito" en el Britich Museum
"El grito" en el Britich Museum

El grito no es una obra única sino un motivo que Munch repitió en cuatro versiones. Dos son pinturas al óleo, una es un pastel —la que fue robada en 1994 y que hoy pertenece al Museo Nacional— y existe además una litografía. El museo Munch conserva su propia versión en pintura.

El pastel robado en 1994 no es el más costoso de los que existen. Ese lugar lo ocupa otra versión en pastel, de propiedad privada, que en mayo de 2012 se subastó en Nueva York por 119,9 millones de dólares. Fue una de las ventas más altas registradas en la historia del arte.

Ataque-El-grito---Munch
La Galería Nacional de Oslo sufrió el robo de "El grito" de Edvard Munch en plena inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno de 1994 (AFP)

La obra nació de una experiencia personal de Munch. Una tarde de fines del siglo XIX, el pintor caminaba con dos amigos por Ekeberg, en las afueras de Oslo, cuando lo invadió una sensación de angustia. Se apoyó contra una cerca, “cansado hasta la muerte”, y dejó que sus amigos siguieran solos. Fue en ese momento cuando describió haber “sentido el gran grito en la naturaleza”.

De ese instante salió la figura de piel verdosa, ojos vacíos y boca abierta que hoy aparece en tazas, imanes de heladera, rollos de papel higiénico y botellas de licor. También en el emoji que millones de personas usan para expresar angustia en sus teléfonos. Esa que esperó durante 87 días de 1994, en el sótano de una casa de verano en el sur de Noruega, que un detective con acento impostado fuera a buscarla.

Google icon

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

Últimas Noticias

6 peniques y una vara de bambú: el extraño trabajo de los knocker-uppers, los despertadores humanos de la Inglaterra industrial

Su labor era tan vital para las fábricas que Charles Dickens los inmortalizó en Grandes esperanzas. Uno de ellos fue clave en el hallazgo de la primera víctima de Jack el Destripador en Whitechapel

6 peniques y una vara de bambú: el extraño trabajo de los knocker-uppers, los despertadores humanos de la Inglaterra industrial

Un conocido le confesó su amor en un programa de televisión y tres días después lo asesinó: “Él es gay, yo no”

En la era dorada de los talk shows, la televisión estadounidense convirtió las confesiones en vivo en entretenimiento masivo. El 6 de marzo de 1995, en el programa “The Jenny Jones Show”, una de esas revelaciones derivó en un asesinato que nadie —ni los productores, ni la conductora, ni los invitados— anticipó. Años después, la Justicia impuso una indemnización millonaria contra la producción que luego fue anulada

Un conocido le confesó su amor en un programa de televisión y tres días después lo asesinó: “Él es gay, yo no”

Un solo torpedo, secretos ocultos en la bodega y 1198 víctimas: la historia de la peor tragedia marítima de la Primera Guerra Mundial

La tarde del 7 de mayo de 1915, un submarino alemán divisó al Lusitania, un enorme buque de pasajeros que viajaba sin escolta, le disparó el único torpedo que le quedaba y lo hundió en apenas 18 minutos. Entre las víctimas se contaron 94 niños y 35 bebés. Investigaciones posteriores demostraron que el transatlántico llevaba oculto en sus bodegas un verdadero arsenal

Un solo torpedo, secretos ocultos en la bodega y 1198 víctimas: la historia de la peor tragedia marítima de la Primera Guerra Mundial

Por qué los campeones se rocían con champán en el podio y quién fue el primero en hacerlo

La respuesta tiene nombre, fecha y lugar precisos, y une a un piloto de Fórmula 1, un accidente con un tapón y un gesto espontáneo que se repitió una semana después hasta convertirse en tradición universal

Por qué los campeones se rocían con champán en el podio y quién fue el primero en hacerlo

Creció sin hogar, sobrevivió a la guerra y aprendió a vivir en el bosque: la historia de Dominique Bikaba y su lucha por los gorilas del Congo

Fundador de Strong Roots Congo, Bikaba lidera hoy la protección de 600.000 hectáreas de territorio comunitario y la restitución de derechos ancestrales para los pueblos originarios de una de las regiones más castigadas del planeta

Creció sin hogar, sobrevivió a la guerra y aprendió a vivir en el bosque: la historia de Dominique Bikaba y su lucha por los gorilas del Congo