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“Delicias y perfumes de mi vida...“: fragmento de ”Orgullo", la biografía de Carlos Jáuregui

A treinta años de la muerte del activista LGBT argentino, Infobae Cultura publica el inicio de la edición actualizada que escribió Mabel Bellucci, parte del primer capítulo titulado “La militancia gay durante la democracia conquistada”

Carlos Jáuregui
“Delicias y perfumes de mi vida...“: fragmento de ”Orgullo", la biografía de Carlos Jáuregui
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A 30 años de la muerte de Carlos Jáuregui, Mabel Bellucci publicó una edición actualizada de Orgullo, un libro que reconstruye la trama política y afectiva de la militancia de uno de los referentes centrales del activismo gay en la Argentina y vuelve sobre una pregunta que el volumen presenta como vigente: ¿qué significa hoy sostener el orgullo como respuesta política en una sociedad que todavía educa para la vergüenza?

La nueva edición incorpora nuevas fuentes, fotografías, documentos y escritos inéditos. El foco no está puesto en una biografía íntima, sino en una reconstrucción política de las alianzas, tensiones y debates que atravesaron a Buenos Aires entre los años 80 y 90. Jáuregui fue el fundador y presidente de la Comunidad Homosexual Argentina y de Gays por los Derechos Civiles. La autora desplaza el eje de la narración desde la figura individual hacia el entramado colectivo.

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Bellucci trabaja desde una trayectoria vinculada al archivo, la investigación, el periodismo y el activismo feminista queer. Es comunicóloga por la Universidad Nacional de La Plata y magíster de la Carrera Interdisciplinaria de Especialización en Estudios de la Mujer de la Universidad de Buenos Aires. Entre sus libros figuran Historia de una desobediencia, El segundo sexo en el Río de La Plata (en coautoría con Mariana Smaldone, Desde la Cuba revolucionaria (junto a Emmanuel Theumer) y Carolina Muzilli. Obrera socialista y feminista.

Tapa del libro Orgullo, biografía de Carlos Jáuregui, de Mabel Bellucci. Diseño con franjas de la bandera LGBT, silueta de hombre con bigote y anteojos. Incluye textos y logo.
"Orgullo" (Marea), de Mabel Bellucci

A continuación, un fragmento de Orgullo:

Capítulo 1: La militancia gay durante la democracia conquistada

Para los jóvenes como él –que no se habían fogueado aún en las luchas de trincheras–, la figura del entonces presidente Raúl Alfonsín prometía algo distinto. Su padre, conservador de pura cepa, pensaba que los radicales pesaban como una mochila al hombro. Y al decirlo durante una conversación cotidiana que tenía con su hijo mientras leían las noticias de los diarios, con el olor penetrante de un café recién preparado, el chisporroteo se transformaba en una contienda entre dos gladiadores.

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Él había vuelto a la Argentina con la clara convicción de provocar que miles de manifestantes tomaran las calles como había visto en la París del socialista François Mitterrand; que era posible organizarse como comunidad por reivindicaciones precisas y alcanzables.

El año 1983 fue un hito en la historia de la Argentina y un mojón en la vida de Carlos Jáuregui. El regreso a las urnas dejaba atrás los criminales tiempos de la dictadura cívico-militar. Sentía el triunfo del radicalismo como fuente de ciertas esperanzas.

Mientras la ciudadanía argentina volvía a vivir en libertad tras el fin de los días oscuros, una triste noticia ensombrecía a los hermanos Jáuregui: falleció su padre. Aun golpeado por el duelo –la muerte cercana de su madre y su padre–, Carlos empezó a mostrar sus condiciones de paladín en el ambiente homosexual.

En 1983 comenzó a formarse la Coordinadora de Grupos Gays (CGG). Representó un espacio en el que convergían algunas de las agrupaciones de homosexuales del momento. Carlos estuvo al tanto pero no participó de ella. Luego se efectuó una razia de magnitud en el barrio de Belgrano a raíz de una fiesta llamada “El sombrero”. Hubo 250 detenidos. Después de un corto período de crisis interna, la CGG entró en un proceso de desmovilización. Tiempo más tarde, se realizó otra razia que motorizó la intervención activa de Carlos, ya que hasta entonces nunca había integrado ninguna organización de lucha.

Carlos Jáuregui
Carlos Jáuregui y Raúl Soria (Revista Siete Días)

En los primeros días de abril, ex miembros de la recientemente disuelta CGG convocaron a una asamblea abierta en el boliche Contramano, a la que asistieron unas cien personas. Jáuregui junto a un grupo reducido de activistas decidieron constituir la Comunidad Homosexual Argentina, más conocida como la CHA. Lo ocurrido lo tomó por asalto y ahí fue que abandonó la investigación y la docencia universitaria para dedicarse de lleno a la militancia homosexual. Cumplió con desvelo la función de presidente de la CHA durante cuatro años.

El 23 de mayo de 1984 fue un día especial. Se creaba el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) y amanecía con dos hombres unidos en un abrazo (algo más que fraternal) en la portada de Siete Días, una de las revistas más comerciales y de mayor tirada del país. Esa tapa constituyó la primera exposición pública de dos varones en una estrecha unión. Eran Carlos Jáuregui junto a Raúl Soria como ilustración del artículo principal, que se proponía reflejar el mundo de los homosexuales en Buenos Aires. Disponía de un titular controversial: “El riesgo de ser homosexual en la Argentina”, una investigación especial en la que no se lo mencionaba a Carlos en ninguna parte. En verdad, lo posicionaba como referente de una comunidad aún en etapa germinal.

El 28 de mayo 1984, el diario Clarín publicaba la primera solicitada de la asociación, titulada “Con discriminación y represión no hay democracia”. Los firmantes eran Carlos Luis Jáuregui y Alejandro Zalazar, respectivamente presidente y vicepresidente de la CHA. La solicitada implantó el mítico número del millón y medio de homosexuales del que se hacían eco los medios de comunicación, y que permitió ser un anzuelo para atraer la atención más adelante de los principales partidos políticos. Fue un impacto, un verdadero punch que sacudió a la población. Por primera vez en la historia de la Argentina, la comunidad homosexual se hacía presente a través de una solicitada.

Mabel Bellucci
Mabel Bellucci (Foto: David Paoli Testa)

En contraste con el tono manifiestamente anticapitalista de los boletines del Frente de Liberación Homosexual (FLH), el texto era representativo de lo que fue de aquí en más el discurso entre universalista y ecuménico de la CHA, que hizo de la defensa de los derechos humanos y las libertades individuales los valores esenciales de cualquier organización democrática. Representó, asimismo, el puntapié inicial de una serie de intervenciones públicas que apuntaron al reclamo de igualdad (de derechos, de tratamiento, de dignidad, de oportunidades) por sobre el reconocimiento crítico de las especificidades.

La repercusión que había generado llevó a que la Policía Federal se presentara en la redacción de Clarín para recabar datos de los firmantes. Como no había nada que ocultar ellos mismos llamaban por teléfono al Departamento Central y ofrecían directamente la información personal.

El 8 de julio de 1984, en el número 2912 de la revista Radiolandia 2000, se publicó una entrevista a ambos dirigentes, bajo el título “Somos homosexuales, pero también seres humanos”. Nota señera por cuanto, por primera vez, aparecían asociados públicamente imagen, nombre y cargo en torno a la figura de Carlos Jáuregui. Hablaban del alcance e impacto social de la solicitada, así como sobre los primeros pasos que se proponían realizar como asociación:

Entrevistar a las máximas autoridades del país, incluyendo al presidente de la Nación a quien hemos votado porque en su plataforma se incluía la modificación de los dichos edictos... Y terminaban diciendo: “a los homosexuales, hombres y mujeres les diríamos que venzan los miedos seculares y se acerquen a la organización. Todos juntos reivindicaremos los derechos que nos niegan con el fin de institucionalizar desde el Estado el reconocimiento de los derechos de la comunidad homosexual”.

Por la fecha cabría suponer que este fue uno de los primeros encuentros que tuvieron Carlos y Alejandro con la prensa gráfica en representación de la CHA.

Ya cuando el frío empezaba a menguar y la primavera parecía volver a tener ganas de despertar, un 1º de septiembre, conoció a Pablo Azcona, su pareja más importante, y de quien diría: “Me enseñó a ver el mundo”.

(Télam)
(Télam)

En una libreta personal de papeles arrugados, con letra manuscrita desordenada y poco legible, lo traía a la memoria:

Alguna vez encontraré a alguien con la inteligencia y sensibilidad de Pablo, ¿amén de su sentido del humor? ¿O cuanto menos se aproxime? Lo dudo... Algún día va a saber (de alguna extraña forma) lo que siento por él. Tiene más ganas de vivir que yo.

Los años venideros estuvieron marcados por su tenacidad en generar acciones dirigidas al reclamo de igualdad de derechos, de tratamiento y de oportunidades. Dar la cara en el espacio público representó para él una cuestión central en su estrategia política.

Hacia 1984 arrancó con un rally de conferencias vinculadas a la homosexualidad abordada desde diferentes planos, propios de esos años: la historia del movimiento gay, la discriminación, los derechos humanos, el SIDA, las herramientas legales represivas tales como la averiguación de antecedentes y los edictos policiales, entre otros tantos. Sus años de activismo estuvieron marcados por su tenacidad en generar acciones y exposiciones dirigidas al reclamo de igualdad de derechos y de oportunidades para las minorías sexuales. Para instalar estas cuestiones, Carlos disertaba en todo espacio que se abriese a la escucha.

Por esta razón, uno de los lugares elegidos fue el mítico Teatro del Este, ubicado en la calle Viamonte 638 de la Ciudad de Buenos Aires. Además, eran recurrentes tanto sus exposiciones como sus clases en el posgrado de Sexología en el Centro de Educación, Terapia e Investigación en Sexualidad (CETIS) –institución privada para la formación de sexólogos clínicos y educadores sexuales– fundado en 1982 por Laura Valdez y Roberto Gindin.

Laura, al ser entrevistada, recuerda con admiración la participación académica de Carlos:

La apertura democrática de esos momentos favorecía para trabajar con rigurosidad en torno a las sexualidades. El CETIS tenía talleres que abarcaban todo tipo de cuestiones. Los viernes había clases y los sábados eran actividades más de experiencias con trabajo corporal a cargo de Claudia Grosman. Las clases de Carlos estaban vinculadas al movimiento homosexual, al sida. Era un excelente profesor tanto por su seriedad intelectual como por su formación política. Los alumnos estaban sumamente entusiasmados por sus intervenciones. Interactuaba con ellos. En una de las investigaciones que realizó la institución relacionada al sida, se le pidió a Carlos una devolución de los resultados, ya que había que apoyar a la gente que daba positivo y él lo llevó a cabo.

Carlos Jáuregui
Carlos Jáuregui

Otros espacios en los que participó como conferenciante fueron el Círculo de la Prensa, la Asociación Argentina de Actores y el Departamento de Juventud y de Extensión Universitaria de la Sociedad Hebraica Argentina (SHA). También, más adelante, en marzo de 1989, estuvo en su agenda el Taller Escuela Agencia, conocido como TEA, la famosa escuela de estudios terciarios sobre periodismo. Desarrolló una serie de conferencias relacionadas a la lucha contra todas las formas de represión y discriminación por orientación sexual.

Compartió el ciclo de Introducción del Periodismo de Información llevado a cabo en el local de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) –en la avenida Belgrano de la misma ciudad– con dos charlas. En una habló en torno a la discriminación de las minorías sexuales en la Argentina. En la otra, sobre la violencia como factor de intimidación dirigido a la comunidad a partir de la aplicación de los edictos 2a F y 2a H y de la Ley de Averiguación de Antecedentes. Por supuesto, que tampoco faltó a su clásica cita de reparto de preservativos. Lo hacía de tanto en tanto, frente a las puertas de TEA, cuando los estudiantes se juntaban para hacer tiempo antes de entrar a clase. (Alguien aún deberá recordar a este osado activista ofreciendo condones).

En febrero de 1987, publicó en la editorial Tarso su único libro, La homosexualidad en la Argentina. Fue parte de la colección “Cultura y Sociedad”, orientada a la difusión de la literatura cristiana y recursos teológicos. El diseño de tapa estuvo a cargo del artista visual argentino de larga trayectoria y carrera internacional, Sergio Camporeale.

La dedicatoria estaba consagrada a las tres grandes pasiones de su vida: “A Pablo, por el amor. A mis compañeros de la CHA, por la lucha. A las Madres de Plaza de Mayo, por la esperanza”.

Cerraba con una cita del poeta griego, una de las figuras literarias más importantes del siglo xx, Constantino Kavafis (1863-1933):

Nada me retuvo. Me liberé y fui

hacia placeres que estaban

tanto en la realidad como en mi ser,

a través de la noche iluminada.

Y bebí un vino fuerte,

como solo los audaces beben el placer.

La delicia y el perfume de mi vida

es la memoria de esas horas

en que encontré y retuve el placer

tal como lo deseaba.

Delicias y perfumes de mi vida,

para mí que odié

los goces y los amores rutinarios.

En la introducción, Jáuregui dejaba ver que su trabajo pretendía “ahondar en el estudio de una realidad determinada: la de una minoría sexual que ha sido y aún hoy es marginada y perseguida, discriminada y reprimida. Los homosexuales, al igual que todo grupo oprimido, partimos de la sexualidad en la que se trata de colonizarnos para reinventar un modo propio de existencia política, económica, social y cultural”.

También ocupaba su atención la sexualidad en el Mundo Antiguo hasta la aparición del cristianismo y los cambios que se produjeron. Del mismo modo, examinaba la conexión de la sexualidad con las disciplinas científicas, el sistema de poder y el derecho, los medios de comunicación de masas y los acontecimientos cotidianos. Compendiando, irrumpía en la constitución del movimiento de liberación gay en nuestro país. Por último, finalizaba con un anexo documental en el cual recopilaba las acciones públicas, institucionales, solicitadas y adhesiones recibidas de organismos de Derechos Humanos a la comunidad.

Una de sus propuestas para el libro fue que las regalías correspondientes a los derechos de autor fueran cedidas por entero a la CHA.

Acaso, este libro significó parte de una estrategia mayor: por un lado, la salida del clóset de una comunidad con una larga y penosa historia subterránea, y, por el otro, enfrentar la represión, el odio y los prejuicios homofóbicos y organizarse para exigir igualdades democráticas.

(...)

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