“Team Wanda, por si no quedó claro”, lanzó Ekaterina Ojeda en su paso por Desencriptados, el ciclo de entrevistas de Infobae. La joven quedó en el centro de la escena mediática tras el episodio ocurrido en un boliche de la Costanera, donde, según su relato, Mauro Icardi intentó acercarse a ella mientras compartía la noche con la China Suárez.
“Me dijo que era la chica más linda que había visto, que quería que me quede”, recordó sobre aquel encuentro, que rápidamente derivó en repercusiones televisivas, debates en redes sociales y un posterior acercamiento con Wanda Nara. Días después, la empresaria la incorporó a su agencia de modelaje, en un movimiento que volvió a alimentar la atención alrededor de su figura.
Desde entonces, su nombre quedó asociado a una de las historias más comentadas del universo del espectáculo. En la entrevista, Eka habló sobre el impacto que tuvo esa exposición en su vida personal y laboral, contó qué le dijo Wanda en un encuentro privado y repasó cómo atravesó el fenómeno mediático que se generó a partir de su testimonio.
Entre anécdotas, humor y definiciones personales, también se refirió a las oportunidades que aparecieron después de aquel episodio y a la manera en que transita hoy una popularidad que, hasta hace apenas unos meses, no imaginaba.

— Hace poquito que saltaste a la popularidad, ¿tuviste algún lío jurídico respecto a este tema? Porque este es el momento para contárselo al Doctor Rulo.
— Ninguno todavía. Pero sí recibí llamados amenazantes. Que me iban a mandar algo o que me regulara y demás. Pero no me supieron frenar y por ahora no pasó nada más grave (risas).
— ¿Te llamaron de número privado a vos o alguien más?
— A mi familia.
— ¿Qué familiar recibió las amenazas?
— Mi papá.
— ¿Qué le dijeron a Ojeda?
— Que esté atento que por ahí llegaba alguna carta documento. Y antes lo amenazaron con que yo bajara un poco, que dejara de contar todo. Pero bueno, hay que contar, ¿no?
— Quieren que dejes de contar tu verdad. Pero no estás contando un secreto que descubriste de las pirámides, estás contando lo que pasó...
— Estoy contando lo que pasó, tal cual.
Las amenazas y la noche en el boliche
— Contame cómo fue esta situación con Mauro y la China esa noche.
— Fuimos a comer con una amiga y nos pasamos a Tequila. Yo estaba trabajando en ese momento. Era mi primera fecha como relaciones públicas. Ellos le dicen embajador, que queda como más cool. Estuvimos ahí un rato y estaba bastante aburrido, un poco planchado. Ahí nos invitan al VIP un grupo de chicos y aceptamos. Al ratito, nos viene a buscar un amigo de Mauro y nos invita a su mesa a tomar algo. Todavía la China no estaba, él estaba como en un rincón esperando no sé qué...
— ¿En el VIP te invitaron a la mesa de Mauro?
— A la de al lado y después se acercó uno de los chicos de la mesa de Mauro para invitarnos a su mesa.
— Están juntitas igual las mesas ahí.
— Sí, están pegaditas como para conocer a todos. Bueno, nos invita a esa mesa y aceptamos. Estuvimos un rato y él me empieza a mirar, me empieza a ojear, me sonríe y me hace como gestitos tipo vení.
— Vos no ignorabas que era Mauro Icardi. Aparte es alto, tiene facha. Es como un modelo.
— Sí, tiene presencia. Estuvimos ahí un rato, él se acerca y me charla. Una charla de boliche...
— ¿Qué te decía?
— Cómo me llamo yo, de dónde éramos, si íbamos seguido, si íbamos a volver. Pero después llega ella. Medio que ve la situación y empieza a estar más cerca de él, ¿no? Como marcando territorio.
— Se puso como celosa.
— Sí, se puso celosa (risas). Él se acerca, me sigue mirando y en un momento en que ella se aleja un poco de la mesa, se me acerca y charlamos un poco más. Ella ve de lejos y, más tarde, cuando vuelve al lugar, me empuja. Porque ve toda la situación...
— ¿Cómo te empuja?
— Un hombrazo. Además fue muy feo porque saludamos a todo el grupo y ella como que se lavó las manos.
— ¿No saludó?
— No. Terrible (risas).
— Y vos sos alta...
— Sí, yo soy altísima. Mido 1,75. Y uso botas, así que llego a 1,80.
— Así que cuando te empujó, el hombro de la China te quedó a la altura del codo.
— Sí, más o menos en el codo (risas). Bueno, pasa toda esta situación y mi amiga y yo somos bastante tranquilas, ubicadas y demás. Entonces yo digo: “Amiga, nos vamos”. Y el grupo escuchó que nos íbamos a ir y nos pedían que nos quedemos. Nos dicen que está divertido, que Mauro está pidiendo que nos quedemos. Después ella se vuelve a alejar, él se acerca y me dice algo como que era la chica más linda que había visto, que quería que me quede, etcétera. Y yo digo: “No, me quiero ir”. Ahí es como que me rodea la cintura e intenta darme un beso cuando yo lo iba a saludar para irme, ¿entendés?
— Fue como una confusión. El falso pico.
— Confusión de él. Yo no estaba confundida, yo lo iba a saludar e irme. Pero bueno, me quiso dar un beso (risas).
— ¿Directo? ¿Te tiró la boca?
— Sí, sí, sí. ¿Viste cuando vos querés saludar a alguien y ponés la cara de costado? Bueno, él fue derecho. Fue al gol y le pifió. No fue como en la cancha (risas).
— Así que ahí corriste la cara y te sorprendió.
— Sí.
— ¿Y la China estaba ahí cuando pasó eso?
— No, no, no. Se había ido. Lo habrá visto de lejos. Pero...
— ¿Para vos estaba de lejos mirando?
— Y sí, o tendrá a alguien que le habrá contado (risas). O sea, se habrá enterado sí o sí. Bueno, también lo conté, así que por algún lado le habrá llegado. Pero bueno, fue eso básicamente. Y después con mi amiga nos fuimos a dormir, normal, porque es una situación que se nos repite. En general nos solemos cruzar con gente, así que es como medio conocida y quizás se te acerca de más. Pero no es algo que yo después vaya y le cuente a mis amigas porque es como un habitué.
— Pero ¿con gente famosa o en general en los boliches decís que te pasa eso?
— Ambos.
— Te encaran todos porque sos una rubia, tipo modelo europea.
— Tengo amigas muy lindas, también.
— Y encima son un grupo de bombas. ¿Cuántas son?
— Somos cinco bombas (risas).
— Son cinco bombas nucleares que se van trasladando y todo el mundo las va encarando por todos lados donde van, en resumen.
— Sí, sí (risas).
— O sea que esto no fue una excepción, es algo que sabías que podía suceder.
— Un día más.

Qué piensa de Mauro Icardi y de la reacción de la China
— Ahora, ¿qué te pasa cuando te encara un tipo que tiene novia y encima la novia está ahí adelante? ¿Vos te lo tomás como una diversión, te da un poco de bronca por el chabón o te divierte que la mina se ponga celosa?
— No, no me divierte que se ponga celosa. Me da pena por ella. Me da pena por él también, que necesite esa validación, esa atención, ¿entendés? Es un poco triste. Si tenés novia, tenés como todo ya armado y buscás amor, quizás solo es atención, ¿no? O sea, un rato, ver a alguien que ni siquiera conocés y solo te parece lindo físicamente, es un poco bajo, siento.
— Te entiendo, porque en algún punto él lo que está buscando es ver si todavía gustan de él y si puede ganarse a la rubia linda, ¿no?
— Tal cual. Es eso para mí.
— Lo tenés muy bien analizado, porque es muy de la noche eso. Todos quieren ser el que gana a todas.
— Sí, tal cual. Quieren ver si pueden.
— ¿Vos creés que tienen un morbo y un jueguito entre ellos y como que ella le dice: “A ver, andá a encarártela, a ver si te da bola”? O en este caso particular, él se cortó solo y ella se enojó.
— Para mí él se cortó solo y ella se enojó. Porque después me enteré de que terminaron separados y todo eso, ¿sabías?
— No, me estoy enterando ahora. ¿Cómo fue? ¿Esa noche se pudrió todo?
— Se pudrió, sí. Y me llegó por ahí que los vecinos también se quejaron.
— ¿Por gritos?
— Gritos. Sí, sí, sí.
— ¡Qué picante! Cualquier cosita se entera todo el mundo. Porque tal vez si lo hace una persona no tan conocida, queda ahí en el boliche, en celos, en una discusión, que todos hemos pasado por eso. No sé, vos quizá no porque sos más joven. ¿Tuviste novio alguna vez?
— No tuve novio.
— Bueno, todavía no hay ninguno llorando y con el corazón roto.
— Ninguno (risas). Vengo limpia.
— Si él estuviese soltero, ¿estarías con él?
— No.
— Hoy tal vez no, pero en ese momento te parecía atractivo.
— No, porque además tiene como todo un trasfondo muy quilombero, muy irresponsable. O sea, no sé, no me gusta, no me gusta su estilo de vida, como que es todo mucho quilombo y conflictivo y no se hace cargo. Es como un voleo al aire.
— ¿Es un partido complicado?
— Tal cual, es para enroscarse. Además, siento que él tiene todas las posibilidades y las herramientas para tener una vida normal, tranquila y busca los conflictos. Es algo raro.
El salto a la exposición y el contacto con Wanda
— Cuando te fuiste del boliche, ¿qué pasó?
— Me fui a dormir. Y al otro día no pasó nada. Una semana tardó en pasar todo esto. Me despierto un día y veo que me empiezan a subir los seguidores, me empiezan a llamar de todos lados: todos los canales de tele que te imaginarás. Jamás me pasó todo esto. Y también soy el tipo de persona que no usa el celular, no responde mensajes, bueno, ahora los tengo que responder. Pero fue toda una locura, la verdad.
— ¿Vos cuando te fuiste en ese momento no pensaste que esto iba a tener repercusión?
— Sí, tal cual. No sabía. Y tampoco estoy tanto en todo, en el chisme, ¿viste? No tenía idea...
— ¿No sos de mirar LAM y eso?
— No, ni LAM ni tengo Twitter. Nada de nada. O sea, todo me lo fui enterando porque uno se tiene que informar, ¿no? Porque después te preguntan y te quedás...
— Y tus amigas, que alguna debe mirar, te dijo: “Che, bolud*, estás en...”
— Sí, me contaron todo. Y en todos los programas de tele también aparecí. Fue una locura.
— ¿Cómo saltó todo esto? ¿Quién lo contó? ¿Alguien que vio todo?
— Alguien lo contó, hicieron una nota y me contactaron a mí. Yo estaba trabajando en Tequila. Yo no quería perjudicar eso. Entonces, le digo a mi mejor amiga: “Escuchame, ¿por qué no lo contás vos? Decís que sos mi mejor amiga, yo valido que sos mi mejor amiga, contamos toda la historia y vemos qué pasa”.
— Pero la gente quería hablar directo con vos.
— Sí (risas). Pero bueno, lo primero que hicimos fue sacar esta nota. Escribimos entre las dos más o menos la situación que pasó, la contamos y después explotó tanto que dije: “Tengo que salir a hablar”. Y ahí arranqué a contar, hablar, aceptar entrevistas y demás.
— Vos arrancaste soltera y no te veo como una mina fácil de convencer como para ponerte de novia. ¿Qué buscás de un hombre? Porque veo que el perfil Mauro Icardi no va.
— No va. Me gusta una persona que sea como muy... ¿Sabés qué me encanta cuando conozco a alguien y me despido? Cuando te dice: “Nos vemos, cuidate”. Eso de tener esa consideración por el otro, acompañarlo, estar presente, ser un tipo muy detallista. Tampoco pido tanto, igual. O sea, físicamente no tengo requisitos, solo que sea más alto. Pero después, en lo personal, necesito una persona que sea muy simple, pero al mismo tiempo bien detallista, ¿entendés? Esas personas con las que vos podés estar horas en silencio, estar igual que si estuvieses con otra persona hablando y hablando. Esa tranquilidad, esa paz, que claramente él no me la podría dar.
— ¿Cómo te cambió la vida después de este escándalo?
— Fue una locura porque de un día para el otro se te presentan muchísimas oportunidades laborales y uno no lo puede creer. Todo lo que mueven las redes sociales, ¿no? O sea, simplemente como existís o mostrás un poco tu personalidad o cómo sos, algunas fotos y la gente te llama, se interesa en vos, te quiere conocer, quiere ser parte de tu vida. Es una locura. Yo la verdad al principio sentía como... Me daba cosa que las marcas me llamen y yo no servirles, ¿entendés? Como que me digan: “Promocioná este producto” y yo, o sea, ¿quién soy yo para mostrar tu producto? Me parece una locura que una marca te elija para mostrar su producto simplemente por quién sos, ¿entendés?
— Y te llamó Wanda. ¿Cómo lo viviste? Te llamó porque está en guerra.
— Sí. Me utilizó un poco (risas). La verdad no me lo esperaba porque básicamente no sé bien cómo funciona. Jamás me imaginé que me podía escribir. O sea, yo tampoco pensé que iba a durar tanto, ¿no?
— ¿Cómo te escribió? ¿Por Instagram?
— Me escribió su agencia, una de sus bookers. Me propuso trabajar juntas y demás. Y después, esto no lo conté, pero la terminé conociendo a ella. La vi dos veces ya. Nos juntamos, charlamos, o sea, con el grupo también de la agencia.
— ¿Cómo fue conocer a Wanda?
— Y la verdad yo pensé que iba a ser como más... ¿Viste que uno cuando está muy arriba en la fama se cree como...?
— No, ella es re simple.
— Sí. Es re simple.
— Es divina Wanda. Es buena onda.
— Sí, sí. Eso me gustó, es simple. Es imponente con las palabras. Viste que hay personas que te dicen algo y vos te lo creés.
— Porque era la autoridad de la persona que te está contratando. “Che, vas a hacer esto, vas a hacer aquello”. Si te lo dice Wanda, va a pasar.
— Sí. Le conté toda la historia, estuvimos hablando de eso, me dio muchos consejos de qué hacer, qué no hacer, qué decir. Me pasó algunos contactos porque a veces no es tan simple crecer si uno no tiene contactos. Hay que decirlo, cuando uno tiene contactos es otra cosa. Es otra vida.
— ¿Te dijo algo de esa noche? Decime la verdad.
— Sí, obvio que sí. Me dijo que nunca lo había visto a Mauro actuar así, que a ella jamás le sacaba la mirada y que le parecía muy loco que esté con una chica, bueno, con la China, y que esté mirando a otras, que es algo que ella jamás vio, jamás lo vio como mujeriego, que nunca le sacaba el ojo, que era muy atento con ella, todo el tiempo como arriba, ¿entendés? Encima, como súper exclusivo. Bueno, porque es lo que corresponde, pero que jamás se hubiese imaginado que él actuase de esa manera en su vida, estando de novio, que le sorprendió mucho y que pensó que era mentira hasta que yo fui con mi amiga a su casa, se lo contamos y vio como nuestra complicidad. O sea, se nota cuando uno miente o cuando no, más si somos dos contando lo mismo.
— ¿Te recibió en la casa?
— Me recibió en la casa.
— ¿Qué tomaron? ¿Mate?
— Sí, tomamos mate y comimos rumbas (risas).
— Vos de golpe con tu amiga en la casa de Wanda chusmeando por lo de la China. Estabas en Disney.
— A la tarde (risas). Terrible.
— Tu amiga se subió al auto y no lo podía creer.
— No lo podíamos creer, la verdad. Salimos y dijimos: “¡¿Qué acaba de pasar?!” (risas).
Sus ganas de entrar a MasterChef y la historia de su madre rusa
— Quiero saber si se habló de MasterChef Celebrity. ¿Le hiciste lobby ahí a Wanda para ir?
— Le hice un poco, sí, sí, sí. Tengo muchas ganas. Me encanta cocinar, me sale y quiero que todos puedan probar un poco de mi comida y mis recetas.
— ¿Qué cocinás?
— Hay un borsch, que es un guiso ruso de remolacha, repollo y demás, que es un plato bueno para toda la gente a la que le gusta quizás la sopa o el guiso porque es como un intermedio, ¿viste? No es de esas comidas que terminás de comer y decís: “Uf, me tiro en el sillón”. Es muy rica y no se conoce tanto. Siento que si la gente lo probase, lo disfrutaría.
— ¿Es parecido al goulash, que es como una comida alemana?
— Es más tirado a sopa. Toda la comida rusa es espectacular, es muy rica y tampoco se conoce. Hay restaurantes chinos, japoneses, pero falta uno ruso.
— ¿Es verdad que tu mamá es rusa?
— Sí, vino a los 22. A mi edad. Una locura, una guerrera.
— Es joven tu mamá, porque a los 25 te tuvo, ¿no?
— Claro. Ahora tiene 47.
— ¿Te enseñó algo de ruso? ¿Hablas ruso?
— Yo hablo ruso. Me mandaron a una escuelita, a un boy scout. Iba todos los sábados a las siete de la mañana en Vicente López, donde nos enseñaban a escribir, a hablar y también había una obra de teatro donde nosotros teníamos que actuar en ruso, así que no me quedó otra que aprender.
— ¿Ya fuiste a Rusia?
— No fui. Tengo muchas ganas de ir. Tengo que organizarme, pero es un vuelo larguísimo.
— Vi que hiciste unas fotos con ella. ¿Cómo se tomó toda esta historieta?
— No, a ella le encanta. Le encanta, es súper desenvuelta, le encanta contar, te cuenta chistes. Además, tiene ese acento ruso que es espectacular.
— Va a ser famosa tu mamá en cualquier momento.
— ¡Ojalá! (risas).

— Porque si vos sos famosa, tu mamá con ese personaje que estás diciendo la rompe...
— Es terrible. Si yo soy desenvuelta, mi mamá diez veces más. Es un personaje. Es graciosa. No sé cómo explicarte. Es lo más. Yo la amo.
— Me encanta porque te digo que se viene Ekaterina con su madre rusa. Para mí llegaron para quedarse.
— Tal cual, somos el combo.
El juego de preguntas y su presente sentimental
— Esta sección se llama: ¿lo dijiste o no lo dijiste? Es para saber si sos coherente con lo que vas diciendo en la vida. La primera frase es: “A Mauro no le di ni bola porque tiene familia, si no lo pensaría...”
— ¡No! ¿Yo dije eso? (risas). ¡Es inventada!
— Sí, la inventé para ver si...
— No, no, no.
— ¿Saliste con algún casado alguna vez?
— ¡No! Bueno, que yo sepa no. Pero si lo ocultan (risas).
— Si salís con uno joven, uno de tu edad no creo. Pero quizás salís con uno un poquito más grande, puede ser un turbio, ¿no?
— Salí con alguien más grande y después me enteré de que salía con cinco más.
— Era un mujeriego...
— Claro, un mujeriego. Casado no sé. No me lo dijo.
— ¿Dónde lo conociste?
— Y lo conocí en África...
— Mal lugar para conocer a alguien. No lo digo por África, que está buenísimo. Pero digo como que en la noche así más cool, algunos que son medio peligrosos.
— Sí, tal cual.
— Otra frase es: “No puedo creer lo que pasó, pero lo voy a aprovechar al máximo”. ¿La dijiste o no la dijiste?
— Confirmamos. Sí, sí, sí.
— “Nunca saldría con un famoso, trae problemas”. ¿Lo dijiste?
— No, eso yo no lo dije (risas).
— Sí, inventado, muy bien. ¿Saldrías con un famoso?
— Sí.
— Ya te veo en todos los diarios y revistas...
— Con el anillo (risas).
— Después te veo dejando a ese famoso por otro famoso. Escándalo, escándalo tras escándalo.
— ¡No! Por favor (risas).
— Igual te veo muy suelta, como que no tendrías problemas en enfrentarte a la China.
— No. ¿Sabés qué? Yo trabajé en unos restaurantes de Nordelta. No los voy a nombrar porque quizás no les viene bien. Pero tengo gente adentro del restaurante con la que me sigo hablando y me contaron que hace poco ya fueron dos veces a uno de los restaurantes y me llamaban para que yo vaya y se arme (risas).
— ¿Vos estabas trabajando ahí como pública en unos restaurantes de Nordelta?
— No, de recepcionista.
— Cuando llegabas estaba Ekaterina en la puerta para arruinar matrimonios. Te ponen ahí en la puerta para armar quilombo.
— Ahí dejaban sus tarjetas a veces.
— Ah, ¿sí? ¡Unos caraduras! Quiero entender esto. ¿Vos trabajás de recepcionista ahí y fueron ellos un par de veces?
— Estos días estuvieron yendo y a mí me estuvieron avisando.
— Te dicen: “Están acá”, como para que caigas a comer ahí un chori de casualidad.
— Claro, tal cual.
— ¿Te sentás sola?
— Me siento sola y armo quilombo (risas).
— Es una locura. Qué quilombera que es la gente. ¿Qué pensás de eso? ¿Te divierte ir y hacer quilombo o preferís ahora no meterte más con ellos?
— No, prefiero que no. Porque además, después, si uno arma como un perfil alrededor de una historia, después cuando uno no habla más de la historia, siento que vas decayendo, porque ya no estás contando lo que a tu comunidad le interesa.
— ¿Estás conociendo a alguien ahora?
— No. Estaba, pero ya no.
— Después de este quilombo...
— Es difícil, ¿viste? Porque yo creo que también no me está hablando nadie. ¿Podés creer? Nadie. Yo siento que por ahí sienten que o no les voy a responder o que tienen miedo de que los queme (risas).
— Perdón, mi opinión como abogado. No creo que vayas a quemar a nadie. Le digo al público: si estás pensando en escribirle, escribile, porque no te va a quemar. Lo que sí, no es un partido para cualquiera, porque hay algunos requerimientos de altura, de ser canchero. Como que sos inteligente y estás despierta y atenta, entonces no te va a chamuyar cualquier salamín.
— Tal cual.
— Igual esa persona tiene que ser bastante piola para escribirle a Ekaterina, porque sino está en la B.
— Sino, le va a ir mal (risas).
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