Día del Chardonnay: 20 vinos argentinos para brindar en su honor

Cada año, la cepa cobra protagonismo en las mesas de todo el mundo y convoca a descubrir etiquetas que reflejan la diversidad, el carácter y la evolución de los blancos nacionales en distintas regiones del país

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Copa de vino blanco, racimos de uvas blancas y un sacacorchos sobre mesa de madera. Viñedos verdes difuminados se extienden en el fondo soleado.
El Día Internacional del Chardonnay se celebra desde 2010 en Estados Unidos y Argentina es uno de los principales países productores y consumidores (Imagen Ilustrativa Infobae)

Si bien es una fiesta que se lleva a cabo desde 2010 y se originó en los Estados Unidos, con el correr de los años y la influencia de las redes sociales, muchos amantes del vino se sumaron y aprovechan para brindar con la reina de las uvas blancas. El Día Internacional del Chardonnay se celebra el jueves anterior al Día de los Caídos en los Estados Unidos, pero se celebra en los principales mercados de consumo. Y la Argentina es uno de ellos, además de ser uno de los productores vitivinícolas más importantes.

Acá, la Chardonnay es una variedad muy plástica y se elabora en muchas zonas, desde Buenos Aires cerca del mar hasta toda la región cordillerana, principalmente en Mendoza y San Juan, pasando también por Patagonia y el NOA.

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Actualmente, en el mundo ya se sabe que los vinos blancos pueden ser tan buenos, o incluso mejores, que los tintos. Esto presenta un cambio de paradigma y responde además a la nueva tendencia de beber vinos más frescos y livianos para acompañar las comidas. Puntualmente en la Argentina, el auge de los blancos en general, y del Chardonnay en particular, se da en el marco de una “revolución” de la gastronomía de mar, con Mar del Plata como epicentro.

Hasta hace algunos años se decía que la Argentina le daba la espalda al mar y, por eso, su gastronomía se apoyaba tanto en la producción del campo, principalmente las carnes rojas, lo que impulsaba el consumo de vinos tintos, y por ende su mayor producción. Pero en los últimos años esto empezó a cambiar: los pescados y las frutas de mar dejaron de ser delicias de verano para pasar a formar parte de la mesa de los argentinos más seguido.

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Un racimo grande de uvas Chardonnay de color amarillo verdoso cuelga de una rama de parra con hojas verdes vibrantes iluminadas por el sol.
La variedad Chardonnay se produce en zonas que van desde Buenos Aires hasta la Patagonia y el NOA, abarcando regiones de mar y montaña (Imagen Ilustrativa Infobae)

Además, en la alta gastronomía, la mayoría de los chefs buscan destacarse con platos a base de pescados. Y estos van mejor con tintos livianos o con blancos delicados y frescos. Por eso se explica que cada vez sean más y mejores los vinos blancos disponibles en el mercado local.

De todos los blancos nacionales, siempre los más pretenciosos fueron, son y serán a base de Chardonnay por más que existan algunas excepciones a manos de algún Torrontés, Sauvignon Blanc, Semillon o White Blend. Esto se debe a que es la variedad blanca más famosa del mundo por dar los blancos más prestigiosos, elaborados en la Borgoña (Francia) y también ser una de las dos variedades más importantes del Champagne, el vino más famoso del mundo.

Por sus características y capacidad de adaptarse a diferentes terroirs, también da los blancos más destacados en regiones famosas del mundo como ser Oregon y Washington Estate en Estados Unidos, Victoria y Margaret River en Australia, Valle del Limarí en Chile, y Gualtallary en la Argentina, por ejemplo.

Para lograr Chardonnay excepcionales, la clave estaba en el terroir, el lugar es lo único que no se puede “copiar” y lo que más influye en el carácter de un vino. Por eso, cuando se sube tanto la vara cualitativa, la variedad ya no importa tanto como el lugar, aunque sea “el vehículo” para mostrarlo. Y así como pasó primero con los tintos, ahora sucede con los blancos. Por eso, los buenos “Chardo” hablan más del lugar que de su composición, a través del carácter y las texturas o de cómo se vinificaron.

Una mano sostiene una botella de vino negro y vierte vino blanco dorado en una copa de cristal transparente, con burbujas visibles.
El auge del Chardonnay en Argentina acompaña una revolución en la gastronomía de mar, con Mar del Plata como epicentro de este cambio (Imagen Ilustrativa Infobae)

Sin dudas, esto significa una revolución dentro de la industria porque ha cambiado la forma de ver y de concebir los vinos blancos. Hoy se pone al vino en el centro, teniendo en cuenta el componente de lugar, los intérpretes (los hacedores) y la marcha climática del año por su influencia. Esa interacción, que está muy ligada a las características del lugar mucho más que al método o a la ideología, es la que hace posible que surjan los grandes vinos.

Al no contar con el aporte de los hollejos durante la vinificación, resultan vinos más frágiles y, por ende, precisan de una acidez natural bien marcada, si se pretende trascender en el tiempo. Para ello, los suelos más pedregosos y sueltos -para que las raíces calen hondo- son los ideales. Hay muchos de terruños en la Argentina, ideales para elaborar Chardonnay, pero no tantos para concebir grandes exponentes.

Puede ser un lugar a mayor o menor altura, más cerca o más lejos de la montaña o de la costa, en distintas latitudes y con diferentes pendientes. Todo influye en las medias de temperatura a lo largo del ciclo, favoreciendo la retención de una mayor acidez natural en las uvas. Pero todos deben ser lugares donde predominen las bajas temperaturas medias, ya que las uvas blancas son más delicadas, y sufren más la luz mucho más que las tintas.

Hasta hace poco tiempo, casi nadie hubiera imaginado que un Chardonnay es uno de los mejores vinos argentinos, aunque todavía son pocos los grandes exponentes.

Una persona sostiene una copa de vino blanco junto a una sartén de paella de mariscos humeante, decorada con limón y romero, sobre una mesa de balcón.
En los últimos años los pescados y mariscos comenzaron a estar más presentes en la mesa argentina, impulsando el consumo de vinos blancos (Imagen Ilustrativa Infobae)

A fines de los ’90 eran concebidos a imagen y semejanza de los americanos. Densos, golosos, maduros y con mucha influencia del roble, aunque el paradigma siempre fue la Borgoña francesa, con todas sus delicadas austeridades. Hoy, para hacer los mejores Chardonnay, se buscan parcelas especiales dentro de las viñas con suelos más profundos, donde las rocas predominen y el carbonato de calcio aporte lo suyo.

Y luego en bodega, muchos se animaron a dejar que sus vinos se expresaran “sin vestirlos” demasiado. Pueden fermentar en barricas, pero seguro serán usadas, para evitar las notas del roble. También en piletas de cemento, sin miedo a la acción de la oxidación porque los enólogos ya saben que esos colores amarronados que imparten miedo, luego devienen en cristalinos y brillantes tonos amarillos al decantar el vino naturalmente. Todos estos hallazgos han permitido que hoy los Chardonnay se suban al podio de los vinos argentinos.

Las claves del Chardonnay argentino

Es cierto que existen muchas más variedades de uvas tintas de vinificar que de blancas en todo el mundo. Sin embargo, eso no significa que sean mejores o más complejos, ya que existen grandes blancos, elegantes y que mantienen sus atributos por varias décadas. Su secreto no está en el cuerpo sino en la acidez, la columna vertebral de todo gran blanco.

La Chardonnay es una uva originaria de la Borgoña en Francia, donde nacen los exponentes más apreciados y prestigiosos. Esa fama, y su capacidad de adaptarse a diversos terroños, la catapultaron como la uva blanca más internacionalizada, a tal punto que no hay país productor de vinos que no haga Chardonnay. También, por su capacidad de guarda comprobada, lo bien que se lleva con el roble y como expresa el lugar cuando los hacedores se lo proponen.

Vista panorámica de extensos viñedos verdes en hileras onduladas, con montañas nevadas al fondo y un cielo azul claro con sol radiante.
Chardonnay es la variedad blanca más famosa del mundo, base de los vinos más prestigiosos de Borgoña y una de las claves del Champagne (Imagen Ilustrativa Infobae)

Esas son las razones por las cuales muchas bodegas apuestan por la reina Chardonnay cuando piensan en blancos top. Más allá de Francia, los Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda y Chile han apostado fuertemente por sus Chardonnay, aunque también existen excepciones en España (Milmanda de Torres, o el DOC Menfi de Planeta, la bodega más importante de Sicilia, por ejemplo). Y en los últimos años, la Argentina también apostó fuerte por el Chardonnay.

Como país productor, más vinculado al Nuevo que al Viejo Mundo, las bodegas locales siempre apostaron por el Chardonnay para dar con sus blancos top. Desde comienzos del milenio, la necesidad de vender los vinos nacionales fronteras afuera obligó a mejorar, no solo la calidad sino también el carácter de los blancos, en pos de lograr un estilo propio, vinculado al terruño. Esto significa una gran diversidad ya que las regiones vitícolas argentinas son tan amplias como diversas, por lejanías, paisajes y composición de suelos muy heterogéneos.

Primero, el espejo fue Estados Unidos, ya que además de importante productor era (y sigue siendo) el principal mercado de destino de los vinos argentinos. Aquellos Chardonnay solían ser maduros y untuosos, con mucha presencia de roble, de trago denso, meloso y amplios en boca, casi pesados. Esos “nuevos blancos” argentinos causaron buen impacto, pero rápidamente cansaron al consumidor, y también a los hacedores porque más allá de su impacto contundente en boca, no había mucha diferencia de estilos entre unos y otros, y tampoco evolucionaban tan bien como aseguraban las contraetiquetas.

La revolución de los vinos argentinos también llegó a los blancos. En este sentido, hay que reconocerle al Dr. Nicolás Catena su obsesión por el Chardonnay siendo el pionero (a fines de los ochenta) en intentar lograr un gran blanco a base de esta cepa.

Una copa de vino blanco llena se encuentra junto a un racimo de uvas verdes con una hoja, sobre una superficie de madera y un fondo de madera clara.
La capacidad de adaptarse a distintos terroirs permite que el Chardonnay destaque en regiones como Mendoza, Patagonia, Chile y Estados Unidos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Después de años de investigación, de ese viñedo ubicado a casi 1.500 metros de altura, donde el clima es más frío y los suelos son muy pedregosos y ricos en calcáreo, surgieron —tras numerosos ensayos y estudios de suelo— los primeros grandes Chardonnay de la Argentina.

Hoy, estos vinos se conciben más desde el viñedo y se cosechan en el momento justo para retener la acidez natural, muy necesaria para dar frescura y longevidad. Cada día que pasa, los agrónomos y enólogos conocen más sus viñedos y eso les permite lograr uvas con más carácter, para luego en bodega vinificarlas respetando lo que viene naturalmente del lugar. Es por ello que las elaboraciones se han vuelto menos intervencionistas.

Si bien los Chardonnay de hoy se manipulan menos y sus crianzas son más precisas, la intervención del hombre sigue siendo fundamental. Esto derivó en exponentes más verticales y no tan amplios en boca, más ágiles y mordientes, muy apoyados en la acidez y en las notas que provienen del viñedo. Esto da vinos más refrescantes, y a la vez más complejos. También muchos tienen paso por madera, sin que eso se note.

El buen Chardonnay argentino de hoy suele ser austero y de buen cuerpo, con aromas y sabores poco expresivos, pero de trago sutil y consistente, persistente y elegante.

Un buen Chardonnay se define más por el lugar donde crece que por su composición, el terroir es el verdadero protagonista del carácter del vino (REUTERS/Fabrizio Bensch)
Un buen Chardonnay se define más por el lugar donde crece que por su composición, el terroir es el verdadero protagonista del carácter del vino (REUTERS/Fabrizio Bensch)

Por su carácter equilibrado se adapta muy bien a la mesa, mejor acompañando pescados y carnes blancas, pero también combina muy bien con las achuras y los embutidos en la previa de los asados.

En la Argentina se elabora en todos los segmentos de calidad, siendo la uva blanca más vinificada como varietal. Según el Observatorio Vitivinícola Nacional, en 2025 había 5616 hectáreas de Chardonnay en todo el país, distribuidas principalmente en Mendoza (4606ha), seguida de San Juan (586ha).

20 Chardonnay para descorchar en su día

La Flor Chardonnay

Pulenta Estate, Mendoza, Luján de Cuyo, Alto Agrelo $13.000

Este vino nace en viñedos plantados en 1992 en la finca “La Zulema”, ubicada a 980 metros sobre el nivel del mar. Y si bien se trata de la línea joven de la bodega, este Chardonnay tiene el estilo de la casa. De paladar fresco y equilibrado, con notas de frutas blancas y un trago vivaz y agradable.

Fabre Montmayou Terruño Reserva Chardonnay

Fabre Montmayou, Mendoza $14.000

El hacedor uruguayo, Juan Bruzzone, se luce desde hace varios años con los vinos de esta bodega argentina con alma francesa. Este Chardonnay se elabora con uvas de Luján de Cuyo y Valle de Uco, de buena frescura y cuerpo, con notas de frutas blancas. Un carácter típico, evidente y bien logrado.

Una botella de vino blanco y dos copas llenas de vino sobre una superficie oscura, con el sol poniente y el océano azul de fondo.
Los vinos blancos argentinos ganan terreno en la alta gastronomía, chefs destacan platos de pescado que combinan con blancos delicados y frescos (Imagen Ilustrativa Infobae)

La Mascota Chardonnay

Mascota Vineyards, Mendoza, Maipú, Cruz de Piedra $15.000

El enólogo Rodolfo “Opi” Sadler sabe mucho de vinificar Chardonnay, más allá de que sus vinos miran, generalmente, los mercados de Estados Unidos y el Reino Unido, y eso explica el estilo. Este es un blanco bien logrado, con leves dejos cremosos y notas de frutas blancas, con buena frescura y la madera integrada. No le falta nada y da mucho más de lo que pide.

Kaiken Ultra Chardonnay

Kaiken, Mendoza $17.000

Este blanco se elabora con uvas de dos viñedos bien diferentes: Gualtallary (Valle de Uco) y Vistalba (Luján de Cuyo). Una parte (35%) fermenta en barricas nuevas, donde permanece 12 meses más. Es un Chardonnay de buen carácter, con notas de frutas blancas y trago meloso, con dejos tostados. Su buen ataque fresco equilibra sus sensaciones. Es evidente en su tipicidad, y bien logrado.

Lagarde Guarda Chardonnay

Lagarde, Mendoza, Valle de Uco, Tupungato $22.000

Estar a la moda nunca fue la búsqueda de esta bodega, ni antes de Sofía Pescarmona ni con ella al mando. Y eso, Juan Roby, el enólogo de la casa, lo supo interpretar desde su primera cosecha. Por eso en este blanco la fruta se siente austera, porque así debe ser un buen Chardonnay. En boca se expresa un poco más, pero se lo nota más apoyado en las texturas mordientes y su trago refrescante que en su mensaje frutal.

Chateau Vieux Gran Reserva Roble Chardonnay

López, Mendoza, Maipú $23.500

Sigue siendo el blanco más nuevo de la casa, un Chardonnay con paso por barricas. El joven enólogo Juan Pablo Díaz logró un blanco de aromas equilibrados y frescos, con dejos de pera. Mordiente en boca, leves dejos salinos. Se siente el perfume frutado con tonos de levaduras, y resulta casi vibrante en su paso por boca. Precisa tiempo en botella para ganar complejidad.

Los mejores Chardonnay argentinos se logran en suelos pedregosos y sueltos, ideales para desarrollar raíces profundas y buena acidez natural (REUTERS/Pascal Rossignol)
Los mejores Chardonnay argentinos se logran en suelos pedregosos y sueltos, ideales para desarrollar raíces profundas y buena acidez natural (REUTERS/Pascal Rossignol)

Riglos Gran Chardonnay

Riglos Wines, Mendoza, Valle de Uco, Gualtallary $26.000

Si bien no fue el primer blanco de la casa, sí fue el primero entre los Gran. Un Chardonnay elaborado con todos los cuidados, pensando en resaltar la expresión del lugar. De aromas integrados y paladar franco, con algo de frutas blancas. Buen cuerpo y trago refrescante, con un buen agarre que resalta más las frutas tropicales.

Navarro Correas Alegoría Gran Reserva Chardonnay

Navarro Correas, Mendoza, Valle de Uco $26.500

Esta tradicional bodega se ha renovado en cada una de las líneas, con el objetivo de volver a estar en copa de todos. Y este Chardonnay es un buen ejemplo de ello. De aromas intensos y cremosos, paladar franco, con un buen carácter de frutas blancas. Sobre el final, las notas de crianza ganan protagonismo.

Benegas Estate Single Vineyard Chardonnay

Benegas, Mendoza, Valle de Uco, Gualtallary $28.000

Este blanco mantiene su equilibrio y expresión, de aromas intensos y frutados, con la tensión propia del lugar (Finca La Encerrada, en Monasterio), y leves tonos de madurez en el final de boca. Es amplio y franco, bien apoyado en fruta blanca con dejos de levaduras. Por texturas y estructura, puede seguir evolucionando favorablemente.

Casa de Uco Vineyard Selection Chardonnay

Casa de Uco, Mendoza, Valle de Uco, IG Los Chacayes $30.000

Faltaba un blanco de alta gama en la propuesta de la casa, sobre todo para disfrutar en el hotel, admirando la Cordillera de los Andes. El enólogo Gustavo Bauzá logró un blanco de aromas compactos. Con buen cuerpo y notas de levaduras, más allá de las tostadas de la crianza. Esto le da cierta complejidad. Es muy fresco en su paso por boca y amable en su fruta blanca típica. Tiene todo para ganar en botella.

Primer plano de dos manos brindando con copas de vino blanco, con una botella de Sauvignon Blanc y una chimenea de piedra en el fondo.
En los años noventa los Chardonnay argentinos se elaboraban siguiendo el estilo americano, eran densos y con fuerte influencia de roble (Imagen Ilustrativa Infobae)

El Enemigo Chardonnay

Aleanna, Mendoza, Valle de Uco, Gualtallary $32.000

El lugar y las manos del hacedor (Alejandro Vigil) revelan el estilo de este vino. Como ya es costumbre, la uva se cosecha con un pH muy bajo y una acidez bien marcada. Eso explica sus aromas equilibrados y buena frescura, con dejos herbales maduros (propios de la añada). De paladar franco y mordiente, con dejos de levaduras y una fuerza que habla de su origen, con un delicado final de frutas blancas.

Angélica Zapata Alta Chardonnay

Catena Zapata, Mendoza, Valle de Uco, Gualtallary $35.000

Hace tiempo que este blanco sobresale por fuera y por dentro, ya que su marca tracciona, pero su estilo va ganando definición con cada añada. Sus aromas son equilibrados, con un carácter delicado que se asocia a las frutas blancas. De paladar franco y bien fresco, también persistente y vibrante, más apoyado en la fruta que en la crianza. Y ese será su camino para ganar complejidad durante la estiba.

Homo Felix Chardonnay

Homo Felix, Mendoza, Valle de Uco, Los Chacayes $40.000

Es el único vino que se elabora con uvas que no son propias, pero de un viñedo también plantado por Marcelo Canatella: Los Arbolitos. Inspirado en La Borgoña, se logró un blanco con notas salinas y cierta madurez. De muy buena frescura, hay fluidez con tensión y eso potencia la profundidad en boca. De paladar franco, con dejos de levaduras y una delicada persistencia apoyada en las texturas.

Una persona sirve vino blanco de una botella oscura en una copa de cristal. El líquido amarillo claro forma burbujas al caer en la copa.
El Chardonnay argentino moderno se cosecha en el momento justo para conservar la acidez natural, clave para la frescura y longevidad (Imagen Ilustrativa Infobae)

Fin del Mundo Single Vineyard Chardonnay

Del Fin del Mundo, Neuquén, San Patricio del Chañar $41.600

Blanco de aromas austeros y una frescura sostenida que habla de Patagonia.

De buen cuerpo y paladar franco, apoyado en las frutas blancas típicas del varietal, bien combinadas sobre el final con ciertas notas de levaduras y ahumadas suaves de la crianza. Un vino ideal para lucirse en la mesa con una pesca grillada.

De Sangre Chardonnay

Bodega Luigi Bosca, Mendoza, Valle de Uco $42.200

Es la última novedad de la familia Arizu, un Chardonnay elaborado con uvas provenientes de Gualtallary, Chacayes y El Peral, cosechadas a mano y seleccionadas en bodega. El vino, elaborado por Pablo Cúneo, fermentó en barricas de roble francés de 500 litros y luego reposó ocho meses sobre sus lías. Es un blanco vibrante, con una frescura consistente que resalta sus texturas y aporta persistencia. Joven y equilibrado.

Casa Boher Gran Chardonnay

Rosell Boher, Mendoza, Valle de Uco, Los Árboles $52.500

Desde su nacimiento, este gran Chardonnay fue una combinación del carácter del viñedo y la mano de su hacedor. Porque es todo lo que Pepe Martínez busca en un gran exponente del varietal. De aromas expresivos y paladar amplio, bien sostenido por la frescura y el carácter frutal, combinado con las notas de crianza. Y, con un año más en botella, el vino cedió en sus texturas vivaces y ganó en final untuoso.

Terrazas Grand Chardonnay

Terrazas de los Andes, Mendoza, Valle de Uco, Gualtallary $55.500

Combinando uvas de altura de dos viñedos diferentes (Caicayén a 1230 m y El Espinillo a 1650 m) se concibió este blanco que busca ser la mejor y más representativa expresión de la variedad en la región. De aromas expresivos que remiten a frutas blancas y levaduras, por el trabajo sobre lías. De paladar franco, fresco y más amplio que el de la cosecha anterior. Como es su costumbre, de trago equilibrado, aunque sus texturas mordientes marcan su paso por boca y aportan estructura.

Viña Cobos Vinculum Chardonnay

Viña Cobos, Mendoza, Valle de Uco, Los Chacayes $75.500

Este Chardonnay se elabora con uvas de Los Chacayes, y refleja el enlace que hay entre la bodega y los productores de uva. Acá, la joven enóloga Diana Fornasero, que ya lleva más de 15 años en la bodega, logra un blanco de aromas limpios y expresivos, con notas de pera. Paladar franco y fresco, con algo meloso sobre el final. Es jugoso, con cierta fuerza, su potencia bien disimulada y con la madera integrada.

Cuatro manos sujetan copas de vino blanco, chocando en un brindis. Personas con ropa oscura y clara se ven desenfocadas en el fondo.
El Chardonnay es la uva blanca más vinificada como varietal en Argentina, presente en todos los segmentos de calidad y estilos de mercado (Imagen Ilustrativa Infobae)

Rara Avis Chardonnay

Bodega Malma, Neuquén, San Patricio del Chañar $80.000

La familia Viola propone en esta línea una interpretación más profunda y singular de la variedad. Elaborado junto al reconocido winemaker Hans Vinding-Diers, este vino surge de una selección masal de Chardonnay de pie franco, cultivado sobre suelos calcáreos y pedregosos. Eso explica el perfil fresco y mineral del vino, de paladar amplio y franco.

La Linterna El Tomillo Estate Chardonnay

Bemberg Estate Wines, Mendoza, Valle de Uco, Gualtallary $97.750

Elaborado solo con uvas de una parcela, el enólogo Daniel Pi logra un blanco de aromas delicados que recuerdan una fruta blanca sutil, con leves dejos de crianza. En boca despliega una frescura integrada, con buen equilibrio y texturas suaves, domadas por el trabajo con las lías que, sin llegar a ser graso, armonizan su trago. También hay algo de frutas secas en su persistente final de boca, en el que la crianza está sumamente integrada y aportará más longevidad.

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