
Pese a que las noticias de los últimos días hablan de una “nueva droga sintética que se comercializa en la Argentina”, en referencia al polvo rosado que se encontró en el departamento donde pasó sus últimas horas una estudiante de medicina de 22 años que falleció al caer en el hueco de un ascensor, lo cierto es que -de comprobarse que se trata de esa sustancia- no se trata de algo novedoso, ni mucho menos.
Así lo aseguró a Infobae el médico toxicólogo Carlos Damin, quien sostuvo que “no se trata de una droga nueva, es una sustancia muy cara que cada tanto reaparece en la Argentina”. “Tuvimos casos en 2015, 2017 y 2018”, agregó el presidente de Fundartox y jefe de Toxicología del Hospital Fernández.
“La comercializan como una variedad más fuerte del éxtasis, como un éxtasis más potente”, señaló el especialista sobre la sustancia conocida como Venus, la cocaína rosa, o Tucibi, que proviene de la adaptación al español de nombre original anglófono 2C-B. De hecho, esta es justamente su clasificación dentro del catálogo de narcóticos: 2C-B; cuyo nombre químico es 4-bromo-2,5 dimetoxifeniletilamina. “Es un derivado de la feniletilamina, que es la sustancia ‘patrón’ de la que se sintetizan otras; químicamente hacen nuevas combinaciones y sustancias químicas, pero la base es la misma”, explicó Damin.
Se originó en 1974 en los Estados Unidos y tuvo cierta propagación en los años ochenta, en pleno apogeo de las drogas sintéticas. En esta época, bajo el nombre de Nexus, competía en el mercado del narcotráfico con el Éxtasis (MDMA). A mediados de los años noventa pasaría a ser una sustancia ilegal en los EEUU. Ya en el siglo XXI resurgió con fuerza en México y Colombia, siendo este último país el mayor centro de producción de 2C-B. De hecho, los carteles colombianos son los responsables de la expansión internacional que vive esta sustancia no legal. Su negocio más rentable está en Europa, con Alemania como principal demandante; pero también se comienza a comercializar en las capitales de Sudamérica.
Modo de consumo y efectos de la droga “de la alta sociedad”

Desde los años ochenta y hasta hace poco, se distribuía en sectores sociales de gran poder adquisitivo. Sin embargo, todo parece apuntar a que hay un intento por difundir esta sustancia en ambientes más populares. El objetivo es llegar al público juvenil en lugares de ocio nocturno o de grandes eventos donde se juntan personas de ese rango de edad.
En polvo o en forma de pastillas, los síntomas iniciales comienzan a notarse al cabo de 15 o 20 minutos de su consumo y sus efectos suelen durar entre cuatro y ocho horas.
Las dosis bajas conllevan efectos psicodélicos como:
- Alteraciones de los sentidos, principalmente visuales y auditivas
- Aumento de sinestesias psicológicas (capacidad de relacionar distintos sentidos entre sí)
- Reducción de la fatiga
- Aumento de la conciencia o estimulación mental
- Cambios en el estado anímico que van del entusiasmo a la introspección
- Alteración en la percepción del tiempo y el espacio
- Sensación de perspicacia

En dosis elevadas, hay una mayor presencia de efectos alucinógenos; lo que puede incrementar el riesgo de sensación de angustia o ataques de pánico en el sujeto.
Asimismo, el Tucibi tiene fama de ser un estimulador de efectos erógenos (afrodisíacos). Especialmente entre la población femenina. Esta particularidad explica algunos de sus nombres más populares: Venus, Erox, Afro.
Sin embargo, como toda droga, Tucibi también produce toda una serie de efectos secundarios indeseados, entre los que se destacan por su profusión:
- Hipertensión arterial
- Taquicardias
- Cefaleas
- Mareos
- Vómitos
- Visión borrosa por dilatación de las pupilas
- Ojos abiertos en exceso
- Insomnio
- Convulsiones

La sobredosis de esta sustancia psicodélica es similar a la que provoca el consumo excesivo de LSD. A grandes rasgos, el consumo constante de Tucibi puede generar:
- Depresión
- Problemas graves de ansiedad
- Desorientación
- Psicosis
- Alteraciones de la personalidad
A un nivel más físico, los posibles efectos que causa un consumo permanente son:
- Paros cardiovasculares, anginas de pecho o infartos
- Fuertes arritmias
- Complicaciones en el aparato respiratorio
- Agotamiento excesivo.
No obstante, y como sucede con otras sustancias psicoactivas, los efectos varían de un usuario a otro. Ello dependerá de la personalidad y el estado psicológico previo del sujeto; su historial de uso de drogas; así como del ambiente en que se realiza el consumo.
“Por su cualidad de ser un éxtasis potenciado suele ocasionar alucinaciones, distorsión de la realidad, aumento de la frecuencia cardíaca, arritmia, hipertermia, convulsiones, posibilidad de infarto, etc”, precisó Damin, quien concluyó: “Una sustancia se aplica a una persona con sus características de base en un contexto determinado, entonces en una persona puede presentar un tipo de efecto y en otras otro totalmente distinto”.
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