“Lo peor que me pasó en la vida fue la muerte de mi madre”, confesó Eugenia Tobal al repasar algunos de los momentos más significativos de su historia personal en Casino Deluxe, el ciclo de entrevistas de Infobae.
Eugenia es actriz, conductora y creadora de contenido. Inició su carrera artística en la televisión durante la década de 1990 y alcanzó gran popularidad por sus participaciones en exitosas ficciones como Muñeca Brava, Sos mi vida, Los exitosos Pells y Dulce Amor, entre muchas otras.
A lo largo de su trayectoria se destacó tanto en televisión como en teatro y conducción, consolidándose como una figura reconocida del espectáculo argentino. En los últimos años amplió su perfil profesional participando en realities como MasterChef Celebrity Argentina y, en 2026, asumió la conducción del programa gastronómico Escuela de Cocina por la pantalla de El Nueve.
En la actualidad, forma parte del elenco de Chat de mamis, la comedia escrita por Mechi Bove y producida por Ezequiel Corbo que se presenta en el teatro Tabarís, de miércoles a domingos. Allí interpreta a Becky, un personaje que le permitió explorar una faceta humorística diferente y desafiar la imagen con la que el público suele identificarla.
En el plano personal, Eugenia está en pareja desde 2017 con Francisco García Ibar. Fruto de ese vínculo nació Ema, en diciembre de 2019, una experiencia que la actriz definió en distintas oportunidades como un antes y un después en su vida. Tras años de búsqueda y desafíos relacionados con su deseo de ser madre, la llegada de su hija significó la concreción de un sueño largamente esperado.

El millón de dólares
Al ser consultada sobre cuál sería el destino del millón que pone el juego Casino Deluxe, Eugenia no dudó en mencionar los viajes, una de sus grandes pasiones. La actriz los considera una inversión en conocimiento, experiencias y crecimiento personal.
Recordó que desde pequeña recorrió distintos destinos junto a su madre y, ya de adulta, también eligió viajar sola para conectarse con nuevas culturas y personas. Para ella, un viaje puede enseñar tanto como un libro. Hoy en día disfruta especialmente de compartir esas experiencias con su hija Ema, a quien también busca transmitirle su amor por la naturaleza, el descubrimiento del mundo, pero también incorporó en su vida cotidiana la enseñanza de la educación financiera a su hija.
“Le enseñé primero con dos cajas: una de ahorro y una de disfrute. Ahora me falta la de la inversión”, explicó la actriz. Esta práctica, según contó, busca transmitirle desde pequeña el valor del esfuerzo y la importancia de administrar los recursos, en un mundo donde no todo es tan sencillo de conseguir.
Chat de mamis: humor, caos y absurdos
La llegada de esta puesta teatral marcó una etapa de renovación en la carrera de Eugenia. La actriz describió el proyecto como un desafío inesperado que le permitió explorar la comedia desde un lugar poco habitual. El personaje de Becky le exigió una construcción integral, desde la forma de moverse hasta el trabajo con la voz y el vestuario, generando sorpresa entre quienes no la asociaban con ese registro humorístico.
La obra reúne a un elenco en el que cada integrante interpreta a una madre con características muy diferentes. La historia gira en torno a una reunión escolar de padres que, a partir de situaciones cotidianas llevadas al extremo, da lugar a momentos de humor y reflexión. “El público se identifica porque todos los que tenemos hijos e hijas y los mandamos al colegio vivimos las situaciones que se ven en la obra”, señaló.
Uno de los aspectos más destacados del espectáculo es la forma en que refleja cuánto de los padres se proyecta en los hijos y viceversa. Para la actriz, los niños suelen ser simples y genuinos, mientras que son los adultos quienes muchas veces depositan sobre ellos sus propias expectativas, miedos y creencias.
En su vida cotidiana, Tobal reconoce algunos puntos de contacto con Becky. Prefiere resolver los conflictos de los chats de mamis de manera práctica y evitar discusiones innecesarias, aunque no duda en intervenir cuando considera que es necesario. Entre el trabajo, la crianza y las exigencias de la rutina diaria, valora el apoyo de otras madres aliadas y admite la importancia de esos chats paralelos que forman parte de la vida escolar de muchas familias.

Duelo, cambios y redescubrimiento: el impacto de la pérdida y la transformación
—¿Cuál fue la peor situación que viviste en tu vida?
—No tengo dudas que la muerte de mi madre. Es lo peor que me ha pasado.
—¿Por el hecho de haberla perdido en sí o por el momento?
—Por el hecho de haberla perdido, no era el momento. Yo siento que no se tenía que ir, pero porque sufrió, porque tuvo una enfermedad. Aparte ella se quería ir sin sufrir y no pasó. Entonces eso también hizo que todo sea peor. Ya después de eso, nada de lo que me pudo haber pasado en mi vida tiene otro sentido. Eso fue lo más terrible.
—¿Y cómo era la relación con tu mamá?
—Nosotras éramos muy pegadas desde siempre, de toda la vida. Yo no recuerdo tener situaciones de conflicto con mi mamá en la adolescencia, porque tengo dos hermanos varones y soy la más chica. Entonces, eéramos muy pegadas. No éramos amigas. Mamá siempre me decía: “No soy tu, tu amiga, soy tu mamá”.
—Lo cual estaba buenísimo.
—Sí. Pero después cuando nos volvimos más grandes teníamos otro tipo de conversaciones y otro tipo de relación. Y yo me volvía medio madre de ella también, ¿viste? Nos veíamos y era: “Mamá, llamame cuando llegás, avisame”. Y era: “Bah, María Eugenia, basta”. Me decía María Eugenia cuando ya estaba hinchada. “Ya estoy bien, estoy manejando a casa. Cuando llego te llamo, viste. Dejame un poco de respiro”, me decía. Pero sí, hablábamos todos los días por cualquier pavada: “¿Cómo se hace la salsa blanca, que no me acuerdo?” (risas). Ella me admiraba mucho a mí y yo la admiraba mucho a ella.
—¿Sentís que heredaste algo de tu mamá en tu forma de maternar? ¿O ves en tu hija rasgos que te recuerdan a ella?
—Mi hija es muy parecida a mi mamá. Mi hija tiene su luna en cáncer, mi mamá era de cáncer. Es así maternal y de cuidar como era mi mamá y es muy parecida físicamente. Sin los ojos claros, pero la forma de sus ojos.
Deseo, convivencia y la intimidad en pareja
—¿Cuál es tu frecuencia ideal de sexo? Si es muy personal, podemos hablar del contexto también lo que es la sexualidad y la intimidad hoy en día para vos.
—Yo tengo 50. Estoy en la perimenopausia...
—Muy bien llevados, te lo quiero decir.
—(Risas). Uno va atravesando cambios muy fuertes en el cuerpo y lo que conlleva ese cambio es un montón de situaciones que uno desconoce. Así como cuando te hacés señorita, como se decían antes, te cambian hormonalmente la vida a todo un renacer muy explosivo, cuando empieza la menopausia pasa todo lo contrario y entonces todo empieza a modificarse en el cuerpo. Frecuencia sexual no te podría decir, pero sí puedo decir que cambia mucho en una relación sobre todo cuando también pasás muchos años con una pareja.
—¿Cuántos años llevan en pareja?
—Llevamos casi nueve años juntos. No quiere decir que eso haga que uno tenga menos frecuencia, sino que cambia el vínculo. La prioridad no está puesta ahí. Hay una niña chiquita, hay un montón de cosas que acompañan ese vínculo de otra forma. Para no generalizar, porque capaz hay otros casos que no son lo mismo. Pero sumado a una situación hormonal que no acompaña, no te diría que es muy frecuente. Pero se trata de hacer todo lo posible para que eso no decaiga. Es tiempo de acomodarse. Porque la menopausia te trae mucho desorden, el deseo queda en otro lugar, la sequedad, el desgano, el cansancio, las nieblas mentales...
—¿Dónde sentís que más te pesa?
—En las nieblas mentales. Me pesan bastante.
—¿Y eso por qué es? ¿Porque te bajan las hormonas?
—El cortisol, el estradiol, la progesterona y todo eso (risas). Pero me estoy suplementando. Tuve la fortuna de poder ver un médico y que mi ginecóloga me suplemente. Para mí está bueno suplementar, siempre y cuando lo necesite la persona, obviamente. Me hago todos los análisis, me cuido mucho, soy muy ordenada con mis estudios anuales y mis controles. Aspiro y ya decreté vivir muchos años, entonces tengo que vivirlos bien.
—¿Cuándo te empezaste a dar cuenta de los primeros síntomas de la menopausia? O sea, ¿es algo que vos estabas atenta previamente a que te pase o empezaste a sentirte rara con algo y dijiste: “Puede venir por acá”?
—No, es por la edad. Uno empieza a calcular. Igual, puedo estar así ocho años más (risas). Les aviso a todas las mujeres que puede durar mucho. Es largo el proceso. Ahora está coqueteando, va y viene. En la peri es así. La menopausia en realidad dura un día. Es el día que no menstruaste durante un año. Vos tenés que contar 12 meses que no te viene y ahí sería como que ya estás menopaúsica. Pero te puede pasar que vos estás seis meses sin menstruar y decís: “Ya está, listo”. Y al séptimo te viene y tenés que empezar de cero.
—¿Cuándo arranca? ¿En qué momento?
—Depende de cada mujer y tiene que ver con un montón de cosas. Mi mamá empezó más o menos a esta edad. Yo no me acuerdo ahora exactamente, pero sí los calores me los acuerdo. Yo los tuve. Los sofocos. En la noche, ponele, de golpe a las tres de la mañana, te quedas en pelotas porque te estás muriendo. Te agarra calor, chivas, te bañas, no sé qué, y de golpe nada. Y lo de las nieblas mentales bajo pensando tengo que hacer tal cosa, llego a la cocina y me olvidé. Eso me da gracia igual. Soy Dori, de Nemo.
—Escuché por ahí que dormís en cuartos separados con tu pareja. ¿Es verdad?
—Sí.
—Mucha gente lo hace cuando tiene parejas estables durante varios años.
—Empezó cuando Emita era muy chiquita porque no dormíamos ninguno de los dos. Entonces Fran, muy astuto, me dijo: “Uno tiene que dormir un rato”. En ese momento fue inconsciente. La necesidad nos llevó a eso, la supervivencia de que alguno durmiera bien al menos un rato. Entonces él dormía en un cuarto para descansar, después se quedaba con la nena y yo trataba de dormir para descansar también. Obviamente no es siempre. Los encuentros, si queremos estar juntos, más vale que sí. Pero también es cierto que llega un momento que en una edad, imaginate con todo lo que te estoy contando de la menopausia, tener una persona al lado que tenga que bancar eso... Además a él le gusta mucho el aire acondicionado, a mí no.
—Está muy bien lo que decís. Descubrieron el placer de descansar con los gustos de cada uno.
—Me parece que es re sano.
—¿Qué tipo de relación tienen ustedes? ¿Cómo sentís que es la relación que lograste construir? ¿Proyectan a futuro?
—Yo creo que es el día a día, pensar en el presente y no estar pensando en un futuro, porque uno nunca sabe. Trato de pensar en un presente feliz, sano, en un presente donde nos acompañemos, donde seamos pares. Nosotros tenemos una relación muy libre los dos. No porque sea abierta ni nada de eso sino porque los dos nos damos lugar al otro que haga sus cosas. Fran trabaja también yéndose al campo. Entonces, tenemos una relación muy amorosa en ese sentido. No nos celamos, no nos cuestionamos, no nos estamos controlando, estamos muy seguros uno del otro y creemos que, si alguno de los dos en algún momento dice otra cosa, se sienta, se habla y ya. Me parece que es lo más sano. No somos tóxicos uno con el otro.

“Yo nunca, nunca”
—Vamos a jugar al “Yo nunca, nunca”. Si lo hiciste o dijiste, tomas un trago y me contás la experiencia o la anécdota.
—Dale.
—“Yo nunca, nunca hice constelaciones con caballos”.
—Sí, lo hice. Hace muy poco con Lucía Galán de Los Pimpinela, que es amiga mía. Me dijo: “Vamos a hacer esto, que me gustaría que lo hagamos juntas”. Y fuimos a un lugar acá cerquita de Buenos Aires. Hermosa fue la experiencia. La verdad que no me sorpresió tanto porque en el campo tenemos caballos y estamos muy conectados. Yo conozco la energía de los caballos. Hay algo ahí que es potentísimo. Pero estar en ese espacio, con un grupo hermoso que fuimos, que es con todo el grupo de Lucía y sus bailarines, el equipo que labura con ella en el teatro haciendo su show, había una energía muy linda.
—¿Y cómo fue?
—Nos explicaron cuál es el procedimiento que hacen los caballos y la verdad que fue hermoso conectarme con ellos. Porque tienen el corazón muy grande, entonces expanden una energía muy potente y tienen una percepción muy fuerte con respecto a las emociones. Entonces, van acercándose a esas energías ¿viste? Y hay una persona que interpreta todo esto. Es igual que en las constelaciones familiares. Nos va guiando en esta situación qué es lo que los caballos van manifestando. Hermoso.
—“Nunca, nunca un perro me enseñó a ser madre”.
—Sí, Romeo fue un gran maestro.
—¿Fue tu primer perro?
—Fue mi primer perro sola. Tuve dos perros muy importantes en mi familia. Mi primer perro, Puki, que era un callejero que vivió 17 años con nosotros. Su muerte fue tremenda de dolorosa. Éramos adolescentes. Y después tuve a Pacha, 15 años. Mis dos perros importantísimos. Después mi tercer perro importante es Romeo, pero cuando llegó yo estaba sola, no estaba en mi casa familiar. Yo tenía 36 o 37 años. Y ahí canalicé un poco todo, ¿no? Y la maternidad también. Después, cuando lo conocí a Fran, él me decía: “Es un perro. No humanicemos a los perros”, que es un poco lo que él cree y está bien (risas).
—¿El perro dormía con vos, viajaba con vos? ¿Cómo era la dinámica?
—Sí, hasta trabajaba conmigo. Pura Química lo hice todo con Romeo. Era el cachorrito de todos. En Sos mi hombre me acuerdo que iba y era chiquito, una bola de pelos. Me lo tenían las maquilladoras y andaba por los estudios. Nada, es un perrito que me acompañó en todas. Fue un periodo donde estuve mucho tiempo sola. Entonces también fue un momento donde en mi soledad canalicé ese amor incondicional. Mi soledad, digo, de pareja porque no tuve pareja durante mucho tiempo en esa instancia. Después ya vinieron parejas y se acoplaban al perro, obvio.
—¿Sigue con vos Romeo?
—Gracias a Dios. Romeo fue el motivo por el cual yo también tuve que decidir dejar MasterChef, porque tuvo un accidente, se me había quedado paralítico y tuve que poner toda mi energía ahí.
—¿Y cómo está?
—¡Caminando! La fisioterapeuta de él tiene un sticker que dice: “Si Romeo lo logró, vos también podés” (risas). Porque era imposible que se vuelva a levantar y lo hizo con mucho esfuerzo, trabajo y amor.
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