Benicio Gravier creció entre flashes, viajes, pasarelas y deportes, pero durante mucho tiempo su mundo estuvo bastante lejos de la actuación. Hijo de Valeria Mazza y Alejandro Gravier, su vida estuvo marcada por el esquí, el tenis y la competencia. Hasta que una foto tomada casi de casualidad lo llevó a un casting para Margarita, la serie de Cris Morena que se puede ver por HBO Max.
No tenía experiencia profesional: su currículum artístico, como él mismo cuenta, se reducía a los musicales del colegio, pero en apenas una semana empezó a tomar clases de actuación, canto y baile, y llegó al casting dispuesto a aprovechar la oportunidad. “Yo voy a quedar”, les dijo a sus padres después de varios días de entrenamiento. El proceso terminó con un papel en la segunda temporada.
El proceso también lo obligó a enfrentarse con algo que el deporte le había enseñado a esconder: sus emociones. El mismo chico que aprendió desde pequeño a seguir jugando aunque tuviera ganas de llorar ahora descubrió otra forma de expresarse.
Y a los 21 años, mientras estudia Negocios Digitales y continúa trabajando como modelo, Benicio también empieza a imaginarse un futuro ligado a la actuación. En esta charla con Infobae habla de su familia, de su novia Lola, de las ventajas y prejuicios que implica ser “el hijo de” y de esa necesidad de construir algo propio sin renegar nunca de la historia familiar.
—Bienvenido, ¿cómo va todo?
—Muy bien y contento con el estreno de Margarita por HBO Max. La verdad que disfrutándolo al máximo y expectante como la gente, porque no vi la serie completa y la descubro con los cinco capítulos que estrenan cada lunes.
—Y están ensayando para los shows.
—Sí, ya estamos. Tenemos dos fechas confirmadas para el 17 y el 18 de diciembre en el Campo Argentino de Polo. La primera ya se agotó, una locura.
—¿Sentís que ahora hay un reconocimiento distinto en la calle?
—Sí, empieza a pasar otra cosa. La verdad que es muy lindo porque, en lo personal, se siente como trabajo bien hecho. Ese reconocimiento empieza a pasar cada vez más y hasta el día de hoy me sorprende, fui al teatro y me sorprendió que me pidieran la misma cantidad de notas que a mi mamá, porque generalmente es la foto y sigo de largo. También el reconocimiento de la gente, el apoyo, el afecto. Estoy muy contento y lo disfruto, pero obviamente no es el objetivo.
—¿Y a tu mamá qué le pasa con esto de que además de acompañarla, de repente, estás dando tantas notas como ella?
—No es una competencia para nada, estamos juntos. Ella lo ve y le gusta verme así y yo lo disfruto. Al haber estado en tantas alfombras rojas desde chico, hoy me siento cómodo.
—¿Vos la conocías a Cris?
—No, la conocí en el casting. Fui a un evento de una marca de ropa que se hizo en Otro mundo, su escuela, me sacaron una foto y me llamaron para hacer un casting. Me dieron dos escenas y dos canciones para preparar en una semana y me preguntaron si había hecho algo artístico. Y la verdad que no, mi currículum eran los musicales del colegio, punto. Y hacía tres años que no hacía nada.
—¿La pasabas bien en los musicales del colegio?
—Sí, siempre fui muy deportista y en el último año decidí despedirme del colegio haciendo eso que siempre me había tentado: cantar, actuar, bailar y estar en un escenario. Y me divertí muchísimo. Entonces, cuando apareció esto, lo primero que hice fue preguntarle a Tai, mi hermana, que es la artista de la familia: “¿Qué tengo que hacer para quedar?”. Ella que es fanática me contó la historia de la primera temporada y de dónde venía mi personaje, que es el tercer hijo de Floricienta, y me consiguió profesoras de baile, actuación, canto para que pueda prepararme en esa semana.
—¿Tu hermana que ama esto se puso celosa?
—No, cero. Lo hablé con ella porque obviamente era algo que ella también quería de chica. Y me dijo: “Si no sos vos, si no soy yo, que seas vos”. Eso me pareció buenísimo. Su gran vocación es más el escenario, el teatro, y hoy compartimos mucho el arte. Entonces fue un momento muy lindo entre hermanos: ella apoyándome y yo entendiendo también qué es lo que ella quiere. Hoy compartimos mucho el arte.
—Cuando te sacaron esa foto, ¿Cris ya sabía que eras hijo de Valeria y Alejandro?
—Sí, lo sabía. Después de haber grabado, un año más tarde y en confianza me contó que al principio no quería llamarme porque sabía que los varones de la familia éramos muy deportistas. Pensó: “Es un hijo más que hace full deporte y nunca hizo nada”. Pero alguien del equipo que me había sacado la foto dijo: “Llamémoslo, no perdemos nada. Son 15 minutos. Si hace un mal casting, entra, saluda y se va”. Y ella me contó que cuando me vio no esperaba mucho, no me tenía fe.
—¿El casting era para entrar directamente a la serie?
—Era para entrar al taller de Margarita, que es un espacio de entrenamiento y al mismo tiempo te van casteando. Cada día que Cris tardaba en tomar la decisión era un día ganado para mí porque estaba todo el tiempo aprendiendo cosas nuevas. Fue un proceso muy lindo.
—¿En ningún momento les pediste a tus padres que llamaran para ayudarte?
—No. Es más, si les pedía que hicieran eso, perdía. Yo estaba muy concentrado y durante un mes y medio no me vieron: me levantaba a las siete de la mañana y volvía a las nueve de la noche entre la facultad, el taller y todas las clases que me ponía. Domingos incluidos. Para mí era aprovechar todos los días y llegó un momento en que les dije: “Yo voy a quedar”.
—¿Cuándo sentiste que realmente ibas a quedar?
—Cuando nos confirmaron que los dos íbamos a estar en la serie. Yo tenía una duda porque había otro actor, Joaquín Jacob, con quien hicimos todo el proceso juntos. Pero cuando nos dijeron que los dos quedábamos, para mí fue un alivio enorme. Y yo ya tenía en mi cabeza que ese personaje era yo.
—Ahí aparece algo que viene mucho del deporte: la competencia.
—Sí, viene mucho del deporte. Me dio muchísima disciplina y cuando fijás un objetivo, tenés que ponerte los pasos para llegar. Mi hermano es igual, pero también tuvo una contra: cuando actuás tenés que abrirte a tus emociones y yo eso lo tenía muy cerrado. En el tenis, que es un deporte muy solitario, yo creía a los 12, 13 años que si tenías una lágrima te la tenías que guardar porque estabas en la mitad del partido. Era “no es momento para llorar, es salir y ganar”. Entonces eso obviamente te va poniendo muros.
—¿Por eso te costó dejar el esquí competitivo?
—Sí. A los 16 elegí el esquí y aflojé con el tenis, pero a los 19 decidí cortar porque ya no me veía haciéndolo en los próximos años. Y también es un sacrificio muy grande: muchos meses afuera de casa, solo, días de menos 20 grados en los que te querés morir y no sabés qué estás haciendo ahí.
—¿Sentiste alguna presión de tus padres para seguir?
—No, para nada. A veces yo me puse esa presión, que después me di cuenta de que no existía. Me costaba decirles porque sentía que ellos habían hecho mucho sacrificio para que yo estuviera ahí, pero cuando se los dije, me tranquilizaron.
—¿Y sabías desde chico que querías ser actor?
—No, de chico quería ser periodista deportivo. Tenía nueve años y me preguntabas quién era el nueve de Arsenal de Sarandí y te lo decía, estaba interesado en todos los números, todos los deportes.
—Lo conociste a Messi.
— Conocí a Messi, pero no tengo foto. También conocí a Maradona.
—¿A los dos y sin fotos?
—Con Messi fue un cruce en un restaurante, no fue nada planeado, mis papás se pararon a saludarlo y lo saludamos. Yo era muy chico, pero si hoy lo veo creo que es una de las pocas personas que me hace caer al piso. Y Diego era el Dios, lo conocí cuando tenía siete u ocho años. Tuvo una relación muy linda con mis papás, estuvo en el casamiento de ellos y fuimos a visitarlo a su casa. Con él sí tengo foto.
—¿Nunca le reclamaste a tu papá por no tener una foto con Messi?
—Sí, ni me digas, porque mis papás ya tienen una foto con Messi. Yo confío en que me lo voy a volver a encontrar (risas).
—¿Quién es la persona más famosa que tenés agendada hoy en el celular?
—El Cholo Simeone, que es muy amigo de mis papás. Tenemos una relación muy linda con la familia y con sus hijos. Cuando mis papás vivían en Italia eran casi vecinos y mi hermano más grande iba al jardín con Gianluca.
—Tengo algunos juegos para hacer. Son cuatro hermanos, mamá y papá. ¿Tienen un grupo de chat sin tus padres?
—Sí, se llama “Nosotros”. Egoísmo a full.
—¿Y el que es con ellos cómo se llama?
—“Familia”, simple. Es el más activo.
—¿Y quién es el que más escribe ahí?
—Mi papá, insoportable. Todo el día mandando mensajes y cosas. También tenemos un grupo en Instagram para mandarnos reels. Mamá manda más motivacionales, nosotros chistes y mi papá manda diseños de casas, que encima también manda duplicados los links al grupo de WhatsApp.
—¿Mirás los reels que mandan? Decí la verdad.
—Muy poco.
—¿Y los de tus hermanos?
—Sí, porque sé lo que es. Si Tizi me manda un reel sé perfectamente qué es y generalmente sé que me voy a reír. Los tres varones tenemos un grupo y nos mandamos cualquier cosa.
—Viviste un momento muy feo con tu hermano cuando los agredieron. ¿Cómo te quedaste?
—Hoy estoy bien. En las semanas posteriores me quedé pensando si volvía a salir de fiesta o a la noche y si podía pasar algo, estaba un poco extravigilante. Hoy estoy tranquilo, lo hablamos mucho en familia y con Tizi. Es algo que aprendés: no de los errores, sino a cuidarte y en ese momento, con 17 años, me di cuenta de que, más allá de estar con mi hermano, también tenía que estar atento.
—¿Qué pasó con quienes lo atacaron?
—Quedaron en prisión preventiva.
—¿Alguna vez viviste discriminación o bullying por ser quien sos?
—No de una manera agresiva, pero sí algunos prejuicios más que nada en redes y de gente desconocida, pero no les doy mucha pelota. Si veo una publicación de Margarita con muchos comentarios lindos y aparece alguno diciendo “el hijo de...”, no le doy pelota porque ya me lo espero. También es importante saber uno lo que vale y yo sé el sacrificio que hice, sé por qué estoy acá y estoy contento con lo que hago, entonces no me afecta.
—¿En el colegio o en el club nunca tuviste una situación incómoda por ser hijo de Valeria Mazza?
—No, porque crecí con esos chicos y para mis amigos era Benicio. Es verdad que mamá es súper famosa, pero para la generación joven, si no buscabas lo que había hecho, por ahí ni la conocían tanto. Para mis amigos no era Valeria Mazza, era mi mamá.
—¿Cuál de los dos iba a las reuniones de padres?
—Mamá un poco más, pero a veces juntos. Ella también es la que está en el chat de mamis.
—¿Quién de los seis llega tarde y encima se hace el ofendido?
—Tiziano llega tarde y, como es bueno hablando, te lo da vuelta. Lo puteo y termina haciéndome sentir mal porque me dio vuelta la tortilla.
—¿Y quién agita a todos cuando están por llegar tarde?
—Mamá. Ella es el orden y sabe que nosotros no lo somos, entonces va por toda la casa gritando “vamos, vamos”. Es terrible.
—¿Quién es el primero que se pone a hablar con un desconocido en una fila del aeropuerto?
—Papá, mucha parla. Si entramos a un salón y hay cien personas y conoce solo a cincuenta, sale conociendo a ochenta, porque se pone a hablar como loco.
—¿Quién manda el peor meme?
—Mamá. Perdón, mamá. Puede ser papá también, pero primero pensé en ella y fui con el instinto. Es el famoso chiste de viejo.
—¿Quién se emociona primero?
—Mamá o Taina se emocionan rápido, son de lágrimas fáciles.
—¿Cuándo fue la última vez que la viste a tu mamá emocionada por algo tuyo?
—Hace nada. Esta semana vimos los capítulos juntos y había una escena en la que yo estaba llorando. La miré y ella también estaba llorando. Somos todos muy unidos y siempre estamos en contacto porque mi hermano más grande vive afuera y Tizi viaja por el esquí.
—¿Quién se hace el que sabe de un tema pero no tiene idea?
—Papá o Tizi, saraceros. Con Baltu, que es ingeniero, nosotros somos más de querer saber todos los datos, pero ellos dos son chamulleros con una parla que no te das una idea.
—¿Quién se cree el favorito?
—Yo.
—¿Vos sos el favorito de tus padres porque alguien te lo dijo o porque lo creés?
—Hay que creer. Hay que buscar archivos y ver cuando mamá en entrevistas dice que yo soy el cariñoso de la familia.
—¿Quién da los mejores consejos?
—Para temas de amor, por ahí Baltu y mi mamá. Para números, empresas o decisiones estratégicas, mi papá.
—¿Quién de ustedes cuatro va a ser el más hinchapelotas a los 50?
—Yo. O mi hermana. Somos los más chicos, los más rompepelotas.
—¿Quién dio más dolores de cabeza?
—Creo que mi hermana. La quiero muchísimo, pero como la tuve al lado toda mi vida hubo momentos en que la quería matar. Siempre con el agudo allá arriba, llorando fácil, llamando a mamá para decirle que le había pegado cuando no le había pegado. Viví con eso toda la vida.
—¿Ninguno se escapó de tu casa o se llevaron 20 materias?
—No, somos chicos diez. Igual dolores de cabeza todos damos.
—¿Y vos cuál fue el peor dolor de cabeza que les diste?
—Una vez choqué el auto. Lo choqué fuerte. Errores que pasan, pero en ese momento como que no sabía qué decir, en mi cabeza pensé: “Me van a matar”. Por suerte no.
—Te voy a decir situaciones y vos me decís si las heredaste, las aprendiste o las elegiste. Sonreír cuando hay una cámara en una alfombra.
—Heredé.
—Llegar puntual.
—No lo aprendí.
—Vestirte bien para la ocasión.
—Aprendí de mi mamá.
—No mostrar miedo.
—Lo aprendí.
—¿Y mostrar emociones?
—Generalmente tiendo a no mostrar mucho mis emociones. Soy un poco para adentro, con quien más me abro es con mi novia.
—¿Cómo se conocieron?
—Fuimos compañeros de colegio. Nos conocemos de toda la vida, pero a los 17 años dije: “Ah, mirala”.
—¿Ella ya te había mirado antes?
—Elijo creer que sí, con la autoestima arriba. Pero yo tuve cierta atracción, ella se dio cuenta y a partir de ahí empezó. Fue en una fiesta, pero un caballero no habla, aunque te cuento que estamos muy bien.
—¿Qué opina de este presente de Margarita?
—No puede creer todo lo que está pasando. Ella me acompañó muchísimo durante el proceso y hasta se bancó que por momentos le dijera: “Sorry, pero no te puedo ver”, porque estaba todos los días a full, y ella estuvo ahí igual. Yo también la acompaño.
—¿Y se banca esta nueva exposición?
—Sí, y si por ahí hay cosas que no le gustan, le digo que me las cuente. Pero también le gusta y le divierte.
—¿Cuándo te diste cuenta que podías soñar y que tu camino no era el de tus padres?
—Un poco con el deporte cuando empecé a tomar mis propias decisiones sobre qué hacer. Y obviamente cuando empecé con esto, que era soñar en grande a full.
—¿Qué soñás ahora?
—Me dan muchas ganas de seguir con esto, de crecer como actor, de poder seguir cantando. Tengo ganas de estar parado en un escenario, de seguir transmitiendo cosas lindas a la gente.
—¿Tenés ganas de construir tu propio nombre en esta carrera y diferenciarte del de tu familia?
—No es el tipo de ambición que busco. Lo que sueño y quiero hacer es personal, no está relacionado con mi familia y tampoco me parece una traba: es mi mamá.
—¿Nunca le dijiste “no te aguanto más”?
—No. Y si lo pienso, agacho la cabeza, doy un paso atrás y ya está. Ella siempre fue el centro, los flashes fueron a ella y, cuando sigamos yendo a un lugar en familia, van a seguir yendo a ella. No es algo que me moleste para nada porque es la número uno.
—Vamos a jugar a “la primera vez”. ¿Cuándo te diste cuenta de que tu casa no era como otras casas?
—De chico. Cuando empezás a ir a la casa de amigos te das cuenta y también por cómo fui criado. A veces mis papás tenían comidas donde venía gente importante y yo tenía diez años y me decían: “Andá, ponete un jean y una camisa porque vamos a comer”. Después iba a la casa de un amigo y era distinto. Pero los fines de semana estamos todos tirados con helado mirando una película, bien familiero.
—¿Cuándo fue la primera vez que te reconocieron a vos y no a tu mamá?
—Creo que todavía no pasó. De estar los dos caminando y que vengan y me pidan una foto a mí, sin decirle nada a ella. Todavía no pasó.
—¿Cuándo dijiste por primera vez “soy actor” en voz alta?
—Hace poco. Todavía no me veía como un actor, sino como alguien que estaba haciendo un trabajo porque todo fue tan de repente: casting, taller, grabar, en seis meses había pasado todo. Creo que lo dije cuando salió la segunda temporada, cuando me vi por primera vez en televisión.
—¿La primera vez que te pusiste un traje?
—A los ocho o nueve años, chiquitito. De bebé me habrán puesto un traje también, era el jefe en pañales (risas).
—¿Alguna vez te bocharon para un trabajo?
—Sí, obvio. Estuve afuera haciendo castings de modelaje y recibí muchos “no”. Te ponés mal, pero hay que recibirlos para llegar al sí y sirven para mirar adentro y pensar en qué puedo mejorar.
—Te fuiste de esos castings de diseñadores de afuera pensando qué tenías que mejorar y así llegó Armani.
—Mi primer casting fue entrar a un cuarto con 60 o 70 personas, todos varones, de 20 a 27 años, todos en jean y cuero, en fila. Esperabas tu turno, caminabas, ibas, volvías. Y con solo mirar ya pensabas: “Por ahí me faltan ciertas cosas físicas”. Pero igual todo se reduce al momento en que llaman tu nombre y a qué tan fuerte pisás cuando caminás.
—¿Eso te lo dijo tu mamá?
—Y me lo sigue diciendo. Yo por ahí le digo: “En lo físico tengo que estar un poco más trabado”. Y ella me dice: “Te van a poner siempre excusas y vos también te podés poner excusas. Pero si en el momento no estás confiado y no destruís la pasarela...”. Y tiene razón, es actitud.
—¿La primera vez que te pusiste esquíes?
—A los tres años, y creo que cuanto más chico empezás, mejor. A los 13 esquiaba mejor que a los 16, me mandaba derecho por la pista y no tenía conciencia de lo que estaba haciendo. A los 16 ya me había caído un par de veces y pensaba qué podía pasar si me caía. A los ocho era un loco, me puteaban porque pasaba al lado de gente que esquiaba más lento y a mí no me importaba nada.
—¿Sos prejuicioso con algo?
—Soy prejuicioso con algunas cosas, pero también siento que mucha gente es prejuiciosa conmigo por ser “hijo de” o estar acomodado. Entonces pienso que si yo soy prejuicioso, por ahí también estoy equivocado.
—Yo la re usaría la carta de mis papás, aunque después hay que mantenerse, porque no alcanza con ser hijo de...
—Para mí tiene un pro: si voy a un casting de 100 personas, cuando llego ya saben quién soy. Si hago algo muy bueno, mejor, porque dicen: “El hijo de Valeria Mazza me gustó”. Queda, pero yo tengo que lograr que se acuerden de mí también por lo que hice.
—¿Te administrás vos tu plata?
—Me ayuda mi familia, pero en todo porque vivo con ellos todavía. Creo que el día de mañana si me mudo lo más difícil va a ser pensar en tres comidas todos los días para cocinarme (risas).
—¿Y lavar la ropa?
—También, pero eso lo aprendí cuando viví solo afuera. Pero el momento de la comida, cocinarme, fue lo más difícil de pasar cuando viajaba en giras. Hoy hago carne, una ensalada y después termino haciendo los últimos tres días fideos porque ya no se me ocurre nada más o me da fiaca.
—¿A Lola le cocinás?
—No, solo le hago unos huevos revueltos a la mañana porque hago los mejores huevos revueltos del mundo.
—¿Y tus contratos los estás negociando vos o los negocia alguien?
—Los negocio yo, en conjunto. Igual Margarita no fue muy negociado. Fue: “Gracias, Cris. ¿Dónde tengo que firmar?”. Y listo. Pero en las cosas que son mías me gusta estar siempre interiorizado.
—¿Qué ponés en el pasaporte cuando viajás, donde hay que poner profesión?
—Estudiante universitario.
—¿Cómo venís con la carrera?
—Bien. Me está costando, pero la quiero terminar.
—¿La querés terminar vos o te lo están pidiendo?
—Yo la quiero terminar, tengo muchas ganas, pero estoy con tantas cosas que es como una doble vida: el mundo artístico y después sentarme en una clase a escuchar a alguien una hora y media y tomar nota. Siempre me gustó la parte digital, me divierte programar, pero pasé de pensar en aprobar las materias a pensar: “Me tengo que recibir”. Igual cada vez estoy más cerca de la meta.
—¿Te imaginás trabajando algún día de eso?
—En diez años, bienvenido sea. Si llega un momento en que no me contratan como actor, digo: “Bueno, me pongo a trabajar”.
—Lo recontra banco, debe ser más difícil estar cursando y rindiendo cuando hoy no tenés ganas de trabajar de eso.
—Obviamente. Me pasa un poco por ahí, hoy quiero ser actor y trabajar de eso. Ahora estoy con una materia de diseño UX/UI, experiencia de usuario, y me cuesta. Pero hago una pausa y pienso que lo estoy haciendo porque me gusta, y solo me falta un año y medio.
—Yo sé que es la última temporada de Margarita, pero en el mundo Cris siempre puede haber más…
—Me encantaría poder decirte algo. Pero es Cris y si ella quiere que esto siga, sigue. Ella me dijo que está muy contenta con el elenco y con los artistas que tiene hoy, así que si tiene ganas de que sigamos siendo parte y haciendo cosas, así será.
—¿Le preguntaste por qué te eligió?
—No así textual, pero ella sí me explicó el motivo. Me dijo que le había sorprendido y que estaba muy contenta con el trabajo que había hecho. Una de las cosas que más le sorprendió fue que hacíamos algo y, si después me pedía otra cosa, yo me tiraba al muere. Era como una esponja: hacer lo que me pedían y animarme, sin miedo a fracasar. Y así soy, espero dejar algo en la gente.
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