
Un estudio liderado por el equipo de Michigan Medicine reveló que los accidentes cerebrovasculares de mayor gravedad multiplican por cinco el riesgo de desarrollar demencia en comparación con quienes no han sufrido ningún evento de este tipo.
Según la investigación publicada en JAMA Network Open, las personas que atravesaron un accidente cerebrovascular severo experimentan un deterioro cognitivo equivalente a envejecer más de dos años adicionales respecto a la línea base, en contraste con quienes nunca tuvieron un accidente cerebrovascular.
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Al analizar los datos de salud de más de 42.000 adultos estadounidenses, incluidos unos 1.500 supervivientes de accidente cerebrovascular y un seguimiento de un máximo de 30 años, los investigadores dirigidos por Deborah A. Levine, profesora de medicina interna y neurología en la University of Michigan Medical School, establecieron que el riesgo de demencia aumenta de manera progresiva según la severidad del accidente cerebrovascular.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), “la demencia es el resultado de diversas enfermedades y lesiones que afectan el cerebro”.
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Frente a aquellas personas que no sufrieron un accidente cerebral, quienes padecieron un evento leve duplicaron su riesgo de demencia, los de gravedad moderada lo triplicaron, y quienes enfrentaron un episodio grave lo quintuplicaron, informó el estudio.
La aceleración del deterioro cognitivo se manifestó en todos los niveles de accidente cerebrovascular. Los supervivientes de episodios leves a moderados presentaron un deterioro cognitivo equivalente a una edad 1,8 años mayor al inicio del estudio.
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En casos moderados a severos, el deterioro es equivalente a una edad 2,6 años mayor. Este patrón afecta capacidades de memoria, funciones ejecutivas y rendimiento cognitivo general, de acuerdo con el equipo liderado por Levine.
“Nuestros hallazgos resaltan la necesidad de monitorizar de cerca la función cognitiva y tratar de forma intensiva los factores de riesgo de demencia en todos los supervivientes de un ictus, especialmente en aquellos con ictus graves", señaló la experta.
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ACV y riesgo de deterioro cognitivo

A diferencia de las personas sin antecedentes de accidente cerebrovascular, que muestran un declive esperable asociado a la edad, quienes sobreviven a estos episodios progresan hacia un deterioro más rápido, especialmente ligado a la gravedad del evento inicial.
Según Mellanie V. Springer, profesora titular de neurología en la University of Michigan, “la afectación cognitiva no se limita a los episodios moderados o graves; también la observamos tras accidentes leves, por lo que todos los supervivientes se consideran en riesgo y deben ser evaluados de forma regular”.
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Los investigadores subrayan que la mayor severidad induce mayor daño estructural y de redes cerebrales, reduciendo la llamada reserva cognitiva y dificultando la capacidad del cerebro para compensar tanto el golpe inicial como el propio envejecimiento y los daños vasculares persistentes. Entre los factores que pueden contribuir al deterioro tras el accidente cerebrovascular se encuentran la enfermedad de pequeños vasos, procesos neurodegenerativos como la enfermedad de Alzheimer, y la inflamación crónica.

“La mejor manera de prevenir la demencia y el deterioro cognitivo posteriores a un ictus es prevenir tanto el primer como el segundo ictus", afirmó Levine. “Esto implica controlar la presión arterial, la glucosa y el colesterol hasta alcanzar niveles óptimos, y tomar un anticoagulante cuando se presenta fibrilación auricular, según las recomendaciones”.
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El equipo de Levine informó previamente que los niveles más altos de glucosa después de un accidente cerebrovascular están relacionados con un deterioro cognitivo posterior al accidente cerebrovascular más rápido.
Este aumento progresivo del riesgo, que avanza desde el doble tras un episodio leve hasta el quíntuple con los más graves, resalta la importancia de ajustar el monitoreo y las intervenciones preventivas según la gravedad, y de incorporar la vigilancia neurocognitiva como eje central en la recuperación y el seguimiento a largo plazo de todos los pacientes afectados.
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