
La ciencia todavía no puede explicar por completo cinco conductas animales, como son los saltos de las mantarrayas fuera del agua, las ballenas cubiertas de algas y los cuervos reunidos junto a un cadáver.
Los especialistas consultados por Science Focus señalan que, pese a las hipótesis existentes, no hay datos suficientes para determinar una causa definitiva.
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1. Las rayas mobula saltan y golpean el agua con el vientre

Las rayas mobula, familia que reúne a mantarrayas y rayas diablo, pueden elevarse hasta dos metros sobre la superficie, girar en el aire y caer de vientre con un golpe audible. En algunos episodios, cientos de individuos saltan casi al mismo tiempo.
La bióloga Marta D. Palacios, de Mobula Conservation, describió ese fenómeno como una escena en la que el agua parece hervir. La explicación más extendida vincula estos saltos con la comunicación entre grupos, aunque todavía no está claro qué información intercambian.
Una posibilidad es que las rayas avisen sobre una zona rica en zooplancton, su alimento. Otra hipótesis apunta a la formación de grupos más grandes para reducir la vulnerabilidad frente a depredadores, como tiburones martillo y orcas. También se ha planteado que el impacto contra el agua ayuda a desprender parásitos adheridos al cuerpo.
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Sin embargo, la conducta aparece fuera de la temporada reproductiva y también en ejemplares juveniles o hembras preñadas, por lo que la búsqueda de pareja no basta para explicarla. El significado de estos saltos podría cambiar según la época del año, la hora o la composición del grupo.
2. Las ballenas juegan con algas como si llevaran pelucas

En distintos registros, ballenas jorobadas fueron vistas frotándose, empujando o enrollándose en grandes fragmentos de kelp, un tipo de alga marina. Los investigadores llaman a esta práctica kelping y han documentado episodios individuales y grupales que pueden extenderse durante más de una hora.
El biólogo Luke Rendell, de la Universidad de St Andrews, señaló a Science Focus que el juego animal suele asociarse con el aprendizaje de habilidades útiles para la vida adulta, pero en este caso esa relación no resulta evidente. Más de la mitad de las ballenas observadas durante esta actividad eran adultas.
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Los científicos consideran que intervienen la curiosidad, el contacto físico y la interacción social. Las jorobadas concentran el 95% de los casos registrados, aunque esto puede deberse en parte a que son más fáciles de observar y filmar. También poseen pelos sensoriales muy sensibles, lo que abre la posibilidad de que las algas les resulten estimulantes.
Existen hipótesis sanitarias: el roce podría ayudar a eliminar percebes u otros parásitos, y ciertos compuestos presentes en las algas podrían aliviar irritaciones en la piel. Aún no se sabe si el kelping es un juego, una forma de cuidado corporal o ambas cosas a la vez.
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3. Los cuervos se reúnen alrededor de sus congéneres muertos

Los cuervos americanos suelen congregarse cuando encuentran el cadáver de otro miembro de su especie. El primer ave que lo detecta emite una llamada de alarma y atrae a otros individuos, que responden con graznidos, vuelos cercanos y, en ocasiones, picotazos al cuerpo.
La ecóloga del comportamiento Claudia Wascher, de la Universidad Anglia Ruskin, comparó estas reuniones con una acción colectiva de hostigamiento frente a una amenaza. Según esta lectura, el cadáver funciona como una señal de peligro y la concentración permite que el grupo identifique riesgos en el entorno.
Estudios citados por el medio mostraron actividad en zonas cerebrales ligadas a decisiones complejas cuando las aves observaban un cuervo muerto o escuchaban una alarma. Otros trabajos indican que los cuervos se acercan con más cautela a la comida si han visto un cadáver cerca y reprenden a personas asociadas con esa escena.
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Aunque estas concentraciones suelen describirse como funerales, los expertos evitan afirmar que impliquen duelo. Los cuervos mantienen amistades, parejas y relaciones sociales estables, pero todavía no hay suficiente información para determinar cómo reaccionan ante la muerte de un compañero cercano.
4. Los perezosos bajan al suelo para defecar pese al riesgo

Los perezosos pasan casi toda su vida en el dosel de los árboles, pero una vez por semana descienden al suelo para defecar. La travesía puede demandar hasta tres horas y los deja expuestos a depredadores, un costo elevado para animales con un metabolismo muy lento y reservas limitadas de energía.
Para Amelia Symeou, bióloga de la Fundación para la Conservación del Perezoso, este hábito sigue siendo un misterio. Desde una lógica de ahorro energético, parecería más conveniente defecar desde las ramas y destinar el esfuerzo a alimentarse, descansar o cuidar a las crías.
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Una teoría propone que la conducta es un vestigio evolutivo de antepasados terrestres. Otras sugieren que el descenso aporta tierra a una dieta basada sobre todo en hojas, facilita el marcaje mediante olores o reduce la detección por parte de depredadores que cazan en los árboles.
La reproducción también puede estar involucrada. Las hembras en celo bajan al suelo todos los días, una pauta que refuerza la idea de una señal química dirigida a posibles parejas. La relación entre el perezoso y las polillas que se reproducen en sus heces añade otra incógnita, aunque los científicos consideran más probable que los insectos se adaptaran al animal y no al revés.
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5. Los estorninos se mueven como una sola bandada en el cielo

Al atardecer, cientos de miles de estorninos pueden reunirse en formaciones aéreas cambiantes llamadas murmuraciones. Las aves giran, bajan y aceleran a gran velocidad sin chocar, con figuras que se transforman en segundos antes de dirigirse a un lugar de descanso.
La investigadora Anne Goodenough, de la Universidad de Gloucestershire, explicó que no existen dos murmuraciones idénticas. La principal teoría sostiene que cada estornino sigue los movimientos de unos siete vecinos cercanos. Cuando uno altera su rumbo o velocidad, la reacción se propaga por la bandada como una ola.
Otra propuesta reciente plantea que las aves se orientan con elementos del ambiente y que la coordinación colectiva surge de sus múltiples interacciones. El motivo más aceptado para formar estas masas aéreas es defensivo: disminuyen las probabilidades de que un individuo sea capturado por halcones peregrinos o búhos campestres.
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Además, una bandada enorme multiplica la vigilancia y dificulta que el depredador mantenga la vista sobre una presa concreta. Una murmuración puede reunir hasta 750.000 aves, pero persiste una pregunta central: los científicos todavía desconocen qué individuo, o qué señal, determina el instante exacto en que el grupo desciende a dormir.
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