Mariano Sigman: “La motivación no aparece pensando, se ejerce en movimiento”

En La Fórmula Podcast, el neurocientífico explicó el origen de esta pulsión y por qué no es una idea abstracta ni una simple cuestión de dopamina, sino un sistema profundo que nos pone en movimiento, se activa con la acción y se potencia con la incertidumbre. Advirtió sobre los riesgos de confundir motivación con placer inmediato y destacó la importancia de comprender sus mecanismos para dividir grandes objetivos en pasos alcanzables. Cómo sostener el impulso en el tiempo

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Mariano Sigman profundiza en el funcionamiento cerebral de la motivación y advierte sobre los riesgos de confundirla con el placer inmediato.

En un nuevo episodio de La Fórmula Podcast, el neurocientífico Mariano Sigman reflexionó sobre la motivación como el motor más profundo de la conducta humana. Explicó que no se trata de una idea abstracta ni de grandes propósitos, sino de aquello que nos pone en movimiento cada día, incluso sin darnos cuenta. Analizó cómo el deseo antecede a la acción y por qué la motivación se comprende mejor en la práctica que en la teoría.

Además, profundizó en el rol de la dopamina y advirtió sobre las simplificaciones que la reducen a la “molécula del placer”. El experto explicó que su función principal es anticipar el futuro y sostener el movimiento, especialmente cuando hay incertidumbre, y destacó la importancia de dividir grandes objetivos en metas más cercanas para no perder el impulso. El episodio completo podés escucharlo en Spotify y YouTube.

Mariano es un neurocientífico argentino de prestigio internacional, con formación en física y doctorado en neurociencia por la Rockefeller University de Nueva York, además de un posdoctorado en ciencias cognitivas en el Collège de France.

Es fundador y director del Laboratorio de Neurociencia Integrativa de la Universidad de Buenos Aires y profesor en la Universidad Torcuato Di Tella, donde lidera investigaciones sobre toma de decisiones, aprendizaje y comunicación humana desde una perspectiva interdisciplinaria que integra psicología, física y ciencia de datos. Además, fue director latinoamericano del Human Brain Project, uno de los mayores proyectos globales dedicados a comprender el cerebro humano. Autor de numerosos artículos científicos en revistas de alto impacto y de varios libros de divulgación, combina su labor académica con iniciativas educativas y divulgativas que buscan acercar la neurociencia a distintos ámbitos de la cultura y la sociedad contemporánea.

El neurocientífico argentino explica cómo
El neurocientífico argentino explica cómo la motivación surge en la acción y se potencia con la incertidumbre, más allá de la dopamina

—Hay un tema que me encanta y que piden mucho en el podcast que es la motivación. ¿Qué es la motivación?

—Tiene muchas acepciones. Pero yo creo que la del principio de todo es por qué uno se levanta a la mañana. O sea, por qué hacés lo que hacés, por qué estamos acá, por qué uno elige venir, trabajar, ver algo. Estamos todos, todo el tiempo poniéndonos en movimiento, casi sin pensarlo. De hecho, de las cosas fundamentales te das cuenta cuando no las tenés. Ese día, en el cual sentís que la motivación se fue porque no tenés fuerza para levantarte, porque llueve o porque estás triste o porque estás deprimida. Entonces, ahí entendés que hay algo que es como el oxígeno, que funciona y que te pone en marcha. Debemos entender que nosotros tenemos una suerte de pulsión, Freud lo llama así, y hay distintas referencias en las culturas o tradiciones sobre el estudio del pensamiento y se han acercado con distintos términos. Pero es esta idea de que uno por dentro pulsa y vibra y que no hace falta que te llamen para que vos vayas, sino que uno se pone espontáneamente en movimiento. Así como un sistema que hace circular la sangre, que drena oxígeno por todos lados, que toma decisiones, hay un sistema que lo que hace es ponernos en movimiento. Eso es la motivación o el corazón o la esencia de la motivación.

El experto afirma que la
El experto afirma que la motivación se comprende mejor en la práctica que en la teoría y surge cuando las personas se ponen en acción (Imagen Ilustrativa Infobae)

—¿Por qué sentís que es un tema que genera tanto interés hoy en día? ¿Creés que es porque dura tan poco y no logramos alcanzarla, o porque cuando la alcanzamos no nos alcanza para poder sostenerla?

—La motivación está como en el principio de todo. Por ejemplo, un equipo de gente que se junta para hacer una película. Hay un director, un realizador, hay actores, un guion, un montón de cosas. Pero lo primero que hay es una motivación, un deseo de hacerla. Si no está ese deseo, no hay película. Un jugador de fútbol, entrena, aprende a gambetear, a pasar. Pero detrás de todo eso, lo primero que está es un deseo, una pulsión. Quiso, tuvo la motivación de ser futbolista. Ahí entendés que la motivación es el comienzo de todas las historias. De las historias buenas, malas, efímeras, más largas, más duraderas. La motivación de estar en pareja, de tener un hijo, de cuidar a alguien. Cada una de esas cosas empiezan con el deseo de que eso suceda. Como es algo que está tan en el subterráneo de la conciencia, en general no lo registramos, salvo cuando pasan cosas raras, como cuando desaparece. Puede ocurrir, a todos nos pasa, un poco en la melancolía, en los días tristes, en los días sin ganas, en el cansancio, o puede desaparecer más en la patología: en la depresión, que es una patología, en última instancia, de la motivación. Hay otra cosa que es interesante, que es cuando la motivación parece estar atolondrada, disparada, por ejemplo, cuando una persona está viendo reels durante dos horas tirada y de repente se pregunta: “Bueno, ¿pero cómo caí acá? En esta sucesión de cosas que ya no sé ni lo que he visto, ni dónde he estado, se me fue el día, no pasó nada, lo he perdido enteramente”. Comparado con otros días en los cuales de repente tenés ganas de salir, de caminar. Y ahí lo que entendés es que no solo está la motivación, sino que hay formas de motivación. Entonces, la pregunta es cómo uno estudia este sistema.

Hay muchas tradiciones. Históricamente, la motivación forma parte de la filosofía, de la literatura, es decir, entender las gestas humanas. Por ejemplo, la literatura del montañismo, de los que suben el Everest, de los que suben las montañas del Himalaya, es en última instancia un ejercicio reflexivo sobre la motivación, por qué alguien se dispone a una gesta tan extraordinaria. Después viene la psicología, que lo que estudia justamente es estas cosas de dónde empieza y por qué se extingue. Y después, ya más recientemente, con la capacidad de estudiar el cerebro, empieza un poco como la farmacología, la neurociencia, la bioquímica de la motivación, tratar de entender las cosas de manera simple. Eso es casi una especie de motivación fundamental de la condición humana o de todas las personas. Entonces, cuando de repente vos decís que hay una molécula de la motivación, eso es muy tentador. Y hace unos 40 o 50 años nos ofrecen una que se llama dopamina. Así, encontrás un montón de gente que cambia la palabra motivación, que es el fenómeno psicológico, difícil de describir, por algo mucho más concreto, mucho más fácil de vender, de contar, de entender, que es dopamina. “No tengo dopamina o me sobra dopamina, o me da dopamina, viene dopamina”.

Ahí yo creo que hay algo que es un poco pernicioso, porque la dopamina no es la motivación. La dopamina es una molécula que tiene mucho que ver con el sistema de la motivación, pero no hay una relación directa entre que hay dopamina, estás motivada, no hay dopamina, no estás motivada. Y entender precisamente ese sistema y no impostarlo o tratar simplemente de usarlo como una especie de eufemismo para referirse a la motivación, yo creo que vale la pena porque nos permite entenderla mucho mejor. Cuando vos entendés los mecanismos endógenos que hacen, en este caso, que sientas o no deseo por algo, también te permite comprender, porque a veces te cuesta, cómo podés hacer para resolverlo. Entonces, parte de lo que está pasando ahora también, en comparación con lo que pasaba hace 200 años es que tenemos una cierta ventana que nos permite entender no sólo la descripción fenomenológica, o sea, observar la motivación en primera persona, introspectivamente, o la motivación de otra persona, sino entender qué en el cerebro hace que estemos motivados o que no estemos motivados.

Sigman sostiene que dividir grandes objetivos en metas cortas facilita sostener el impulso a lo largo del tiempo

—Hay una confusión entre que la motivación viene y después uno pasa a la acción. Y creo que a veces es al revés: la motivación viene, pero ya estás en la acción.

—Efectivamente, hay una especie de círculo. La dopamina, que es esta molécula esencial en el sistema de motivación, también es una molécula esencial en todo el sistema motor. De hecho, fíjate que muchas de las enfermedades motoras, como el Parkinson, tienen que ver con un déficit en el sistema de dopamina. Entonces, ahí entendés también como en la usina misma de los circuitos cerebrales donde se produce la motivación o donde se codifica el que estemos motivados o no y qué tipo de motivación tenemos, que eso está intrínsecamente relacionado al movimiento.

Todos sabemos que en el momento que te ponés a caminar, aparecen ideas que cuando no estabas caminando no aparecían. En el momento, otras cosas que parecen de otra índole, pero son las mismas que estás trayendo. Salís a correr y te da una fiaca tremenda. O sea, lo único que querés es parar. Pasan cinco minutos, deberías estar más cansada, pero en realidad la fiaca desapareció. Es decir, surgió algo que aparece en un mecanismo fisiológico que solo sucede en movimiento, que es lo que se llamaba antes el cambio de aire. De repente entraste en otro estado metabólico, en el cual ya no tenés que hacer el esfuerzo para estar sosteniendo eso. Yo creo que la motivación no es teórica. La motivación se ejerce en movimiento, se ejerce en la práctica.

La motivación es el inicio
La motivación es el inicio de cualquier proyecto personal o profesional según el análisis de Mariano Sigman (Imagen Ilustrativa Infobae)

—¿Por qué, si sabemos que ponernos en movimiento nos hace bien, no logramos sostenerlo en el tiempo? Hay días de motivación y otros en los que cuesta activarse, aunque la experiencia demuestra que, al hacerlo, el ánimo mejora. Saberlo o intelectualizar no alcanza.

—Creo que el paper es de 1997. En esa época yo estaba haciendo mi doctorado. Un tipo que se llama Schultes, en Alemania, gran neurocientífico, publica un paper en inglés, de esos que iban a hacer historia. Él registraba en un sistema muy profundo del cerebro, que es donde se produce dopamina, y estudiaba el sistema de motivación en monos, en macacos, que estaban en distinta situación de trabajo y de recompensa. Tenían que hacer ciertas cosas y si las completaban obtenían ciertas recompensas, que era jugo. Él estudiaba cuándo las hacían, cuándo no las hacían y qué relación tenía eso con la dopamina. La primera figura del trabajo es la que todo el mundo compró, y es la siguiente: el macaco está tranquilo, mueve una palanca y le dan jugo, un montón de dopamina. De ahí viene como una especie de mal relato de lo que es la dopamina, que es como que es la molécula del placer.

Entonces, vos querés likes en Instagram, dopamina. Querés que alguien te abrace, dopamina. Comerte un chocolate, dopamina. Te aumentan el sueldo, dopamina. Sexo, dopamina. Uno piensa como son aquellas cosas que son deseables en alguno de nuestros mundos las que producen dopamina. Lo que pasa es que todo el mundo se olvidó las tres figuras siguientes, que son las más importantes. La primera parte de la historia es ¿cuándo se produce la liberación de la dopamina? La dopamina lo que establece es un contrato con el futuro. Y esto es algo muy sofisticado que justamente nos pone en movimiento con algo, porque sabemos que río abajo de ese trabajo, va a haber algo que va a ser placentero. Es decir, la capacidad de separar lo que vos decías, “yo sé que si me levanto, camino, hago todo esto y llego, al final voy a tener un abrazo”. Y como entiendo todo eso, puedo durante un rato largo estar haciendo cosas que inmediatamente no me generan un placer hedónico, no son placenteras, no producen dopamina, pero porque río abajo de eso, eventualmente, yo sé que lo resolví.

Pero la dinámica de la dopamina es un poco rara y tiene que ver con que no se produce en el momento en el cual el mono cobra el jugo, sino cuando establece el contrato. El mono entiende que si, por ejemplo, mueve tres palancas y espera cinco segundos, tiene juguito. Hay un botón verde que le indica que tiene que hacer eso. Cuando aparece el botón verde, el mono, nosotros también, produce dopamina. Esa dopamina no codifica el placer. Esa dopamina justamente es la que te pone en marcha, la relación entre la dopamina, la motivación y el movimiento, para que vos hagás algo al final de lo cual va a haber alguna forma de placer, una recompensa, algo de lo cual uno es un “yonqui”. Si al final de todo eso te dan la recompensa que esperabas, ahí no se vuelve a producir dopamina, porque es como que “ya está cobrada”. Uno cobró por adelantado. Si al mono después de haber hecho todo lo que hacía en un ensayo no hay dopamina, lo que había es una bajada enorme de dopamina. Entonces, ahí entendés que la motivación no es un sistema de buscar, y justamente eso es lo esencial casi de lo humano, que es nuestra capacidad como de desligarnos de la inmediatez del presente. Vos hacés cosas que inmediatamente no son gratificantes, muchas veces que te llevan años o una vida entera, porque tenés un plan de motivación que te permite ponerte en movimiento en algo que un día después, un mes después o mucho tiempo después, eventualmente va a ser gratificante. Esa es la primer diferencia. Hay una segunda muy importante. En este mismo experimento Schultz entrenó un mono de la siguiente manera. Si hay una luz verde, sabe que dentro de diez segundos va a tener jugo y se dispara la dopamina. Diez segundos después, tiene jugo, no pasa nada. Después hay una que muestra una luz roja que te muestra que no hay nada. Con esa luz roja el mono tiene una leve bajada porque tenía una expectativa de que a lo mejor era una luz verde, pero no pasa nada. Y cuando no hay dopamina, como esperaba que no hubiese dopamina, ya no baja más. Por el contrario, si hubiese jugo al final, eso es una sorpresa que es mejor de lo que esperabas, como que vos no esperabas nada de tu equipo y sale campeón. Otra vez una especie de explosión de dopamina. La parte más interesante y menos conocida es lo que pasa en el medio.

Hay una luz azul que al mono le indica que hay un cincuenta por ciento de que reciba una recompensa, en este caso, jugo. Si lo pensás, eso es lo más típico en la vida. Cuando te metés en una relación, lo hacés porque confiás, creés, porque te parece que es buena, pero no sabés si muchas terminan bien, muchas terminan mal. Cuando vas al cine a ver una película o vas a ver una obra de teatro, vas porque tenés una expectativa, porque creés que te va a funcionar, pero no sabés exactamente si vas a tener la gratificación que vos querías que tenga. Es decir, casi todos los contratos que uno establece en la vida son contratos probabilísticos. Son contratos donde vos no estás seguro qué es lo que va a pasar. Lo que Schultz muestra es que si vos lo ves como una perspectiva puramente “económica”, cuando la luz azul que predice 50 por ciento, por ahí sí hay jugo, por ahí no hay jugo, debería haber como la mitad de dopamina, porque ese es como el valor esperado de lo que tendría que haber. Pero no hay la mitad, ni lo mismo, hay mucho más. O sea, es como ¡bum! Y se sostiene en el tiempo. Y la razón por la cual se sostiene en el tiempo es que algo que es una especie de inyección feroz para el sistema de motivación es la incertidumbre.

Sigman señala que la dopamina
Sigman señala que la dopamina actúa como un contrato con el futuro ayudando a sostener acciones que no generan placer inmediato (Imagen Ilustrativa Infobae)

—¿Cómo eso se puede llevar a mi vida cotidiana? ¿Sería emprender cosas que no sabemos, cómo va a ser el resultado?

—Eso lo hacemos ya. Esta es una idea que no es tan intuitiva porque como pasa mucho en psicología y en general en la condición humana, en algún lugar también está la idea contraria que también tiene asidero, que es que muchas veces uno quiere la calma de lo que es completamente cierto, de lo que no puede cambiar. El ejemplo clásico de eso es un niño o una niña pequeña que quiere que le lean todos los días el mismo cuento. ¿Por qué? Porque sabe exactamente cómo termina, porque es un lugar muy seguro, calmo y tranquilo. Ese lugar tranquilo de la infancia, en la adolescencia y la adultez, se vuelve aburrido. Pero no es una búsqueda deliberada, es algo que simplemente sucede, es que uno termina dándose cuenta de que es típico, uno se aburre en una relación porque hace 20 años que todo es igual. Y lo que uno necesita es que las cosas sean distintas, que cambien, tener cierta imprevisibilidad, no saber si mañana las cosas van a ser de una forma o de otra. Lo que te mantiene viva, justamente, en esa pulsión, mientras vos tengas esa energía magnética, la cual le dedicás a esto un montón de fuerza, es que vivís en cierta situación donde no sabés exactamente qué es lo que puede pasar. No hay reglas y normas en la psicología de la motivación.

El especialista advierte que la
El especialista advierte que la depresión puede entenderse como una patología relacionada con la ausencia del sistema motivacional (Imagen Ilustrativa Infobae)

—¿Qué estrategias te sirven a vos puntualmente en la motivación?

—Ahí viene algo que forma parte de la estrategia de motivación que muchas veces, justamente, en esta proyección tan ansiada y tan buena de poner un objetivo, un norte tan marcado, ese norte muchas veces queda muy lejos. Y entonces uno se pone a caminar y se da cuenta: “quiero escribir un libro”, por ejemplo. Genial. Entonces, es lunes, me levanto y empiezo a escribir. Pero me doy cuenta de que el miércoles me falta todo lo mismo que me faltaba el lunes y como yo no tengo mucha experiencia en escribir libros, abandono. Entonces, a veces lo que hay que hacer es justamente dividir estos objetivos muy grandes, que son los que naturalmente uno tiene, porque son los que te dan significado y te ponen en movimiento, en etapas más cortas. Y esto sí es una estrategia clara para resolver problemas de motivación que vienen de una tendencia de nuestro sistema motivacional, que es buena porque tira la caña muy lejos y que decís: “Lo que tengo que aprender es encontrar significado en cosas que sean accesibles”.

Diez metros, veinte metros. Me gusta este ejemplo, porque este ejemplo te muestra cómo vos podés entender un sistema que yo creo no hace falta juzgarlo, es al final nuestro sistema de motivación, tiene sus virtudes, nos pone en movimiento, pero también tiene sus rarezas, le encanta la incertidumbre, a veces pone metas muy lejanas y podés ir viendo cómo podés masajearlo un poco o adaptarlo o transformarlo para que de alguna manera te lleve a lugares más efectivos y no, por ejemplo, que te haga hacer un día algo que te explota motivación y dejarte tres días tirado en la cama. Y una vez que entendés cómo funciona la maquinaria, cómo afinarla para que sea lo más eficiente posible para lo que vos querés resolver en un momento.

Mariano Sigman sostiene que el
Mariano Sigman sostiene que el movimiento físico ayuda a activar la motivación y que las ideas surgen con la acción (Imagen Ilustrativa Infobae)

—Mariano, te voy a hacer la última pregunta, que en realidad es más una invitación: que nos dejes una reflexión sobre este tema del que estuvimos hablando, algo que te parezca importante y que tal vez todavía no hayamos dicho.

—Yo creo que como con otros elementos que son tan esenciales de la vida, la motivación vale la pena cada tanto pensarla. A mí me resulta un poco paradójica esta cosa de que las cosas que son más decisivas de aquello que somos, raramente las reflexionamos. O sea, uno piensa durante cuatro horas ir a un supermercado a comprar tres latas de tomate o dos, pero después, esto que es lo que te define, ¿no? De por qué hacés un trabajo que te va a durar diez años o por qué estás con una persona un montón de tiempo. Es como una decisión que se toma como recontra impulsiva y uno lo hace y a veces no lo reflexionamos. Y lo que yo creo con eso es parecido a los diez metros. Es poner sobre la mesa el tratar de entender cómo funciona ese proceso, que hace que uno termine haciendo lo que hace.

Empezamos haciendo lo más esencial, despertarte, ponerte en movimiento, pero después subir montañas, sea la que sea la montaña para cada persona, emprender proyectos que son difíciles, hacer cosas que valgan la pena, donde encontrás el significado y por qué. Estas cosas yo creo que justamente pensarlas cada tanto, siento que nos reconcilia, que nos hace un poco mejor personas. Pero la clave es esta, pensarlas cada tanto. Yo creo que los dos errores que podemos cometer es no pensarlas nunca. Creo que si no las pensás nunca, puede pasar que sea hasta los 70 años, 80, 90, y decís: “Put*, estuve toda la vida trabajando para algo y me doy cuenta, en real no valía la pena, no era el viaje que yo quería hacer”. Y esto es algo muy típico: “Estuve 30 años peleando con esta persona, trabajar como al pedo, como para qué”. Entonces, cada tanto creo que vale la pena preguntar estas cosas que son tan fundacionales. Pero el otro error, que también es muy importante y quería traerlo a cuenta, es no todo el tiempo. Porque si vos te preguntás estas cosas todo el tiempo, lo que hacés es dar vuelta, teóricamente. Ponete en movimiento, andá, dejalo suelto el sistema, dejá de mirar para adentro, arrancá, conectate con gente, movete.

Cada uno verá qué le sirve. A veces es cada mes, a veces es una vez por año, a veces es pensar en este tipo de cosas. Y pensarlas no vanamente, como una especie de promesa en año nuevo, sino identificando los engranajes. Pero las razones por las cuales uno a veces converge en estos lugares y tratando de encontrar, con ese sistema, que es el sistema que me pone en movimiento, cómo, qué tuercas tengo, cómo puedo afinarlo, mejorarlo un poquito para terminar yendo a donde tengo más ganas de ir. Yo creo que ese es el ejercicio que vale la pena, cada tanto y con honestidad. No como una especie de declamación de principios, sino entendiendo los límites, dónde podés llegar, dónde no. Entre tantas cosas que perdemos tiempo, un día dejar de scrollear en TikTok tres horas y dedicárselo a eso, no puede ser mala inversión, ¿no?