
La foto que abre esta nota aparece una sola chica, pese a que parecen personas muy diferentes. En una Carla tiene sobrepeso y la de la izquierda, la misma persona muestra su transformación que sucedió en apenas un año. Aunque parezca increíble es la misma persona, los tatuajes de sus brazos quedan como documento de que no miente. Que su cambio fue real.
Desde chica Carla Crocco siempre tuvo sobrepeso. “Era la gordita del grupo”, recuerda la joven en diálogo con Infobae. También su familia usaba el diminutivo para llamarla. Quizás pensaban que de esa manera no era agresivo.
A los 12 años se le declaró a un chico con una carta en la que le confesaba su amor. La respuesta fue muy dura. “No me gustas, sos gorda”, le dijo mientras hacía un bollo con el papel que tenía unos corazones rojos en los márgenes del texto. Nunca más lo vio a Jorge y asegura que no tuvo intenciones de buscarlo en Facebook. “Yo ya estoy en otra cosa”, afirma la joven.
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La vida de Carla siguió y ya en la adolescencia no se dejó pisotear más por la discriminación. A los 17 años estaba bailando con amigas en un boliche y se le acercó un joven a hablarle al oído. “Le dije con cortesía que prefería quedarme con mis amigas –relata la chica que recuerda cada segundo de esa noche-. El pibe me replicó que si me hubiera traído un sándwich seguro ´agarraba viaje´”. La chica le respondió y lo dejó mudo, mientras sonaba la música de fondo.

El inicio del cambio
Estos dos momentos de su vida la marcaron a fuego. Carla se tuvo que hacer fuerte para bancar la discriminación de la sociedad. El tiempo pasó y a los 29 años, la joven sintió que había tocado fondo. “Pesaba 90 kilos y llevaba una vida muy poco saludable –explica durante la charla con Infobae-. Tenía riesgo de hipertensión y diabetes. No solo era una cuestión de verse mejor en el espejo”.
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Carla empezó a buscar un cambio en su vida. No le gustaba ir al gimnasio pero se lo impuso como rutina. Buscaba cada clase que pudiera darle un día más de actividad para bajar de peso. Pasó por el step y la zumba. Se fue enganchando y en un año logró bajar 30 kilos. Uno de sus secretos fue dejar de comer azúcar refinada y alimentos procesados. La base de su alimentación eran las carnes magras, legumbres, frutas y verduras.
Ya no tenía sobrepeso y el gimnasio la había enganchado a niveles que nunca pensó que le sucedería. “Empecé con los aparatos y me gustó mucho. Cada vez usaba más peso y se me iban tonificando los músculos –recuerda Carla-. Y de a poco me copé con el fisicoculturismo como disciplina”.

Cambio de hábitos
En la actualidad, entrena cinco veces por semana y luce un físico que sorprende a cualquiera que la ve en el gimnasio con sus músculos marcados. Eso no fue de un día para el otro. Tras bajar de peso, fueron 3 años de entrenamiento para llegar a este momento. Carla cambió su dieta en forma radical. Come muchísimas proteínas. “En época de competencia hago lo que se llama una dieta limpia. Pollo, claras de huevo y suplementos. Este deporte es muy preciso. Cada desarreglo que haga se siente luego en el entrenamiento y en el resultado final”.
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Carla, además, se enamoró entre los fierros del gym. Su entrenador es su pareja, y también es fisicoculturista. Aseguran que pueden separar los dos mundos, pese a que muchas veces llevan el entrenamiento a casa. “Nos acompañamos mucho, tanto en las etapas de la competencia como cuando estamos en descanso y podemos ´ensuciar´ la dieta con algún permitido el fin de semana como un helado o pizza”, relata la chica.

El año pasado, debutó en una competencia y hoy compite en la categoría Bikini Wellness. Hasta el momento, participó en cuatro torneos y siempre se mantuvo en el podio, dentro de los tres mejores puestos. “Creo que nunca voy a dejar de hacer esto, es lo que más me gusta en mi vida. Hace poco fui a una competencia y en la categoría masculina había un participante de 76 años. Me encantó verlo y me sentí reflejada. Es lo que quiero para cuando tenga esa edad”, afirma Carla.
La chica no tiene problemas en mostrar las fotos de antes y después de su vida. De cómo era a sus 29 años, antes de arrancar en esta vida de fisicoculturista. “Todo el tiempo muestro en Instagram mi realidad y trato de predicar esto de ‘si yo pude, vos también’”, explica la chica que logró un cambio radical en su vida en 4 años. Primero fue bajar de peso y luego en un proceso de 36 meses de entrenamiento y alimentación para lograr el físico actual.
“Hay que proponérselo, hay que tener constancia. No es mágico el cambio y aunque lo estético viene de la mano, lo que van a ganar es salud”, explica.
Carla mira las fotos de la chica que fue con esos 90 kilos y sabe que ya no volverá a ese momento. “Hoy mi cuerpo es funcional. Corro un colectivo y no me agito. Me dan muy bien los análisis de sangre. La verdad que este deporte me cambio la vida”, concluye la chica.
Carla ahora mira las fotos de las competencias en la que participó. En su primer año siempre ocupó el podio. Se ve sonriente con el cuerpo aceitado. Muestra sus músculos marcados a fuerza de proteínas y esfuerzo. Se nota que encontró su lugar en el mundo, entre las pesas y los aparatos del gimnasio. “Nunca se sabe cuando te puede cambiar la vida. Pero si uno se pone un objetivo es importante cumplirlo para sentirse bien”.
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