
Los trastornos del espectro autista (TEA) causan una alteración neurobiológica del cerebro en el desarrollo. Esto genera modificaciones en la conexión de redes neuronales, principalmente, en el área del lenguaje, de las habilidades sociales y de la flexibilidad de la conducta
Desde hace unos años, es habitual la percepción social de que existe un incremento en el número de casos. Pero los especialistas atribuyen este fenómeno a dos cuestiones: por un lado, al aumento de la sospecha, provocada por un mayor conocimiento de esta condición a nivel mundial y por el otro, a la necesidad médica de detectar tempranamente a estos pacientes para adelantar las intervenciones terapéuticas.
Las personas con TEA presentan grados de intensidad muy variables, por eso los expertos destacan que puede presentarse o no compromiso de la capacidad intelectual y del lenguaje, pero que en todos los casos se encuentra afectada la interacción social y la comunicación, con aparición de intereses o patrones de conducta restringidos y repetitivos.

Se estima que en la Argentina más de 500 mil personas presentan algún grado de TEA, con mayor predominio en varones sobre mujeres. Estos apreciaciones se extrapolan de los porcentajes de prevalencia a nivel global.
El origen del autismo todavía no está del todo claro. Si bien existe una línea de investigación sobre causas genéticas, esta condición no responde a una alteración puntual del ADN, sino a diversos daños posibles en el material genético. Además, hay factores ambientales que podrían colaborar en el desarrollo de esta condición.
En el marco del último Día Mundial de Concientización sobre el autismo que se celebra cada 2 de abril, la Sociedad Argentina de Pediatría, indicó las principales señales de alerta de autismo en el desarrollo temprano
1 - A partir de los 3 meses, si un bebé no sonríe ni expresa alegría a otras personas
2 - A partir de los 6 meses, si un bebé no produce intercambio de sonidos, sonrisas o gestos faciales
3 - Si a los 10 meses un bebé no responde a su nombre, ya sea prestando atención o sonriendo a quien lo llama

4 - Si a los 12 meses un bebé aún no balbucea ni vocaliza
5 - Si a los 12 meses el pequeño no genera intercambio de gestos, como señalar, alcanzar, mostrar o saludar con la mano
6 - Si el niño o niña no dice ninguna palabra a los 14-16 meses
7 - Si el niño o niña no dice ninguna frase con sentido de 2 palabras (sin imitar o repetir) a los 24 meses
8 - La pérdida del lenguaje, del balbuceo o de una habilidad social a cualquier edad
La doctora Agustina Vericat, médica pediatra especializada en Desarrollo, y co-coordinadora del Programa Integral de Formación Profesional en Desarrollo Infantil de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) señaló que “muchos niños desarrollan además trastornos sensoriales, como molestias producidas por los ruidos del ambiente o las texturas que se tocan o que se saborean, afectándoles inclusive la ingesta de determinados alimentos. Estas características afectan el funcionamiento en la vida diaria para el niño y para su familia”.

El diagnóstico de autismo
Es habitual que sea el pediatra quien más tempranamente sospeche del riesgo de autismo, porque es quien controla el crecimiento y el desarrollo desde el nacimiento y a lo largo de la infancia.
El diagnóstico de certeza deberá ser realizado por un equipo interdisciplinario conformado por al menos dos profesionales, uno de los cuales esté correctamente capacitado en neurodesarrollo infantil, según el consenso sobre diagnóstico y tratamiento de personas con Trastorno del Espectro Autista del Ministerio de Salud de la Nación.
Las pautas madurativas que no se presentan en las edades esperadas, como la falta de sonrisa social, la pobreza del lenguaje o la dificultad para sostener una comunicación con la mirada, además del rango restringido de intereses y las conductas repetitivas o estereotipadas, hacen sospechar de este trastorno del neurodesarrollo. También, la pérdida de pautas previamente alcanzadas, como dejar de decir algunas palabras o perder el contacto visual con el interlocutor.

Sin embargo, la condición puede evidenciarse desde la infancia temprana o más tardíamente, cuando las demandas del ambiente aumentan con el crecimiento y la inserción social. A pesar de los objetivos deseados, en ocasiones es difícil llegar tempranamente al diagnóstico.
Una vez confirmado el TEA, el abordaje es multidisciplinario, llevado adelante por un equipo de intervención interdisciplinario, integrado por pediatras, pediatras del desarrollo, fonoaudiólogos, terapistas ocupacionales, psicopedagogos, psicólogos, acompañantes terapéuticos y una gran variedad de profesiones, según las necesidades de cada infante.
“Las personas con TEA varían considerablemente en sus fortalezas y dificultades individuales, por lo cual resulta complejo describir un único tratamiento. Tanto las diferencias en la edad al momento del diagnóstico, el nivel de apoyo con el que cuentan, las comorbilidades, la situación familiar y social y el nivel de recursos en salud y de desarrollo comunitario, marcarán una gran diferencia en el futuro y en la calidad de vida de los afectados”, sostuvo la licenciada Gabriela Mangas, terapista ocupacional y miembro del Comité Nacional de Crecimiento y Desarrollo de la SAP.
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