
En una era dominada por notificaciones constantes, redes sociales y una incesante sobrecarga de información, la concentración parece haberse convertido en una habilidad del pasado.
Un estudio del Centro de Estudios de la Atención del King’s College de Londres reveló que el 49% de los adultos siente que su capacidad de atención ha disminuido con los años, y el 47% considera que el “pensamiento profundo” es una práctica en extinción.
Este fenómeno no es meramente anecdótico. La escritora de Women’s Health narra en un artículo su propia lucha por mantener el foco en sus tareas diarias.
Entre el impulso de revisar WhatsApp no leídos y la tentación de desplazarse sin rumbo en Instagram, describe cómo su capacidad de lectura sostenida, su disfrute por el cine y hasta sus interacciones sociales han cambiado radicalmente.
El impacto de la tecnología en la concentración
Los dispositivos electrónicos y las plataformas digitales están diseñados para captar nuestra atención de manera constante.
La investigadora Gloria Mark, de la Universidad de California, Irvine, documentó la progresiva reducción de los períodos de concentración en su libro Attention Span (2023).
Según su estudio, en 2004 una persona podía mantenerse enfocada en una pantalla durante 2 minutos y medio antes de distraerse; en 2012, el promedio bajó a 75 segundos. Hoy, apenas alcanza los 47 segundos.

El efecto es aún más evidente en plataformas como TikTok, donde la capacidad de atención de los usuarios disminuye significativamente después de solo 20 minutos de uso, según una investigación de Microsoft.
De hecho, los datos de la propia plataforma revelan que los usuarios pasan en promedio apenas 3.3 segundos en cada video antes de desplazarse al siguiente.
Pero la tecnología no es el único factor que ha cambiado la forma en que nos concentramos. El auge del teletrabajo ha introducido nuevas dinámicas en las jornadas laborales.

Servicios de mensajería instantánea, reuniones virtuales y múltiples notificaciones de correo electrónico han fragmentado nuestra capacidad de realizar tareas profundas.
Un estudio reveló que, una vez que la concentración se interrumpe, el cerebro tarda en promedio 23 minutos y 15 segundos en retomar el estado de flujo.
Estrategias para recuperar la concentración
A pesar del panorama desalentador, diversas técnicas pueden ayudar a entrenar el cerebro para mejorar la capacidad de atención.
Women’s Health consultó a expertos y probó diferentes métodos para recuperar el foco en su trabajo.
- La técnica Pomodoro: Consiste en trabajar en intervalos de 25 minutos seguidos de un descanso de cinco minutos. Aunque ha demostrado ser eficaz para muchas personas, la autora descubrió que los tiempos predefinidos interrumpían su ritmo creativo.
- Listas de tareas en papel: Escribir a mano las tareas pendientes ayuda a liberar la mente y reducir la ansiedad. Un estudio de la Universidad de Wake Forest encontró que formular un plan para completar un objetivo evita pensamientos intrusivos y mejora el rendimiento.
- Ejercicio físico y meditación: Investigaciones han demostrado que la práctica de artes marciales, yoga y mindfulness fortalece la capacidad de atención. La psicóloga Ashleigh Johnstone, de la Universidad de Arden, señala que sus estudios han asociado estas actividades con mejoras en la vigilancia y la claridad mental.
- Música y ruido blanco: Algunos estudios indican que la música puede ayudar a concentrarse, mientras que otros sugieren que puede ser contraproducente en tareas de comprensión lectora. La autora del artículo experimentó resultados mixtos al probar esta técnica.
- Higiene del sueño y estilo de vida: La cantidad de horas de sueño, la alimentación y la actividad física influyen en la capacidad de atención. La investigadora Johnstone enfatiza que el bienestar general es clave para mejorar la concentración.

A pesar del bombardeo de estímulos externos, la concentración no es una habilidad perdida. Según Craig Jackson, profesor de psicología en la Universidad de la Ciudad de Birmingham, la creencia de que la atención se ha reducido de manera irreversible es, en gran medida, una profecía autocumplida.
“No tendríamos cirujanos ni pilotos si este fuera el caso”, explica. Su consejo es cambiar la mentalidad y dejar de asumir que la distracción es inevitable.
En un mundo donde la tecnología seguirá avanzando, aprender a gestionar nuestra atención será una habilidad tan valiosa como cualquier otra.
Quizás la clave no sea obsesionarse con recuperar la capacidad de ver una película de tres horas sin interrupciones, sino identificar qué vale la pena en nuestro tiempo y esfuerzo.
Si un programa de televisión no logra retener nuestra atención sin que necesitemos revisar Instagram, tal vez el problema no sea nuestra concentración, sino el contenido mismo.
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