Una escuela sin exámenes ni clases: cómo es el modelo con el que aprenden más de 50.000 estudiantes

Julio Fontán dirige una red de colegios que enseña de una manera completamente disruptiva. “Innovar es que una institución educativa o un profesor, conociendo la realidad de los estudiantes, empiece a construir respuestas de acuerdo a esa realidad”, dice. Fontán fue uno de los referentes educativos que participaron en el #CongresoTicmas de México

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Ticmas - Julio Fontán
Julio Fontán

¿Se puede pensar en un modelo educativo moderno que prepare a los estudiantes a una vida más armónica? Quienes se dedican a la educación trabajan continuamente en reconocer los límites del sistema y cómo saltarlos. Hay una revisión permanente de la tarea docente y una búsqueda por la innovación que acompañe a los estudiantes en su formación.

Pero no alcanza con ser inteligente para ser creativo. Se requiere también una cuota de valentía: arriesgarse a probar las ideas, animarse a lo incierto. La educación, aunque muchas veces se la critique por tener un componente conservador, mantiene su vitalidad gracias a ciertas personas que hacen gala de su inteligencia y su valentía. Julio Fontán es uno de ellos.

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Director de una red de colegios con sedes en Colombia, Ecuador, México, Argentina, Estados Unidos, Canadá, Brasil y España, Fontán llevó a cabo una revolución educativa: en sus escuelas no hay horarios ni calendarios ni cursos ni evaluaciones. Con el foco en el proceso, lo que se busca es que cada estudiante desarrolle las habilidades que le den la mayor calidad de vida a él y a su entorno. Hoy por la red de escuelas Fontán pasan más de 50.000 estudiantes.

Julio Fontán fue uno de los principales referentes del Congreso Internacional de Innovación Educativa que Ticmas llevó a cabo en la Ciudad de México. En una entrevista vía videoconferencia, habló de cómo la prioridad de la educación está en alcanzar un modelo personal y personalizado.

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La red de colegios Fontán implementa un modelo disruptivo de educación
La red de colegios Fontán implementa un modelo disruptivo de educación

¿Por qué la innovación educativa es más que incorporar tecnología en el aula?

—Innovar es que una institución educativa o un profesor, conociendo las herramientas que tiene y la realidad de los estudiantes, construya respuestas de acuerdo a esa realidad. No es dar una respuesta pre hecha: es construir la respuesta. Pero con la condición de que venga acompañada de investigación y desarrollo. No puede ser que yo ponga a todo el mundo detrás de una idea fenomenal, sino que tiene que ser un proceso gradual, ordenado, con investigación. En el Colegio Fontán Capital, hace unos once o doce años, cada estudiante tenía su computadora y tal vez fuimos el primer colegio de América latina en tener la tecnología en la nube. Eso no es innovar. Eso, simplemente, se debía a que, como tenemos un proyecto de muchísima personalización, necesitábamos tecnología para que no se nos perdiera la información. Sin la tecnología, la tendencia es a igualar, como pasa en el sistema tradicional. Por eso necesitamos la tecnología. Pero la tecnología es nada más que una herramienta.

¿Cómo se abandona el modelo tradicional de la educación?

—El sistema educativo nació durante la época de la revolución industrial y tomó los modelos de producción industrial. Por eso los estudiantes entran en la misma hora, tienen los mismos horarios, los vestimos igual para que no se diferencien mucho entre ellos, suena una campana para que salgan a descansar como en las fábricas del siglo XVIII. Las leyes están hechas para un sistema educativo industrializado. El problema de esa época era cómo poníamos a los niños al servicio de los sistemas de poder del Estado: al servicio del sistema productivo, del sistema económico, del sistema político, etc. Hoy tenemos que pasar de un sistema educativo industrializado a un sistema educativo personalizado, donde pongamos el sistema al servicio de cada estudiante. Ahora la tecnología nos lo permite, antes no lo podíamos hacer. Y hay que tener en cuenta otra cosa. Nosotros siempre hablamos de visión holística de proceso: el descanso y el trabajo es parte del mismo proceso. Una persona que no descansa no trabaja bien: el descanso es parte del trabajo. Los estudiantes de este colegio tienen que aprender a manejar sus descansos porque suponer que todos tienen que descansar al mismo tiempo es no respetar esas diferencias humanas.

¿Qué cambios se dan a partir de esta visión holística de la educación?

—Cuando uno aprende a ver con esa visión holística, empezamos a dar cuenta de que personalización y socialización también son el mismo proceso. Un estudiante se enriquece para entregar valor a los otros. Un estudiante se enriquece en habilidades, en competencias, en contenidos, en virtudes, en valores, en lo que quiera. Pero si usted está enriquecido y es incapaz de entregar valor, no va a tener calidad de vida. Cuando la educación es personalizada y socializada, hablamos de una forma distinta de afrontar el proceso. Por ejemplo, tenemos un plan personal donde cada estudiante desarrolla la capacidad de fluir en las áreas. No le hacemos ver un tema, otro tema y otro más, porque cuando llega al último termina de aprender sobre esa área. En cambio, trabajamos en desarrollar la capacidad de fluir en las áreas. Que pueda fluir en ciencias, en filosofía, en matemática. Y también hay un plan para el desarrollo del pensamiento porque en la medida en que no desarrolle el pensamiento complejo, pasa lo que pasa en el sistema tradicional, donde un profesor da una clase y da una sola línea de ideas, y los estudiantes no tienen la posibilidad de construir multirrelaciones, multidimensiones con respecto a ese conocimiento y ese pensamiento.

¿Qué implica que un estudiante pueda entregar valor a los demás estudiantes?

—Tenemos que pasar del enriquecimiento a la entrega de valor con cada estudiante. Cuando está construyendo su proyecto de vida tiene que construir también un proyecto de sociedad. Que tenga una visión política de la sociedad. Si yo tengo mi plan de trabajo personal y tengo las metas de cada semana y yo mismo decido lo que quiero hacer cada día —y hoy voy a trabajar matemáticas y ciencias, y mañana trabajo en otras dos cosas—, también tengo que ser capaz de pasar al trabajo en equipo y trabajo colaborativo. Cómo eso que estoy haciendo le permite crecer a otros.

El trabajo colaborativo es una de las habilidades a desarrollar por los estudiantes de los colegios Fontán (Getty)
El trabajo colaborativo es una de las habilidades a desarrollar por los estudiantes de los colegios Fontán (Getty)

Una educación centrada completamente en el estudiante.

—Todo el mundo dice que la educación está centrada en el educador y hay que centrarla en el estudiante, pero, primero, yo creo que la educación está centrada en el curriculum. Tanto estudiantes como educadores son esclavos del currículum. Segundo, tampoco tiene sentido que esté centrada en el estudiante. El estudiante se desarrolla en un ecosistema, entonces hay que trabajar en el ecosistema.

¿Cómo se hace para que el estudiante gane autonomía? ¿Cómo se lo prepara para desarrollarse personal y laboralmente en el futuro?

—Si queremos que el estudiante sea emprendedor tiene que ser el dueño del proceso. Tiene que ser el motor. Ahí tenemos el primer problema, porque cuando un niño está en su casa todas las relaciones son espontáneas, pero cuando llega al colegio todas las relaciones son impuestas. Lo que necesitamos es que los estudiantes desarrollen la capacidad de construir relaciones intencionales. Después, tenemos el pensamiento crítico, el aprendizaje sobre el error, la toma de decisiones, el liderazgo, la creatividad, la responsabilidad, el conocimiento tecnológico, la capacidad de colaborar: el centro de todo es la autonomía. El problema al que nos enfrentamos requiere cambiar la estructura misma del sistema educativo. Tenemos que hacer cambios sustanciales en la escuela, porque es la única forma para que desarrollen estas habilidades.

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