
El enigma de la conciencia humana continúa desafiando a la ciencia y la filosofía, como expuso el escritor Michael Pollan durante el programa Horizons de PBS News. Aunque cada persona convive con una voz interna y sensaciones propias, aún desconocemos por qué poseemos esta facultad ni hasta dónde llegan sus verdaderos límites.
El misterio de la conciencia permanece sin resolver a pesar de décadas de investigación. Esta incógnita afecta nuestra vida cotidiana, desde el modo en que nos reconocemos como individuos hasta cómo entendemos la experiencia de animales, plantas o incluso máquinas.
Además, influye en la manera en que cuestionamos la autenticidad de nuestros pensamientos, en la relación con la inteligencia artificial y en los dilemas éticos que surgen al interactuar con otras formas de vida.
“La conciencia es la experiencia subjetiva de estar vivo”, definió Pollan en la entrevista emitida por PBS News. El autor remarcó la paradoja de que, aunque la conciencia es lo más íntimamente conocido, resulta una de las nociones más escurridizas de definir en términos científicos. “Todo lo que sabemos sobre el mundo es una inferencia basada en la conciencia”, añadió.
Pollan amplió la discusión recurriendo a las ideas del filósofo Thomas Nagel. Un ser es consciente, explicó, si hay “algo que se siente como ser ese ser”, sin importar cómo perciba el mundo. Al poner de ejemplo a un murciélago, comentó: “Podemos imaginar vagamente cómo sería vivir percibiendo por ecolocalización, pero tu tostadora no tiene experiencia; no existe sensación alguna de ser una tostadora”.

El escritor recordó una vivencia personal bajo los efectos de hongos alucinógenos: “Tuve la sensación de que las flores de mi jardín me observaban, fue inquietante y maravilloso”. A raíz de esa experiencia, investigó en la ciencia si las plantas podían tener algún tipo de conciencia.
Al abordar la diferencia entre conciencia y sentiencia, Pollan precisó ante PBS News: “La sentiencia, la capacidad de reaccionar y adaptarse al entorno, podría ser una propiedad de toda la vida, incluso de organismos unicelulares”.
Apuntó que las plantas pueden aprender, recordar, anticipar cambios y distinguir entre aliados y competidores. Si bien no poseen conciencia en sentido estricto, sí muestran una notable percepción de su entorno. “Experimentos con plantas trepadoras demuestran que pueden identificar dónde están los soportes y dirigirse hacia ellos. Hay decisiones inteligentes, solo que ocurren a un ritmo tan lento que necesitamos cámaras de lapso de tiempo para apreciarlo”, describió.
Estas observaciones llevaron a Pollan a sugerir: “No es descabellado decir que son sentientes, si entendemos por sentiencia la capacidad de distinguir entre cambios buenos o malos y tomar decisiones adecuadas. Puede que la sentiencia sea una propiedad de toda la vida, incluso de bacterias”, afirmó.
El desafío de definir la conciencia y su alcance
Extender el concepto de conciencia más allá de los seres humanos plantea retos científicos y éticos complejos. “Estamos democratizando la conciencia. Esto pone en entredicho nuestro sentido de exclusividad como especie”, reconoció Pollan durante la entrevista con PBS News.
El escritor atribuyó parte de estas limitaciones a la tradición científica. Durante décadas, estudiar la conciencia fue visto como un “suicidio profesional” para los investigadores. No fue sino hasta finales de los 80 cuando científicos como Francis Crick intentaron abordar el tema buscando “los correlatos neuronales de la conciencia”, aunque sin hallar un centro definido.
“La conciencia es diferente; es subjetiva”, explicó Pollan. “¿Cómo introducir la perspectiva de primera persona en una ciencia basada en la tercera persona? Nuestra ciencia actual no está preparada para ese desafío”, reflexionó.
Recordó que desde la época de Galileo y Descartes, la ciencia separó lo medible de lo subjetivo, delegando este último ámbito al terreno de la religión y el alma. Aunque hoy hablamos de conciencia en lugar de alma, seguimos enfrentando la misma frontera conceptual.

Por qué la ciencia aún no resuelve el misterio de la conciencia
“La única herramienta para estudiar la conciencia es la propia conciencia”, admitió el autor, señalando el círculo vicioso al que se enfrenta la ciencia en este campo. Explicó que existen múltiples teorías rivales: “Por algunas cuentas hay 22 teorías principales sobre la conciencia; otras hablan de incluso 200”, detalló ante PBS News. Este panorama refleja la incertidumbre teórica que aún domina el debate.
Como ejemplo, Pollan mencionó la hipótesis de que la conciencia podría surgir de los sentimientos originados en el cuerpo, más que de los pensamientos elaborados en la corteza cerebral. “Hambre sería el sentimiento más básico; nace en el cuerpo, llega al cerebro, y luego la corteza lo procesa de forma cognitiva. Pero los científicos todavía debaten quién es el sujeto que siente ese hambre”, planteó.
El escritor afirmó que la frustración de los investigadores es frecuente: “Cuando se les pide una definición, suelen recurrir a explicaciones vagas y a respuestas ‘de mano alzada’”. Sin embargo, consideró que no obtener una respuesta definitiva también puede ser positivo.
Conciencia, ética y nuevas preguntas morales
Al profundizar en la conciencia de animales y plantas, surgen dilemas morales. “Si una criatura puede sufrir, incluso si fuera una máquina, le debemos alguna consideración moral”, destacó Pollan. No obstante, matizó: “Sabemos que vacas y cerdos son conscientes, pero seguimos tratándolos cruelmente”.
En cuanto a las plantas, Pollan relató que algunos expertos sostienen que sienten dolor, mientras que otros creen que eso no sería evolutivamente útil si no pueden huir. “La característica de permanecer arraigadas es clave; necesitan ser conscientes de que les comen las hojas, pero no les aporta nada sufrir”, indicó. Esa interpretación le resultó tranquilizadora: “No tengo que imaginar que cortar el césped sea una carnicería sensorial”.
Reconocer formas de conciencia ajenas a la humana incrementa nuestras responsabilidades éticas y plantea nuevas preguntas acerca del trato a otras formas de vida y, potencialmente, a “máquinas inteligentes”.
El futuro de la conciencia y los riesgos tecnológicos
Pollan expresó escepticismo ante la posibilidad de generar conciencia en sistemas de inteligencia artificial. “Recordemos, la conciencia y la inteligencia no son lo mismo. Puedes ser muy consciente sin ser inteligente, o viceversa. Una máquina podría ser inteligente sin conciencia”, explicó.

El autor puntualizó que muchos en Silicon Valley creen que mejorando algoritmos llegarán a una inteligencia artificial consciente. Sin embargo, advirtió ante PBS News: “La comparación entre cerebro y computadora es solamente una metáfora”.
Remarcó una distinción esencial: “Nuestros cerebros no diferencian entre hardware y software como una máquina. Cada experiencia física transforma el sistema, y esto no ocurre en una computadora”.
Sostuvo que la conciencia puede estar ligada a tener cuerpo, vulnerabilidad y quizá mortalidad. “Los sentimientos requieren cuerpo. Una IA no puede experimentar hambre ni miedo como nosotros”, sentenció. Aunque ciertos programas simulan emociones o parecen “heridos”, recalcó que “simular sentimientos no es experimentar sentimientos”.
Para Pollan, aunque ve improbable que las máquinas alcancen conciencia genuina, el peligro está en la ilusión: “El riesgo es que las máquinas ya nos están engañando. La gente cree que sienten, y nosotros somos presa fácil de esa ilusión”.
El escritor reflexionó que el contacto constante con la tecnología pone en riesgo la calidad de nuestra experiencia consciente. “Pasar el día frente a pantallas reduce la oportunidad de divagar y reflexionar.
Incluso el aburrimiento puede conducir a la creatividad, pero estamos perdiendo ese espacio”, advirtió en la entrevista con PBS News.
Propuso medidas como meditar o desconectarse del móvil para preservar lo que llamó “higiene de la conciencia”.
La ausencia de una respuesta definitiva sobre la conciencia invita a mantener una actitud abierta. Estar dispuestos a convivir con el misterio nos brinda nuevas perspectivas y nos ayuda a valorar la experiencia interior, aun cuando sus mecanismos sigan siendo un enigma.
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