
Dejar de fumar tiene efectos positivos bien conocidos sobre el corazón, los pulmones y la expectativa de vida. Ahora, un nuevo estudio sugiere que también podría ayudar a reducir el riesgo de demencia, aunque con una condición importante: evitar un aumento excesivo de peso después de abandonar el tabaco.
La investigación, difundida por la American Academy of Neurology, siguió durante aproximadamente una década a más de 32.800 adultos de mediana y avanzada edad. Los resultados mostraron que las personas que dejaron de fumar tenían menos probabilidades de desarrollar demencia que quienes continuaron fumando, pero el beneficio se mantenía principalmente en quienes lograban controlar el aumento de peso posterior.
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El hallazgo cobra relevancia en un contexto en el que la demencia se ha convertido en uno de los principales desafíos de salud pública asociados al envejecimiento. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 57 millones de personas viven actualmente con demencia en el mundo y cada año se registran cerca de 10 millones de nuevos casos.
La organización advierte además que el tabaquismo, el sedentarismo, la obesidad y otros factores vinculados al estilo de vida pueden influir en el riesgo de desarrollar deterioro cognitivo a largo plazo.
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Qué encontró el estudio
El trabajo analizó adultos con una edad promedio de 61 años que no presentaban demencia al inicio de la investigación. A lo largo de los 10 años de seguimiento, se registraron 5.868 casos de la enfermedad.
En comparación con quienes continuaron fumando, las personas que dejaron el tabaco mostraron un 16% menos de riesgo de desarrollar demencia. Además, a medida que aumentaba el tiempo sin fumar, el beneficio parecía fortalecerse: después de siete años de abstinencia, el riesgo se acercaba al de quienes nunca habían fumado.
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Sin embargo, el efecto positivo dependía en gran parte de lo que ocurría con el peso corporal tras abandonar el cigarrillo. Las personas que mantuvieron un peso relativamente estable —o aumentaron hasta 5 kilogramos— conservaron el beneficio cognitivo asociado a dejar de fumar.
En cambio, quienes aumentaron 10 kilogramos o más no mostraron una reducción clara del riesgo de deterioro cognitivo. Es decir, el beneficio cerebral observado en quienes abandonaban el tabaco parecía disminuir cuando el aumento de peso era considerable.
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Los investigadores ajustaron los resultados teniendo en cuenta otros factores que también influyen en el deterioro cognitivo, como la edad, la actividad física y la salud cardiovascular.
Por qué dejar de fumar suele aumentar el peso
El aumento de peso después de abandonar el tabaco es frecuente. La nicotina influye sobre el apetito y el metabolismo, por lo que muchas personas experimentan más hambre o cambios en la alimentación cuando dejan de fumar. Además, algunas reemplazan el hábito de fumar por el consumo de alimentos o snacks.
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Para los investigadores, esto no significa que dejar de fumar sea perjudicial. Por el contrario, el tabaquismo sigue siendo uno de los factores de riesgo más importantes para enfermedades cardiovasculares, cáncer y muerte prematura.
La clave, según el estudio, estaría en acompañar el proceso con estrategias que ayuden a evitar un aumento de peso excesivo.
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Qué recomiendan los especialistas
Los investigadores explicaron que muchas personas se preocupan por subir de peso después de dejar el cigarrillo, pero destacó que abandonar el tabaco continúa asociado con mejores resultados para la salud cerebral.

Por eso, los autores sugieren que los programas para dejar de fumar incluyan orientación sobre alimentación, actividad física y control metabólico. La idea no es solo abandonar el cigarrillo, sino también sostener hábitos que ayuden a preservar la salud cardiovascular y cerebral a largo plazo.
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Dejar de fumar reduce un daño importante para el organismo, pero otros hábitos del estilo de vida también influyen en cuánto puede sostenerse ese beneficio con el tiempo.
Qué límites tuvo la investigación
Los autores aclaran que el estudio muestra una asociación estadística y no una relación directa de causa y efecto. Además, tanto el consumo de tabaco como el peso corporal fueron informados por los propios participantes, lo que podría introducir errores o imprecisiones.
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Tampoco se detallaron completamente algunas características geográficas y socioculturales de la muestra, por lo que serán necesarios nuevos estudios para confirmar si los resultados se repiten en otras poblaciones.
Aun así, el trabajo aporta una nueva perspectiva sobre la relación entre tabaquismo, metabolismo y salud cerebral. Y refuerza una idea cada vez más respaldada por la evidencia científica: la prevención de la demencia no depende de un único factor, sino de múltiples hábitos que interactúan entre sí a lo largo de la vida.
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