
Un aumento abrupto en los casos de tos convulsa modifica el escenario epidemiológico argentino. De acuerdo con información difundida por el Ministerio de Salud en el último Boletín Epidemiológico Nacional (BEN), el número de contagios confirmados duplicó los registros del año pasado.
Esto marca una tendencia que podría ubicar a 2026 como el período con más notificaciones desde la etapa previa a la pandemia de Covid-19.

Ayer, el BEN confirmó la tendencia alcista de esta enfermedad: durante las primeras seis semanas de 2026 hubo 153 confirmados.
Esta cifra representa el número más alto para ese período desde 2019 y representa un alza de 3725% respecto al promedio del período 2021-2025.

El 34% de los positivos correspondió a menores de un año, en su mayoría lactantes de menos de seis meses. Las provincias con mayor concentración de casos fueron Buenos Aires, Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), Córdoba, Santa Fe y Mendoza.
Estos altos números se correlaciona con una tenencia alcista que viene desde hace tiempo. En Argentina, el año 2025 cerró con 6824 sospechas, 1204 confirmaciones y 11 muertes, todas en menores de dos años.

Pero este incremento no corresponde solo a Argentina.
En el contexto internacional, en 2024 se notificaron 977.000 casos de tos convulsa a nivel global, un crecimiento de casi seis veces respecto a 2023. Para la región de las Américas, el salto fue notorio: de 3.284 notificaciones en 2021-22 a 66.184 en 2024. En 2025, países como Brasil, Chile, Ecuador, México, Colombia, Perú y Argentina registraron los mayores incrementos.
Una enfermedad prevenible por vacunación
El Ministerio de Salud alertó que la tos convulsa, conocida como coqueluche o tos ferina, es una enfermedad respiratoria aguda y altamente contagiosa, “prevenible por vacunación”, que afecta especialmente a lactantes y niños pequeños, aunque puede presentarse en adolescentes y adultos jóvenes de forma leve o atípica.
Estos últimos, por su bajo nivel de sintomatología, suelen convertirse en reservorios y transmisores hacia los grupos más vulnerables. El principal agente responsable es Bordetella pertussis, aunque también se identificaron casos provocados por B. parapertussis.
El Ministerio de Salud explicó que “dado su alto grado de contagiosidad —especialmente en contextos de contacto estrecho y prolongado como el hogar, jardines maternales, jardines de infantes o escuelas—, resulta fundamental el diagnóstico precoz y tratamiento oportuno para evitar la propagación entre personas susceptibles”. El patrón epidemiológico de la coqueluche es cíclico, con picos cada tres a cinco años, y la vigilancia constante adquiere un papel determinante.
Coberturas vacunales: brechas, desigualdades y desafíos

El Ministerio de Salud indicó que la caída en las coberturas vacunales, agravada por la pandemia de Covid-19, abrió un escenario propicio para la acumulación de población susceptible y el resurgimiento de brotes.
De acuerdo con el BEN, “la introducción de las vacunas antipertussis ha contribuido a la disminución de la incidencia global de la enfermedad”, aunque el impacto de la interrupción de los esquemas completos durante la emergencia sanitaria todavía persiste.
En la última década, la cobertura en lactantes de seis meses y niños de 15 a 18 meses superaba el 80%. Desde 2017, los porcentajes comenzaron a disminuir, y 2023 marcó el piso histórico con 68,8% en lactantes.

En 2024 se observó cierta recuperación, pero los valores no alcanzaron el umbral necesario para interrumpir la transmisión. En embarazadas, la cobertura de la vacuna triple bacteriana acelular (dTpa) varió entre provincias, reflejando tanto logros como retrocesos.
Algunas jurisdicciones, como Tierra del Fuego, La Pampa, Jujuy, Neuquén, Mendoza y San Juan, mantuvieron altas tasas de inmunización en todas las etapas del calendario, mientras que Buenos Aires, CABA, Formosa, Santa Fe, Corrientes y Misiones presentaron las tasas más bajas, en particular en los refuerzos de cinco y once años.
El informe semanal sanitario identificó que la vacunación ampliada, es decir, fuera de la edad ideal, permitió mejorar la cobertura acumulada, pero no logró compensar la baja adhesión en los intervalos recomendados.

“Estamos presenciando una baja en las tasas de vacunación están cayendo. Y no es un fenómeno solo de Argentina. El coqueluche comenzó a subir desde el invierno del año pasado. Y afecta a los que no están vacunados y a los más chicos y recién nacidos. Por eso, además de vacunar a los más pequeños, es clave que las mujeres embarazadas se vacunen con la Triple bacteriana celular. Observamos que hay un 30 % de los recién nacidos que no están protegidos y eso es porque las futuras madres no se vacunaron, explicó a Infobae la médica infectóloga Gabriela Elbert, miembro de la Comisión de Vacunas de la SADI.
El Ministerio de Salud subrayó que “la vacunación es la herramienta más eficaz para prevenir las formas graves y las muertes por coqueluche”, y el BEN aportó cifras: en 2024, la cobertura para el primer refuerzo en niños de quince a dieciocho meses fue del 68%, mientras que en embarazadas la dTpa alcanzó el 69%.
Estos indicadores, por debajo del nivel óptimo, explican la persistencia de brotes y la vulnerabilidad de los recién nacidos.
El regreso a la escuela y la detección de un caso de sarampión en la provincia de Buenos Aires intensificaron la preocupación entre las autoridades. El Ministerio de Salud insistió en la importancia de “que toda la comunidad educativa esté debidamente protegida antes de comenzar las clases”, para evitar la propagación de enfermedades transmisibles en las aulas y los hogares.

Qué la tos convulsa o coqueluche y por qué es peligrosa en los más chicos
La tos convulsa, llamada también tos ferina o coqueluche es una enfermedad respiratoria altamente contagiosa provocada por la bacteria Bordetella Pertussis.
“Si bien la tos ferina o convulsa puede afectar a todos los grupos etarios, los más perjudicados son los niños menores de 5 años de edad”, explicó a Infobae el doctor Carlos Velasco (MN 101.162), del servicio de Neumonología Infantil del Hospital de Clínicas de la Ciudad de Buenos Aires.

Y agregó: “Los menores de un año son particularmente vulnerable a sufrir formas graves de esta enfermedad. Esta bacteria se transmite de persona a persona, a través de secreciones respiratorias que los pacientes infectados expulsan al toser, hablar o estornudar”.
La coqueluche progresa en tres fases clínicas: catarral, paroxística y de convalecencia. El inicio puede confundirse con un resfrío común, pero evoluciona hacia una tos seca y violenta, a menudo acompañada por vómitos, apnea o cianosis.
El período de incubación suele ser de 7 a 10 días. Los cuadros más graves afectan a lactantes prematuros, niños no vacunados o hijos de madres que no recibieron la vacuna durante el embarazo.
“Se caracteriza por presentar un período catarral, tos progresiva con dificultad respiratoria y estridor respiratorio “conocido como tos perruna” que puede estar seguido por vómitos. Tiene una incidencia elevada en lactantes no vacunados o con esquema de vacunación incompleto. En ellos es fundamental la protección que les ofrece la vacunación de la madre durante el embarazo y el amamantamiento”, agregó el experto neumonólogo.

El BEN destacó que el control de la coqueluche requiere acciones integrales: “Diagnóstico precoz y tratamiento oportuno, aislamiento de casos sospechosos, notificación inmediata, quimioprofilaxis para contactos y rápida investigación de los brotes”.
La confirmación de los casos demanda pruebas de laboratorio, como la PCR en muestras respiratorias, y el inicio de la terapia antibiótica no debe demorarse ante la sospecha clínica.
El monitoreo de brotes, la capacitación continua de los equipos sanitarios y el compromiso de la comunidad resultan fundamentales para revertir la tendencia. Por eso, las autoridades sanitarias enfatizan la necesidad de “cumplir con el calendario nacional de vacunación, consultar al sistema de salud ante cuadros de tos persistente, sobre todo en menores de seis meses, y evitar el contacto con personas con tos persistente, especialmente si hay menores no vacunados en el hogar”.
El panorama argentino coincide con las advertencias de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), la Sociedad Argentina de Infectología (SADI) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), que instaron a reforzar la vigilancia epidemiológica y a sostener el monitoreo riguroso de las coberturas vacunales.
La letalidad de la tos convulsa se concentra en menores de seis meses, y el control efectivo de la enfermedad depende de una inmunización amplia, sostenida y sin interrupciones.
El aumento de casos de tos convulsa en Argentina, en pleno inicio del ciclo escolar, representa un desafío urgente para el sistema de salud y la comunidad educativa.

El Calendario Nacional de Vacunación establece la administración de la vacuna en los siguientes grupos:
- A los 2, 4 y 6 meses (esquema primario con vacuna quíntuple o pentavalente)
- Entre los 15 y 18 meses (primer refuerzo)
- A los 5 años (segundo refuerzo con triple bacteriana celular)
- A los 11 años (tercer refuerzo con triple bacteriana acelular)
- En cada embarazo a partir de la semana 20 de gestación (una dosis de triple bacteriana acelular)
- Al personal de salud en contacto con niños menores de un año (una dosis cada 5 años)
- A convivientes de recién nacidos prematuros de menos de 1.500 gramos (una dosis de triple bacteriana acelular - dTPa)
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