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Eva Bargiela habló de la pérdida de un embarazo, el duelo por su mamá y el apoyo de Gianluca Simeone

En Casino Deluxe, la modelo repasó uno de los momentos más difíciles de su vida y reflexionó sobre la muerte repentina de su madre, la pérdida gestacional que atravesó y el sostén que encontró en su pareja en medio de ese proceso

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“Perdí a mi mamá en octubre de 2024 y, a los pocos días de que falleció, me enteré de que estaba embarazada”, contó Eva Bargiela durante una entrevista en Casino Deluxe, el ciclo de entrevistas de Infobae.

La modelo y conductora habló de uno de los momentos más difíciles de su vida, marcado por la muerte repentina de su madre, un embarazo inesperado en medio de ese duelo y la pérdida gestacional que sufrió pocas semanas más tarde.

Tiempo después, junto a su pareja, Gianluca Simeone, volvió a apostar por el deseo de formar una familia y así llegó Faustino, su primer hijo. En ese recorrido, también se refirió al acompañamiento que recibió, a la decisión de construir un proyecto en común y a los cambios que atravesó a nivel personal.

Con una trayectoria vinculada al modelaje, la televisión y los medios, Bargiela mantuvo una conversación centrada en la maternidad, la ausencia, las pérdidas y el modo en que esas experiencias redefinieron su vida. Además, reflexionó sobre su relación de pareja y el presente que transita.

Eva es modelo, conductora y figura en los medios argentinos. Comenzó su carrera en el modelaje durante su adolescencia y luego se incorporó a la televisión, donde fue azafata de programas como A todo o nada, conducido por Guido Kaczka. También es licenciada en Marketing y desarrolló una presencia activa en redes sociales.

Casino Deluxe - Eva Bargiela
Eva Bargiela recordó que trabajó como azafata de Guido Kaczka en A todo o nada y definió esa etapa como la puerta de entrada a la televisión.

— Bienvenida Eva. Gracias por haberte hecho el tiempo para estar acá. Esto es un programa, pero también es un Casino Deluxe...

— ¡Yo nunca fui a un casino!

— ¡¿Nunca?!

— Entré, pero nunca jugué. Tendría que ir, es una cuenta pendiente (risas).

— La suerte a veces está de tu lado, a veces no. Pero hay que saber hasta dónde, saber cuándo parar.

— Claro, eso me da miedo, ¿viste? Yo creo que soy un poco rata y no me animo a poner plata y perderla, como que por más que sean 10 pesos, me pone mal. Entonces es como que digo: “Ya está, ni juego”.

— Acá vos me tenés que decir qué harías con un millón de dólares y vamos a conversar, a tener esta entrevista a través de juegos, preguntas y te la vas a ir ganando. Te los voy a dar los fajos en base a toda la verdad que me tires sobre la mesa.

— Okey. Perfecto.

— Pero primero quiero saber qué harías con un millón de dólares.

— La verdad es que no sé qué haría con un millón de dólares. Nunca tuve un millón de dólares, entonces es como que es algo que no...

— ¿Vos sabés que sos la primera persona que me dice: “No sé qué haría con un millón de dólares”?

— Es que quisiera tomar una decisión inteligente. Creo que invertiría en algún negocio para tener rentabilidad de alguna forma y me gustaría comprarme una casa cerca de la playa. Me compraría una casa cerca del mar para poder ir tanto en invierno como en verano. Eso sería.

— Despertarte con el ruidito del mar, ¿no?

— ¡Sí! Cuando quiero agarrar el auto, decir: “Che, ¿nos vamos a la casa?”. Una casa que pueda llegar en auto porque ya si es con vuelo es todo más complicado. Así que agarro el auto y nos vamos a la casa del mar. Una casa argentina.

— ¿Y qué lugar del mar te gusta acá?

— Y yo soy muy de la costa atlántica. A mí me gusta mucho la zona de Pinamar. Con mi familia veraneábamos mucho en Valeria del Mar. Toda esa zona de Cariló, Ostende, que tiene casitas preciosas, podés ir caminando a la playa. Creo que me compraría una casa como por ahí.

— Hermoso, los bosques, todo...

— Sí, salir a caminar, hacer un asadito en la casa después de la playa.

Casino Deluxe - Eva Bargiela
Eva Bargiela señaló que no perdonaría una infidelidad porque considera que la confianza en una pareja no se puede reconstruir después de una traición.

Por cuánta plata

— Vamos al primer juego. Yo te voy a decir preguntas en base a tu vida y vos me tenés que decir, en este caso, qué cifra le pondrías a hacer algo o no hacerlo. La primera dice: ¿por cuánta plata volvés a trabajar como azafata de Guido por un año?

— Ay, ¿sabés qué? Por muy poca plata lo haría. Es una experiencia que disfruté muchísimo. Si bien en un momento di un paso al costado fue para crecer, porque no podía estar toda la vida siendo azafata de Guido. Es un trabajo para una etapa. También siento que es un trabajo que me dio muchísimo, porque me abrió las puertas de la tele, que a mí me encanta. Aprendí un montón, porque Guido es un profesional que yo siempre lo digo, pero es como estar en una clase de televisión todos los días, porque siempre en vivo surgen imprevistos y él no sabés cómo, pero siempre la saca adelante. Y sería hasta un gusto si me vuelven a llamar. Igual, bueno, si están viendo esto, voy a pedir mucha plata (risas). Pero lo haría, te juro, por amor y por nostalgia de lo bien que la pasé ahí.

— Sí, por ahí leí que fue una etapa muy divertida de tu vida y que los dejaban ser naturales, disfrutar. Eran todos muy jovencitos también, ¿no?

— Sí, era muy divertido y además para mí era el trabajo de mis sueños, fui muy feliz ahí. Después sí, es verdad que habían pasado como cuatro años que estaba trabajando ahí y quería dar como un salto o apuntar mi carrera para otro lado. La gente en la calle me decía: “Ay, la de Guido”. De hecho, el día de hoy llevo a lavar el auto y me dicen: “La azafata de Guido trajo el auto” (risas). Te debe pasar a vos también que te vinculan con algún personaje.

— Sí, es normal para la gente encariñarse, sobre todo con los programas de Guido que tienen muchos fans.

— Y también tenía un horario muy familiar. Ibamos antes del noticiero y los chicos volvían del colegio, merendaban viendo ese programa, después los adultos venía el noticiero y volvíamos nosotros con otro programa, que era el de los perros que iban a jugar. Entonces, era muy familiar. La gente también se encariñaba, todos nos decían cosas lindas. La verdad que fue una etapa preciosa. Un programa sano también, que a veces cuesta encontrar eso...

— Claro. Es un lujo encontrar en la tele un programa que sea así...

— Y que te sientas cómodo, porque a veces en muchos programas se termina hablando de cosas que... O de policiales o cosas que te incomodan porque te interpelan. Y un programa así sano la verdad que es súper disfrutable.

— Vamos con la segunda pregunta. ¿Por cuánta plata te vas a un mes a vivir a otro país sin tu familia?

— ¿A qué país? (risas)

— ¿Qué país sería el más tentador para vos? Según tus gustos.

— La verdad que un mes a otro país sin mi familia sería como unas vacaciones largas.

— Entonces, no está tan mal.

— ¿Sin mi familia es sin mi hijo y mi pareja?

— Sí, sin la familia que formaste. Claro, sin tu hijo, sin tu pareja.

— Ah. Como me dijiste sin tu familia y yo soy mamá reciente, pensé tipo mi papá, mis hermanas... No, sin mi hijo es dificil...

—Sin tu pareja y sin tu hijo. Ponele que está justificado que es un trabajo, te vas un mes a no sé dónde...

— ¡Los extrañaría un montón! Además Faustino es muy chiquito. Tendría que ser un trabajo por el que me paguen mucha plata. No sé. Por 100 mil dólares, creo que me voy. ¿Yo puedo ir a verlos o ellos me pueden ir a visitar? Con esa plata, puedo gastar en pasajes para que me vayan a visitar o ir yo.

— Bueno, arreglamos. ¿En qué lugar del mundo te gustaría?

— Creo que elegiría Miami, que tiene una mezcla. Si voy a estar trabajando puedo hacerme una escapadita a la playa. Y algo así, que también tiene un poquito de vida social, tiene movimiento, tiene ciudad y tiene playa.

— ¿Por cuánta plata dejás que Gianluca publique tu foto más vergonzosa? No necesariamente íntima, sino la foto más vergonzosa, la que más te expone.

— Yo creo que él podría hacerlo gratis (risas). Porque capaz no se enteró que esa foto me da vergüenza y él piensa que yo salí divina (risas). Viste típico que dicen: “Ay, mi amor, te amo, feliz cumple”. Y pusieron la peor foto del mundo (risas).

— Él, por ejemplo, en las redes, ¿publica muchas fotos de ustedes o tuyas?

— Solemos compartir fotos juntos. Disfrutamos mucho el tiempo juntos y subimos por lo general, sí.

— ¿Y te pregunta cuál subir o la sube directo?

— No. De hecho, cuando empezás a salir medio que se consensúa o se le avisa al otro: “Che, voy a subir una foto juntos”. Pero yo me enteré por Instagram que él subió una foto conmigo (risas). Y eso me encantó, porque dije: “Ay, qué relajado, qué genuino”, no está calculando y eso me encantó.

— Y tampoco vos se lo pediste.

— Ni yo se lo pedí ni él me consultó a ver si estaba bien, como que se dio por entendido que estaba bien, si estábamos juntos, saliendo, todo. Pero por lo general capaz yo venía más acostumbrada a la estructura o mismo con mis amigas: “¿Qué hago? ¿Lo subo, no lo subo? ¿Le molestará, le gustará?”. Y fue como una sorpresa.

— O por ahí tus parejas anteriores no tuvieron ese lugar así muy fresco. En el sentido de que por ahí también te exigían que, no sé, consultes o ellos también lo consultaron antes de subir algo. No sé cómo fue.

— Sí, viste cuando venís capaz con cosas aprendidas de antes y hay cosas que son naturales, te sorprenden. Pero yo creo que él podría subir una foto que me dé vergüenza sin consultarme, tranquilamente y sin maldad. Esa sería poca placa. No sé. 10 mil dólares, pero por menos también (risas).

— ¿Cuántos meses hacía que salían cuando posteo la foco en redes?

— Un mes.

— Ah, muy jugado.

— Sí. Habíamos pasado poco tiempo juntos, pero fue muy intenso lo nuestro. Porque nos conocimos acá, pero él vivía en España y yo en Argentina. Nos conocimos en diciembre del 2023 y yo seguí con mi vida, él con la suya. Ni hablamos ni nos seguimos en Instagram, nada. Y como en enero o febrero nos empezamos a seguir y ahí empezamos a hablar. Hablábamos todos los días y éramos como medio unos novios virtuales porque yo sabía todo lo que él hacía, él sabía lo que yo hacía, como que estábamos 24/7 conectados, pero nunca nos habíamos visto. O sea, en términos de cita. Si bien nos habíamos cruzado un día y nos habíamos conocido, nunca había habido ni un beso, nada. Entonces, cuando nos vimos era como que yo me encontré con mi novio, ya éramos novios. Si yo cuento desde la primera vez que nos vimos en persona, y sí fue reciente, pero teníamos una relación virtual. Fue una relación que arrancó un poco al revés.

— Bueno, pero tiene su magia eso. Porque la situación los obligó y de repente es desafiante. Aparte toda la parte de la fantasía de cómo será, cómo me besará...

— Sí.

— Y el miedo, también.

— ¡El miedo! ¿Imaginate si después de conocerlo en persona se cae todo? Sentís que te dieron besos es como el hechizo, pero al revés. Yo estaba re ilusionada porque decía: “No puede ser tan lindo, tan bueno, tan todo”. Pero bueno, sí, también había que ver en persona.

— ¿Y cómo fue ese primer encuentro?

— La verdad es que fue súper relajado. Él vino de España, tuvo un asado con sus amigos y al día siguiente quedamos en juntarnos a merendar. Yo le dije que venga a mi casa a tomar unos mates y no nos separamos más. Literal. Tomamos unos mates con unos chipacitos que yo había comprado. Y no nos separamos más. Ese día fuimos a comer cada uno por su lado: él se fue con sus amigos, yo con mis amigas y nos encontramos después y fuimos a un boliche. Creo que desde ese día estuvimos siempre juntos hasta que él se tuvo que volver a España a trabajar y empezó la relación de ida y vuelta con muchas horas de vuelo.

— ¡Tremendo!

— Sí, tremendo. Suena lindo y te dicen: “Ay, ¿qué te quejas? Te estás yendo a España un montón de veces”.

— No, pero una relación a distancia, muy difícil.

— Sí. Extrañás mucho... Cuando viajás no estás en tu casa, lo vas a visitar y vos estás al ped* porque no tenés vida ahí y el otro está ocupadísimo porque sí tiene vida en la ciudad. Es complicado.

— ¿Y esa tarde hubo primer beso?

— Sí, hubo primer beso. Con lo que veníamos hablando tenía que haber primer beso. Yo no podía desperdiciar un día más (risas).

— Qué linda historia. ¿Y cuánto llevaban juntos ya?

— Y ya vamos dos años y unos meses.

— Y un bebito.

— ¡Sí! (risas)

Casino Deluxe - Eva Bargiela
Eva y Gianluca decidieron volver a buscar un hijo después de perder un embarazo y así nació Faustino en octubre de 2025

— ¿Cómo fue ese paso tan importante?

— Fue una decisión.

— ¿Los dos querían ser papá y mamá?

— Yo soy más grande que él, le saco cinco años y venía de una relación larga donde yo sentía que había perdido mucho tiempo de mi vida. Y todos sabemos que las mujeres tenemos un reloj biológico. Aunque no no nos guste.

— Es una realidad.

— Y yo tuve una charla con él y le dije: “Mirá, si vos querés ser padre de acá a 10 años, es súper lógico y estás en todo tu derecho, pero de acá a 10 años yo no quiero tener que estar haciendo malabares para poder quedar embarazada, yendo a un centro de fertilidad, no es lo que quiero vivir. Y respeto si es lo que vos querés vivir porque sos joven y porque cada uno tiene derecho a decidir ser padre cuando tenga ganas. Pero bueno, nuestros caminos irán separados porque es una realidad”. Y nada, él me dijo: “Mirá, no es algo que tenía así presente en hacer ya, pero la verdad es que me veo padre joven, así que nada. Si todo va, va”. Y después pasó que yo perdí a mi mamá en octubre del 2024 y a los pocos días de que falleció mi mamá me entero que estaba embarazada.

— Que locura pasar por las dos cosas juntas.

— Fue súper fuerte para mí porque no lo podía procesar. Como que no podía terminar de entender, como que estaba en shock. Estaba anulada. No podía procesar. Estaba triste y contenta, pero no podía procesar ningún sentimiento que habitaba en mí.

Claro, estabas duelando y por otro lado...

Estaba duelando, procesando, porque lo de mi mamá fue súper repentino, ni siquiera de un día para el otro, fue de un momento al otro. O sea, fue algo totalmente inesperado. Y lo mismo lo del bebé había sido totalmente inesperado. Esto fue fin de octubre del 2024 y en diciembre pierdo al embarazo. Y la verdad es que fue súper duro. Esto nunca lo conté. Creo que de hecho hay familiares míos que no lo saben. La verdad es que la pasé muy mal, fue muy doloroso para mí porque estaba procesando lo de mi mamá y llega la pérdida del embarazo. Y ahí nos dimos cuenta que realmente queríamos ser papás, que nos habíamos ilusionado muchísimo, teníamos muchas ganas. Después fui al médico, me hice los estudios pertinentes para ver qué había pasado, por qué había sido y decidimos buscarlo y ahí llegó Faustino.

— ¡Qué momento de tu vida! Muchos duelos juntos. El desapego de una relación tan fuerte como es una mamá, el primer hijo concebido para los dos, varios meses hasta que de golpe la vida decide que no sea y sentir ese vacío, ¿no? Todo pasando medio simultáneamente.

— Fue muy difícil y es difícil todavía porque cuando sos mamá todo el tiempo tenés presente a tu mamá. Hay muchas situaciones donde yo digo: “La quisiera llamar”, ¿entendés? Para... (se emociona). Siento que hubiese sido re buena abuela y que le encantaría estar acá (se emociona). Pero vos me viniste con el casino y yo te vine con un drama de psicóloga.

— Me hacés llorar a mí también. Es que estas cosas son muy duras. Estás poniéndole el cuerpo a una maternidad con una mamá que por lo que veo, la querías muchísimo y era muy presente, ¿no?

— Sí. Además mi mamá era lo más y yo sé que ahora como que... Nunca fue abuela. Pero sé que sería una abuela increíble. La extraño y sé que sería una súper abuela.

— ¿Y la sentís presente de alguna manera internamente, en tus decisiones, cuando estás ahí con tu hijo, en las voces internas? Con estas cosas de: “Mamá haría esto”.

—Sí. La siento muy viva en mí, en muchas cosas que capaz yo era chica y no entendía. Mi mamá siempre fue una mujer súper consciente de todo. Ella era trabajadora social y trabajaba mucho por los derechos de las mujeres, en familia y en niñez. Por ejemplo, era súper militante de la lactancia materna. Y hoy en día me reconozco en muchas cosas que a ella le apasionaban, que antes capaz no lo tenía tan despierto porque era más chica y estaba más centrada en otras cosa. No tenía conciencia de estas cosas. Y al crecer y al no estar ella, que si bien fue hace poco que mi mamá falleció, la siento como mucho más viva en mí que nunca. Me pasan cosas que le preguntaría a mi mamá y de pronto me doy cuenta que no tengo a quién preguntárselas.

— ¿Y cómo te llevas con la mamá de tu compañero?

— Bien, me llevo bien. Es un amor Caro (Baldini).

— Al haber perdido tu mamá, convertirte en mamá y que ella sea abuela por el otro lado, ¿sentís que hay algún tipo de cercanía desde ese lugar, como de referencia?

— Ellas es la única abuela que tiene Faustino. Y sí, la verdad es que Caro es súper presente. Lo que pasa es que ella no está mucho en Argentina, se la pasa viajando porque pobre tiene un hijo en cada ciudad. Entonces, no es la abuela que decís: “Hoy se queda con la abuela” porque es difícil encontrarla en el país (risas).

— Claro, es muy independiente.

— Tiene un hijo en Buenos Aires, otro en Italia, otro en España, y ella tiene que repartir su tiempo entre los tres hijos y desde ese lugar es más complicado, pero sí es súper presente.

— Y el padre de Gianluca, Diego Simeone, también vive afuera.

— Claro, bueno, Gianluca tiene a la familia un poco lejos. Entonces tratamos de viajar seguido para poder estar cerca y acortar distancias. Igual, él está todo el día con FaceTime, con videollamada. La tecnología te acerca bastante, pero bueno no es lo mismo, Sinceramente, cada vez que podemos tratamos de ir o ellos también tratan de venir y Caro lo mismo, cuando ella está acá en Argentina, estamos un montón juntos. Pero bueno, cuando no está es más virtual.

—¿Y qué tal el cambio que está encarando tu pareja? Porque están viviendo en Argentina, ya están consolidados acá y él se retiró del fútbol para prepararse como director técnico. ¿Cómo lo acompañás? ¿Cómo están viviendo este proceso dentro de la pareja?

— Y la verdad es que yo a él siento que le tengo que estar eternamente agradecida porque, como yo te contaba, nosotros nos conocimos, al poco tiempo pasó lo de mi mamá y era un momento de mierd* en mi vida, hablando mal y pronto, perdón la palabra. Y son esos momentos donde es más fácil estar lejos que cerca. Y donde solo se quedan cerca tuyo las personas que realmente te quieren. Y él la verdad que tranquilamente se podría haber hecho el distraído y decir: “Bueno, me voy”. Y la verdad que él me agarró más fuerte que nunca, me sostuvo, se quedó al lado mío incondicional. Sobre todo en ese momento que estábamos viendo si ir a España y asentamos allá o venimos para Argentina. Él acá no tenía trabajo, yo allá tampoco y era como una decisión que había que tomar. Yo le dije: “Te voy a ser sincera y no quiero que vos te sientas presionado ni mucho menos, pero yo ahora no me puedo ir a España, porque acaba de pasar lo de mi mamá. Yo necesito estar con mi papá, con mis hermanas. Si me voy allá, voy a ser un mar de lágrimas, no voy a ser feliz yo, no te voy a hacer feliz a vos, vamos a durar poco y nada y nos vamos a terminar separando”. Porque para mí era imposible imaginarme subiéndome a un avión. Irme a vivir allá era un universo paralelo. No había manera de que eso suceda. Y la verdad es que él me dijo: “Mirá, yo te entiendo, te respeto, te banco. Vamos para Argentina, no pasa nada”. Y él dejó lo que estaba haciendo, que estaba jugando en España al fútbol y se vino para acá. En ese momento tomó la decisión de dejar de jugar al fútbol. Él ama el fútbol y está cerca desde otro lugar. Y bueno, por eso está trabajando en una agencia de representación y está haciendo el curso para ser entrenador. Y la verdad es que me tengo que sacar el sombrero por él, porque es un amor. Es una decisión que él la venía pensando, es la realidad, pero también se vio empujada por esta decisión de venir para Argentina.

— Claro, también de tu necesidad, que sos su mujer, su compañera y no es tan visto eso, me parece que es algo valioso. Es muy joven, es muy valiente y muy comprometido.

— La verdad que estamos acostumbradas, que es verdad, siempre somos las mujeres las que modificamos nuestra vida en función de los hombres. Es lo más habitual. También hay una realidad, yo no podía irme a trabajar a España, porque yo trabajo de influencer y toma tiempo desarrollar una carrera en los medios en otro país, que te conozcan. Es un proyecto a largo plazo. Y tampoco podía darme el lujo de estar, no sé, meses y meses sin que me entre un peso. Fue una decisión por varios factores, es la realidad. Pero la principal razón fue que él eligió formar la familia juntos. Porque también podría haber dicho: “Bueno, vamos viendo cómo fluye, seguimos a distancia un tiempo más”, y no. La verdad es que yo me saco el sombrero porque él es un diez.

— Ahora ya siendo una familia y vos siendo mamá, ¿extrañas algo de tu vida antes de tener a Faustino?

— Amo mucho ser mamá y como que me olvidé de mi vida de antes de ser mamá. No cambiaría nada del mundo, pero extraño dormir. O sea, duerme mi bebé, es la realidad, pero se despierta y no duermo ocho horas de corrido. Hace nueve meses que nació.

— Claro, es tremendo.

— Entonces, extraño dormir de corrido ocho horitas. Porque duermo, le doy la teta, duermo y capaz entre todo junto duermo ocho horas, pero no de corrido, ¿viste? Cuando te vas a dormir y te despertás cuando te despertas, es mágico. No me acuerdo lo que era, lo extraño.

— Ya va a volver igual.

— Sí, imagino que sí. Pero ahora estamos en un proceso de destete nocturno.

Estás en el peor momento. Por eso estás extrañando dormir.

— Sí, estoy en el peor momento porque es como está endemoniado, porque él quiere la teta y me tira del corpiño, parece uno de los Walking Dead tratando de entrar (risas). Pero bueno, extraño dormir.

Casino Deluxe - Eva Bargiela
"No perdonaría una infidelidad", expresó la modelo en diálogo con Emilia Attias

— ¿Perdonarías una infidelidad?

— No.

— Categorica.

— Porque he perdonado, o sea, no una infidelidad, sino una infidelidad explicada como un malentendido que después terminó siendo que era una infidelidad.

— Claro, pasaste mucho también.

— Sí, y no creo que cambie. Y como que siento que se rompe algo. A ver, no tengo ningún prejuicio con nada. O sea, no es que digo no a las relaciones abiertas... Que cada uno haga lo que quiera con su vida. Pero si yo tengo una relación de confianza, de monogamia y rompés mi confianza, en cualquier aspecto que la rompas, es muy difícil después volver a construirla.

— Sí, es cristal la confianza.

— Y si te la pasás dudando del otro, no sirve.

— Es peligroso.

— Y te dice algo y vos pensás que te está mintiendo y la pasás horrible. No creo estar capacitada para perdonar una infidelidad. No me hicieron con ese condimento. Y si pasa al revés y me perdonás, perdonás. Yo soy de las personas que, a ver, si yo me mandé una cagada y vos me perdonaste, me parece una embole que me lo vengas a reclamar. O sea, me perdonaste.

— Sí, total. Y de tu parte lo mismo, si perdonas, perdonas.

— Claro, si perdono, perdono. Y bueno, sé que eso no lo puedo perdonar.

Yo nunca, nunca

— Este es el último juego Yo voy a ir diciendo una serie de cosas y si las hiciste, tenés que tomar.

—Dale.

— La primera dice: “Yo nunca, nunca estuve en pareja con alguien más chico”.

— Ay, yo sí (risas). Tengo que tomar.

— ¿Por qué sentiste ese prejuicio que te pesó tanto al inicio de la relación?

— Creo que era un prejuicio más mío que del resto. Yo estaba un poco bloqueada. Sentía que un chico más chico iba a estar en cualquiera. Iba a estar yendo, no sé, de fiesta todos los fines de semana y que yo venía con ganas de buscar algo un poco más estable. No tenía ganas de que me bolud**n. Y desde ese lugar tenía como un poco de prejuicio con la edad. Pero después me sorprendió. Y también saqué una conclusión, que creo que los chicos que son más jóvenes, comparando alguien de 40 con alguien de 28, ponele, no hay tanta diferencia. Pero bueno, yo estaba en un punto de la edad donde me encaraban de 40 y de 24, entonces tenía un espectro.

— Un espectro grande para elegir.

— Sí. Y creo que los chicos más jóvenes tienen mayor madurez emocional, son más sensibles, más empáticos. Capaz estoy generalizando, pero esto habla de lo que yo conocí.

—Sí, de tus experiencias.

—Claro, de mis experiencias. Me pasaba que era todo como más rígido. Entonces, la verdad que me sorprendí para bien con Gianluca, que es más chico que yo.

—Por las cosas que contaste de él, me parece que, para su edad, es una persona emocionalmente madura, responsable y coherente, entre muchas otras cualidades, ¿no? En general, hay personas que nunca llegan a desarrollar nada de eso a lo largo de su vida.

— Es que él me puso los puntos al principio. Me dijo: “Mirá, a mí me gustás, ¿vos qué pensás? Porque no quiero que nadie se lastime”. Como todo muy bien, muy correcto.

— Vamos con la tercer: “Yo nunca, nunca stalkeé a alguien desde una cuenta falsa”.

— Ay, yo sí.

— ¿A quién? Exponete hasta donde vos quieras. Yo nunca voy a exponerte por demás, pero más o menos contame la situación.

— Ahora no lo hago más, pero tenía una cuenta para ver cosas que no quería ver con mi cuenta. Más por un tema de preservar mi intimidad y que no aparezca el Instagram mío con mi nombre, como que entré a ver tal cosa. Capaz no por algo que no pudiera ver sino por un tema de no parecer una chusma o cosas así.

— ¿Pero qué te interesaba ver que no querías estar expuesta con tu nombre? ¿Un rubro, área, un chico que te estaba escribiendo?

— Capaz cuando tenía una relación un poco tóxica, que tipo entrabas a ver qué onda, no sé, en este lugar o cosas así más de...

— Como en esa situación de a ver si esta persona está en cualquiera.

— Claro. Y llegó un momento que me di cuenta de que me hacía mal.

— Aparte sos presa de esa situación, eso es muy tóxico para uno eso.

— Muy tóxico. La tuve poco tiempo esta cuenta, pero la tuve y me hago cargo. Y dije: “Me hace mal”. O sea, me pregunté ¿por qué yo entro a buscar algo que me hace mal? Si lo encuentro me hace mal, me hace mal ya pensar que existe algo que me hace mal y entro a buscarlo.

— Y gastás ese tiempo en eso.

— Sí, en lugar de gastar energía en cosas buenas. Todo muy horrible. Y la eliminé y volvió la paz a mí en ese momento. Nunca más lo haría. O sea, no veo cosas que no me interesan y no entro. Como que siento que fue un momento. No me identifico con eso. Igual hay gente que tiene cuentas fake para ver cosas. Yo te juro que no lo recomiendo. Además, ¿qué querés investigar? ¿Cosas del pasado de alguien? ¿Para qué? Es feo para uno. Te ponés en un lugar de detective y no está bueno.

— Yo nunca, nunca mandé un mensaje y después me arrepentí.

— Ay, sí, eso sí.

— ¿Sos impulsiva?

— Sí, sí. Yo tengo una cosa que me enojo, prendo el fósforo y explota todo. Pero a los quince minutos para mí está todo bien y me olvido. Y te digo: “Vamos a tomar algo”. Vos me decís: “¿No te acordaste lo que me acabas de decir?”. Y tipo: “No, vamos a tomar algo”.

— No sos rencorosa.

— No, me olvido. Tendría que ser un poco más memoriosa capaz.

— Pero si lo ves profundamente, hay una cosa del desapego. Vivís más liviana...

— Sí, no voy a dormir enroscada.

— Igual te podés enojar con alguien, pero en el fondo si decidiste seguir tomándote algo con esa persona, sea amiga o lo que sea, es porque es buena persona de corazón.

— Sí y ahora por lo menos existe el editar mensaje o el eliminar para todos. Para evitar conflictos (risas).

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