
Un estudio realizado por la Universidad de Cambridge demostró que la cooperación infantil mejora cuando niños que no son amigos participan en juegos con un objetivo común.
El trabajo, que recopiló datos de 148 menores de 6 a 8 años en escuelas del Reino Unido, plantea implicaciones directas para familias y entornos educativos interesados en promover la integración y el desarrollo social.
Un objetivo compartido potencia la cooperación
Los niños que no mantienen vínculos de amistad pueden lograr una mejor cooperación si se les presenta una tarea con una meta clara. Según los resultados del equipo de Cambridge, el establecimiento de un objetivo compartido favorece un aumento en la comunicación y la coordinación, permitiendo que trabajen juntos de manera más efectiva que cuando únicamente comparten juguetes o espacios, según reportó la revista Infant and Child Development.
El análisis subraya que el elemento decisivo para mejorar la cooperación no es solo la habilidad social de cada niño, sino también el tipo de interacción propuesta y el contexto en el que se produce. Si se les presenta una “tarea orientada a un objetivo”, los niños sin lazos de amistad incrementan notablemente la comunicación y la colaboración, mientras que el juego libre no genera el mismo efecto colectivo.

En la investigación, los científicos formaron pares diferenciando entre niños amigos y otros sin relación previa. Cada pareja realizó dos actividades distintas: una “actividad libre”, en la que podían utilizar los materiales a su manera, y una “tarea orientada a un objetivo”, que consistía en completar juntos un dibujo, disponiendo solo de un bloc de papel y unos cuantos bolígrafos de colores.
Para determinar los pares de trabajo, se pidió a cada niño que eligiera a sus tres mejores amigos de la clase. A partir de esas respuestas, se organizaron los grupos tanto entre amigos como entre quienes no tenían una relación cercana.
El estudio se desarrolló en aulas de cinco escuelas. Inicialmente, a cada pareja se les ofreció juguetes y la consigna fue participar en una actividad libre sin instrucciones adicionales. Luego, los mismos pares debían transformar entre ambos el dibujo de un tronco de árbol en una escena de una casa en el árbol, empleando recursos limitados, lo que exigía coordinación y acuerdos.
Resultados: la “conectividad” y el trabajo en equipo

Los investigadores evaluaron las interacciones mediante el análisis de las conversaciones, midiendo cuántas veces un niño respondía directamente a lo dicho por el otro, lo que identificaron como “conversación conectada”. Cada dupla obtuvo así una puntuación porcentual de conectividad, que reflejaba el grado de colaboración, la negociación de roles y la atención a las propuestas del compañero.
El estudio determinó que la aplicación de una “tarea orientada a un objetivo” aumentó de forma significativa la coordinación social entre los pares de niños que no eran amigos. En estos casos, el índice de conectividad subió del 44% al 55%, lo que representa un incremento cercano al 25% al comparar el juego dirigido con el libre. En cambio, entre amigos, el cambio fue marginal: apenas dos puntos porcentuales, pasando del 48% al 50%.
La doctora Emily Goodacre, responsable del estudio en el centro de investigación PEDAL de Cambridge, explicó que esta diferencia se debe, probablemente, a que los amigos ya comparten experiencias previas y una comprensión instintiva sobre cómo jugar juntos. Los niños sin ese vínculo, en cambio, se benefician del marco estructurado que implica una meta definida.
Implicancias educativas y recomendaciones prácticas

Este tipo de “conversación conectada” es crucial para la coordinación social temprana. Muchos niños pueden usar los mismos materiales en paralelo sin llegar a interactuar realmente, pero la conectividad refleja momentos en los que coordinan acciones, negocian y prestan atención a las emociones e ideas del otro. Según Goodacre, “la conectividad implica trabajo en equipo, capacidad de negociar y de responder a las necesidades ajenas”.
La investigación aclara que el fenómeno no sugiere que los amigos sean menos participativos o cooperativos. La diferencia radica en que, al tener lazos previos, recurren con más frecuencia a gestos no verbales y a una comprensión tácita de las dinámicas compartidas, por lo que no requieren incrementar la interacción verbal ante un objetivo impuesto.
Los registros en vídeo evidenciaron que, aunque las conversaciones entre niños sin lazo previo tendían a ser menos espontáneas, la presencia de un objetivo común fomentó la atención mutua y permitió que ambos ajustaran sus intervenciones para alcanzar la meta conjunta.
Recomendaciones para potenciar la integración y la cooperación
Las conclusiones obtenidas por el equipo de Cambridge respaldan que padres y docentes reconsideren el modo en que estructuran las dinámicas de grupo. Antiguamente, se suponía que ofrecer materiales y pedir a los niños jugar juntos era suficiente para promover la cooperación.

La investigación demuestra que, especialmente entre niños que no se conocen bien, proponer una tarea con objetivo común resulta esencial para impulsar la construcción de habilidades sociales.
Goodacre remarcó que estos resultados pueden influir tanto en la planificación de actividades escolares como en la vida familiar. Sugiere que adultos y educadores planteen retos compartidos en vez de limitarse a ofrecer juegos sin estructura.
“Pensamos en el desarrollo infantil fijándonos en el niño individual, pero la investigación reciente, incluida esta, nos recuerda la importancia de prestar atención a las personas con quien interactúa y al contexto en que lo hace”, aseguró.
La experiencia muestra que, si el objetivo es potenciar la integración y la comunicación entre niños que no son amigos, es recomendable proponer actividades conjuntas orientadas a un fin definido, con lo que se favorece la calidad de las interacciones.
Así, el trabajo liderado por la Universidad de Cambridge propone una conclusión aplicable: para que los niños sin vínculos previos colaboren eficazmente es necesario crear escenarios y metas claras, más allá de la simple presencia de juguetes o espacios para jugar.
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