Congreso Argentino de Gerontología y Geriatría: envejecer en un mundo que cambia, qué respuestas exige la nueva longevidad

En Mar del Plata, especialistas reunidos por la SAGG discutieron cómo pasar de protocolos a decisiones compartidas. La agenda cruzó fragilidad, cuidados y derechos, con una idea que atraviesa todo

Una mujer de cabello canoso y una profesional con uniforme azul conversan sentadas a una mesa de madera con una taza y una libreta.
Mirada integral: una visión transversal sobre el envejecimiento que busca ir más allá del diagnóstico clínico para preservar la independencia de los pacientes. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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“¿Tratar cifras o tratar pacientes?”. La pregunta encabezó una de las mesas sobre hipertensión y podría haber funcionado como lema alternativo del XXII Congreso Argentino de Gerontología y Geriatría, realizado bajo la consigna “Envejecer en un mundo que cambia: saberes y prácticas en el contexto actual”.

Una persona mayor rara vez llega al consultorio con un único problema. Puede convivir con varias enfermedades y tratamientos, además de tener prioridades que no siempre coinciden con las de una guía clínica. Importa el diagnóstico, claro, pero también cómo vive, qué desea y qué capacidades necesita preservar.

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Una fractura puede impedir que alguien salga o continúe viviendo en su casa. Un deterioro cognitivo cambia rutinas, relaciones y márgenes de decisión. Esa mirada integral sobre la persona —y no únicamente a sus patologías— atravesó las dos jornadas.

El encuentro, organizado por la Sociedad Argentina de Gerontología y Geriatría (SAGG), se realizó el 27 y 28 de agosto en el Sheraton de Mar del Plata. La SAGG, presidida por el médico geriatra Matías Manzotti, Jefe del Servicio de Geriatría del Hospital Alemán, es una institución pionera en América Latina. Fue fundada en 1951 en Buenos Aires y desde entonces promueve la investigación, la formación profesional y el intercambio científico sobre el envejecimiento.

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Cecilia Cabello, médica geriatra, jefa del Servicio de Gerontología del Hospital Milstein y presidenta del Congreso, lo definió como uno de los principales espacios científicos y académicos sobre envejecimiento del país y la región. Reúne a profesionales, investigadores, docentes, estudiantes y responsables de políticas públicas.

“El envejecimiento poblacional dejó de ser una proyección futura para convertirse en una realidad presente”, señaló. “Cada vez vivimos más años y esto nos obliga a repensar nuestros sistemas de salud, los modelos de cuidados, las políticas sociales y la forma en que concebimos la participación de las personas mayores”.

El programa recorrió el envejecimiento saludable, los cuidados, los derechos humanos, la innovación, las demencias, la salud mental y de las mujeres mayores, la oncogeriatría y la cardiogeriatría. La diversidad mostró cuántas dimensiones intervienen en la manera en que envejecemos.

Dos disciplinas para mirar una misma vida

Gerontología y geriatría suelen nombrarse juntas, aunque no significan lo mismo. La geriatría es la rama de la medicina dedicada a prevenir, diagnosticar y tratar los problemas de salud de las personas mayores. Trabaja con la fragilidad, la polifarmacia, el deterioro cognitivo y el riesgo de caídas, con el objetivo de preservar la autonomía y la funcionalidad.

La gerontología estudia el envejecimiento desde una perspectiva interdisciplinaria. Permite entender cómo influyen la vivienda, los ingresos, las redes de apoyo, el trabajo, la cultura y la participación comunitaria.

Manos de una persona mayor sostienen una maceta de terracota con un brote verde mientras un pincel toca la tierra.
Preservar la movilidad, la salud mental y los vínculos sociales como ejes fundamentales del envejecimiento activo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una aporta la mirada clínica. La otra amplía la escena. De ahí la presencia de especialistas de la salud, las ciencias sociales, la tecnología, la arquitectura, la gestión y las políticas públicas. “Ninguna disciplina alcanza por sí sola para abordar la complejidad del envejecimiento. Necesitamos diálogo, intercambio y trabajo interdisciplinario”, afirmó Cabello.

Más años, ¿con qué vida?

Desde mediados del siglo pasado, la expectativa de vida global aumentó más de dos décadas. Es uno de los grandes logros colectivos de nuestra época. También abrió una nueva pregunta: ¿qué clase de vida hay dentro de esos años ganados?

Ya no alcanza con medir cuánto se prolonga la existencia. Importa cuánto podemos conservar la movilidad, la salud física y cognitiva, los vínculos, el disfrute, la participación social, y la capacidad de decidir. También hacen falta recursos económicos para sostener una vida más larga.

Pensar con mentalidad de longevidad no es prometer juventud eterna. Es actuar antes para reducir los períodos de fragilidad y ampliar los años de autonomía. Una vida más larga puede ofrecer más tiempo para aprender, trabajar, crear y participar. Para que ocurra, los sistemas de salud, las ciudades y las organizaciones deben acompañar trayectorias más extensas y menos lineales.

“Cambian las familias, las formas de vivir, las tecnologías, los sistemas de salud y, fundamentalmente, cambian las personas mayores”, explicó Cabello al describir el sentido de la propuesta. Esa transformación exige revisar certezas profesionales y escuchar a quienes envejecen: “Tenemos que dejar de hablar sobre las personas mayores y empezar, cada vez más, a construir con las personas mayores”.

La invitación supone reconocer a las personas mayores como sujetos plenos de derechos y abandonar la idea de una vejez uniforme. La Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores establece que las políticas deben garantizar su dignidad, autonomía, capacidad de decisión, participación e inclusión social. “No existe una única forma de envejecer”, remarcó Cabello. Hay trayectorias, proyectos y preferencias diferentes; las respuestas deben partir de esa diversidad.

De la evidencia a la vida cotidiana

Las mesas clínicas mostraron cómo la geriatría traduce la evidencia a la vida concreta: individualiza tratamientos, previene la pérdida de funcionalidad, acompaña la rehabilitación y aborda las demencias más allá del diagnóstico, incluyendo a las familias y las actividades significativas. Casos, talleres e investigaciones pusieron el foco en una medicina capaz de equilibrar riesgos, preferencias, autonomía y calidad de vida.

Persona de espaldas con suéter gris y pantalón claro caminando por un camino de grava rodeado de vegetación y árboles.
Con estimaciones de 183 millones de personas mayores para 2050 en América Latina, la región enfrenta el reto de crear respuestas propias. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La vida se extiende. El cuidado también

Vivir más puede significar más años de autonomía. También puede traer períodos prolongados de convivencia con enfermedades crónicas y una mayor necesidad de apoyos.

“¿Quién sostiene el cuidado cuando el mundo cambia?” fue una de las preguntas del programa. Se discutieron las residencias de larga estadía, la atención domiciliaria, los cuidados paliativos, la formación de cuidadores y los modelos de atención progresiva.

No alcanza con resolver dónde vivirá una persona cuando necesite ayuda. Importan las alternativas, cómo se decide y cuánto participa ella. Buena parte del cuidado sigue recayendo sobre familias con recursos muy desiguales. Una necesidad social en crecimiento no puede depender de la capacidad de cada hogar para arreglarse como pueda.

“Necesitamos sistemas más integrados, más humanos, más inclusivos y capaces de responder a la enorme diversidad de las vejeces”, sostuvo Cabello. Eso requiere conectar la atención sanitaria con los servicios sociales, las familias y las redes comunitarias, además de contar con financiamiento, criterios de calidad y trabajadores formados.

Se presentaron programas y servicios de cuidado que vinculan capacitación y empleo, experiencias de atención domiciliaria y prácticas para cuidar sin sujeciones. La transición demográfica demanda más y mejores servicios; profesionalizar a quienes trabajan en el sector puede reducir inequidades y crear empleo de calidad.

La formación debe conectarse con oportunidades laborales, buenas condiciones de contratación y posibilidades de crecimiento. El cuidado es una responsabilidad social y un campo capaz de generar trabajo calificado.

Envejecemos como vivimos

Las ventajas y las desventajas no aparecen de golpe al cumplir 60 o 65 años. Se acumulan. La educación, el empleo, los ingresos, la vivienda, el acceso a la salud y las redes de apoyo construyen trayectorias muy distintas.

Las oportunidades y las vulnerabilidades se acumulan a lo largo de toda la vida”, advirtió Cabello. Hablar de longevidad es también hablar de justicia social: envejecer con dignidad no debería depender del género, el nivel educativo, el lugar de residencia o la situación económica.

La discusión es urgente en América Latina, donde la población envejece con rapidez entre desigualdad, informalidad laboral y sistemas de cuidados incompletos. Según la CEPAL, en 2050 habrá 183 millones de personas de 60 años o más en la región: una de cada cuatro.

La geriatría trata la fragilidad, la polifarmacia, el deterioro cognitivo y el riesgo de caídas para preservar la autonomía y la funcionalidad. REUTERS/Bernadett Szabo
La geriatría trata la fragilidad, la polifarmacia, el deterioro cognitivo y el riesgo de caídas para preservar la autonomía y la funcionalidad. REUTERS/Bernadett Szabo

Las respuestas de países con mayores ingresos no pueden trasladarse de manera automática. La región envejece con su propia historia. Sus brechas señalan dónde actuar: prevención, empleo formal, educación continua, vivienda accesible, cuidados y redes comunitarias.

Todavía hay tiempo para anticipar necesidades y construir políticas adaptadas a cada territorio. Prevenir no es apenas recomendar ejercicio, buena alimentación y controles. Es crear las condiciones para sostenerlos, dentro y fuera del consultorio.

Tecnología: la pregunta es para qué

La inteligencia artificial y las herramientas digitales aparecieron en debates sobre seguimiento clínico, residencias, comunicación con las familias e inclusión digital. Pueden detectar riesgos y favorecer la permanencia en la comunidad, aunque plantean preguntas sobre privacidad, autonomía y accesibilidad.

“La tecnología no debe reemplazar el vínculo humano. Debe estar al servicio de la persona y de sus necesidades”, afirmó Cabello. Un sensor puede emitir una alerta y un sistema automatizado puede ordenar información. Decidir qué significa cuidar bien a alguien sigue requiriendo conocimiento, responsabilidad y vínculo.

La discusión no pasa por aceptar o rechazar la tecnología, sino por preguntar qué problema resuelve, para quién fue diseñada y cómo complementa el trabajo de equipos y familias. Incluir a las personas mayores evita soluciones vistosas que después nadie usa.

El XXII Congreso Argentino de Gerontología y Geriatría puso el foco en una mirada integral de las personas mayores y no solo en sus patologías. REUTERS/Bernadett Szabo
El XXII Congreso Argentino de Gerontología y Geriatría puso el foco en una mirada integral de las personas mayores y no solo en sus patologías. REUTERS/Bernadett Szabo

Respuestas que ya están en marcha

El Congreso dejó más que un diagnóstico. Mostró tratamientos revisados para preservar funcionalidad, nuevas formas de acompañar las demencias, instituciones que buscan cuidar sin restringir, programas de formación y empleo, e investigaciones locales.

No apareció una solución única. Sí experiencias que pueden evaluarse, mejorar y crecer. El desafío es conectarlas: salud, vivienda, cuidados, tecnología, trabajo y finanzas se organizan por separado, aunque para quien envejece forman parte de una misma vida.

“Hablar de envejecimiento es hablar de la sociedad que queremos construir”, resumió Cabello. Para la geriatra, actualizar conocimientos fue una parte del encuentro; la otra fue preguntarse qué sociedad queremos ser. El conocimiento debe llegar a los consultorios y hospitales, pero también a las residencias de larga estadía, las universidades, los territorios y la vida cotidiana de las personas mayores.

Extender la vida fue un logro enorme. Ahora toca conseguir que esos años sigan siendo propios extendiendo la duración de las dimensiones valiosas con decisiones, vínculos, proyectos y razones para disfrutarlos. Ese trabajo empieza mucho antes de la vejez.

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