
A poco de ser elegido Papa, Jorge Bergoglio reactivó la causa de beatificación de una mujer que, en tiempos del Virreinato, tomó el relevo de los jesuitas expulsados del Río de La Plata y tuvo un rol clave en la vida espiritual de la época.
En realidad, Francisco venía promoviendo la canonización de María Antonia de Paz y Figueroa, o María Antonia de San José, el nombre por ella elegido para su consagración al servicio de los jesuitas, desde sus tiempos de Arzobispo de Buenos Aires. En 1999, Bergoglio había nombrado una comisión de historiadores para reunir documentación sobre María Antonia y así reactivar su causa ante la Santa Sede.
PUBLICIDAD

Estas iniciativas de Francisco permitieron dar a conocer a todos los argentinos la vida y obra de María Antonia reparando un olvido injusto o un desconocimiento. Porque a la trayectoria de esta mujer le sobran méritos como para ser reconocida y venerada no solo por la Iglesia, sino por todos los argentinos y más allá de nuestras fronteras. Fue por su empeño, inteligencia, fuerza de voluntad y fe que se mantuvo vivo el legado de los jesuitas en el Río de La Plata y se sació la sed de espiritualidad de la sociedad porteña de la época, dado que por la Casa de Ejercicios Espirituales que ella fundó en Buenos Aires —y que aún existe en el cruce de las avenidas Independencia y 9 de Julio— pasaron casi todos los protagonistas de las gestas que dieron origen a nuestra Nación.
La Casa de la avenida Independencia 1190 todavía existe, actualmente sede de la Congregación Sociedad Hijas del Divino Salvador, además de ser un museo que se puede visitar con cita previa. Este edificio colonial no sólo es uno de los más antiguos, sino el único de Buenos Aires que se conserva como era originalmente y en buenas condiciones.
PUBLICIDAD

María Antonia de Paz y Figueroa nació en Santiago del Estero en 1730, en el seno de una familia acomodada, lo que determinó una mayor educación que la que habitualmente recibían las mujeres en ese tiempo. A los 15 años, se convirtió en “beata” —que en el lenguaje de la época, significaba laica consagrada— al servicio de la orden de los jesuitas, tomando el nombre religioso de María Antonia de San José.
En 1767, la Compañía de Jesús fue expulsada de América, por orden del rey Carlos III y con anuencia del Papa. Era una más de las muchas medidas tomadas por la monarquía borbónica para centralizar el poder, recortando la autonomía de otras instituciones en América. En realidad España se pegaba un tiro más en el pie, pero esa es otra historia.
PUBLICIDAD
Fue entonces cuando empezó el apostolado de María Antonia de San José. La beata se convirtió en una incansable promotora de los Ejercicios Espirituales Ignacianos en todo el Virreinato y, para ello dejó su Santiago del Estero natal y recorrió a pie varias provincias argentinas —Tucumán, Jujuy, Córdoba, entre otras— enseñando los ejercicios espirituales pese al estigma que pesaba sobre los jesuitas desde su expulsión.

María Antonia llegó a Buenos Aires en 1779. Tenía 49 años. Debió batallar durante mucho tiempo para obtener el permiso virreinal de abrir una Casa de Ejercicios. La reticencia del Virrey era entendible, si consideramos que su cargo dependía de la Corona que veían en los jesuitas a temibles competidores.
PUBLICIDAD
Luisa Sánchez Sorondo, descendiente colateral de María Antonia, decía que, al promover su causa, Bergoglio buscaba “agradecerle a ella el hecho de que, a través de los Ejercicios Espirituales, la Revolución de Mayo fue gestada con profundos valores morales y cristianos”.
En la Casa de la avenida Independencia hicieron los ejercicios ignacianos personajes como Santiago de Liniers, Cornelio Saavedra, Manuel Belgrano, Juan José Castelli, Mariano Moreno, Bernardino Rivadavia y, más tarde, Juan Manuel de Rosas y su hija Manuelita, Juan Bautista Alberdi, Bartolomé Mitre y muchos más.
Otro célebre Santo argentino, el cura Brochero, pasó por la Casa de Ejercicios —María Antonia ya había fallecido— y luego replicó la experiencia en Córdoba.
PUBLICIDAD

Además de promover la espiritualidad ignaciana, María Antonia mantenía correspondencia regular con los jesuitas expulsados y los tenía así al corriente de la evolución de las cosas. Sus cartas eran traducidas al latín, al francés, al inglés y al alemán, entre otros idiomas. y enviadas a todos los lugares donde hbía jesuitas. a todo el mundo.
En 2010, siendo aún Arzobispo de Buenos Aires, Bergoglio recordaba a la Venerable en sus homilías e instaba a ir a rezar a su tumba: “Suplicale la gracia de poder acompañar y cuidar la fe de nuestro pueblo fiel como ella lo supo hacer tres siglos atrás, en circunstancias también difíciles como las actuales”.
PUBLICIDAD
A comienzos del siglo pasado, su beatificación fue también pedida por los arzobispados de otros países de la región, como Chile, Bolivia, Paraguay, Perú y Uruguay, país en el que ella también trabajó durante varios años.
En 2010, Benedicto XVI la proclamó Venerable. Fue beatificada en 2016 y canonizada en 2023 por el papa Francisco, convirtiéndose en la primera Santa argentina.

En marzo de 1999, al cumplirse 200 años de la muerte de María Antonia, monseñor Marcelo Sánchez Sorondo, descendiente colateral de la Santa y canciller de la Pontificia Academia de la Ciencia de 1998 a 2022, dijo en una homilía en Roma: “En el momento que vivió María Antonia no había en toda la Iglesia, una mujer tan extraordinaria. La admiraban en todas partes y le pedían que viniese aquí, a Roma. También la pedían de Francia para predicar ejercicios espirituales. Ella no quiso apartarse de la Colonia. La expulsión de la compañía de Jesús fue un verdadero cataclismo espiritual, un desierto moral, una desolación (porque) los padres jesuitas tenían en sus manos la educación de Iberoamérica (y) la práctica espiritual más moderna y creativa de San Ignacio, que son sus famosos ejercicios espirituales”.
PUBLICIDAD
Ese fue el vacío que la obra de María Antonia vino a llenar.
La futura Santa murió el 7 de marzo de 1799, Sus restos descansan en la Basílica de la Piedad, en Bartolomé Mitre 1532, en la Capital.
Allí tuvo lugar la presentación del libro del historiador y patrimonialista Oscar Andrés de Masi, La memoria de una santa en la Iglesia de La Piedad (Editorial Claretiana), un estudio detallado del mausoleo de María Antonia, construido antes de su canonización, con una escultura que la muestra, dice el autor, “en actitud de salida”, es decir, “en busca del prójimo, con gesto de caminata, dispuesta a recorrer los caminos reales rioplatenses, donde las postas reposan en parte las fatigas del viaje y también los senderos comarcanos que conducían a los villorrios y las rancherías”.
PUBLICIDAD

Podemos intentar imaginar lo que habrá sido ese viaje de María Antonia de San José, mujer ya madura, junto a otras beatas, en una peregrinación hacia la capital virreinal que debe haber durado varias semanas. La historia dice que la Iglesia de La Piedad fue la primera parada de la futura Santa en Buenos Aires: el primer sitio en el que se detuvo para descansar del viaje.
Además del autor, participaron de la presentación el padre Fabián Báez, párroco de la Basílica Nuestra Señora de la Piedad; Ezequiel Takaya, director de Editorial Claretiana; Alicia Fraschina, doctora en Historia y miembro de la Comisión Histórica para la Beatificación de María Antonia de San José; y Juan Lázara, doctor en Historia y Teoría de las Artes.
El historiador Lázara señaló que desde la Universidad Argentina de la Empresa (UADE), donde da clases, se ve la Santa Casa de Ejercicios. “Si miran a la Santa Casa de Ejercicio Espirituales, hay una horrenda estación de servicio que ha mutilado una parte importante. Un sacerdote amigo, el padre Eduardo Pérez dal Lago, dice: ‘¿Por qué no sacamos la estación de servicio para que la Santa Casa se vea desde la 9 de Julio?’ Si no estuviera esa estación de servicio, podríamos apreciar la obra de Mama Antula desde la avenida más ancha del mundo”.

También destacó el interés de Oscar de Masi por el arte funerario, “porque no es fácil hacer historia de una santa en un ambiente laico” y porque “lo funerario y lo religioso hoy en día no están en el centro de la escena”.
A su turno, De Masi destacó “el logro de la canonización de una mujer tan argentina, de esos albores de la nacionalidad argentina cuando todavía éramos parte del imperio español”.
Además elogió el aporte y “el dinamismo de una obrera silenciosa”, en referencia a la hermana Zulema Nelly Zayas, Madre Superiora de la congregación Sociedad Hijas del Divino Salvador. La hermana Zulema contó que conoció a De Masi en 2016, cuando María Antonia fue beatificada. “Comenzamos a remover cielo y tierra y todo aquello que podía ayudarnos a poner en valor y mostrarle a la Argentina quién era María Antonia de San José. Hicimos un documental. Y empezamos a trabajar por la declaración de monumento histórico del sepulcro y si hay que buscar a alguien para poner en valor algo histórico, algo relevante, creo que la persona es Oscar”.

De hecho, anteriormente, De Masi publicó el libro La Iglesia de Nuestra Señora de la Piedad del Monte Calvario. Apuntes históricos y artísticos e interpretación patrimonial (Ágape Libros, 2020).
De Masi agradeció al padre Fabián Báez, autor de uno de los prólogos del libro, por abrir las puertas de la Iglesia para la presentación. También recordó al anterior párroco del Pilar, Raúl Laurencena, fallecido en octubre de 2025, antes de que el libro entrara a imprenta, por eso su prólogo figura como póstumo.
De Masi también agradeció la presencia de Pilar Bosca, directora general de Cultos de la Ciudad de Buenos Aires.
Además calificó de “biógrafa científica” de la Santa a Alicia Fraschina, para destacar, en medio de la repentina profusión de textos sobre Mama Antula que acompañaron su ascenso a los altares, la rigurosidad del trabajo de la historiadora que durante su intervención habló de “los huesos caminantes” de María Antonia, ya que la santa deambuló también después de muerta por los vaivenes que tuvo su última morada hasta la definitiva en el mausoleo del Pilar.
El sepelio de María Antonia no solo fue sencillo sino casi clandestino, por expreso pedido de la Santa, que quiso que sus restos fueran depositados en el camposanto de la Iglesia de la Piedad, en tierra, y que el cortejo, desde la Casa de Ejercicios, saliera en horas de la noche.

Pero aunque el entierro de María Antonia se realizó según su última voluntad, unos meses después, el 12 de julio de 1791, se realizó un nuevo funeral para homenajearla, porque, dijo De Masi, “tal era su fama de santidad, tantos los testigos de su misión evangelizadora, tantas personas la vieron caminar por estas mismas calles que transitamos nosotros, tal la relevancia de la Santa Casa de Ejercicios Espirituales fundada por ella en 1795, que el pueblo de Buenos Aires quería un funeral público, quería el rito de despedida, solemne y en voz alta”.
Fray Julián Gualterio, prior de los padres dominicos, fue el encargado de pronunciar el sermón fúnebre. Un sermón muy largo, del que Oscar de Masi leyó sólo los epítetos que el sacerdote le dedicó a María Antonia de San José: “Mujer fuerte, mujer santa, mujer prudente, mujer penitente, mujer virtuosa, mujer celosa de la situación de sus hermanos, mujer abstraída y extasiada en las cosas de Dios, mujer apostólica, mujer piadosa, mujer necesaria que edificó con su ejemplo a la ciudad de Buenos Aires durante veinte años”.
A poco de iniciada, en 1866, la construcción del nuevo templo de la Iglesia de la Piedad, fueron hallados los restos de María Antonia —identificados gracias al leño de ñandubay que las beatas colocaron bajo su cabeza y al rosario entrelazado en sus dedos— y trasladados a un sector de la nueva nave.
El sepulcro de María Antonia en el nuevo templo fue bajo tierra con una simple lápida pero con una inscripción muy significativa: LA MEMORIA DEL JUSTO JAMÁS PERECERÁ. LOS RESTOS DE LA MADRE BEATA DOÑA MARIA ANTIONA DE SAN JOSE DE LA PAZ, FUNDADORA DE LA SANTA CASA DE EJERCICIOS EN ESTA CAPITAL, MONTEVIDEO Y OTRAS. AQUÍ DESCANSAN. LA COMUNIDAD DE SUS HIJAS LE DEDICAN ESTE RECUERDO.

El 26 de septiembre de 1913, los restos fueron trasladados una vez más, dentro de la Basílica, hacia “el magnífico mausoleo, que es el tema del libro”, dijo De Masi. Sobre la base de mármol, una escultura traída de Génova por iniciativa del canónigo Ezcurra. “El escultor (anónimo), seguramente instruido por las directivas de Monseñor Ventura, quiso asignarle a la Santa el gesto y el atributo que la identificaban. Porque en su mano derecha, la cruz ancha de dos varas (de los padres jesuitas), que ella misma portaba al modo de un báculo. Y en su mano izquierda, abierto el libro de los Ejercicios Espirituales”, dijo De Masi. Su rostro muestra “una ligera sonrisa, como gozando de antemano la presencia de Dios”.
En cuanto a la actitud de salida, De Masi dice: “Yo inventé una palabra: misionante, inquieta, tanto que hasta sus huesos le vibran. Y se la representa descalza, como según la tradición andaba ella por las calles de la ciudad ”.
De Masi también realizó las gestiones necesarias, junto con el padre Laurencena y la madre Zulema Sayas, para que la tumba de María Antonia fuese declarada “sepulcro histórico nacional”.
“Cuando la persona que está sepultada ha alcanzado un grado de relevancia, de identidad en una comunidad como es el pueblo argentino, entonces los declaramos monumentos nacionales —explicó De Masi—. Sepulcro histórico nacional, que es la categoría correcta. Y es lo que hicimos con este mausoleo. Y un dato interesantísimo es que logramos esa declaración para el mausoleo en 2014 cuando todavía la basílica no estaba declarada monumento, que lo fue recién en el año 2017. Es decir que anticipamos en la tumba de esa gran figura santa una relevancia patrimonial que el propio templo adquirió años después”.

María Antonia de Paz y Figueroa desarrolló una intensa y enorme labor en un contexto extremadamente adverso, e intensificó esa misión en los últimos 20 años de su vida —murió a los 69— mostrando una resistencia y tenacidad únicas para vencer los obstáculos al cumplimiento de la misión que se había autoasignado, convencida de que era voluntad divina.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
El valor agregado en el desayuno que podría reducir el dolor de la artritis y fortalecer los músculos
Investigadores de la Universidad de Nottingham comprobaron que un suplemento de inulina, una fibra natural presente en vegetales comunes, redujo el dolor en adultos con osteoartritis y mejoró su fuerza muscular en apenas seis semanas

Serrat, 82 años: “Sé que soy una persona mayor porque me lo dicen los demás, si no me lo dijeran, viviría encantado de la vida”
Retirado de los escenarios desde hace cuatro años, el artista sigue siendo noticia regularmente por actos a los que asiste y homenajes que recibe y por sus declaraciones acerca de la etapa que vive, el retiro, la edad y el trato que la sociedad les da a las personas mayores

Construir salud a largo plazo versus perseguir resultados rápidos: el cambio de enfoque que propone una nutricionista para los mayores de 50
Carolina Sosky sostiene que la circunferencia de cintura, la glucemia, el sueño y la capacidad funcional dicen más sobre el estado del cuerpo que el peso. Esa mirada más amplia es el punto de partida de su propuesta

7 hábitos cotidianos que se asocian con menor deterioro cognitivo y mejor bienestar mental
Especialistas de la Universidad de Cambridge, citados por Science Focus, reúnen evidencia sobre rutinas diarias vinculadas con la salud cerebral y el estado de ánimo en adultos

Dejar de teñirse el cabello y lucir las canas: consejos de expertos para una buena transición
Cómo suavizar el contraste de las raíces, qué cortes de pelo favorecen este proceso y cual son los cuidados indispensables, según los especialistas




