
A lo largo del tiempo de permanencia, las parejas pasan por discusiones, desacuerdos, ocultamientos, y falta de comunicación. Es posible que no se ponga en duda el amor, sino las diferencias en los puntos de vista. No toda crisis cuestiona la existencia o la intensidad del amor.
Pareciera que solo las crisis profundas son las que tienen el poder para abrir las preguntas clave: ¿lo amo todavía? ¿Por qué no siento el amor como antes? ¿Qué hicimos para llegar a esto?
Aunque estas y otras tantas preguntas pueden cruzarse por la mente, son esos momentos de rivalidad, enfrentamientos o indiferencias mutuas los que las activan hasta un nivel de preocupación constante. Y llegado a este punto, quizá es imposible disimular, poner buena cara como si nada ocurriera, o hacer esfuerzos infructuosos para frenar las reacciones.

Los cambios en las dinámicas vinculares actuales aceleran los tiempos para la separación. No hay por qué tolerar las querellas, las oposiciones, la violencia encubierta o explícita, el control sobre el otro por cuestiones económicas o la tenencia de los hijos. Lo que antes tardaba tiempo en concretarse, hoy es posible (también desde el punto de vista legal): romper con el vínculo en menor tiempo. Y la pregunta ¿nos separamos por diferencias irreconciliables o por la desaparición del amor?
Dos modelos de amor
Si décadas atrás la idea del amor romántico dirigía plenamente los deseos de las parejas: con vínculos cerrados, la pareja como encastre, la idea de la media naranja que busca su complementario, los roles fijos y cumplir con las exigencias sociales, entre otros; hoy en día entra en conflicto con un modelo de amor más dinámico, que respeta las individualidades, los deseos personales, la búsqueda de placer, o de acuerdos sin imposiciones, la comunicación sincera, el control de natalidad consensuada, por nombrar algunos.

El amor actual es una búsqueda interna, intersubjetiva, de acuerdos entre la idea romántica y un modelo de amor dinámico, más flexible y libre. Las parejas ya saben que el amor para toda la vida es un ideal difícil y que no resulta por la imposición de cómo se tiene que amar, si no por un delicado equilibrio entre las expectativas individuales y las vinculares. En general, en cada crisis de pareja se ponen en tensión estas creencias sobre el amor, una especie de puja entre la exigencia por cumplir con un contrato simbólico y la libertad para construir un modelo más flexible.
Es posible entonces que aquellas parejas que no logran congeniar estas dos tendencias (amor romántico/amor dinámico) entren en una escalada de conflicto que daña cada vez el afecto o amor mutuo. En estos casos existe amor, solo que las diferencias entre los puntos de vista de lo que significa estar en pareja hacen que esta sucumba.
El relato típico es el siguiente: “Nos amamos, pero no nos llevamos bien. Nos matamos cada vez que discutimos, y ahora lo hacemos por cualquier cosa, tanto que después nos olvidamos cómo comenzó el conflicto”.

Este modelo de relación es reincidente en el conflicto, el amor persiste, pero no logran aunar criterios y respetar las diferencias.
Darse una oportunidad
Existen por lo menos dos escenarios posibles, uno de ellos es irreversible: la pérdida del amor. En cambio, en el otro caso, el amor está, afectado, dañado, pero aún se deja sentir, lo que no está es la tolerancia a las diferencias. En este caso, se entra en un bucle de peleas y reconciliaciones desgastantes.
Dejando de lado la violencia vincular, entrar en este camino de discusiones varias supone para muchos esperar tiempos mejores o romper con ese vínculo insostenible. Sin embargo, no todo está perdido. Este modelo de crisis evidencia que sentir amor por el otro no es suficiente, menos en estos tiempos de posturas y deseos individuales. Los criterios personales chocan con la idea del compromiso de pareja y las responsabilidades que esta conlleva.

10 consejos para darse nuevas oportunidades
- No vale insistir si ya no existe amor de pareja, tampoco hacer un esfuerzo para sostener una idea de familia que es imposible sostener.
- La creencia del amor romántico ya caducó, no es posible sostener un vínculo sano cuando uno domina y el otro se somete, como si fueran dos piezas de un rompecabezas que cubren sus faltas mutuamente.
- El compromiso amoroso se configura por lo menos por dos personas (también existe el poliamor), dos individualidades que deciden estar juntas, con sus afinidades y sus diferencias, pero apuestan al progreso y al respeto mutuo.
- Cuando se quieren imponer criterios personales como si fueran verdades indiscutibles empiezan los conflictos. La idea inconsciente del amor romántico quiere seguir teniendo dominio convirtiendo cualquier desacuerdo en un campo de batalla: uno debe ganar la contienda.

- Las oportunidades no deben ser el resultado de la paz después de la crisis. Es frecuente que, cuando los ánimos se calman, las cosas se vean de otra manera y se vuelvan a acercar. Pero el problema no está resuelto, es solo una tregua.
- No dejar que se instale este modelo de guerra/paz, tampoco que el sexo sirva para ese propósito. El sexo no debe usarse para redimir conflictos.
- No creer que porque se explicaron las diferencias de criterios una vez es suficiente. Muchas veces se comunican cuestiones profundas en momentos que no pueden ser escuchadas.
- Para la comunicación de temas profundos se necesita de conexión mutua, de mirarse cara a cara, de sentir la presencia del otro, convertir la comunicación en un instante especial.
- El desafío es lograr consenso cuando existe desacuerdo entre las partes.
- No medir los resultados como si se sumaran puntos por haber tenido razón, tampoco sirven los reproches ni subestimar las acciones del otro. El vínculo amoroso no es una competencia ni una sumatoria de puntajes. La calidad del vínculo era el resultado de acciones conjuntas, de aprender a enfrentar la adversidad y festejar los logros. El objetivo no es ganar, es estar juntos por decisión y placer.
*Walter Ghedin, (MN 74.794), es médico psiquiatra y sexólogo
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