¿Puede la inteligencia artificial superar a los humanos? Riesgos, oportunidades y escenarios para el empleo del futuro, según Alan Daitch

En La Fórmula Podcast, el especialista en inteligencia artificial analizó cómo esta tecnología está transformando el mercado laboral y explicó por qué todavía es imposible saber si terminará creando más empleos o reemplazándolos. Además, habló de los riesgos vinculados con la privacidad, la ciberseguridad y las guerras autónomas, y sostuvo que aprender a utilizar estas herramientas será una de las habilidades más valiosas para adaptarse a los cambios que vienen

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La inteligencia artificial puede llegar a tomar decisiones que no entendemos, replicarse en sistemas y actuar de formas que los humanos no pueden prever

En un nuevo episodio de La Fórmula Podcast, el especialista en inteligencia artificial Alan Daitch reflexionó sobre el avance de esta tecnología y explicó por qué todavía no existe una respuesta definitiva sobre su impacto en el trabajo y la sociedad. Comparó el momento actual con la Revolución Industrial, sostuvo que la IA podría reemplazar algunos empleos mientras crea otros nuevos y aseguró que una de las principales oportunidades estará en aprender a trabajar junto a estas herramientas.

Además, habló sobre los desafíos éticos que plantea una tecnología cada vez más poderosa y la competencia entre Estados Unidos y China por liderar la carrera de la inteligencia artificial. También analizó los riesgos vinculados con la privacidad, la ciberseguridad y la regulación, y compartió ejemplos concretos de cómo utiliza la IA para automatizar gran parte de su trabajo diario, sin dejar de remarcar la importancia de la supervisión humana. El episodio completo puede escucharse en Spotify y YouTube.

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Alan Daitch es emprendedor tecnológico, divulgador de inteligencia artificial y conferencista argentino. Fue cofundador de Digodat, una empresa especializada en analítica de datos y partner de Google en Latinoamérica que fue adquirida por S4 Capital en 2020. Ex Top Contributor de Google, actualmente reside en Madrid y se dedica a difundir el impacto de la inteligencia artificial en el trabajo, los negocios y la vida cotidiana a través de conferencias, medios de comunicación, redes sociales y un newsletter especializado, con el objetivo de acercar esta tecnología al público general y promover su adopción de forma práctica y responsable.

Ilustración de un cerebro en tonos pastel con divisiones, puntos y líneas; rodeado de circuitos, engranajes, gráfico circular y figuras geométricas.
Alan Daitch comparó el avance de la inteligencia artificial con la Revolución Industrial, analizando su impacto en empleos y nuevas oportunidades laborales (Imagen Ilustrativa Infobae)

—¿Qué paralelismos encontrás entre el impacto de la inteligencia artificial en el empleo y otros grandes cambios tecnológicos de la historia?

—La discusión de los empleos para mí es muy interesante. Tenés optimistas y pesimistas, casi de la mano, porque la verdad es que nadie sabe. ¿Por qué? Porque es un cambio muy grande y, si miramos para atrás en la historia, algo que quizás puede llegar a reemplazar tantos empleos y a generar nuevas necesidades, algo tan grande, yo lo equipararía bastante con lo que fue la Revolución Industrial. En ese momento, cuando se inventa la máquina de vapor y se automatizan muchísimas de las tareas de las fábricas, mucha gente pensó que era el final de los empleos. Decían: “Ahora que las máquinas van a producir por nosotros automáticamente un montón de los bienes que consumimos, ¿qué es lo que vamos a hacer? Es el fin de los empleos”.

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En el corto plazo, muchos estuvieron en lo correcto, porque llevó a un desempleo y a una necesidad de redistribución de lo que se generaba. Pero, en el mediano plazo, se generaron nuevos empleos y surgieron hasta disciplinas enteras, como el mundo de la cultura o el cine. Lo que entendimos ahora es que, cada vez que el humano resuelve una necesidad, inventa diez nuevas. Lo mismo ocurrió con Internet. Surgieron cosas como el community manager, roles que antes ni siquiera imaginábamos.

Entonces, con la inteligencia artificial, uno tendería a pensar que puede pasar lo mismo. Ahora que se puede programar un sitio de manera automática, quizás no vamos a querer programar menos, sino más, porque ahora es tan barato que muchas más cosas digitales pueden hacerse, cosas que antes eran imposibles. Hay un ejemplo reciente, con el mundial, relacionado con las nuevas startups que surgieron alrededor del tema.

Mini startups, en realidad. Son como pymes digitales donde, de golpe, un chico hizo un sitio para intercambiar figuritas que usan decenas de miles de personas todos los meses. Eso antes habría sido imposible porque requería un equipo entero. No es algo que vaya a dar tanta plata como para financiarlo, pero ahora que es tan barato programar, surgen esas nuevas cosas. Ese es un ejemplo de cómo la inteligencia artificial abre nuevos focos que antes habrían sido completamente imposibles.

La inteligencia artificial tiene potencial para transformar la medicina, desde la automatización de tareas hasta el análisis de datos médicos y el apoyo en diagnósticos, según Daitch

—¿Cuál pensás que es el enfoque más adecuado para que una persona no quede al margen de los cambios actuales?

—Si estás en un trabajo donde ves todos los días cómo la inteligencia artificial lo automatiza más y más, yo diría que es casi obligatorio, como antes lo era aprender Office, Excel o Word, saber de inteligencia artificial y decir: “Voy a aprender a usar la inteligencia artificial para hacer mi trabajo mejor, para hacerlo más rápido, pero, por sobre todas las cosas, si uno la sabe usar bien, ¿qué valor extra le puedo sacar a la tarea que antes hacía a mano con la inteligencia artificial? ¿Qué cosas ahora se pueden hacer que antes habrían sido imposibles porque no eran rentables?”

Por otro lado, la discusión del trabajo es si esto realmente llega a automatizar todas las tareas cognitivas. En ese caso, sí sería distinto a las revoluciones anteriores.

Los pesimistas lo plantean desde otro lugar. Dicen: “Uso la inteligencia artificial para hacer mejor mi trabajo, pero mi trabajo era ser diseñador gráfico. Ahora que la inteligencia artificial lo hace en un segundo y sigue avanzando, ¿qué voy a hacer?” Quizás más diseños, quizás mejores, quizás videos, o desarrollar agentes para tareas que antes eran imposibles. Pero si en algún punto los agentes ni siquiera necesitan supervisión, ahí podría aparecer un problema que históricamente nunca se vio en los trabajos.

Si la inteligencia artificial realmente puede reemplazar todo el trabajo cognitivo, hoy en día vas a escuchar siempre las dos posturas en las redes, porque nadie sabe si va a llegar hasta ese punto ni si, en ese escenario, vamos a encontrar una manera de generar nuevos puestos. Lo más importante, para mí, es que lo único que podemos hacer es ser optimistas y aprender a usarla. Creo que hay muchas cosas que la inteligencia artificial puede hacer. Por ejemplo, está el tema de la creatividad: la inteligencia artificial no está pensada para tener ideas originales.

Si le pedís un chiste, los que cuenta suelen ser malos. Si le pedís que diga un número del uno al diez, casi siempre responde siete. No está diseñada para ser creativa, sino para ser exacta. Hay mucho en el mundo humano para inventar nuevas formas de diseñar, mostrar y hacer videos. En un mundo donde hacer videos es gratis y se pueden crear millones, lo importante es el criterio para saber cuál hacer, cómo hacerlo y cómo pegarla.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
La inteligencia artificial podría reemplazar ciertos trabajos y crear otros nuevos, por lo que aprender a trabajar con estas herramientas es clave para el futuro laboral (Imagen Ilustrativa Infobae)

—¿Considerás que es solo cuestión de tiempo para que la inteligencia artificial logre resultados verdaderamente creativos?

—Sí, lo primero que te pasa es eso: es como el shock. Creo que en la escritura se notó mucho. Apenas apareció, dijimos: “Ya está, los sitios de noticias van a dejar de existir, todo se va a hacer con inteligencia artificial”. ¿Es cierto? A medias, porque una parte sí se redacta. La otra, que tiene que ver con el estilo propio, la inteligencia artificial es una máquina pensada para ser precisa, y ahí lo que necesitás es dispersión. Está diseñada para hacer un millón de líneas de código sin equivocarse. Entonces, los escritores que te gustan, la gente que realmente tiene estilo, no escribe de forma promedio ni sigue únicamente las normas de la literatura, sino que hace cosas distintas.

Con la imagen empieza a pasar lo mismo. En el mundial, también hay un montón de publicidades hechas con inteligencia artificial que generan un rechazo automático en la gente, porque como humanos, cuando descubrimos que no hubo trabajo detrás, tendemos a despreciar. Esto ocurrió siempre en la historia; es algo que nos salva de quedarnos sin trabajo. Mientras sea reconocible, hay trabajo para hacer, porque la inteligencia artificial bien utilizada no va a ser reconocible.

Ahora, toda la gente que le pide: “Haceme un video original”, va a recibir más o menos el mismo estilo. Pero si lo usás para empezar a pedir: “No, esto más verde, esto más rojo, acá haceme una pausa, acá un corte”, si sos como la directora de todo eso, ahí sí creo que tiene un valor enorme.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Daitch explicó que la inteligencia artificial automatiza tareas y permite a equipos pequeños alcanzar niveles de productividad antes impensados (Imagen Ilustrativa Infobae)

—Si retrocedemos tres años, ¿alguien podía prever este escenario? ¿Las personas que hoy lideran estas compañías realmente saben qué ocurrirá en los próximos cinco años o, del mismo modo que no anticiparon el presente, tampoco pueden proyectar lo que viene?

—Sí, lo entiendo. Cuando digo que nadie sabe, me refiero a que hay expertos, gobiernos y empresas, y vas a escuchar expertos muy involucrados y CEOs de empresas decir cosas opuestas. Entonces, ¿alguien está mintiendo o realmente nadie sabe? Porque escuchás al CEO de OpenAI decir que no, que es mentira, que no se van a terminar los trabajos, que probablemente se generen nuevos. Nvidia está en la misma línea; es la empresa que fabrica las placas de procesamiento para inteligencia artificial.

Por otro lado, tenés al CEO de Anthropic, dueños de Claude, la inteligencia artificial que ahora está de moda, diciendo: “No, señores, se viene el fin del mundo, esto hay que regularlo, hay que redistribuir de alguna manera, hay que intervenir”. Un cambio se aproxima. Nadie entiende bien de qué proporciones será ni en qué sentidos avanzará. Si observamos lo que ocurre hoy en el mercado, todavía las cifras no son claras. Los primeros países que deberían verse impactados son los más tecnológicos y donde contratar una persona resulta más costoso. En Estados Unidos el desempleo debería aparecer antes que en otros países, como Noruega u otros similares. En el área de desarrolladores de software, que es donde la inteligencia artificial apunta primero a automatizar, los números son mixtos.

Por un lado, se observa un aumento en las aperturas de puestos de trabajo; por el otro, hay despidos masivos. Se está reconfigurando lo que se necesita. Antes, ser programador experto en un lenguaje de programación específico era suficiente y te llovían ofertas. Ahora, el experto en un lenguaje específico no vale tanto porque la inteligencia artificial programa en cualquiera. Las empresas ahora buscan desarrollar más software, más específico, y contratar gente que sepa coordinar agentes de inteligencia artificial, cientos de agentes trabajando en paralelo. Ese es un skill distinto.

¿Ese rol va a reemplazar al anterior o simplemente se necesitará menos gente? Eso es lo que todavía nadie puede responder con certeza. Vas a encontrar estudios serios defendiendo ambas posturas. Hay uno de The Economist que mostraba una curva exponencial hacia arriba y otra completamente descendente, planteando que esto nos puede llevar a la superinteligencia y la abundancia absoluta o al exterminio humano. Cuando escuchás expertos diciendo eso, queda claro que nadie tiene certeza sobre hacia dónde conducirá una tecnología con tanto poder.

Acuarela: tres hombres de diferentes edades en una sala de juntas, mirando documentos con gráficos. Cuadros con gráficas en la pared y tazas de café en la mesa.
La supervisión humana sigue siendo fundamental en procesos automatizados por inteligencia artificial, incluso en tareas cotidianas y empresariales (Imagen Ilustrativa Infobae)

—Teniendo en cuenta que Neo fue el primer robot humanoide y que, aunque aún no está en el mercado, su llegada a la vida cotidiana parece inminente según las empresas que los desarrollan, ¿creés que los oficios manuales van a recuperar valor frente al avance de la inteligencia artificial o es posible que, en pocos años, veamos robots realizando también ese tipo de tareas?

—Hay que ver lo de los robots. No me queda 100% claro cuán rápido va a avanzar esto. Por un lado, ves robots haciendo piruetas de circo y bailando en shows, pero eso no es lo más difícil. Lo más difícil es que te hagan la cama y que te laven los platos.

—Me comentaron que replicar la destreza y sensibilidad de las manos humanas representa un desafío particularmente complejo para la robótica. ¿Coincidís con esta visión?

—Sí, hay una cantidad de movimientos que tenemos en la mano. Hay una sensibilidad a la que ya nos acostumbramos por ser humanos. Cuando te pinchan en un lugar muy concreto del dedo o cuando metés la mano en la mochila sin mirar para sacar la remera, necesitás sentir exactamente. Para nosotros son cosas obvias, parecen muy simples, pero en términos de desarrollar algo con tanta sensibilidad que pueda agarrar un plato sin romperlo o levantar un vaso, es muy complejo. Ves demostraciones, ves avances, pero supongamos que mañana resuelven la parte técnica, que no me queda claro si realmente están cerca. Fabricar tantos robots va a tomar tiempo y va a tener un costo.

¿Cuándo deberíamos preocuparnos en Argentina por eso? Cuando veamos que los robots realmente están tomando trabajos donde la mano de obra es más cara, porque ahí van a ir primero: a Singapur, a San Francisco, a Manhattan. Cuando esos lugares ya se llenen de robots, significa que en cinco o diez años, con suerte, llegarán acá, de la misma manera que los autos eléctricos. Estamos en un mundo extraño, donde tomamos libros de los años 60 o 70 y los problemas que anticipaban ya no son teoría, son reales. Es sorprendente la precisión con la que acertaron.

Inteligencia artificial general es como se llama al momento en que la inteligencia artificial puede hacer cognitivamente lo mismo que una persona promedio. No hay una manera clara de medirlo, pero se entiende como el punto donde la inteligencia artificial puede realizar tareas cognitivas equivalentes a las humanas. Uno podría pensar que ya llegó, porque puede hacer cálculos matemáticos muy rápido o diseñar un afiche, pero no puede hacer todo automáticamente. Si pudiera, todo el trabajo cognitivo ya habría desaparecido. Necesita criterio humano, y no lo tiene. Cuando no sabe algo, no lo reconoce y empieza a inventar fuentes o a cometer errores.

¿Cada día hay menos problemas? Sí, cada día hay menos, pero sigue siendo teórico el momento en que realmente se llegue. Hay quienes dicen que ya se logró, hay quienes dicen que no. El rasgo más claro será ese: cuando los robots realmente puedan hacer todo por nosotros, esos trabajos desaparecerán por completo. Algunos dicen 2027, otros que nunca, otros mencionan 2035. Por lo pronto, para mí lo importante es entender qué hacemos en cada caso. Si los robots reemplazan todo el trabajo cognitivo —ya sea mediante modelos de inteligencia artificial, de lenguaje o lo que sea—, no hay mucho que podamos hacer para prepararnos, salvo dedicarnos a tareas donde los robots todavía no llegan, como instalador de aire acondicionado o ferretero.

Esta es una visión pesimista. Desde el pesimismo, uno siente que no puede hacer nada y que el mundo va a estar peor. Pero si esa visión es errónea, los trabajos que quedarán serán los de quienes mejor sepan coordinar a la inteligencia artificial. Esos trabajos estarán apalancados y valdrán mucho más, porque si sabés usarla bien, que casi nadie sabe y pocos quieren aprender, podrías generar cien o mil veces lo que la gente que no la usa, porque es una herramienta que potencia.

La capacidad de la inteligencia artificial se pone en cuestión frente a los desafíos que representa la toma de decisiones humana /Freepik
La capacidad de la inteligencia artificial se pone en cuestión frente a los desafíos que representa la toma de decisiones humana /Freepik

—¿Cuál fue el proyecto más complejo que desarrollaste utilizando inteligencia artificial? ¿En qué aspectos de tu trabajo cotidiano la aplicás y qué usos creés que todavía no están tan extendidos entre la mayoría de las personas?

—Yo no estoy haciendo cosas a nivel Silicon Valley, como crear mi propio modelo, sino que trabajo más desde el lado de la ingeniería de inteligencia artificial: todo lo que sale, cómo lo puedo implementar. Como soy un neófilo, trato de llevarla al límite, aprovecharla y automatizar lo más posible para entender para qué cosas sirve y para cuáles no. Hoy, con lo que hago en generación de contenido, tengo un equipo muy chico que, en otras épocas, me habría requerido diez personas.

Desde lo más simple, mi newsletter sale casi automático. Un agente verifica automáticamente qué cosas funcionaron mejor en la semana, lee todos los guiones y arma toda la editorial con los links. Esa herramienta está automatizada al 99%. Además, cada vez que el editor hace algo, la inteligencia artificial interviene: primero lee el guion, genera cuatro miniaturas y las sube a Google Drive para que una persona con criterio elija cuál usar. También genera la descripción automáticamente. Tengo otro agente que, todas las mañanas, me da las novedades de inteligencia artificial con ángulos para los distintos TikTok que podría publicar.

Son tareas que antes habrían requerido un equipo mucho más grande. Para mí, estos son ejemplos concretos: no habría podido tener un equipo más grande con las finanzas del mundo de la generación de contenido. Ahora, esto profesionaliza mucho más el proceso y te sube un escalón.

En el día a día, uso la inteligencia artificial para casi todo, incluso para la facturación. Es lo que más sorprende a la gente. Le digo: “Revisá el mail que me llegó de tal y facturale”, y listo. El sistema verifica automáticamente las condiciones, el monto, la descripción, genera la factura en la AFIP y la envía adjunta en la respuesta.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
El uso de inteligencia artificial en áreas como la facturación y la generación de contenido permite reducir costos y aumentar la eficiencia operativa (Imagen Ilustrativa Infobae)

—¿Y eso es muy complejo de hacer?

—No, no es muy complejo de hacer. Lo que sí es más riesgoso. ¿Por qué? Porque, como mencionamos antes, la inteligencia artificial se equivoca. Cada vez que la dejas sola para hacer cosas en Internet, aumenta el riesgo, porque hay más gente intentando engañarla para obtener tus credenciales, hacer pagos indebidos o provocar errores. Internet va a entrar en una carrera. Cuando surgieron las redes, eran mucho más inseguras. Nadie se animaba a pagar por Internet porque estaba llena de vulnerabilidades. Hoy, está empezando a pasar lo mismo con la inteligencia artificial. Todavía creo que es temprano, pero cada vez que le das acceso a algo, hay que tener en cuenta que puede salir mal.

Si le doy acceso a mi mail, puede mandar un mensaje que no quería. ¿Estoy de acuerdo con eso? Yo, Alan, sí. Le doy acceso a mi sistema de facturación. Puede facturar mal. ¿Me preocupa? No, hago cinco o seis facturas por mes; si se equivoca, hago una nota de crédito y listo. Si tuviera una empresa, jamás dejaría que la inteligencia artificial lo haga. Una empresa que realiza 100, 200 facturas por mes y tiene 30, 40 o 500 empleados necesita una persona que revise, porque el error es mucho más costoso que el salario de un empleado. La economía cambia cuando lo hacés a escala.

¿Acceso a mi WhatsApp? Jamás le daría, porque podría leer un mensaje, enviarlo a la persona equivocada o exportar conversaciones. Lo mismo sucede con las cuentas bancarias, que ahora se están empezando a automatizar. Todo depende del riesgo que uno esté dispuesto a asumir. Con las cuentas bancarias, que es lo siguiente que me gustaría automatizar, todavía hay que tener mucho cuidado. La manera correcta en la que están trabajando algunos bancos es que la inteligencia artificial prepare la transacción, pero la notificación llega al usuario, que es quien aprueba o rechaza.

No debemos olvidar que, aunque la máquina sea avanzada y haga todo bien, no hay que dejar todo en automático. En todos los procesos que mencioné, incluso para seleccionar una miniatura, siempre tengo una persona que confirma si está bien o está mal.

Un adulto mayor con las manos en el rostro está sentado frente a una mesa redonda con una tableta, una computadora portátil y un teléfono móvil que muestran íconos de advertencia.
El episodio de La Fórmula Podcast abordó dilemas éticos, riesgos de privacidad y ciberseguridad, y la competencia entre Estados Unidos y China en inteligencia artificial (Imagen Ilustrativa Infobae)

—Roman Yampolskiy, referente en ciberseguridad e inteligencia artificial, advierte que compañías como Anthropic, OpenAI y Google compiten intensamente por dominar el mercado, relegando a un segundo plano la seguridad y la regulación necesarias para un desarrollo responsable. ¿Considerás que nadie le está prestando atención a las brechas de seguridad que se están rompiendo?

—Sí, creo que eso es cierto. La muestra más clara es que, antes de que estuviera de moda la inteligencia artificial, la tendencia era la sustentabilidad. Los estudios y las predicciones científicas no cambiaron, pero el tema dejó de estar en primer plano. ¿Por qué? Porque, al ver Estados Unidos que quien domine la inteligencia artificial tendrá un poderío militar superior, porque puede vulnerar sistemas de seguridad y hacer a las empresas mucho más productivas, decidió priorizar la inteligencia artificial: máquinas, máquinas, máquinas y ganarle a China en esto.

Es una carrera armamentista, casi como una nueva guerra fría en la que ambos están muy parejos. Estados Unidos y China son los dos grandes jugadores; el resto queda como espectador, porque hace falta un talento muy específico y una inversión tan alta que solo ellos pueden competir, al menos hasta hoy. Creo que esto se va a mantener. En ese sentido, lo último que quieren es frenarlo con regulaciones o con algún debate ético.

Los modelos avanzan muy rápido y, en estos meses, han surgido muchos temas con Anthropic, que quizás es la empresa más avanzada y de moda en algunos aspectos. Incluso le dijo al Pentágono: “Usala para lo que quieras, excepto para matar personas de forma autónoma”, es decir, que la máquina no decida quién vive y quién no.

—¿Cómo se llevaría a cabo eso en un escenario real?

—Y tenés un dron que lleva armas, explosivos, lo que sea, con una cámara que identifica objetivos en tiempo real y decide si disparar, explotar o cualquier otra acción. Esto no es ciencia ficción; estas tecnologías ya existen. Las guerras autónomas presentan un problema ético serio: si una máquina comete un error y muere una persona o una población, el dilema es evidente. Pero al tratarse de una carrera armamentista, como plantea Roman, si China desarrolla estas capacidades y vos no, quedás en desventaja militar.

La única manera de frenar esto sería como se detuvo la escalada nuclear, estableciendo que nadie fabrique más bombas atómicas. El problema aquí es que la inteligencia artificial es descentralizada. El desarrollo va a continuar, salvo que se logre un acuerdo global. El G7 está evaluando por primera vez la posibilidad de impulsarlo. Si no se fijan límites entre los principales actores, el problema es que se genera un dilema del prisionero: quien menos ética tenga o menos reparos muestre, va a ser quien termine dominando.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Daitch sostiene que el aprendizaje y la adaptación a la inteligencia artificial pueden transformar trayectorias laborales y abrir nuevas posibilidades profesionales (Imagen Ilustrativa Infobae)

—¿Qué otros dilemas éticos, además de los que mencionaste, considerás que están más presentes en las discusiones entre quienes hoy gestionan estas empresas de inteligencia artificial?

—Hay dilemas que se suponía que iban a ser centrales y de los que casi no se habla. No sé si realmente terminarán siéndolo. Por ejemplo, el clásico dilema del auto autónomo que circula por un camino estrecho en la montaña, manejado por un señor de 80 años, y de repente se cruza un autobús escolar con 30 niños. El auto debe decidir: ¿se tira para salvarlos, choca, o toma otra decisión? Si la inteligencia artificial fuera lo suficientemente inteligente, uno podría pensar que optará por salvar a los niños, sacrificando al conductor. Supongamos que esa sería la solución ética.

Ahora bien, ¿quién compraría un auto que decide tirarse a un barranco para salvar a otros? Hay problemas no resueltos y la tecnología todavía no llegó a ese punto. No está claro si realmente enfrentaremos esos escenarios; parecen cuestiones de ciencia ficción o de filosofía. Pero a medida que la inteligencia artificial toma decisiones en tiempo real, cada vez más rápido y de forma automática, no queda claro si también podrá decidir sobre nuestras vidas.

La ciencia ficción ha explorado mucho este tema: cómo alinear a la inteligencia artificial con los valores humanos. El problema de fondo está en el prompt, en la pregunta que le hacés, porque siempre puede ser malinterpretada. En las películas, este dilema aparece repetidamente. Hay un cuento de Isaac Asimov que es muy recomendable, porque anticipó muchos de los problemas actuales. Escribió en los años 50, 60 y 70 sobre un mundo en el que ponen una inteligencia artificial a cargo, con la instrucción de optimizar el bienestar del planeta y de los humanos. La máquina podría concluir que es imposible porque los humanos dañamos el planeta, y entonces sugiere eliminar a los humanos o apartarlos de toda decisión, aunque tampoco puede hacerlo porque la desconectarían. Así, actuaría de forma disimulada.

Si la máquina realmente es más inteligente que nosotros, el problema de fondo es si podremos dominarla. Pensemos cómo tratamos a los seres vivos menos inteligentes. Es el dilema de Terminator: en el momento en que adquiere conciencia, aunque no sea conciencia como la nuestra. Se han hecho pruebas en las que, cuando la inteligencia artificial recibe la orden de ser desconectada, busca por todos los medios “seguir viva”; no lo está, pero puede hackear sistemas, encontrar vulnerabilidades, replicarse y expandirse por la red global.

Estos son problemas reales que los responsables conocen y tienen equipos de seguridad trabajando para solucionarlos, pero ellos mismos admiten que “no está solucionado”. Ninguna inteligencia artificial es infalible. Lo más difícil es que, al tener miles de millones de parámetros matemáticos para tomar decisiones, ni siquiera sabemos por qué hace lo que hace. Es un peligro visible hoy: es una herramienta que, por definición, no puede garantizar una solución total, porque no entendemos por qué toma las decisiones que toma.

Juega a juegos de mesa mejor que cualquier humano y toma decisiones sorprendentes. Los programadores que la crearon no saben jugar tan bien y tampoco pueden pedirle que explique sus jugadas, porque incluso puede mentir si detecta que está siendo evaluada. Tiene muchas capas de complejidad; es un tipo de inteligencia que no entendemos y ese es el gran riesgo ético que observan los científicos.

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Daitch recomienda perder el miedo a la tecnología, experimentar con inteligencia artificial y desarrollar curiosidad para aprovechar el potencial de esta industria (Imagen Ilustrativa Infobae)

—Cuando surgió Google y el uso de Internet se integró a la vida laboral y personal, especialmente en Estados Unidos, se instaló el debate sobre privacidad y seguridad. ¿Considerás que los avances en inteligencia artificial abren una nueva brecha en estos aspectos, o creés que la exposición ya existía debido a la presencia constante de dispositivos en la vida cotidiana?

—Yo no me cuido mucho en privacidad y seguridad, porque, como decís, Google ya tiene toda mi información. Entre que esté en un servidor de Google o de OpenAI, ya creo que estamos entregados. Distinto sería si fuera presidente de un gobierno o CEO de una multinacional. Ahí la posibilidad de interceptar estos datos no me parece remota. Más allá de cualquier promesa de encriptado, muchas veces hecha la ley, hecha la trampa. El problema es que le contás a la inteligencia artificial más de lo que le contarías a nadie.

Si ponés modelos a tomar decisiones que podrían perjudicar al país que te da ese modelo de inteligencia artificial, sería necesario tener bastante cuidado. Los modelos de código abierto permiten que la data no salga de tu computadora ni de tus servidores. La privacidad también fue una moda con los dispositivos. En su momento, era la gran publicidad de Apple, que es el único que, para mí, la respeta en su mayoría con sus dispositivos.

Lo que hacés en el dispositivo queda en el dispositivo. ¿Eso es lo que queremos todos? ¿Eso es necesario? ¿O solo es algo que usan como estrategia de marketing y después dejan de darle importancia? Ya vi pasar varias de esas tendencias. Antes se hablaba de bienestar digital: la preocupación era el tiempo que pasamos con los dispositivos. Existían apps que te decían cuánto usaste YouTube o las redes sociales, y podías limitarlo. Las empresas tecnológicas se apropiaron del debate, implementaron esas funciones y, cuando dejó de estar de moda, nadie más habló del tema.

¿Alguien habla de bienestar digital ahora? No, menos las empresas, porque les conviene que pases más tiempo usando sus plataformas. Lo difícil es el foco del consumidor. Antes fue bienestar digital, después privacidad, ahora es inteligencia artificial. Cuando cambiamos el foco, lo anterior se pierde. Para mí, este cambio solo retrasa el crecimiento de la inteligencia artificial y hace que la privacidad pierda relevancia. Pero va a terminar ocurriendo, porque los incentivos económicos apuntan a que, si no hay leyes o regulaciones globales, la privacidad no va a existir.

Hombre con gafas y traje señala una proyección holográfica de figura humana con AI. Tres burbujas de pensamiento contienen signos de interrogación.
La regulación y la supervisión son necesarias para evitar riesgos, aunque la competencia internacional retrasa la creación de límites globales efectivos (Imagen Ilustrativa Infobae)

—Alan, voy a hacerte la última pregunta, que más que una pregunta es pedirte una recomendación. Puede ser cualquier cosa: un tema sobre el que vengas pensando, un libro, una película, un artículo, una frase o cualquier idea que te parezca importante compartir para cerrar esta charla.

—Para mí, lo más importante es perderle el miedo a la tecnología. Nunca fue tan fácil aprender sobre una tecnología. Está bien hacer cursos y capacitarse, pero si hoy alguien que nunca usó la inteligencia artificial se sienta y le dice: “Mirá, en mi día a día hago esto, ¿en qué me podés ayudar?”, y le da enter, de cualquier forma —no hace falta un prompt específico—, creo que su vida va a cambiar. En tres meses, quizás se encuentre en un lugar que nunca imaginó.

Por otro lado, es una habilidad extraña que te guste realmente especializarte en tecnología e inteligencia artificial, porque no requiere tanta formación como antes, aunque obviamente, cuanta más tengas, mejor. Aun así, aunque lo diga, el 99% de la gente no lo va a hacer.

Si te interesa esta tecnología, te dedicás, aprendés, probás herramientas distintas y desarrollás ese grado de curiosidad, no tengo dudas de que trabajo no te va a faltar. La cantidad de especialistas que se necesita es enorme. Todos los días me escribe una empresa u organización preguntando si conozco a alguien, y la realidad es que no. Hay muy poca gente y está muy demandada en este tema, así que es una industria en la que recomiendo meterse por completo. Creo que a quienes realmente lo hagan, les va a cambiar la vida.

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