
Durante años, las redes sociales impulsaron una cultura de consumo masivo, en la que los influencers promovieron la compra constante de productos de moda, belleza y tecnología.
Sin embargo, en los últimos tiempos, un movimiento opuesto ganó terreno: la "desinfluencia". Más que incentivar la adquisición de artículos, sus seguidores cuestionan la necesidad de comprar todo lo que las plataformas promocionan y promueven un consumo más consciente.
En TikTok, el hashtag #deinfluencing superó los 1.000 millones de visitas, reflejando el crecimiento de esta tendencia que desafía el modelo tradicional del marketing digital, según informó la BBC.

Un cambio de perspectiva en las redes sociales
Diana Wiebe, influencer de Ohio conocida en redes como @DepressionDotGov, experimentó en primera persona el impacto de la publicidad en redes. En 2019, compró rizadores sin calor que TikTok promovía como un método revolucionario para obtener ondas perfectas. “Para ser sincera, los rizadores interrumpieron mi sueño y los usé una sola noche”, comentó a la BBC.
Pronto notó que muchas de sus compras, desde exfoliantes hasta cremas faciales, no eran esenciales.
Con el tiempo, Wiebe adoptó un enfoque distinto y comenzó a cuestionar el consumismo desmedido en redes sociales. En sus publicaciones, anima a sus más de 200.000 seguidores a reflexionar antes de comprar y a preguntarse si realmente desean un producto o si la publicidad los convenció de necesitarlo.
Además, critica la normalización de las compras frecuentes, impulsadas por influencers que exhiben sus adquisiciones en videos conocidos como hauls.
“Cuando empecé a ver más anuncios en mi muro de TikTok, pensé en todo lo que había comprado en los últimos años gracias a las reseñas de los influencers”, explicó Wiebe a la BBC. A diferencia de la televisión, donde los comerciales son fácilmente identificables, en redes sociales la publicidad se presenta de manera más sutil, ya que los creadores de contenido suelen ser percibidos como figuras cercanas y de confianza.

El impacto de la moda rápida en el estilo personal
Además de sus consecuencias económicas y ambientales, el consumo acelerado transformó la forma en que las personas construyen su estilo. Para la estilista Lucinda Graham, esta tendencia llevó a que muchas compras respondan a modas pasajeras en lugar de a una expresión auténtica.
“Si preparas algo rápido, está bueno, pero no puede competir con un plato que se cocinó con cuidado y esfuerzo. Lo mismo ocurre con la moda rápida en comparación con un vestuario que fue cuidadosamente elegido”, señaló Graham a la BBC.
En lugar de seguir ciclos de compra acelerados, sugiere invertir en piezas atemporales y permitir que la ropa envejezca de manera natural, lo que otorga autenticidad al vestuario. “Cuando los influencers nos convencen de comprar ropa, intentamos emular su estilo de vida, pero eso no da como resultado un armario práctico”, afirmó la estilista.

¿Está cambiando la industria del consumo?
El impacto del movimiento “desinfluencer” en las grandes marcas aún es difícil de medir, pero algunos indicadores sugieren un cambio de hábitos. Empresas como Asos, Boohoo y Pretty Little Thing registraron una caída en la demanda en los últimos años.
Sin embargo, la industria del marketing de influencers sigue en crecimiento y en 2023 alcanzó un valor de 21.100 millones de dólares, según datos citados por la BBC.
Para la escritora y editora colaboradora de Elle Aja Barber, esta tendencia es un paso en la dirección correcta, pero no suficiente. En declaraciones a la BBC, enfatizó que la problemática del consumismo no se resuelve solo con un cambio de actitud en redes sociales: “Desde los multimillonarios propietarios de empresas hasta los influencers y nosotros como consumidores, todos tenemos un papel que desempeñar”.

Hacia un consumo más consciente
Según la BBC, hace menos de un siglo en la década de 1930, el armario de una mujer promedio contenía unas 60 prendas y cada año adquiría aproximadamente 5 nuevas. Hoy, la industria de la moda rápida produce más de 100.000 millones de prendas al año, de las cuales más de la mitad termina en vertederos en menos de 12 meses.
El medio afirma que este modelo de consumo no solo impacta en la economía de los individuos, sino también en el medioambiente y en la forma en que las personas construyen su identidad a través de la ropa.
Para Barber, es momento de reconocer que el consumo sin límites tiene consecuencias tangibles. “Tenemos que ser realistas respecto del daño que los individuos comunes están haciendo con la idea de que podemos simplemente consumir y consumir sin que esto tenga un impacto negativo. Eso no es cierto”, aseguró a la BBC.
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