
Generalmente, cuando se piensa en vinos rosados se lo asocia a la primavera y al verano, en el que vuelven las ganas de disfrutar al aire libre. Y es lógico, porque se trata de un vino sumamente refrescante y sin vueltas, para “entretener” el paladar de manera informal. Es por ello que el domingo pasado (11 de junio) se celebró en el mundo el Día Internacional del Vino Rosado.
Porque, así como desde la Argentina se promueve el Día Internacional del Malbec (17 de Abril), en el hemisferio norte están finalizando la primavera y a punto de iniciar el verano. Es decir, el clima ideal para disfrutar este tipo de vinos al aire libre. Y esto que suena lejano para nuestro país, es también muy importante, porque allá los primeros vinos del año que se pueden disfrutar son los rosados del hemisferio sur, entre los cuales se destacan los nacionales. Esto significa que se lanzan primero allá y luego acá, fundamentalmente por esta cuestión estacional, ya que obviamente la ocasión influye mucho con la decisión de consumo.
No obstante, hay vinos que se atrevieron a desafiarla y con el tiempo le han demostrado a la mayoría de los consumidores que no hace falta esperar a una época del año para disfrutar algunos vinos. El ejemplo más claro de ello es el Champagne y los espumosos, hasta hace poco relegado solo a eventos importantes familiares y a las Fiestas de fin de año.

Pero hoy, con la evolución de estos vinos y la diversidad que ofrecen, cada vez son más los que suelen acompañar sus comidas con burbujas, sin importar el momento del año. Y algo parecido puede suceder con los vinos rosados. Es cierto que, por su estilo y tipo de elaboración, no frece tantas alternativas, pero hay ocasiones en las que pueden ser la mejor opción.
Muchos recuerdan que el rosado era el vino más tomado hace algunas décadas, vinos más livianos de alcohol, con colores más intensos, bastantes aristas y azúcar residual para taparlas. Pero con las crisis de consumo vinieron los cambios, y casi desaparecieron de las góndolas. A principios del nuevo milenio, y con el auge del Malbec, esta categoría volvió a aparecer en escena. Aquella vez se trataba de vinos mejor logrados, pero tampoco lograron cautivar a los consumidores.
Porque en realidad se trataba de sub productos de los tintos importantes. Ya que para lograr más concentración en ellos se recurría a las sangrías; luego del primer prensado se retiraba entre el 10 y el 25 % del mosto (jugo de uva) para que las fermentaciones fueran más concentradas y así lograr tintos más robustos. Y ese mosto se fermentaba como vino blanco (sin los hollejos) y se lograba un rosado. Pero calor, esos rosados tenían colores intensos, alcoholes altos y hasta muchos taninos, algo que se resaltaba con la baja temperatura de servicio. Y así, la mayor gracia que debe tener un rosado, quedaba totalmente opacada.

Por suerte esto no duró tantos años. Y el cambio llegó con los vinos rosados concebidos desde la viña, cosechados en el momento justo para lograr vinos fragantes y refrescantes de manera natural, y bajos en alcohol. Y con esas uvas, proceder a prensados suaves y maceraciones (muchas veces en frío) cortas, para obtener el color deseado; generalmente suave y con tonalidades asalmonadas y de piel de cebolla; y nada de taninos. Así, además se preservan todos los aromas primarios, que son los responsables de la expresión atractiva de este tipo de vinos.
Y con estos “nuevos rosados” argentinos llegó el boom, porque el consumidor encontró en ellos una agradable alternativa a los blancos. Son fragantes y vivaces, ideales para disfrutar como aperitivo antes de pasar a la mesa. No obstante, hay algunos con serias pretensiones. Y si bien su elaboración es más corta que la de un buen blanco y mucho más que la de un gran tinto, partiendo de grandes uvas se pueden lograr los mejores exponentes de la categoría.
Y esos vinos rosados con buen cuerpo y equilibrio, más allá de su vivacidad, pueden lucirse en la mesa con sushi, pescados a la perrilla, pastas rellenas con salsas cremosas y arroces de todo tipo; risotto, paella, etc. También con las delicias de la cocina Thai donde mucho pasa por el wok y llega a la mesa con toque picante. Por eso, al calor del hogar, no importan la época del año, siempre se puede disfrutar de un buen vino rosado.
1- Punto Final Orgánico Rose Malbec 2022

Bodega Renacer, Perdriel, Luján de Cuyo $3100
Elaborado con uvas propias provenientes de viñedo orgánico certificado, se logra un rosado muy actual. De aspecto rosa poco profundo, pero bien brillante, aromas equilibrados a cerezas y a otras frutas rojas. Su paladar es fresco y franco, con agradable vivacidad y un final expresivo, siempre apoyado en la fruta. Puntos: 89,5
2- Festivo Rosé 2022
Bodega Monteviejo, Valle de Uco, Mendoza $3950

José Luis Mounier logra captar en este rosado cada vez mejor la frescura y el carácter del Malbec en la altura del Valle de Uco. Desde su nacimiento fue un vino que le hace honor a su nombre, y hoy mas que nunca con etiqueta nueva. De aspecto rosa suave y brillante, y aromas directos, frutados, expresivos. Paladar tan franco como entretenido por sus texturas vivaces que realzan su carácter. Puntos: 89
3- Ana Mastrantonio 2022

Mastrantonio Wines, Los Chacayes, Mendoza $14.000
Este exclusivo rosado viene en botella de lujo y está concebido a base de Malbec, cofermentado con toques de Cabernet Franc y Pinot Gris. Original y homenajeando a la hija menor del propietario de la bodega, posee buen cuerpo y texturas vibrantes, llena la boca con carácter y equilibrio, y en el final de boca vuelven a aparecer sus perfumes frutados y herbales. Ideal para servir con platos delicados. Puntos: 91
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