Un divorcio trae diferentes repercusiones en la salud, consecuencias que en general son negativas. Así le ocurrió al famoso matrimonio que conformaban Angelina Jolie y Brad Pitt, que terminó de romperse a finales del año pasado. Él contó que comenzó a tener problemas con el alcohol y ella acaba de revelar la manera en la que la impactó la ruptura.
La famosa actriz confesó en una entrevista concedida a la revista Vanity Fair que le diagnosticaron una enfermedad conocida como parálisis de Bell, que produce mantener un lado de la cara inmovilizado. "A veces las mujeres se ponen en último lugar hasta que se manifiesta en su propia salud", afirmó.
Varios meses después de la separación, el cuerpo de Angelina se resintió producto del estrés. Durante este período de tiempo, la artista asegura que ya experimentó una notable mejoría gracias a un tratamiento de acupuntura, aunque aún no está del todo recuperada. Es que en general, los personas que la sufren no se recuperan completamente hasta después de 3 a 7 meses.
¿De qué se trata la afección?
La Parálisis de Bell es un trastorno del nervio (denominado nervio facial o séptimo par craneal y que nace del tronco encefálico) que controla el movimiento de los músculos de la cara, causando debilidad o parálisis en la zona (afecta la fibra facial izquierda o derecha). Considerada como una enfermedad rara, su nombre nace por el cirujano escocés Sir Charles Bell, quien fue el primero en describir (en el siglo XIX) la dolencia.
Esta enfermedad es de las más temidas por sus secuelas estéticas. Una vez adquirida, parte de la fisonomía pierde movilidad y expresividad. En general, uno de los ojos queda abierto o entreabierto y la boca no puede contener siempre los alimentos, por falta de vigor muscular.
Es una patología en la que no hay distinción de prevalencia entre hombres y mujeres. Puede producirse a cualquier edad, pero es menos común antes de los 15 años de edad y después de los 60 años. Ataca en forma desproporcionada a mujeres embarazadas y a personas que padecen diabetes o enfermedades respiratorias superiores como la gripe o un resfrío, según indica el National Institute of Neurological Disorders and Stroke.
Al comenzar a manifestarse, la parálisis se va haciendo más aguda a partir de las 48 horas. A la imposibilidad del libre movimiento se le pueden sumar tics o la caída del párpado y la comisura de la boca, incluso síntomas que alcanzan al parpadeo. Las dificultades más fuertes ocurren en las primeras horas. Lo positivo es que consiste en una situación temporal que en general no implica secuela irreversibles. Solo en algunos pacientes, el trastorno puede regresar.
No existe un análisis específico de laboratorio para confirmar su diagnóstico. En tanto los tratamientos incluyen distintas opciones terapeúticas que actúan fortaleciendo los músculos con la finalidad de corregir los daños por traumatismos o lesiones, como la anteriormente mencionada acupuntura o la cinesiterapia (también conocida con el nombre de kinesiterapia o kinesioterapia).
Las causas de la parálisis de Bell aún son una incógnita a identificar para la ciencia. En varios casos se vinculó con un origen vírico, pudiendo ser el desencadenante un simple resfrío. Pero también se manifiesta en algunas personas que acaban de sufrir un accidente, de someterse a una intervención quirúrgica, un problema congénito, o de atravesar por una situación traumática.
El desorden también fue curiosamente relacionado con la época estacional. Los casos en invierno aumentan y por esa razón se le atribuye al frío alguna relación con la aparición de la enfermedad. Sin embargo, el origen de la patología es desconocido.
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