
Cada persona encuentra la felicidad (o cree encontrarla) en una cosa distinta: conocer lugares nuevos, pasar tiempo de calidad con sus seres querido, leer un libro, disfrutar de un hobbie, sentirse productivo y exitoso en el trabajo o simplemente valorar cada momento. Nos pasamos toda nuestra vida buscando la felicidad, ya que es lo que realmente nos hace darle verdadera importancia a cada día.
Sin embargo, a veces esto no es una tarea fácil. Los inconvenientes y obstáculos con los que cada persona puede encontrarse en su vida, así como factores como la soledad o problemas de salud mental, provocan que exista un gran porcentaje de la población que se siente incapaz de alcanzar esa felicidad. El Dr. Robert Waldinger, profesor clínico de Psiquiatría en la Facultad de Medicina de Harvard, ha pasado toda su vida estudiando este aspecto.
Es el director del Estudio de Harvard sobre el Desarrollo de los Adultos, una de las investigaciones científicas de mayor duración sobre este aspecto: el análisis comenzó en 1938 a partir de dos grupos de jóvenes, uno de estudiantes de la prestigiosa universidad y otro de delincuentes juveniles. Con el tiempo, en el estudio se fueron incluyendo a sus esposas y a sus hijos, llegando a crear una amplia red de sujetos que fueron fotografiados, grabados y analizados a través de extracciones de sangre, escaneos de sus cerebros y estudios de su ADN. La investigación, que tuvo una duración de 85 años, perseguía el objetivo de encontrar la clave de la felicidad.
“Siempre estamos comparándonos”
En una cultura marcada por el objetivo del esfuerzo y el éxito profesional, son muchas las personas que creen que la auténtica felicidad solo podrán encontrarla si consiguen fama y fortuna trabajando. Waldinger destaca que, en una encuesta realizada a la generación de los millennials, más del 80 % de las personas respondieron que su mayor deseo para la vida adulta era hacerse ricos.
Sin embargo, los estudios han determinado que el dinero no da la felicidad. Una vez que se tienen cubiertas las necesidades básicas (alimentación, vivienda, atención médica, manutención de los hijos...), una mayor capacidad económica no contribuye necesariamente a aumentar el nivel de felicidad. El doctor en Psiquiatría destaca que esto se debe principalmente a un motivo: “La buena vida está definida para nosotros, pero no por nosotros”.

La redes sociales y la publicidad, entre otros factores, contribuyen a configurar una idea de lo que es la felicidad, de cómo puede obtenerse y de las necesidades que tenemos que cubrir para alcanzarla. Por ello, solemos juzgar nuestra vida siempre en función de la del resto: “Siempre estamos comparando nuestro interior con el exterior de otras personas”.
La verdadera felicidad
El experto constató con su estudio que varias de las claves para obtener la felicidad son la salud y las conexiones con los demás. El conjunto general de los hombres, cuando llegan al final de su vida, se arrepienten de haber dedicado más tiempo al trabajo que a las personas que les importaban; por el contrario, las mujeres desearían no haber estado tan preocupadas por la opinión de los demás.
Esto refleja una cuestión clara: la felicidad se encuentra en dedicar tiempo a las personas que se quieren y a poder mostrarse con autenticidad. Estas conexiones fuertes pueden tener un impacto positivo directo en la salud, ya que puede reducir el riesgo de sufrir enfermedades cardíacas, diabetes o artritis, así como retrasar el deterioro cognitivo. A medida que las personas envejecen, el estudio también a constatado que son más felices: “Cuando sentimos que el tiempo es limitado, el bienestar emocional se convierte en una prioridad”.
Por ello, se valoran más los encuentros o las relaciones que los logros medibles, como el dinero. Waldinger destaca que las personas necesitan el suficiente dinero para tener una seguridad financiera, pero que sacrificar todo por el trabajo supone renunciar demasiado a la vida, lo que resulta contraproducente en términos de felicidad. En este sentido, el psiquiatra recomienda pagar por experiencias: “Las mejores cosas de la vida no son cosas. Las cosas materiales se prestan a comparaciones, pero las experiencias fortalecen las relaciones preexistentes con las personas o nos ayudan a conocer nuevas personas”.
Es ahí donde se encuentra la verdadera felicidad: en valorar lo inmaterial, en cuidar las relaciones y dedicar tiempo a lo que realmente importa. Pese a que el trabajo y el éxito empresarial resulten muy relevantes para muchas personas, es completamente necesario comprender que este dinero debe ser un medio para vivir, no el motivo por el que se vive.
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