
En menos de diez años, la posibilidad de ejecutar tareas digitales solo con el pensamiento podría modificar de forma radical la relación con la tecnología. Investigadores en distintas partes del mundo trabajan en métodos para enlazar el cerebro humano con sistemas informáticos, sin necesidad de pantallas, teclados o controles físicos.
Uno de los desarrollos más destacados es Brainternet, impulsado por Adam Pantanowitz, ingeniero biomédico de la Universidad de Witwatersrand, en Johannesburgo. Según explicó al medio Muy Interesante, el sistema capta la actividad eléctrica del encéfalo mediante un casco con electrodos, transmite esa señal a una pequeña computadora y la muestra en tiempo real en una aplicación accesible por internet.
El software cuenta con inteligencia artificial que interpreta los patrones cerebrales y los asocia a acciones concretas, como mover una mano o girar la cabeza.
Pantanowitz adelantó que el próximo paso es lograr que la información también viaje en sentido contrario, es decir, que el cerebro pueda recibir datos directamente desde la red. “Igual que los celulares o los aparatos de aire acondicionado tienen direcciones IP, una persona podría conectarse a la red a través de señales biológicas”, aseguró.

Aplicaciones clínicas y cotidianas
Además de sus implicancias tecnológicas, estos sistemas podrían tener impacto en la salud. Pantanowitz señaló que conocer en tiempo real las señales que anteceden a una crisis epiléptica o a una migraña permitiría prevenir accidentes, por ejemplo si el paciente está manejando o en un espacio público.
También planteó que, con el tiempo, el equipamiento podría volverse mucho más liviano, reemplazando los cascos por sensores incorporados a una vincha o incluso a la patilla de unos anteojos.
Comunicación cerebral sin intervención física
Otro desarrollo liderado por el mismo investigador es BrainConnect, una interfaz pasiva que convierte al cerebro en receptor de mensajes digitales. Un dispositivo emite destellos de luz frente a los ojos del usuario, y el área visual del encéfalo capta esa secuencia como una señal.
Luego, esa información es traducida por otro sistema que reconstruye el contenido original. Pantanowitz explicó que este mecanismo logra identificar 17 símbolos distintos con una velocidad promedio de cuatro segundos por cada uno, y que cuanto más relajado está el sujeto, mayor es la precisión.

Control mental de dispositivos en pruebas médicas
En Estados Unidos, el neurocirujano Eric Leuthardt, de la Universidad Washington en San Luis, trabaja con personas con epilepsia que requieren monitoreo cerebral antes de una cirugía. En ese contexto clínico, desarrolló experiencias en las que los pacientes pueden operar videojuegos como Space Invaders usando solo la mente. Al pensar en mover la nave, se activa una zona específica de la corteza motora, y esa señal es interpretada por un sistema que ejecuta el comando.
Leuthardt también probó un modelo que identifica palabras pensadas pero no dichas. En colaboración con el ingeniero Gerwin Schalk, diseñaron un programa de inteligencia artificial capaz de distinguir términos similares con un 45 % de precisión, según un artículo citado por MIT Technology Review.
Ambos especialistas fundaron NeuroLutions, una empresa que desarrolló una interfaz no invasiva para personas que sufrieron un ACV. Con sensores colocados sobre el cuero cabelludo, lograron que pacientes sin movilidad en una mano pudieran abrir y cerrar una férula ortopédica solo con sus pensamientos.

Riesgos sobre privacidad y manipulación
El avance de estas tecnologías también despierta preocupación. “Nuestra privacidad más íntima, la mente, podría ser hackeada”, advirtió Pantanowitz en sus declaraciones. Mencionó como ejemplo la posibilidad de recibir publicidad personalizada directamente en los pensamientos o que una orden externa pueda inducir una acción sin pasar por la voluntad del individuo.
Como alternativa, sugirió trabajar con redes cuánticas, menos vulnerables a ataques porque se alteran ante cualquier intento de intervención, lo que las convierte en una opción más segura para transmitir datos mentales.
La carrera empresarial por el cerebro conectado
El interés del sector privado no se queda atrás. Elon Musk, con Neuralink, y Bryan Johnson, con su compañía Kernel, lideran proyectos que buscan integrar inteligencia artificial con procesos cerebrales mediante implantes de última generación.
Según señaló Pantanowitz, si un sistema como Brainternet pudo desarrollarse con poco presupuesto y en apenas dos meses, el potencial de estos gigantes tecnológicos es difícil de dimensionar.
Uno de los mayores desafíos es evitar el rechazo del cuerpo ante materiales extraños. Charles Lieber, profesor de Química en la Universidad de Harvard y colaborador de Neuralink, creó un implante electrónico tan fino que puede ser inyectado con una aguja. Una vez dentro, el tejido neuronal crece a su alrededor y lo incorpora como si fuera parte del sistema nervioso.
En una entrevista con el sitio Nautil.us, explicó que esta técnica permite registrar la actividad cerebral con una precisión mucho mayor que las imágenes por resonancia magnética, que solo muestran zonas generales.

Una demostración de control mental desde una computadora
Como parte de sus investigaciones, Pantanowitz realizó un experimento donde fue posible mover los brazos de una persona mediante impulsos eléctricos dirigidos al cerebro desde una computadora. Según aseguró, él mismo se ofreció como voluntario para mostrar hasta dónde puede llegar esta tecnología.
“Brainternet es una forma de anticiparnos a los riesgos del futuro que se avecina, para poder prevenirlos”, afirmó el investigador, que propone debatir de forma abierta y anticipada las implicancias de estos avances.
En un mundo cada vez más interconectado, el cuerpo humano aparece como la próxima gran plataforma de conexión. Según Muy Interesante, si estos desarrollos se concretan, los celulares, teclados o cualquier interfaz externa podrían volverse obsoletos frente a una mente capaz de operar dispositivos solo con pensarlo.
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