
Existen dos aspectos a valorar sobre la vacunación COVID en las enfermedades autoinmunes (EA), primero la seguridad (si tiene mayores efectos adversos que en la población general) y segundo si puede provocar un brote de actividad de las mismas.
Actualmente los estudios clínicos que se realizan sobre vacunas contra el SARS-CoV-2 se llevan a cabo en pacientes sin patologías pre existentes. Por este motivo los pacientes con EA, no han sido incluidos en los primeros estudios de investigación. Desde febrero del corriente año se están haciendo dos ensayos clínicos, uno en Estados Unidos y otro en Francia con el objetivo de evaluar la seguridad, respuesta inmunológica y eficacia en pacientes con diferentes enfermedades reumáticas (Lupus Eritematoso Sistémico, Síndrome de Sjögren, Vasculitis, Artritis Reumatoidea).
De todas maneras, extrapolando los resultados ya obtenidos sobre otras vacunas en este tipo de pacientes, los cuales también están inmunosuprimidos por diferentes medicaciones, no se han registrado complicaciones severas en comparación con el resto de la población.
Como ya es sabido, las diferentes vacunas se desarrollan en base a distintas plataformas tecnológicas y dependiendo de ello, la respuesta inmunológica en pacientes con EA será más eficaz y producirá menos eventos adversos. A continuación, se detallan las vacunas COVID-19 disponibles y sus beneficios/desventajas para esta población de pacientes.

Tecnología de vacunas inactivadas (Sinovac, Sinopharm): Tecnología bien conocida, virus inactivado. Con su aplicación se imita la infección natural. Por lo general es considerada segura para su uso en pacientes con enfermedad autoinmune o que usan inmunosupresores. Esquema de dos dosis separadas por 4-12 semanas después de la primera dosis.
Tecnología de vacunas atenuadas (en desarrollo): Tecnología bien conocida. El virus se administra debilitado, lo cual imita la infección natural y causa una fuerte respuesta inmune por sí sola, sin necesidad de adyuvantes. Puede causar la infección completa en pacientes inmunocomprometidos por lo cual está contraindicada en esta población de pacientes.
Tecnología Vacuna ARNm (Pfizer/BioN-Tech y Moderna): Tecnología nueva. Está basada en fragmentos de ARNm del virus, pero su administración no genera infección por SARS-CoV-2 en los vacunados. Es probable que requiera varias aplicaciones para estimular la respuesta inmune. Esquema de dos dosis, separadas idealmente por 21 días o 1 mes respectivamente.
Tecnología Vacunas con vectores virales (AstraZeneca, Janssen, Sputnik V): Tecnología previamente usada. A través de ingeniería genética se modifica el ADN de un adenovirus que normalmente infecta al chimpancé o a humanos, para generar la proteína S (abreviación del Inglés “spike”) del SARS-CoV-2 y con su administración, producir inmunización. Puede considerarse para ser usada en pacientes con enfermedad autoinmune o en aquellos que usan inmunosupresores. Dosis AstraZeneca: dos dosis con intervalo de 8 a 12 semanas. Janssen: única dosis. Sputnik V: dos dosis con intervalo de 21 días
¿Qué aspectos se deben tener en cuenta para la vacunación, si se tiene una enfermedad autoinmune? Al igual que con otras vacunas, se sugiere tener en cuenta la actividad de la enfermedad, el esquema de tratamiento inmunosupresor utilizado y las comorbilidades. La sugerencia es vacunarse cuando la enfermedad de base este controlada. Se deben tener en cuenta los antecedentes de anafilaxis o reacciones alérgicas severas y consultarlo con su reumatólogo.

¿Es segura la administración de la vacuna en pacientes con enfermedades autoinmunes? Los principales efectos secundarios que se han desarrollado hasta el momento con las vacunas contra COVID-19 corresponden a reacciones locales (en el sitio de la aplicación de la vacuna) como dolor, prurito, eritema, inflamación e induración. Así mismo, se han presentado algunas reacciones sistémicas tales como, fatiga, cefalea, dolores musculares y/o articulares, malestar general y pérdida del apetito. La mayoría de los efectos secundarios han sido de severidad leve a moderada, transitorios y se han resuelto en pocos días. A pesar de que los estudios de las vacunas no incluyeron pacientes con patologías reumáticas, no se observaron manifestaciones autoinmunes durante los mismos, ni durante la vacunación actual.
¿Es necesario realizar modificaciones al tratamiento para llevar a cabo la vacunación? No existe evidencia en el momento, sin embargo, el reumatólogo tratante es quien debe considerar, según cada caso, la suspensión temporal antes o después de la aplicación de cada dosis de la vacuna.
¿Los pacientes con enfermedades autoinmunes que se contagiaron y recuperaron de COVID-19, deberían vacunarse? Si, se recomienda que los pacientes con enfermedades autoinmunes que estén recuperados de COVID 19, se vacunen de acuerdo con los grupos de priorización definidos, previa consulta con su médico reumatólogo.
Como conclusión, en la actualidad no hay evidencia disponible que contraindique la administración de las vacunas en pacientes con enfermedades autoinmunes. Los pacientes deben consultar con su médico tratante el estado de la enfermedad, medicaciones que reciben e historia de alergias para confirmar el momento más indicado para la aplicación de la vacuna. Con respecto a la preocupación de si la vacuna COVID-19 puede reactivar la respuesta inmune específica en esta población, con el consecuente riesgo de presentar una reactivación o brote de la enfermedad, se recomienda la vacunación en situación de inactividad y, a ser posible, antes de recibir el tratamiento inmunosupresor. El paciente y su familia deben consultar previo a la aplicación con su reumatólogo tratante para definir si por el tratamiento que recibe o el estado de su enfermedad puede recibir la vacuna o se debe diferir.
(*) La autora, la doctora Andrea Buschiazzo (MN. 79962), es médica especialista en Reumatología, Enfermedades Autoinmunes y en Farmacología Clínica
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