
En una habitación del Laboratorio de Sueño y Memoria hay cuatro camas. Están separadas, ordenadas, preparadas para que alguien duerma mientras, del otro lado del pasillo, una computadora registra lo que sucede. Detrás de cada mesa de luz hay un agujero en la pared por donde pasan los cables. Las personas que participan de los estudios duermen conectadas a electrodos. Los investigadores permanecen atentos a los registros durante la noche.
Pablo Gleiser está ahí cuando cuenta la historia. Habla desde uno de los cuartos de sueño. Un espacio de investigación científica del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA). Desde ese lugar surgió buena parte del conocimiento que después intenta en convertirse en un dispositivo.
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Del otro lado del pasillo están las computadoras. Allí los investigadores observan lo que ocurre mientras una persona duerme. El sueño, en ese espacio, dejó hace tiempo de ser un territorio completamente silencioso: se puede registrar, medir y analizar. También se puede intervenir.
La empresa que nació de esas investigaciones se llama NeuroAcoustics. Sus tres fundadores provienen de disciplinas diferentes. Cecilia Forcato dirige el Laboratorio de Sueño y Memoria y es doctora en Biología. Rodrigo Ramele es doctor en Informática y especialista en interfaces cerebro-computadora. Gleiser es físico y, después de una trayectoria dedicada a la investigación, decidió sumar una formación en estrategia y tecnología. Los tres ya trabajaban juntos en el Instituto Tecnológico de Buenos Aires. La empresa apareció como una consecuencia de esa proximidad.
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NeuroAcoustics desarrolla una tecnología para intervenir sobre el sueño mientras la persona duerme. Su dispositivo combina una vincha con sensores capaces de registrar la actividad eléctrica del cerebro en tiempo real, identificar las ondas lentas del sueño profundo y aplicar estimulación acústica cuando corresponda. El sistema utiliza algoritmos de inteligencia artificial para analizar esas señales y ajustar la estimulación a las características de cada usuario.

—¿Pablo, qué ocurre durante el sueño profundo y por qué es tan relevante para la salud?
—Cuando uno duerme, atraviesa distintas fases de sueño. Está el sueño profundo. Y en el sueño profundo hay una señal característica que se llaman las ondas lentas, que es una actividad eléctrica característica del cerebro de esa etapa del sueño. Y las ondas lentas regulan varios procesos que están vinculados a la salud. Por ejemplo, las ondas lentas están involucradas en los procesos de consolidación de la memoria. Eso es que vos te acuerdes al día siguiente lo que aprendiste en un día. Están regulando la homeostasis sináptica, que es justamente la parte que tiene que ver con que aquellas cosas que no son importantes se limpien y al día siguiente tu cabeza esté lista para recibir información nueva. Y también está involucrado el proceso de limpieza cerebral. Y la limpieza cerebral ahí es la limpieza física real, en lo que está vinculado con el sistema que se llama glinfático. Que es el sistema que limpia todos los residuos del proceso metabólico que se tuvieron durante el día. Durante la noche, la parte más importante es la regulación de ondas lentas. Si las ondas lentas las tenés deterioradas, eso hace que se te acumulen proteínas aberrantes como tau o beta-amiloide, que son las que después forman placas y te dan lugar a enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer, por ejemplo.
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—¿Cómo impacta el deterioro de las ondas lentas en la salud?
—Es muy importante para la salud. Las ondas lentas se deterioran cuando uno tiene una patología, pero también se deterioran naturalmente con la edad. Científicamente se puede medir bastante bien lo que se llama la calidad de las ondas lentas. ¿Qué es la calidad? Porque las ondas lentas son una oscilación, es actividad eléctrica sincronizada que está oscilando, y esas oscilaciones pierden su amplitud y dejan de ser una oscilación y tenés como eventos aislados.
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—¿Se puede intervenir para mejorar la calidad de las ondas lentas?
—Cecilia hizo parte de su doctorado en Alemania, en Tübingen, en el laboratorio de Jan Born (destacado neurocientífico y investigador del sueño alemán), donde estaban estudiando estimulación acústica, y es que si vos estás durmiendo y estás en sueño profundo y escuchás un pulso de sonido, eso se ve reflejado en tu actividad eléctrica. Se lo puede usar para estimular las ondas lentas. Mandás un sonido en el momento preciso y eso te ayuda a recuperar estas oscilaciones.
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—¿De qué manera el producto aborda esta estimulación?
—Lo que nosotros fabricamos es una vincha, que la gente va a usar cuando duerme. Tiene unos parlantitos. La vincha te hace un electroencefalograma en tiempo real, te dice la fase de sueño en la que estás, detecta que va a venir una onda lenta y te manda unos pulsos de sonido para estimularla y con eso recuperás esta oscilación. Esa oscilación regula muchos procesos vinculados a la salud. Es algo que te hace dormir mejor y que va a tener un impacto general sobre la salud.
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Con la edad, las ondas lentas pueden perder amplitud y regularidad. También pueden deteriorarse en determinadas patologías. El problema que se plantearon los investigadores fue entonces cómo recuperar, mediante estimulación acústica, parte de esa actividad. La idea científica no era nueva. El físico, en diálogo con Infobae, ubica sus antecedentes una década atrás. Lo difícil estaba en llevarla fuera de un laboratorio.
—El desafío está en que tenés que tener esa señal en tiempo real —explica—. Eso implica que el dispositivo tiene que tener parte de la electrónica en la vincha y que se use mientras la gente duerme.
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La clave es el tiempo. Un pulso demasiado temprano puede no producir el efecto buscado. Uno demasiado tarde llega cuando la onda ya ocurrió. Gleiser utiliza dos imágenes para explicar el problema. La primera es una hamaca: hay que empujarla en el momento preciso para aumentar su movimiento; si el empujón llega fuera de tiempo, puede incluso frenarla. La segunda imagen es la de un surfista.
—El surfista ve que viene la ola y empieza a remar antes para poder subirse y surfearla. Nosotros hacemos algo parecido —dice.

El algoritmo intenta anticipar la señal que viene. No espera a verla completa. Busca reconocer su trayectoria y actuar antes. Ahí aparece la inteligencia artificial. Las señales eléctricas del cerebro varían entre personas, pero también pueden cambiar en una misma persona de una noche a otra. Una jornada de mucha actividad física, por ejemplo, puede estar asociada con ondas lentas de mayor amplitud. Una jornada sedentaria puede producir otro registro. Por eso la vincha es la misma, pero el funcionamiento pretende adaptarse a cada usuario.
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—Cuando una persona lo usa se vuelve personalizado porque aprende con las señales individuales.
La tecnología busca intervenir sobre aquello que está observando. Ese es el salto que la empresa intenta dar.
—¿Qué distancia hay entre la invención, el desarrollo y la llegada al mercado de este tipo de dispositivos?
—Ahí está parte del desafío. Nosotros arrancamos a finales del 2022. Todo esto estaba en los papers. De los papers empezamos a hacer el desarrollo del producto, para eso hubo que validarlo. Vinieron más de cien voluntarios que participaron en estudios en el laboratorio, con el cual pudimos hacer el desarrollo y la validación de que sabíamos detectarlas y estimularlas. Eso requiere una intervención muy grande de mucha gente, porque requiere especialistas, no solamente que llamás a la persona y viene, sino que la recibe, le pone los electrodos, son electrodos para hacer estudios que tienen cremita, que hay que pegarlos, que hay que armarlos. Después, la persona tiene que ver el registro durante toda la noche, ver si la estimulación está bien hecha. A nivel de recursos humanos eso es muy exigente.

En una segunda etapa tratamos de automatizar todos los procesos para que tuviéramos un dispositivo que uno lo prenda y funcione, y que no haya una persona involucrada para armarlo. Con eso armamos nuestro primer prototipo, que te lo ponés y hace todo automatizado. Pero el prototipo no es un MVP (Producto Mínimo Viable). El MVP es el producto que ya lo podés comercializar. Ahora estamos en esa transición en la cual lo que tenemos que hacer es llevar esa idea de prototipo y convertirla en algo que sea un producto comercializable.
—¿Qué desafíos enfrentan para llegar al mercado?
—Estamos buscando fondos ahora para poder hacer esa transición, porque eso te exige toda la parte de supply chain, el go to market, todas las cosas que hacen a un producto.
La supply chain y la estrategia go-to-market son las dos mitades fundamentales que conectan la creación de un producto con su venta exitosa. Mientras que la primera se enfoca en el diseño, abastecimiento de materias primas, producción y logística para que el inventario exista físicamente, el go-to-market se encarga del frontend comercial (definición del cliente ideal, precios, marketing y canales de venta para generar la demanda)

—¿Por qué consideran que mejorar la calidad del sueño tiene impacto en la autonomía y el bienestar de los mayores?
—Es super importante y es algo que fue cambiando en estos últimos años, muy vinculado a los productos que hay. La gente siempre tuvo en cuenta que hacer actividad física es un pilar de la salud, alimentarse bien también, pero el sueño no estaba tan metido en la ecuación. En los últimos años cada vez hay más dispositivos que hacen registro, como anillos inteligentes como Oura, pulseras como WHOOP y relojes inteligentes que están de moda ahora, que hacen registro y dan informe, han servido para educar mucho a la gente y mostrarle la importancia que tiene. Es muy importante dormir bien, cumplir con las horas de sueño, dormir con una hora regular, no estar tan expuesto a luces antes de dormir, toda esa parte que es la higiene del sueño, y eso tiene un impacto grande.
En los últimos años, la parte que tiene que ver con el sistema glinfático está tomando mucha relevancia en la parte científica. Se está discutiendo mucho eso, porque se está viendo la importancia que tiene el sueño en cuidar todos estos mecanismos de salud. Si apenas se ven perturbados, eso tiene un impacto grande. Lo que queremos hacer con nuestro producto es ser la nueva generación que viene después, no solamente darte un informe, sino que activamente lo modificamos para mejorarlo. Nuestro objetivo comercial son los adultos mayores. Pensamos que los primeros interesados van a ser los adultos mayores que quieren cuidar la salud a partir de mejorar su sueño.
Mientras el prototipo avanza, el conocimiento científico está protegido por tres solicitudes de patente presentadas en Estados Unidos. Una de ellas ya fue publicada. El físico sostiene que una parte de esas patentes está relacionada con el modo de detectar las señales y determinar el instante preciso de la estimulación.

Pablo Gleiser es cordobés. Estudió Física en la Facultad de Matemática, Astronomía y Física de Córdoba, donde hizo la licenciatura y el doctorado. Luego realizó un posdoctorado en Barcelona. Allí trabajó sobre redes complejas y comenzó a acercarse a problemas vinculados con el cerebro.
En 2009 viajó a Alemania para participar de un workshop. Allí conoció investigadores que trabajaban sobre sueño. Colaboró con ellos en estudios de resonancia magnética funcional para analizar cómo cambian las conexiones del cerebro cuando las personas se duermen. La física le había dado una herramienta para estudiar esas redes. El sueño le ofreció un territorio nuevo donde utilizarla.
Cuando regresó a Argentina ingresó al CONICET, trabajó en el Centro Atómico Bariloche y dio clases en el Instituto Balseiro. También fue profesor en la Universidad Nacional de Río Negro. La inquietud por cruzar disciplinas permaneció.
—Siempre tuve ganas de hacer algo y también tenía la inquietud de hacer algo por afuera de lo que era solamente el paper, pero nunca tuve las herramientas.
El ITBA apareció como una posibilidad. Allí cursó una maestría en Dirección de Estrategia y Tecnología y empezó a acercarse al mundo del producto y del negocio. La distancia entre esos mundos aparece varias veces durante la entrevista. Para un científico, explicar el funcionamiento del dispositivo exige hablar de actividad eléctrica cerebral, ondas lentas y algoritmos. Para un inversor, además, hay que explicar si ese conocimiento puede convertirse en una empresa y cuánto puede crecer.
—Me apasiona mucho la interfaz entre los dos mundos: el científico y el más emprendedor o industrial, más de producto.

En el edificio donde trabajan, los tres fundadores están físicamente cerca. El Laboratorio de Sueño está junto a los espacios donde trabajan ellos.
—Toda una parte de informalidad que tiene que estar antes —explica—. La gente con la que estás cómodo charlando, la gente con la que podés no estar de acuerdo y discutir y seguir discutiendo al día siguiente y está todo bien.
De esas conversaciones surgió la empresa. La curiosidad, dice Gleiser, estaba antes que la física. De chico quiso ser paleontólogo. Después astronauta. Los dinosaurios fueron reemplazados por el espacio. Su padre, Reynaldo, también es físico y trabaja en relatividad general. Cuando Pablo era un niño lo veía escribir ecuaciones en un pizarrón.
La Facultad de Matemática, Astronomía, Física y Computación (FaMAF) funcionó durante años en el edificio del Observatorio Astronómico de Córdoba. Pablo recuerda haber ido, haber visto el telescopio y haber circulado por aquellos espacios científicos. No sabía entonces que terminaría trabajando sobre el cerebro durante el sueño.
—El tema de la curiosidad estuvo siempre presente.
Ahora esa curiosidad tiene otra forma. La empresa tiene un mercado inicial definido: adultos mayores interesados en cuidar su salud a través del sueño. Gleiser también piensa en Estados Unidos, donde identifica una población numerosa de mayores de 60 años y un mercado con capacidad de consumo tecnológico.
El envejecimiento de la población es un fenómeno global y los trastornos del sueño asociados a la edad también. Durante mucho tiempo, dormir quedó detrás de otros pilares de la salud. La actividad física y la alimentación ocuparon un lugar más visible. En los últimos años, los dispositivos capaces de registrar el sueño ayudaron a instalar el tema en la vida cotidiana.

El vínculo de la empresa con el Parque de Innovación de la Ciudad de Buenos Aires también llevó a NeuroAcoustics a participar de la Startup Competition del Foro de Inversiones Córdoba 2026, donde recibió una Mención Especial por su desarrollo basado en inteligencia artificial y neuromodulación acústica para mejorar el sueño en adultos mayores.
El Parque reúne startups, empresas tecnológicas, universidades, centros de investigación e inversores y funciona como un espacio de articulación para proyectos de base científica y tecnológica. En Córdoba, ese ecosistema volvió a quedar expuesto: Nunatak Bio obtuvo el primer puesto de la competencia de pitchs y BioBlends alcanzó el segundo, mientras que NeuroAcoustics recibió una de las menciones especiales. Odycell, también distinguida por el jurado, decidió incorporarse al Parque después del encuentro.
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