Cómo leer una etiqueta de vino: las claves para elegir mejor una botella

Varietal, añada, procedencia, graduación alcohólica y tiempo de crianza son algunos de los datos que aparecen en el envase y permiten conocer qué hay detrás de cada propuesta antes de descorcharla

Hombre caucásico de barba corta y camisa de mezclilla azul lee la etiqueta de una botella de vino tinto en un pasillo de supermercado iluminado.
El Instituto Nacional de Vitivinicultura exige incluir la graduación alcohólica, el tipo de producto y el volumen en el frente de la botella. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Así como las crisis generan oportunidades, también potencian la creatividad. Y eso es lo que se percibe en las góndolas desde hace varios años, en respuesta a la caída del consumo y las ventas. Es que la competencia se agudiza y ahí es cuando una etiqueta de vino puede hacer la diferencia: llama la atención del comprador y capta su interés.

Como la creatividad no tiene límites, las bodegas se animan a todo para ir en busca de nuevos consumidores. Lo que hasta hace treinta años era fácil hoy parece una misión imposible. Antes había solo dos categorías: vinos de mesa y vinos finos. Hoy, si bien esas categorías ya no existen, se puede decir que, en materia de segmentación de vinos, hay más de cien.

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A su vez, antes había muchas menos etiquetas y la gran mayoría seguía los mismos patrones de diseño y contenido. Por ejemplo, la mayoría de los tintos finos eran blends con nombres de fantasía relacionados con Francia. Pero todo cambió. Claro que para mejor, aunque eso complique, a priori, la elección.

Hoy existen más de mil bodegas que comercializan cerca de 10.000 etiquetas de vino en el mercado interno. Por suerte, hay claves y tips para interpretar los datos y la información que trae cada vino y así elegir mejor.

Primer plano de diez botellas de vino Malbec, algunas con corcho y otras con tapa, agrupadas sobre una mesa rústica de madera clara.
La mención de una Indicación Geográfica en el etiquetado identifica el origen delimitado del viñedo según los registros oficiales. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En primer lugar, la etiqueta es la cara del vino. Esto es así desde siempre, desde hace 8.000 años, porque los primeros recipientes de vino ya tenían algún tipo de nomenclatura para poder ser identificados. Esa señalización evolucionó con el correr de los siglos, aunque sin cambios revolucionarios.

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El siglo XXI presentó un desafío para la industria mundial del vino, ya que el consumo cayó de manera sostenida por diversos factores. Esto obligó a muchos productores a dejar las tradiciones de lado y animarse a innovar.

Cualquier consumidor puede pensar que, en materia de etiquetas de vino, está todo inventado, pero no es así. Siguen apareciendo diseños originales que sacuden el mercado y proponen nuevas maneras de contar, desde afuera, lo que hay dentro de cada botella.

Aunque las clásicas botellas de 750 cc siguen entre las más consumidas en todo el mundo, la oferta actual incluye envases de otros tamaños, bag in box —una bolsa plástica de 3 l con dispenser dentro de una caja de cartón—, Tetra Brik y hasta latas. Si bien en muchos de esos formatos alternativos no hay una etiqueta clásica de papel —como las que se usan en las botellas—, todos los diseños persiguen lo mismo: ser la cara del vino y llamar la atención del consumidor desde las góndolas para concretar la venta.

Vista de un largo pasillo de supermercado lleno de estanterías con cientos de botellas de vino y licores, con algunos clientes empujando carritos de compra al fondo.
Las etiquetas y contraetiquetas reúnen datos obligatorios y menciones optativas que ayudan a identificar el origen, el cepaje y la crianza de cada vino (Imagen Ilustrativa Infobae)

Por supuesto, cada país tiene su legislación y, en Argentina, todo está regulado por el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), que se fue actualizando para responder a las nuevas necesidades del mercado.

Para el INV, el etiquetado es “el conjunto de elementos fijos, adheridos o impresos en forma directa al envase y colgantes, utilizados para la presentación comercial del producto, con el fin de identificarlo gráficamente y suministrar al consumidor la información legalmente exigida y otra de carácter optativo”. Además, aclara: “Los dispositivos de cierre, como el corcho, por ejemplo, no forman parte del etiquetado. No obstante, toda inscripción que se incluya en los mismos deberá ser veraz y verificable”.

Esto quiere decir que hay menciones y datos obligatorios que, junto con la información complementaria, deben ser claros y no inducir a error, engaño o confusión al consumidor respecto del origen, la naturaleza, la calidad y las técnicas de elaboración de los vinos, entre otras cuestiones.

De esta manera, el consumidor sabe que puede confiar en las etiquetas de vino. El desafío es entender los datos consignados e interpretar esa información para lograr la mejor elección posible.

¿Qué dicen las etiquetas de vino?

Una pareja joven sonriente mira botellas de vino en la sección de licores de un supermercado, ambos sostienen botellas.
Las normas vitivinícolas consideran que un vino es varietal cuando contiene al menos un 85 por ciento de la misma cepa. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Se dice que la etiqueta de vino es su cara y que debe hablar por él en la góndola, ya sea en supermercados, vinotecas o restaurantes. También en las tiendas online.

Por eso, es fundamental saber leerla. Más allá de la información precisa que ofrece, mucha de la cual es obligatoria, hay datos complementarios que buscan persuadir al consumidor. Si bien la ley ampara al consumidor y obliga al productor a decir la verdad, muchas veces se recurre a descripciones ambiguas, de libre interpretación, que terminan complicando más de lo que ayudan, más allá de lo que aseguren los expertos en marketing.

En general, una botella de vino posee etiqueta y contraetiqueta. La marca, el tipo de vino, la graduación alcohólica —siempre expresada como porcentaje por volumen—, el contenido neto y el país de producción son datos obligatorios que deben consignarse al frente.

Luego, en el dorso, deberá figurar el nombre del fraccionador. En caso de envasado por cuenta de terceros —es decir, cuando una bodega fracciona vinos para otras bodegas—, se indicará el número de inscripción del establecimiento fraccionador ante el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) y los datos de la empresa o bodega para la que se efectuó el envasado, precedidos por el término “embotellado para”.

Copa de vino rosado y botella de Côtes de Provence sobre mesa de madera. Al fondo, viñedo verde, montañas y cielo azul a través de una ventana.
El origen geográfico y la variedad de uva permiten diferenciar estilos y características entre vinos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Acá aparece un primer dato que puede ser determinante o no, ya que muchos vinos elaborados en el país son fraccionados por terceros. En principio, esto no implica una desventaja, pero tener el control de todo el proceso, desde la viña hasta la botella, puede garantizar una mejor calidad final del vino que se va a descorchar.

Solo para satisfacer la curiosidad, si se ingresa en el registro del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) el número del establecimiento fraccionador, se puede saber en qué bodega se elaboró el vino en cuestión.

Quizás, entre los datos obligatorios, el más importante sea la sigla y el número de Análisis de Libre Circulación, otorgado por la dependencia correspondiente del INV, ya que ese certificado habilita al vino para su consumo. Por su parte, los vinos dulces deben consignar la cantidad de azúcar residual por litro que contienen.

El alcohol también es un dato que muchos consumidores empiezan a mirar de cerca, razón por la cual surgieron los vinos low alcohol, con hasta 10% de graduación alcohólica, aproximadamente. Si bien la gran mayoría de las regiones vitivinícolas de Argentina se caracterizan por la insolación y la buena madurez de las uvas, lo que permite obtener vinos con alto contenido de alcohol potencial, hoy ya no es tan importante que tengan 12, 13, 14 o 15 grados, siempre que mantengan equilibrio y frescura.

Una persona joven vierte vino de lata en una copa. En la mesa hay una baguette, uvas, queso y dos latas de vino. Al fondo, un paisaje de viñedos.
La caída del consumo de vino impulsó la aparición de formatos innovadores como latas y envases bag in box para captar consumidores. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Y la acidez es otro dato que ha ganado en importancia gracias a que los vinos más refrescantes se han puesto de moda, siempre expresada en gramos por litro. En general, los tintos poseen una acidez total de 5 g/l, los blancos un poco más, mientras que los espumosos y los dulces de cosecha tardía más aún. No obstante, hoy hay tintos con mayor acidez hasta 7 g/l y blancos más punzantes y filosos hasta 10 g/l; resultan mucho más refrescantes y a la vez fluidos en su paso por boca. Y como pasa con el alcohol, lo importante es el equilibrio general del vino.

El año de elaboración también es optativo, pero es algo a lo que las bodegas le dan mucha importancia y que en ciertas ocasiones puede ser clave para el consumidor. Cabe destacar que se trata del año de cosecha de las uvas.

Y si bien hasta hace poco no había tanta diferencia entre las añadas, la evolución de los vinos permite hoy percibir la influencia climática del ciclo en el estilo final logrado, más allá de ser un indicativo claro del paso del tiempo. Además, en vinos de alta gama, se puede tener en cuenta la “calidad” de la añada para elegir si descorchar o guardar un vino.

La denominación varietal también es importante para el consumidor, porque significa una gran ayuda que puede simplificar mucho la elección. La moda de los varietales se inició en los Estados Unidos en la década del 60, y le sirvió al Nuevo Mundo para poder competir de igual a igual con el Viejo Mundo, ya que para los nuevos consumidores que estaban surgiendo era mucho más fácil recordar Cabernet Sauvignon o Chardonnay, que el nombre de una región ignota, o de la Borgoña o Burdeos en Francia, por ejemplo.

La acidez de las bebidas se expresa en gramos por litro y alcanza valores de hasta 10 gramos en blancos refrescantes. (Imagen Ilustrativa Infobae)
La acidez de las bebidas se expresa en gramos por litro y alcanza valores de hasta 10 gramos en blancos refrescantes. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Pero hay otro dato curioso que se da en muchos países. Para que un vino sea considerado varietal, no necesita estar elaborado 100% con la misma uva: alcanza con que el 85% corresponda a esa variedad para lograr sus características organolépticas. Esto quiere decir que, si en la contraetiqueta no se especifica que la totalidad del vino es de un solo cepaje, lo más probable es que se trate de un blend, aunque para la ley sea un varietal.

Entre las menciones optativas, la que más importancia adquirió en los últimos años es el origen y, cuanto más específico, mejor, ya que todo nombre geográfico debe estar previamente reconocido y registrado ante el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV).

Por otra parte, cuando un vino obtiene el derecho de uso de una denominación geográfica correspondiente, como una Indicación Geográfica (IG) referida a un distrito o departamento, también tendrá derecho al uso del área mayor que la contenga. Por ejemplo: IG Vistalba, Vistalba, Luján de Cuyo, Mendoza.

Es importante conocer el origen más específico de las uvas, ya que los vinos actuales comienzan a ofrecer más carácter de lugar, más allá de la interpretación del hacedor. Como ocurre en el Viejo Mundo —Francia, Italia y España—, los vinos empiezan a diferenciarse más por su origen que por la variedad.

Un hombre descorchando una botella de vino tinto sobre una mesa de madera, con dos copas vacías y una mujer sentada en el fondo de una cocina rústica.
La contraetiqueta especifica los datos del envasador y aclara si el embotellado se realizó en una bodega de terceros. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La crianza del vino es fundamental para la elección de muchos consumidores, que encuentran en las notas de roble un gusto especial. Si bien acá no hay una reglamentación al respecto, los vinos “Reserva” suelen tener un paso por barrica de hasta un año, aproximadamente, mientras que los “Gran Reserva” pueden llegar a los 24 meses.

Pero esa crianza puede realizarse en barricas nuevas o usadas, de diversos orígenes —roble francés o americano— y distintos tamaños —barrica, foudre o tonel—.

El enólogo, hacedor o viticultor también es otro dato interesante, sobre todo en los vinos de alta gama. No hay expresión del lugar o del varietal si no es a través de la interpretación del hombre o la mujer que decide el momento de cosecha, el método de vinificación y el tiempo de estiba para lograr un vino específico.

Por último, están las marcas de vino que, sean conocidas o no, significan mucho. Las más reconocidas y tradicionales funcionan como un aval, sobre todo para los consumidores que no toman vino con frecuencia. Pero esto no implica que las marcas más nuevas u originales no puedan ofrecer la misma calidad.

Por eso, cada vino o marca debe hacer su camino de manera sostenida, cosecha tras cosecha, si quiere conquistar más paladares.

Hay mucha información en las etiquetas de vino que ayuda al consumidor a elegir mejor. El tipo de vino —tinto, blanco, rosado, espumoso o dulce—, si es varietal o blend, el cepaje, la cosecha, el origen y la crianza pueden ser datos básicos e indispensables para todo amante del vino. Pero no son los únicos que se pueden encontrar ni los únicos que pueden contribuir a una mejor elección.

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