
La agencia espacial japonesa JAXA puso en marcha la primera misión destinada a traer a la Tierra muestras de una luna de Marte.
La nave Martian Moons Exploration, conocida como MMX, partió ayer desde el Centro Espacial de Tanegashima, en Japón, con rumbo a Fobos y Deimos con el objetivo de llevar adelante una operación sin precedentes: aterrizar sobre un cuerpo de apenas 22 kilómetros de diámetro, extraer material de su superficie y devolverlo dentro de una cápsula en 2031.
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El desafío excede la llegada a Marte. Las misiones espaciales lograron observar Fobos y Deimos desde la distancia, pero ninguna nave obtuvo muestras de esos satélites. MMX aspira a llenar ese vacío con un viaje de cinco años, una campaña científica alrededor del planeta y dos descensos sobre Fobos. La misión cuenta con un presupuesto de 578 millones de dólares y reúne a cinco agencias espaciales.

El lanzamiento utilizó un cohete H3, desarrollado por JAXA y Mitsubishi Heavy Industries. El vehículo, de 63 metros de altura, despegó desde la plataforma 2 del Complejo de Lanzamiento Yoshinobu y siguió una trayectoria sobre el océano Pacífico. Después de liberar sus propulsores sólidos y separarse de la etapa superior, la nave recibió el impulso necesario para abandonar la órbita terrestre y dirigirse al sistema marciano.
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MMX viaja ahora a una velocidad máxima cercana a los 38.858 kilómetros por hora. El trayecto interplanetario demanda unos diez meses y su llegada a Marte figura para agosto de 2027. Desde allí, la nave ajustará su recorrido hasta una órbita cuasisatelital alrededor de Fobos, una configuración que le permitirá acompañar a la luna mientras ambas giran alrededor del planeta.
Tom Statler, astrofísico de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio de Estados Unidos (NASA), resumió la expectativa que rodea al proyecto: “Hay mucha adrenalina, mucha emoción y mucho ‘guau’”. La frase refleja el carácter excepcional de una operación que combina navegación interplanetaria, vuelo cercano a una luna irregular, descenso sobre un suelo desconocido y retorno de una carga científica.
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Fobos puede conservar restos de Marte y del sistema solar temprano

La importancia de MMX comienza con una pregunta que la ciencia planetaria todavía no logró resolver: ¿de dónde provienen Fobos y Deimos? Sus órbitas casi circulares y cercanas al ecuador de Marte respaldan la posibilidad de un origen común con el planeta. Según esa hipótesis, un gran impacto expulsó material marciano al espacio; con el tiempo, esos fragmentos formaron las dos lunas.
Sin embargo, la forma y la composición conocidas de los satélites plantean otra explicación. Fobos y Deimos parecen cuerpos alargados, irregulares y oscuros, con una apariencia más cercana a la de un asteroide que a la de una luna formada a partir de escombros planetarios. La segunda hipótesis sostiene que Marte capturó dos asteroides del sistema solar primitivo por efecto de su gravedad.
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Las observaciones remotas no alcanzan para resolver esa discusión. Los espectrómetros instalados en telescopios y naves pueden identificar rasgos generales de la superficie, pero los laboratorios terrestres permiten mediciones mucho más detalladas. Los investigadores analizarán la composición química, los minerales, las partículas y la antigüedad del material que MMX recupere. Luego compararán esos datos con rocas marcianas y con muestras de asteroides.

La misión llevará a la Tierra al menos 10 gramos de polvo, suelo y fragmentos rocosos. Puede parecer una cantidad menor, aunque bastaría para responder interrogantes sobre la formación de Marte y los planetas interiores. Si Fobos contiene material expulsado desde el planeta rojo tras impactos antiguos, sus granos ofrecerán además una vía indirecta para estudiar regiones marcianas inaccesibles para los vehículos que recorren su superficie.
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JAXA vinculó ese objetivo con una cuestión más amplia: el origen de las condiciones favorables para la vida en los planetas rocosos. Determinar cuál hipótesis explica la formación de las lunas ayudaría a reconstruir el movimiento de materiales en la primera etapa del sistema solar. Mercurio, Venus, la Tierra y Marte atravesaron impactos, acumulación de escombros y cambios orbitales durante ese período.
“Es una oportunidad única en la vida. Formamos parte de la primera misión de retorno de muestras del sistema marciano”, afirmó Markus Grebenstein, jefe del rover de la Agencia Espacial Alemana. La definición precisa el alcance del proyecto: MMX no busca únicamente un registro de Fobos, sino una muestra física de todo el entorno marciano, hasta ahora fuera del alcance de las misiones de regreso de material.
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Un rover rebotará sobre Fobos antes de los dos aterrizajes de MMX

La nave principal pesa cinco toneladas e incorpora instrumentos de Japón, Estados Unidos y Europa. La NASA aportó el espectrómetro de rayos gamma y neutrones MEGANE, construido por el Laboratorio de Física Aplicada de Johns Hopkins, además de un sistema neumático de muestreo de Honeybee Robotics. La Red de Espacio Profundo de la agencia estadounidense respaldará las comunicaciones con la sonda.
Antes de la toma de muestras, MMX liberará a Idefix, un pequeño rover desarrollado por Francia y Alemania. Su nombre remite al perro blanco de los cómics de Astérix y su tamaño se aproxima al de un horno de microondas. El vehículo de cuatro ruedas descenderá sobre Fobos hacia finales de 2028 o inicios de 2029 para reconocer el terreno y aportar información para la selección de sitios de aterrizaje.
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La gravedad de Fobos equivale a una milésima parte de la terrestre. Esa condición convierte el descenso en una maniobra poco habitual: Idefix caerá sobre la superficie y puede rebotar durante varios minutos antes de quedar estable. Su sistema de movilidad incorpora mecanismos para recuperar la posición si termina boca arriba, aunque los responsables reconocen riesgos ante rocas, polvo suelto o zonas blandas.

Una vez desplegados sus paneles solares, el rover perderá la posibilidad de girar sobre sí mismo en caso de quedar volcado. Por eso circulará a cerca de un milímetro por segundo y examinará la superficie durante unos 100 días. Sus datos permitirán evitar áreas con pendientes, acumulaciones de polvo o relieves que compliquen el descenso posterior de la nave principal.
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La fase decisiva llegará con el aterrizaje del módulo de cuatro patas. MMX tocará Fobos dos veces y cada visita durará cerca de dos horas. Durante ese breve intervalo, perforará el suelo y aspirará el material destinado a la cápsula de retorno. La doble operación eleva las posibilidades de reunir una muestra representativa y reduce la dependencia de un único punto de contacto.
Tras completar la segunda recolección, la nave cambiará su órbita para cruzarse con Deimos, el satélite más pequeño de Marte, de unos 14 kilómetros de diámetro. MMX realizará varios sobrevuelos para estudiar su relieve, composición y entorno. Esa etapa permitirá comparar ambas lunas con instrumentos idénticos y construir un panorama conjunto del sistema marciano.
La sonda abandonará Marte en noviembre de 2030. Su cápsula con las muestras descenderá en Australia durante 2031, si la secuencia cumple el calendario. Japón aporta experiencia en retornos de material de asteroides, aunque el escenario marciano suma complejidades propias: distancias mayores, comunicaciones con demora, gravedad mínima y una cadena de maniobras que no admite errores.
El antecedente más cercano terminó de otro modo. Rusia lanzó la misión Phobos-Grunt en 2011, pero la nave no pudo salir de la órbita terrestre tras un fallo y cayó sobre el océano Pacífico en enero de 2012. Japón tampoco logró colocar en órbita marciana su única misión anterior al planeta.
MMX parte, por lo tanto, bajo la presión de intentos fallidos y con la posibilidad de inaugurar una nueva etapa en la investigación de Marte.
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