
El vino es quizás el producto argentino que más y mejor ha evolucionado desde la inauguración del nuevo milenio. Todo comenzó con la tecnificación de las bodegas y la reconversión de los viñedos que la convertibilidad posibilitó. Luego llegó la devaluación, y con ella el know how importado y la “obligada” mejora en la competitividad. A su vez, la inserción de la Argentina en el mundo del vino fue inédita. De exportar 20 millones de dólares en el 2000, se llegó a los 1000 millones en 2010.
Pero después, con las crisis llegó el estancamiento, el Malbec dejó de ser un as en la manga, y la caída de consumo en el mercado interno se acentuó. Pero el vino siguió avanzando, año tras año, cosecha tras cosecha. Y si bien los números (internos y externos) muestran una realidad compleja, la realidad es que hoy se elaboran y consumen los mejores vinos argentinos de todos los tiempos. Porque desde que los hacedores entendieron que el camino era la calidad por sobre la cantidad, no detuvieron su evolución, y siguen mejorando a tal punto que esta evolución se puede apreciar en todos los segmentos de precio y en todos los tipos de vino, pero es más notable en el rosado.
De menospreciado a admirado
Ya tenía mala fama cuando empezó la recuperación de la industria. Porque si bien supo ser de los más elegidos; cuando en los 80´ los argentinos eran los principales consumidores per cápita del mundo; el recuerdo de un vino abocado y de baja calidad dominaba el imaginario colectivo.
Y, para colmo, luego le cayó la espada del prejuicio; una tontería absoluta por parte de muchos consumidores. Porque asociar el color del vino a las preferencias sexuales no tiene ninguna lógica, y mucho menos hoy en día, donde las libertades están más que claras. Pero es verdad que muchos “no” aceptaban una copa de vino rosado porque lo consideraban un vinito, o ni siquiera eso.

Y lo más divertido es que los primeros rosados del milenio no tenían nada de vinito, sino más bien de vinazo. Porque luego de la gran cosecha 2002, que lograra impactar en el mundo con el Malbec como abanderado, las bodegas reaccionaron. Todas querían hacer los mejores Malbec posibles.
Y en esa vorágine muchos apostaron por la sangría en la bodega, un método por el cual se hacía un prensado suave y un porcentaje (entre 5 y 30%) de los primeros jugos se separaba, para lograr una fermentación del 100% de los racimos con menor contenido líquido. El objetivo era obtener tintos más robustos. Queda claro que la atención (equivocada o no) estaba puesta en los tintos. Y con ese pequeño porcentaje de mosto apenas macerado, se hacían rosados. ¿Cómo eran esos vinos? Al igual que sus pares tintos, muy cargados y concentrados, potentes y hasta tánicos; todo lo contrario, a lo que debía ser un buen rosado.
Pero luego de aprendida la lección; y de las bajas ventas; llegaron los rosados de alta gama y pensados desde la viña, para que la moda se desatara. No era tan difícil, pero si se estaba logrando con los tinos, blancos y espumosos, por qué no con los rosados.
Más allá del Malbec, por una cuestión obvia de dominio de la escena y fama internacional, se buscaron uvas de ciclo más corto para poder llegar a una madurez completa en el menor tiempo posible, preservando la mayor acidez posible. Con esto se lograron dos cosas fundamentales para un vino rosado, más frescura y menor potencia alcohólica. Lo demás fue cuestión de detalles, por dentro y por fuera de la botella. Al ser hijo de una maceración corta (apenas algunas horas para adquirir color) de uvas tintas, y continuar su fermentación como un blanco, sus atributos finales no tienen que ver con la longevidad, la estructura o la complejidad. Muy por el contrario, el vino rosado es el mejor vino para tomar a deshora y en cualquier situación.

El rosado en la mesa
Claro que también puede llegar a la mesa, y hasta ser el comodín para muchas comidas según los sommeliers. Su color y sus aromas delicados pero frugales no buscan impactar sino agradar. Y su trago debe refrescar, como abriendo el juego y siendo un partenaire más de la charla, no un vino protagonista como pueden llegar a ser sus pares tintos y blancos.
Se sabe que, en verano, el clima obliga a cambiar las costumbres. Así surgen encuentros gastronómicos más informales y al aire libre, y se multiplican las comidas a base de pescados y frutos de mar. Es por ello que las bebidas más elegidas suelen ser, ante todo, refrescantes. Por eso, al pensar en los mejores maridajes para disfrutar en verano, los rosados son de los más indicados. Siempre jóvenes y casi chispeantes, mejor los que vienen con tapa a rosca porque simplifican el servicio. Nada de etiquetas pretenciosas, porque muchas botellas llegarán a la mesa más frías de lo necesario, alterando sus atributos naturales.
Y también es muy probable que en varias ocasiones haya que recurrir a un hielo para poder terminar la copa. Más allá de los platos que se disfrutan a temperatura ambiente y de los productos de estación, vuelven las ganas de alimentarse más sano o más liviano con ensaladas con todas las hojas verdes y vegetales posibles, incluso con pollo o camarones, y hasta con frutas cítricas o tropicales. Todas estas opciones van muy bien con los rosés. Por su parte, para acompañar sándwiches gourmet a base de carnes frías u otras opciones con vegetales a la plancha, los vinos rosados son la mejor alternativa para apreciar mejor todas esas delicias entre panes. De Malbec, Pinot Noir, Syrah, Merlot, Cabernet Franc o Petit Verdot; todos valen, siempre y cuando se muestren vivaces y fragantes. Porque cada trago debe acompañar bien a todos los ingredientes del sándwich.

Durante las vacaciones, también los frutos de mar vuelven a copar las mesas, más allá de los amantes del sushi. Así, pescados y mariscos reemplazan a las carnes rojas en la parrilla. Lenguado, pejerrey, corvina, merluza y trucha suelen ser los más buscados. Juntos con los langostinos, son delicias del mar que se disfrutan mucho más con vinos livianos, equilibrados y frescos, como los rosados. Incluso son ideales para acompañar frutos de mar bien sazonados, como las gambas al ajillo y las rabas con mucho limón.
10 vinos rosados para lucirse en la mesa
Antonieta Pinot Noir Rosé
Falasco Wines, Mendoza, Valle de Uco, Los Chacayes $20.500
Pablo Sánchez, el enólogo responsable de los blancos de alta gama y este rosado, eligió un Pinot Noir del clon 115 de un solo viñedo (single vineyard), el cual cosecha en tres pasadas y los elabora diferente, dos en blanco y una con maceración pelicular. Así logra este rosé todos los años que no solo llama la atención por su botella, sino también por su contenido. De aromas bien frutados y trago refrescante. Voluptuoso y franco, con una persistencia delicada que recuerda a frutas frescas.
Carmela Cabernet Franc Rosé
Bodega Benegas, Mendoza, Maipú, Cruz de Piedra $13.500
No solo es uno de los vinos rosados más consolidados del mercado, sino el primero en apostar al Cabernet Franc. De aromas bien afrutados con suaves dejos herbales que hablan de la variedad. Paladar amplio y fresco, de trago amable pero cierto carácter resaltado por sus texturas. Su final es persistente y agradable.

Casa Boher Rosé
Rosell Boher, Mendoza $18.200
Para lograr este rosé de aspecto piel de cebolla intenso y brillante, con aromas frutados y una agradable frescura, los enólogos de la casa recurren a un blend de Malbec de Alto Agrelo (34%), Merlot (33%) y Pinot Noir (33%) del Valle de Uco. Hay algo maduro y buscado en su carácter frutal, con algo de membrillo y una rica acidez marcada sobre el final.
Casa Petrini Rosé
Bodega Casa Petrini, Mendoza, Valle de Uco, Tupungato $14.500
El enólogo de la casa, Ariel Angelini, todos los años se luce con este vino rosado, elaborado a base de Malbec (70%) y Tannat (30%). Una combinación que, además de ser original, logra expresar en las copas un buen carácter frutal y con una frescura sostenida, que da vivacidad al final de boca. De paladar franco y amplio, y es ideal para disfrutar entre dos, por copas y en cualquier situación, ya que viene en botella pequeña (500cc) y con tapa a rosca.
H.J. Fabre Rosé Malbec
Fabre Montmayou, Luján de Cuyo $13.200
El enólogo Juan Bruzzone parte de uvas seleccionadas para el emblemático Malbec Reserva de la casa, para lograr este rosado completo y directo. De aspecto intenso brillante, y aromas bien afrutados. Trago agradable y directo, paladar franco y mordiente, y final muy amable.

María Carmen Rosé
Bodegas Bianchi, Mendoza, San Rafael $73.500
El enólogo Silvio Alberto pateó el tablero para elaborar este flamante y elegante vino rosado, blend de Pinot Noir (35%), Cabernet Franc (30%), Merlot (30%) y Malbec (5%). Las uvas se cosechan todos juntas, se prensan, se desborra y limpia el mosto, y fermenta en barricas y permanece ahí por 12 meses. De buen cuerpo y carácter frutado, con cierta complejidad. Su frescura resalta la fruta y le aporta profundidad.
Ojo de Tigre Rosado
Finca Alto Las Piedras, Rivadavia, Mendoza $12.800
Este vino rosado tiene varios atributos, más allá de su muy buena relación calidad-precio. Es poco conocido (aún), de nombre atractivo y botella llamativa. Sus aromas bien afrutados y su boca fresca hablan de una buena elaboración. Además, tiene gracia en su trago y se puede disfrutar solo, o en tragos con frutas de estación y hielo.
Renacer Merlot Rosé
Bodega Renacer, Mendoza, Valle de Uco, Gualtallary $50.400
Atractivo y elegante por fuera con aspecto intenso color piel de cebolla. Carácter algo maduro propio del cepaje, delicado y con frescura por dentro. De buen volumen y paladar franco, en el medio de boca se siente la fruta fresca y llena la boca con amabilidad y gracia. Ideal para lucirse en la mesa con entradas livianas.

Ribera del Cuarzo Clásico Rosé Merlot
Ribera del Cuarzo, Río Negro, Valle Azul $43.500
Elegante por fuera y por dentro, este rosé de partida limitada se elabora con uvas de un viñedo plantado en la orilla Sur del Río Negro. Allí, los suelos, por ser la parte baja, son de arena, limo y arcilla. A partir de racimos y granos seleccionados y sin paso por madera, para mantener viva la fuera de la fruta. Sus aromas son elocuentes, a frutos rojos diversos. Y en boca se destaca por su frescura y buen cuerpo.
Terrazas de los Andes Malbec Rosé
Terrazas de los Andes, Mendoza, Valle de Uco, El Peral $16.500
En este vino la simpleza es contundente, por donde se lo mire y se lo tome. Su botella transparente y su etiqueta innovadora dejan apreciar sus tonos asalmonados brillantes. Y sus aromas y sabores son bien expresivos, a frutas rojas. Paladar refrescante y casi tenso que invita a seguir disfrutando de su gracia.
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