“Fue subsecretaria de Empleo y Formación Laboral en la Secretaría de Trabajo, Empleo y Seguridad Social del Ministerio de Capital Humano. Trabajó durante más de una década en el área de educación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y es una de las voces más calificadas para hablar de la relación actual entre educación y empleo”, así presentó Patricio Zunini a Eugenia Cortona en el marco de las conversaciones propuestas por Ticmas.
El “Informe nacional sobre demanda laboral, formación y capacitación para la transformación productiva” realizado por la solución educativa Ticmas para la CAF busca poner el foco en un debate urgente sobre qué educación es necesaria para la Argentina del presente y el futuro. Cortona se sumó a esta serie de conversaciones para ofrecer su mirada al respecto.
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Un mapa: dos velocidades y demanda diversa
“Podríamos ver dos velocidades”, comenzó reflexionando Cortona sobre cómo piensa el mapa de Argentina: “economías más dinámicas, que están orientadas a las regiones más productivas, especialmente con algunos sectores de actividad como la minería, la energía y algo de la agroindustria. Y después tenemos otra velocidad que pasa en la economía más doméstica, más cotidiana si se quiere, que es una velocidad que está más en retroceso.”
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Y agregó: “las economías más pujantes están hoy demandando muchos perfiles, no sólo específicos para la actividad, sino que esos puestos que se crean, también crean otros puestos asociados a esa demanda concreta, que tiene que ver con la cadena de proveedores, con los servicios asociados a esa actividad. Hay un dato de la Cámara de Minería que por cada puesto que se crea, se crean entre 3 y 5 puestos asociados a ese puesto más operativo, más del sector específico.”
En cuanto a los perfiles más solicitados, Cortona destacó que en “el caso del sector minero, tenemos perfiles muy asociados a las primeras etapas de los procesos productivos, que tienen que ver con perfiles más tradicionales. Soldadores, construcción, más oficios. Una vez que el proyecto empieza a funcionar, ahí sí ya hay más demanda de perfiles más especializados. O sea, no es solo un mecánico, sino un mecánico que sepa de procesos tecnológicos, que converse con procesos de automatización. Lo mismo, hay una demanda interesante en el sector de litio, relacionado con perfiles de instrumentistas.”
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La articulación tecnológica
“Hoy la demanda está más orientada a oficios que estén actualizados en el desarrollo tecnológico del sector. Ya no es, un buen mecánico, sino un mecánico que sepa de automatización, que pueda interactuar con procesos automatizados y que conozca el proceso productivo con sus tecnologías actuales”, insistió Cortona.
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De esta forma, no solo se trata de pensar en oficios; sino en oficios en diálogo con el presente y futuro tecnológico: “esto tiene que ver, si querés, si vamos un paso más atrás, con cómo la tecnología modifica o se incorpora en los procesos productivos y eso deriva en que los perfiles de los trabajadores necesitan incorporar esos nuevos conocimientos y esas nuevas tecnologías para poder acoplarse a estos nuevos procesos productivos.”
“Y que ese cambio que se genera de forma permanente, demanda de que estos perfiles cada vez estén más calificados.”, planteó. Y ejemplificó: “Hay un estudio del Foro Económico Mundial que dice que al final del 2026, el 40% de los empleos van a estar impactados por la inteligencia artificial. Estamos hablando de todos los empleos.”
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Gestionar el futuro
“¿Cómo se hace para pensar el empleo donde los cambios son tan profundos y tan veloces?”, indagó Zunini. Y Cortona inmediatamente destacó: “Para el Estado, para la política pública, es un gran desafío. Es un gran desafío porque los cambios cada vez suceden con mayor velocidad. Y yo te diría que acá el gran problema es un tema de descalce entre lo que sucede en el mundo laboral, entre la incorporación de estas nuevas tecnologías que desafían la actualización, la reconversión, y si querés desde una mirada más de la formación, cómo los diseños curriculares, cómo la formación para esos puestos de trabajo, no logra actualizarse al ritmo de esa incorporación de esa tecnología.”
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Y subrayó: “Por eso hablo de un descalce entre lo que demanda el mundo laboral y los títulos que tiene el sistema educativo. Hoy el mundo educativo saca personas al mercado con títulos que son de otro mercado laboral, que son de otro mundo que no es el actual.
E insistió que ese descalce “es el núcleo de la cuestión para pensar la política pública hoy. Esa tensión entre el mundo educativo y el mundo laboral es el núcleo de la cuestión, y si querés te sumo que la tensión ya no es solamente educación versus trabajo, el mundo educativo y el mundo laboral, sino también que se suma el mundo productivo, el mundo de la investigación, de la generación de conocimiento.”
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Tres actores y un monitor de habilidades
Para Cortona se trata ya no solo de pensar la sinergia entre educación y trabajo “sino también el mundo productivo, el mundo de la investigación y el desarrollo. Yo te diría que hoy, si me decís cómo se puede resolver esta tensión, cómo se podría abordar, es que los sistemas formativos tienen que diseñar procesos de actualización de esas formaciones que sean dinámicos, que el Estado o que la política pública sea más un monitor de capacidades, monitor de habilidades, y crear un marco a partir del cual los diseños puedan ir actualizándose con mayor velocidad. Hablo más exclusivamente del sistema de formación profesional, de la educación técnica profesional, si querés.”
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“Es multidimensional el problema. Podría decirte que primero este descalce, para seguir con el término, hace que los egresados no tengan las cualidades o las calificaciones que necesita el mercado laboral. Por otro lado, tenemos un abismo de conceptos”, explicó la especialista. E indicó: “El mundo laboral habla de productividad, el mundo educativo habla de procesos pedagógicos. Ya partimos de marcos conceptuales diferentes. Por otro lado, tenemos una poca vinculación entre los proyectos, entre las ofertas formativas y el mundo laboral.”
Y aseguró: “esta poca comunicación tiene que ver con, por un lado, la desactualización de la currícula y por el otro lado, también el poco involucramiento del mundo privado en la formación. Yo lo que veo es que hay experiencias donde cuando las fábricas se involucran en la formación, en las prácticas profesionalizantes; en que los estudiantes conozcan el proceso productivo real, la tecnología real que hoy está operando en la fábrica, ese egresado ya sale con un conocimiento más afín a lo que pasa en el mercado laboral.”
Brecha generacional
“Hablando de oficios más tradicionales, tenemos también una especie de brecha generacional. Hoy, por ejemplo, el promedio de matriculados en oficios es de 52 años. O sea, los jóvenes no eligen la formación en oficios”, destacó Cortona.
Y destacó que el contexto, pandemia mediante, hizo que se volcaran “a formaciones más relacionadas con la programación, formaciones más relacionadas con la tecnología, que hoy con la incursión de la inteligencia artificial también están un poco en crisis algunas de esas profesiones, y la matriculación en los centros de formación profesional, por lo general, es de personas de un promedio de 35 años.”
“Si pensáramos algo diferente y algún dispositivo que ya conecte a la educación con el mundo del trabajo, quizás el reskilling y la actualización sería más ágil”, reflexionó Cortona y ejemplificó: “yendo un paso atrás, los ejemplos de sistemas de formación dual, como hay en Alemania, como hay en Suiza, como hay en Francia y en otros países, permiten generar una cultura de quiénes son los actores que forman a los nuevos perfiles que va a necesitar el mercado laboral.”
“Para eso necesitamos, por un lado, normas que den seguridad jurídica a las empresas para incorporar a estos pasantes, a estos practicantes, que habiliten una currícula más flexible en las formas en las que los estudiantes aprenden, no tanto en el aula, no tanto en el taller, sino más en la planta real, en el proceso formativo real, y que además esa seguridad jurídica le habilite a que las empresas estén más seguras, y también un cambio de mentalidad en las empresas sobre su rol formador. Hay un concepto que es el de ciudades educadoras, que todos tenemos algo que ver en la formación de los futuros trabajadores.”, planteó.
Y agregó: “Muchas veces me he encontrado en discusiones sobre que las prácticas son empleo encubierto y que quizás la fábrica aproveche esos perfiles. Bueno, si las reglas de juego están claras, si el vínculo entre el mundo educativo y el mundo laboral en un programa de formación está claro, con objetivos de aprendizaje claros, creo que esa tensión se podría disipar.”
Las valiosas habilidades humanas
“No soy tecnóloga, con lo cual no podría hablarte de algún perfil técnico en particular, pero sí creo que hay habilidades y capacidades que van a ser requeridas para el escenario tecnológico; el escenario que nos encontremos en el futuro. Ahí es clave el aprendizaje continuo”, sentenció.
Y aseveró: “Nosotros hoy sabemos que nuestros títulos ya quedaron caducos, que nos tenemos que estar actualizando permanentemente, incorporando nuevos saberes, y esa es una habilidad que es la de actualizarse, que aunque no la tengamos, estamos obligados a incorporarla.”
“Hoy tenemos que desarrollar una habilidad que es una adaptabilidad a la tecnología, como esa capacidad de poder incorporar los nuevos avances tecnológicos a la vida cotidiana y a la vida laboral también. Y después, por otro lado, creo que hay dos nuevas habilidades también que la pandemia nos puso de frente en la cara, que es el aprendizaje a trabajar en entornos multiculturales y en contextos híbridos o a distancia. Creo que esas son, quizás, habilidades o capacidades o modalidades que va a adquirir el trabajador del futuro”, reflexionó Cortona.
La mirada política
Para Cortona, desde su experiencia en la gestión, falta actualmente una definición política que obligue a “converger las áreas de producción, las áreas de trabajo, de empleo y las áreas de educación. Cuando esa decisión política está, después el espacio de articulación entre las carteras de producción, empleo y educación, son sumamente necesarias.”
“Hay un estudio que hizo CIPPEC que en las regiones o en las provincias donde existían mesas de empleabilidad, donde se sentaban las áreas de gobierno que tenían que ver con la demanda del mercado laboral, los proyectos productivos regionales y los programas de formación que había, el desempleo juvenil se redujo en un 20%”, destacó.
Y aseguró: “Es más que necesaria una articulación entre las distintas variantes que tiene el empleo, que el empleo no es solamente el trabajo, es también la producción y la formación asociada a ese empleo.”
Además, planteó: “hoy tenemos que pensar que el sistema de formación profesional es un sistema en sí mismo y que las carteras de Educación muchas veces están muy orientadas a la formación obligatoria y quizás cuando logran llegar a ordenar y pensar en la formación para el trabajo, ya es en un momento de la gestión que ya queda poco tiempo o es más urgente pensar en la educación obligatoria que en la formación para el trabajo.”
E insistió: “los planes de estudio pueden tardar 10 años en actualizarse y los procesos productivos quizás en 6 meses cambian radicalmente. Entonces, retomando un poco las ideas, es la agilidad, la visión estratégica y la vinculación con los actores que van a demandar esos perfiles puntuales.”
Por último, Cortona reflexionó: “la Argentina se debe a una política de formación para el trabajo actualizada. La Ley de Educación Técnica Profesional tiene 20 años, quizás 20 años parece poco, pero en verdad si entendemos que habla de la educación para el trabajo, 20 años es un montón.”
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