
El verano es un tiempo de descanso y de dispersión. Muchas personas aprovechan esta especial estación para irse de vacaciones y distraerse por unos días de las obligaciones cotidianas. En la playa especialmente, pero también en las montañas o en cualquier paisaje, las posibilidades para disfrutar sobran durante los tres meses más esperados del año. Y por supuesto, el combo perfecto de este contexto se completa con deliciosas comidas y bebidas.
Bajo estos preceptos, es importante tener en cuenta que, por el calor, algunos productos pueden sufrir procesos de descomposición que repercuten en el organismo si los ingerimos. Infobae conversó con dos profesionales de la nutrición para conocer las principales claves a la hora de conservar en buen estado los alimentos y evitar intoxicaciones alimentarias.
La intoxicación alimentaria, también denominada “enfermedad transmitida por los alimentos” (ETA), es provocada por comer comidas contaminadas. Las causas más frecuentes son los organismos infecciosos —entre ellos, bacterias, virus y parásitos— o sus toxinas.
En primer lugar, María del Rosario Belossi, licenciada en nutrición (MN 10609), especialista en nutrición en deporte y en basada en plantas, indicó: “Hay que tener en cuenta que un alimento puede verse bien a simple vista y no tener signos de estar en mal estado, dado que muchas veces la apariencia no determina su calidad sanitaria. Los consumidores estamos expuestos a diferentes peligros que pueden producir desde pasar un mal momento (incomodo o de dolor), hasta una enfermedad mayor”.

“Si tenemos un producto y dejamos que esté expuesto a mucha humedad (o que aumente) estimula el desarrollo microbiano. Por otro lado, tenemos otro aspecto importante, que es la presencia de oxígeno. La mayoría de los microorganismos crecen en ambientes aeróbicos, es decir, en presencia de este elemento. Los mohos y levaduras necesitan oxígeno, en general. Si dejamos los alimentos expuestos a mucho oxígeno, nos veremos en riesgo de que haya crecimiento de mohos o levaduras”, añadió Belossi.
En el mismo orden de cosas, la nutricionista señaló que, si exponemos a los alimentos a altas temperaturas, “con presencia de oxígeno y con actividad de la humedad, seguramente estaremos creando un campo propicio para que crezcan y se reproduzcan cada vez más los microorganismo”. De esta forma, “en carnes, leches y huevos siempre va a haber un riesgo de contaminación, y la única manera para reducir ese riesgo va a ser aplicando tratamientos térmicos, por ejemplo cocinando bien las carnes”.
En contrapartida, “los vegetales, las frutas, cereales y legumbres son más estables a temperatura ambiente, pero puede aumentar el riesgo de contaminación si eliminamos las cáscaras antes de tiempo”. Así las cosas, según Belossi, “en la playa se debería poner todo en refrigeración, porque los productos exponen a factores muy extremos. Las carnes, tanto de vaca, ave o pescado se deben mantener refrigeradas constantemente. Sería difícil de trasladar y se debería comer bastante rápido porque la refrigeración en la playa no es constante, va cambiando y disminuyendo a medida que pasa el tiempo”.

Asimismo, Belossi llamó a tener en cuenta la calidad del agua de los destinos turísticos. “Si no saben la procedencia y los métodos higiénicos con los que se trata, no consumir sin antes haber al menos hervido el agua para matar los microorganismos. Siguiendo la misma línea del consejo, si van a un lugar donde el agua no es potable, no lavar los alimentos ni los utensilios de cocina con esa agua. Y si van a un lugar a comer o a pedir alguna bebida, pedirla sin hielo porque seguramente la hagan con esa misma agua”.
Por su parte, la nutricionista Giuliana Luberti (MP 6382) indicó: “Los alimentos con los que hay que tener más precaución son los sándwiches de fiambres, las frutas, verduras, aderezos, alimentos de origen lácteo como queso y yogurt, las carnes y los huevos”. Bajo esta idea, el rol de las “heladeritas” o conservadoras es fundamental, ya que, según la especialista, “permite que transportemos alimentos conservando el frío”.

En ese sentido, Luberti dejó algunos tips para tener en cuenta a la hora de transportar comida en la conservadora.
-Mantenerla lo más limpia posible.
-Llevar los alimentos en recipientes como recipientes plásticos o con papel film, siempre bien cubiertos y no sueltos para evitar la contaminación con, por ejemplo, la arena.
-Elegir comidas sencillas y listas para el consumo que requieran poca manipulación del alimento. Por ejemplo, un sándwich de pan integral con pollo tomate y lechuga, una ensalada ya lista en un recipientes plásticos.
-Condimentar en el momento.
-Llevar porciones que se van a consumir en el momento y en caso de que queden sobras, desecharlas.

Más allá de estos consejos, hay algunos alimentos que, por su naturaleza misma, son ideales para consumir en la playa, especialmente si no necesitan de refrigeración. “Los budines son una muy buena opción, que nos salvan para las mañanas o las tardes de playa con el mate. A su vez, si los hacemos caseros son más saludables que comprar alguna galletitas o panificados. Otras opciones pueden ser los frutos secos, las barritas de cereal o alguna galletita de avena”, precisó Luberti.
En relación al consumo de alcohol, la nutricionista describió que el verano es una temporada en la que mucho planes incluyen alguna bebida. Por ende, hay que hacerlo “siempre con moderación: uno de los principales riesgos del alcohol es la deshidratación, ya que es un diurético que hace que elimines más líquido del cuerpo a través de la orina y por la transpiración, al haber altas temperaturas”.
El alcohol afecta también la regulación de la temperatura del cuerpo, produciendo más calor y evitando que sudemos lo suficiente para refrescarnos, lo que puede causar un golpe de calor. Por eso, lo ideal es mantenernos hidratados con agua todo el tiempo e incluir el alcohol con moderación y controlando la frecuencia semanal”, cerró Luberti.
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