
La creencia de que la sexualidad desaparece con los años sigue muy presente, pero la sexualidad en la tercera edad continúa siendo una necesidad básica y fuente de bienestar. Este mito distorsiona la realidad afectiva de millones de personas mayores, según el informe “Sexualidad y personas mayores” de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) y datos publicados por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Mantener una vida sexual y afectiva en la vejez es común y aporta beneficios físicos y emocionales. La OMS define la salud sexual como un componente esencial del bienestar a cualquier edad, subrayando que las personas mayores mantienen deseos, necesidades y derechos sexuales. Sin embargo, existen barreras sociales y familiares, como el edadismo y la falta de privacidad, que dificultan la expresión de la intimidad y pueden generar vergüenza o aislamiento para quienes desean mantener vínculos afectivos.
En la práctica, la presión social y familiar lleva a muchas personas mayores a ocultar sus relaciones afectivas, especialmente después de la viudez. El temor a las reacciones del entorno condiciona su vida íntima. La SEGG advierte que actitudes estigmatizantes refuerzan el aislamiento y dificultan el acceso a información o a recursos de salud sexual.
El impacto del estigma social en la vida íntima
La consecuencia directa del estigma es el silencio, la vergüenza y la renuncia a solicitar ayuda profesional ante dificultades sexuales. Según la SEGG, las historias de nuevas relaciones o deseos suelen vivirse en privado y, con frecuencia, se ocultan incluso al círculo más cercano.
Este fenómeno se ve agravado en residencias de mayores, donde la falta de espacios de intimidad y la supervisión constante dificultan la expresión de la afectividad.

El prejuicio social asocia la vejez con fragilidad o falta de deseo. En muchas culturas, se considera que el deseo y la atracción desaparecen tras los 60 años, aunque esto no refleja la experiencia real de las personas mayores, tal como documenta el estudio Sexuality in Older Adults publicado en la revista The New England Journal of Medicine.
Beneficios de la vida afectiva y sexual en la vejez
El deseo de caricias, compañía y placer no desaparece con la edad. “El anhelo de piel, caricias, compañía y placer puede mantenerse hasta el final de la vida”, subraya la SEGG. Mantener una vida sexual activa aporta a las personas mayores no solo placer, sino también ánimo, conexión emocional y mejor calidad de vida.
Quienes sostienen vínculos íntimos disfrutan de mayor estabilidad emocional y una menor sensación de soledad. La Fundación Pilares para la Autonomía Personal destaca que normalizar la sexualidad en la vejez no implica exhibicionismo, sino educación y respeto, evitando la infantilización y la reducción de la sexualidad al acto sexual.

La Fundación Pilares para la Autonomía Personal también señala que la sexualidad contribuye a la autoestima y al sentido de pertenencia social, factores que protegen frente a la depresión y la soledad no deseada, especialmente prevalentes en la tercera edad.
Abordar la sexualidad en la tercera edad desde la educación y la comprensión social es esencial para mejorar la calidad de vida de este grupo poblacional.
Obstáculos y derechos en la sexualidad tardía
Existen obstáculos prácticos, como la falta de privacidad derivada de convivir con familiares o residir en centros para mayores donde no hay espacios íntimos adecuados. Esta carencia de contextos afecta directamente la vivencia afectiva y el derecho a la intimidad de las personas mayores. Según la SEGG, la falta de formación del personal y los prejuicios institucionales dificultan la inclusión de la sexualidad en los programas de atención.

Promover el respeto y la valoración de la sexualidad en todas las etapas de la vida constituye un desafío para familias e instituciones. Los especialistas recomiendan incorporar la educación sexual en los programas de envejecimiento activo y adaptar los entornos residenciales para garantizar el derecho a la privacidad.
Según concluye la SEGG y respalda la OMS, una sociedad avanzada es aquella que reconoce que los derechos personales acompañan a las personas durante toda su vida, sin excepciones por edad. La OMS y entidades especializadas insisten en que la sexualidad debe entenderse como un derecho humano, no condicionado por la edad.
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