
La contaminación del aire es uno de los mayores riesgos ambientales que existen para la salud. Según la Organización Mundial de la Salud, en 2019 “provocó en todo el mundo 4,2 millones de muertes prematuras. Esta mortalidad se debe a la exposición a materia particulada fina, que causa enfermedades cardiovasculares y respiratorias, así como cánceres”.
En consonancia con estas preocupaciones, expertos en salud están investigando la conexión entre la contaminación del aire y el desarrollo de trastornos neurodegenerativos, como el Alzheimer y el Parkinson.
Hoy la noticia es que, según un nuevo estudio publicado en JAMA Network Open, una mayor exposición a la contaminación del aire aumenta el riesgo de padecer la enfermedad de Parkinson (EP).
La doctora Brittany Krzyzanowski, del Instituto Neurológico Barrow en Phoenix, y sus colegas evaluaron si la contaminación del aire está asociada con un mayor riesgo de EP y con las características clínicas de la EP. El análisis incluyó datos de 346 pacientes con EP y 4.813 controles emparejados que participaron en el Proyecto Epidemiológico de Rochester (1998 a 2015).

Los investigadores descubrieron que una mayor exposición a partículas con un diámetro de <2,5 μm (PM2.5) estaba asociada con un mayor riesgo de EP.
Según los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH, por sus siglas en inglés), “la enfermedad de Parkinson es un trastorno cerebral que causa movimientos involuntarios o incontrolables, como temblores, rigidez y dificultad con el equilibrio y la coordinación. Si bien se cree que la genética desempeña un papel en el Parkinson, en la mayoría de los casos la enfermedad no parece ser hereditaria. Muchos investigadores ahora creen que es el resultado de una combinación de factores genéticos y ambientales, como la exposición a toxinas”.
Pablo Orellano, especialista en epidemiología e investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) explicó a Infobae recientemente que, “si las partículas son lo suficientemente pequeñas, como es el caso del material particulado inferior a 2.5 micrones (PM2.5), estas pueden ingresar a los pulmones y luego al torrente sanguíneo pasando por los alvéolos pulmonares. Una vez en el torrente sanguíneo pueden llegar a prácticamente cualquier órgano del cuerpo humano, entre ellos el cerebro, ya que la sangre es la que les proporciona a todos nuestros tejidos y órganos el oxígeno y los nutrientes”.

Por su parte, el doctor Germán Picciochi (MN 161114), especializado en psiquiatría, neuropsiquiatría y neurología dijo que el “subgrupo de nanopartículas conocidas como PM 2.5 son más de veinte veces más pequeñas que un cabello. Este diámetro les brinda las condiciones propicias para llegar desde el aire a los alvéolos pulmonares, pasar al torrente sanguíneo y penetrar la barrera que separa la sangre del cerebro (barrera hematoencefálica)”.
Los resultados del estudio
Los investigadores descubrieron que la exposición a partículas contaminantes de menos de 2,5 micrómetros de diámetro (PM2.5) está relacionada con un mayor riesgo de desarrollar la EP. Este riesgo es más alto en las personas que viven en áreas metropolitanas. El estudio mostró que quienes están más expuestos a estas partículas tienen un 23% más de probabilidad de desarrollar EP en comparación con aquellos que están menos expuestos.
Los investigadores también observaron que una mayor exposición al dióxido de nitrógeno (NO2) se relaciona con un aumento del riesgo de desarrollar la EP. Las personas más expuestas a NO2 tienen un 13% más de probabilidad de padecer la enfermedad en comparación con aquellas menos expuestas. Además, la exposición a la contaminación del aire está asociada a una mayor probabilidad de presentar una forma rígida acinética de EP, con un aumento del 36% en el riesgo por cada incremento de una unidad en la concentración de partículas PM2.5.

Entre las personas que ya tienen EP, los investigadores encontraron que una mayor exposición a partículas contaminantes PM2.5 está asociada con un mayor riesgo de desarrollar discinesia, es decir movimientos involuntarios. Por cada aumento de una unidad en la concentración de estas partículas, el riesgo de desarrollar este trastorno aumenta en un 42%. De manera similar, una mayor exposición al dióxido de nitrógeno (NO2) se asoció con un incremento del 13% en el riesgo de discinesia.
Los autores del estudio señalaron que, en 2024, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos redujo el estándar anual de PM2.5 de 12 μg/m3 a 9 μg/m3, citando evidencia creciente de efectos negativos incluso a niveles más bajos. El estudio también sugiere que este límite debería reducirse aún más, a 8 μg/m3.
Contaminación aérea y Parkinson
En 2023, los investigadores del Instituto Neurológico Barrow habían puesto el foco particularmente en la posible relación entre la contaminación del aire y el desarrollo de Parkinson.

El estudio, que fue publicado en la revista Neurology, reveló que las personas que residen en áreas con niveles medios de contaminación del aire enfrentan un riesgo significativamente mayor (56%) de desarrollar esta enfermedad, en comparación con aquellos que viven en zonas con bajos niveles de contaminación.
Brittany Krzyzanowski señaló en aquella oportunidad: “Estudios anteriores han demostrado que las partículas finas causan inflamación en el cerebro, un mecanismo conocido por el cual podría desarrollarse la enfermedad de Parkinson. Usando técnicas analíticas geoespaciales de última generación, pudimos, por primera vez, confirmar una fuerte asociación a nivel nacional entre la enfermedad de Parkinson incidente y las partículas finas en los EEUU”, indicó el médico que ahora confirmó con un nuevo estudio esa asociación.
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