Carolina Losada y la historia de adopción de sus dos hijos: “Nosotros nos elegimos como familia, nadie nos impuso amarnos”

En Ellas, la periodista y senadora repasó cómo la llegada de dos hermanos transformó su vida y explicó el proceso afectivo y legal que atravesó hasta concretar su adopción. Además, reflexionó sobre la importancia de poner en el centro los derechos y la identidad de los chicos, y habló sobre su paso del periodismo a la política, así como de las tensiones entre los medios y el poder

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Ellas - Carolina Losada

“A mí la maternidad me llegó de una forma totalmente imprevista”, recordó Carolina Losada en Ellas, el ciclo de entrevistas de Infobae. Durante la conversación, la periodista y senadora nacional compartió cómo decidió adoptar a dos hermanos y construir, a partir del afecto, la elección mutua y el compromiso cotidiano, su propia historia familiar.

Losada inició su carrera en los medios de comunicación como modelo y conductora, y más tarde se consolidó como periodista en señales como América TV, A24 y Radio Rivadavia. En 2021 dio el salto a la política y fue elegida senadora nacional por la provincia de Santa Fe, llegando a ocupar la vicepresidencia primera del Senado. En 2023 fue precandidata a gobernadora de Santa Fe y actualmente mantiene una fuerte presencia en el debate político nacional. En el plano personal, es madre de Brisa, de 18 años, y Diego, de 15.

Carolina Losada 230426 - Maximiliano Luna
Carolina Losada habló sobre política, periodismo y la historia de adopción que transformó su vida para siempre

—Tenemos una gran amiga en común, Sole Larghi, que también estuvo en este ciclo. Y algo que me llama la atención es que, cuando una persona entra en política, en nuestro país —no sé si pasará en otras partes del mundo— parece convertirse en una mala palabra. Sin embargo, ustedes mantuvieron una amistad fuerte.

—Sí, de hecho Sole se puso a llorar cuando le dije (risas). Literal. A ella se lo conté antes de hacerlo público porque es mi amiga. Cuando le cuento, estábamos en la camioneta de ella, en la puerta del canal porque siempre nos juntábamos antes, durante y después. Nuestra relación siempre fue muy de amigas y de decirnos las cosas. Muchos querían ponernos en competencia y nosotras siempre fuimos amigas y nos dijimos entre nosotras las cosas que le convenía a la otra, más allá de cualquier lugar y de todo...

—¿Cómo le dijiste? Porque era inesperado, nadie se lo imaginó.

—Para mí también fue bastante inesperado. Cuando me lo vino a proponer mi hermana, yo estaba en un momento muy bueno de mi carrera, por dar un salto muy importante, tanto económico como laboral. Y mi hermana en ese momento me dijo: “Mirá, nosotras queremos tal y tal cosa”. Y yo dije: “Estás loca. Para mí los políticos son el enemigo. Todo sucio, todo horrible”. Y ella lo que me dice es: “Bueno, pero vos también estuviste pensando en irte”. Había ganado recién Alberto Fernández y yo había empezado a pensar en irme y tenía la posibilidad de irme, ya tenía trabajo en Estados Unidos. Pero no me quería ir, como todos los argentinos. Y me dice: “Vos tuviste la posibilidad de irte y no te querés ir. Si podés hacer algo por tu país, ¿no lo vas a hacer?”. Y a mí me tocó, obviamente, toda la fibra íntima de decir: “Si uno tiene la posibilidad de hacer algo para que las cosas que no te gustan y las cosas que te hacen hasta pensar en irte cambien, si uno no se compromete, nada cambia”.

—Y una vez que entraste, ¿es tan sucio como pensaste?

—Tiene cosas muy sucias y muy feas, y tiene cosas que yo me esperaba que fueran peores. Entré diciendo: “Acá me tengo que cuidar de todos” y la verdad que hay un montón de gente que es gente buena, que trabaja bien y no es corrupta. Un montón, realmente. Y no se ve. Pero esto es parte de lo que sabés que pasa. Mis hijos mismo me lo dicen. Mi hijo, que es pensante, me dijo cuando era mucho más chico: “¿Para qué seguís haciendo todo esto si nadie lo valora? La gente no lo valora”. Y yo le dije: “Hay mucha gente que sí lo valora”. Porque es verdad, así como tenés gente que te putea, te bardea o cree que no laburás o que laburás solamente cuando estás apretando el botón en una sesión, hay un montón de gente que sí lo valora, lo ve y me lo dicen en la calle. Me lo dicen entrando a un lugar médico o en donde sea. La gente es muy de valorar lo que uno hace. Así que creo que vale la pena.

—Igualmente, uno se pone en la piel de una amiga, como hablábamos recién de Sole o de la familia, y pasar de golpe de un ambiente como el periodismo —que tampoco es tan fácil— a la política, implica un cambio enorme.

—Sí, volviendo a esa historia. Sole se puso a llorar directamente adentro de la camioneta. “No, no lo puedo creer. Revé la situación, revé la decisión. Te va a hacer mal”, me dijo. Es la protección, ¿viste? Y ella pensaba de la política lo mismo que yo. Y yo le dije: “No, amiga, es una decisión tomada. Te lo quiero contar a vos antes, pero es así y no te preocupes porque yo voy a estar bien y yo voy a seguir siendo la misma persona”. Y hoy se muere de risa y dice: “Era el miedo que tenía y la verdad que tenías razón”, me dice. Pero bueno, el miedo de ella es el miedo de la persona que te quiere y te quiere proteger.

—¿Qué sentís que te permite mantener los pies sobre la tierra? Porque muchas veces da la sensación de que los políticos viven en una realidad paralela. ¿Qué creés que hiciste distinto para que eso no te llevara a ocupar un lugar desconectado de la realidad?

—Mirá, seguridad nosotros en el Senado no tenemos. Pero sí tenés choferes y tenés gente dentro que trabaja con vos y todo. Y sí hay una suerte de pleitesía dentro del Senado que a mí me resultó siempre muy incómoda. De hecho, toda la gente del Senado te puede decir que yo saludo a todo el mundo cuando entro, con un beso, a toda la gente de seguridad, de limpieza, a los senadores. O sea, para mí realmente somos todos compañeros de trabajo. Así lo pensé cuando trabajaba en América también. Entonces, si vos lo sentís realmente así, no hay diferencia. Pero yo nunca me alejé de la vida cotidiana, porque voy al supermercado, voy al médico, llevo a mis hijos al colegio. Ahora mi hija tiene 18, entonces estoy más liberada en ese sentido y a veces las mamis me ayudan un montón. Pero tengo contacto cotidiano y me gusta escuchar. Y eso es porque vengo también del periodismo. En el periodismo vos escuchás a la gente, me estás escuchando a mí con atención y tus preguntas no son algo que te armaste, es de lo que venimos hablando, ¿me entendés? Tenemos esa gimnasia y nos gusta escuchar. Yo voy al supermercado y le pregunto a la cajera, voy a cualquier lado y hablo con la gente y me gusta ese contacto. Entonces, ¿cómo voy a estar desconectada del mundo si soy parte?

Carolina Losada 230426 - Maximiliano Luna
"Nosotros elegimos la familia que tenemos", expresó Carolina sobre la familia que formó junto a Brisa y Diego

—¿Qué sentís o qué te pasa cuando en un gobierno como el actual hay tanta mirada crítica y tanto juicio al periodismo? ¿Qué te pasa a vos que estuviste del otro lado?

—Te lo puedo contar desde los dos lados: desde cómo se ve hoy, cómo lo veía yo y cómo lo sigo viendo. Yo soy periodista, no es que siento que soy algo distinto. Y me voy a sentir periodista siempre, porque creo que además los valores del periodismo los voy llevando donde esté y son los propios, ¿no? No me gusta que el Gobierno los critique, por supuesto. No siento que un periodista es algo menor. Creo que además el periodismo, muchas veces es quien balancea hacia un lado o hacia el otro, porque la opinión del periodista es relevante, es la persona en la que la gente confía. Entonces, los formadores de opinión, los periodistas a los que la gente escucha, la gente que te ve y te escucha, tu opinión y tu juicio sobre las cosas es súper valioso. No los veo como algo menor y me molesta cuando alguien los ve como algo menor. No me gusta que insulten al periodismo. Creo que parte de la garantía de una democracia sana es el periodismo. Y si a veces no te gusta lo que dicen los periodistas y bueno, bancátela, ¿me entendés? Y a veces te pasa que desde el otro lado decís: “¿Por qué escribió esto si no fue lo que yo dije?”

—Recién dijiste: “Yo te lo puedo decir porque lo veo de los dos lados”. Del lado que hoy te toca protagonizar, ¿sentís que hay cuestiones en donde olfateás que hay intereses que trascienden una opinión genuina?

—Siempre hay. Sí, por supuesto que siempre hay. Y no es solo el periodismo. Yo creo que pasa en toda nuestra sociedad, ¿no? Porque cuando vos no estás pagando tus impuestos también estás haciendo algo que está mal y podemos llamarlo similar a la corrupción. Cuando vos, de alguna manera te colás en una fila, y crees que sos más vivo porque estás haciendo eso o porque vas por el costadito en la banquina... Y bueno, también es algo que está mal. En diferente medida, obviamente. No estoy queriendo comparar a un político chorro con alguien que se coló por la banquina. Pero yo no sé si ese tipo mañana tiene la posibilidad de colarse para que le pongan una vacuna antes, como pasó en el momento, no lo hace. Habla de los valores de la sociedad y los políticos no salen de un repollo. El político corrupto no salió de un repollo, salió de nuestra sociedad. Entonces, hay un montón de cosas que tenemos que empezar a preguntarnos por qué las bancamos, por qué cuando un gobierno es corrupto. Pero la economía dentro de todo no está tan mal, no nos importa tanto la corrupción. Tiene que importar siempre. Y no estoy de acuerdo tampoco cuando se habla de que si es mucha o si es poca plata comparada con la anterior, con esto o lo otro. Corrupción es corrupción.

Matenidad, desafíos y la lucha por los derechos de los niños

—Recién mencionabas a tus hijos y me parece muy interesante tu historia sobre cómo te tocó maternar. ¿Cómo fue en tu caso? ¿Cuándo sentiste o decidiste que querías ser mamá?

—De chica no estaba segura. No era que no quería ser mamá, nunca era el momento. Eso nos pasa mucho a las mujeres profesionalmente, más cuando estás frente a una cámara, nunca es el momento profesionalmente hablando. Siempre tenés ese miedo de perder el lugar y cambiar demasiado tu vida, que ya la tenés más o menos encaminada. Entonces nunca fue algo con lo que me haya puesto las pilas y a mí la maternidad me llegó de una forma totalmente imprevista. Mis hijos hoy son más grandes, Brisa tiene 18 y Diego tiene 15 y llegan a mí a través de una amiga mía que estaba colaborando en un hogar. En ese momento se llamaban familias de apoyo. Ahora creo que tiene otro nombre: de abrigo. Ella era la familia de apoyo de una chiquita que es Brisa. Bri venía todos los fines de semana con mi amiga, el marido, las hijas de mi amiga, a casa, y con todo un grupo de amigos que venían a mi casa. Yo vivo en un lugar como muy abierto, entonces nos juntábamos ahí. En la semana estaban en un hogar, pero los fines de semana salía con mi amiga y sus propios hermanos. Eran un grupo de cuatro hermanos y cada uno tenía su familia de apoyo. En un momento mi amiga queda embarazada de su tercer hijo y estaba muy cerca de la fecha de parto y me dice: “Caro, se me está complicando ir a buscar a Bri, ¿te parece de ir vos? ¿Pueden ir ustedes?”

—¿Vos estabas en pareja en ese momento?

—Sí, yo estaba en pareja. Ella me dice: “Yo sé que a Bri le encanta ir a tu casa y te quiere mucho”. Y la verdad que yo también a ella, así que le dije: “Bueno, dale”. Ahí todavía no sabía si podía hacerlo todos los fines de semana, porque yo trabajaba mucho durante la semana y el fin de semana es el momento donde relajás. Entonces le digo: “Dale, este fin de semana que viene yo la voy a buscar”.

—¿Cuántos años tenía en ese momento?

—Y tendría 10 u 11 años.

—Y esa primera vez que la fuiste a buscar, ¿te representaste que podía llegar a convertirse en tu hija?

—No, para nada. Porque yo sabía que lo que hacía Vale era como un tránsito para que tengan una vida familiar, donde hay amor, no hay violencia y en donde los tratos son diferentes a lo que muchos chicos, no digo todos, pero muchos chicos vienen acostumbrados. Darle afecto a un chico que a lo mejor de lunes a viernes no no tiene eso, esa mirada del adulto, eso que es tan importante para los chicos, ¿no? Ser mirado, querido, elegido. Entonces, me parecía que era una labor alucinante la que hacía mi amiga Vale. Pero nunca me imaginé que se iba a quedar con nosotros. Nunca me imaginé ni siquiera que íbamos a ser su familia de apoyo en ese momento. El primer día cuando vino yo dije: “¿Qué hago? No tengo juguetes en mi casa”, ¿me entendés? Vale tenía a sus dos hijas, que tenían más o menos la edad de ella. Yo no tenía ni juguetes en casa. Y era como una desesperación de decir: “Bueno, ¿qué hacemos ahora?”. Vino con una amiguita del hogar ese primer día. Era muy amiga de ella y jugaban juntas. Entonces me preguntaron: “¿Querés que vaya también. Es muy amiga de Bri y ellas se llevan re bien”. “Bueno, sí, obvio”, les dije. Yo amo los niños y me encanta que disfruten y yo tenía la posibilidad de darles un lugar lindo y me encantaba que lo puedan disfrutar.

—Pero era solo el fin de semana. El domingo tenían que volver.

—El domingo cuando volvían era súper difícil. Porque muchas veces se quedan llorando los chicos y a vos te desgarra el corazón. Es súper fuerte porque a veces si están enfermos, tienen fiebre o algo que les impida ir a clases, te dejan que te quedes en tu casa unos días para que estén mejor cuidados. Pero es muy difícil explicarle a un chico que si es por uno, no habría problema en que se quede en tu casa. Pero tenemos la obligación de llevarlos el domingo. Entonces a veces es llanto, te lo sacan de los brazos y es duro para uno cuando los chicos se van. Porque a veces los dan en adopción o vuelven con la familia biológica, que es lo que nos pasó a nosotros. Los cuatro chicos volvieron con la familia biológica, no con los progenitores, pero sí con los abuelos. Una de las mamás de apoyo de otro de los hermanitos quedó en contacto con esa abuela. Porque ella lo tenía a su cuidado al hermano de Bri desde los dos años y no podía soltar. Para mí fue un año de tiempo, para ellas fueron muchos más años. A mí me costó lágrimas. Era pasar por el cuarto y sentir…

—Porque le terminaste armando un cuarto en tu casa...

—Sí, por supuesto. A veces venían los hermanos a casa también, que estaban con otras familias, pero si alguna de las familias no podía ese fin de semana, se venían los dos a casa o los tres, y si eran los cuatro, los cuatro.

Carolina Losada 230426 - Maximiliano Luna
“¿Qué le diría a mi yo de hace diez años? Que luche por ellos, porque vale la pena”, confesó Losada en diálogo con Luli Fernández al recordar el proceso de construcción de su familia

—¿Y cómo fue el momento en que empezaste a evaluar la posibilidad de adoptarlos?

—Madeleine, que era la familia de apoyo del más chiquito, empieza ese contacto otra vez con la abuela y el abuelo, y empiezan a pasar cosas. El abuelo muere, la abuela se queda ciega y empiezan a suceder cosas en la casa. Tiene que ver con la intimidad de ellos y por eso no quiero exponerlo. Pero ahí volvimos a tener contacto con ellos y Brisa y Diego estaban conmigo y los otros dos hermanitos, Lauti y Axel, estaban con Madeleine. Pero los fines de semana volvían a lo de la abuela. Cuando empiezan a suceder diferentes cosas ahí en la casa de la abuela, los chicos nos empiezan a pedir que querían quedarse con nosotros en casa y que hagamos lo que como los adultos tenemos que hacer cuando se empiezan a suceder cosas que no tienen que pasar. Fue todo un tema legal que terminó con que Brisa y Diego ya hoy son mis hijos y Lauti y Axel son los hijos de Madeleine. Nosotros seguimos teniendo vínculo con esa abuela. Estuvo internada hace un tiempo, la fuimos a visitar, hacemos que hablen por teléfono en forma constante. La invitamos, a veces la abuela no quiere moverse de su casa, pero la invitamos, la vamos a buscar. Queremos que ese vínculo siga. Es parte de la historia de ellos y no la podés borrar. Yo creo que eso es incumplir el derecho de ese niño, como pasa a veces cuando hay adopciones, que se borra todo lo anterior…

—Es su identidad, también.

—Exactamente. Es su identidad y todo tiene que pasar por escuchar a los chicos y ver qué quieren. De hecho, te vuelvo un segundo a la política. Yo no quería presentar un proyecto de ley para que las familias de apoyo puedan adoptar, pero no quería que piensen que estaba legislando para mí. Hoy que tengo esa experiencia y sé lo que pasa en muchas familias de apoyo, que a veces están años con los chicos viviendo en sus casas y les arrancan para que lo adopte alguien que está primero en la lista, yo siento que no hay una perspectiva del niño. Estamos defendiendo el derecho del adulto y no del niño. Ahora sí presenté un proyecto de ley, cuando ya tengo resuelto todo lo que tiene que ver con mis hijos. Presentamos un proyecto de ley para que las familias solidarias, de apoyo, de abrigo o como se llamen en cada provincia, puedan adoptar a los chicos.

—En Argentina se sabe que adoptar es difícil. Pero, más allá de lo legal, ¿qué fue lo más complicado para vos desde la parte emocional?

—Yo no te puedo hablar de algo complicado en esa parte porque hay tantas ganas de parte de los chicos, que ellos hacen todo simple. Sé que hay gente que habla de experiencias no tan buenas, pero también creo que hay parte que tiene que ver con el adulto. Los chicos tienen ganas de que funcione. Puede haber casos excepcionales y estoy hablando de la generalidad. Yo siempre lo primero que hice es demostrarle la incondicionalidad. Yo quería que ellos sintieran la incondicionalidad del amor que siente cualquier chico que nace en una familia y es hijo biológico. Porque no quería que ellos se esfuercen porque los quieran.

—¿Notaste que tenían algún miedo con eso?

—Sí, los chicos tienen mucho miedo siempre de no caer bien. Muchas veces en las familias se sobreadaptan, así lo llaman las psicólogas, que es tratar de hacer todo perfecto para que los quieran. Y yo no quería eso. Yo quería que ellos supieran que mi amor era incondicional, como el de cualquier mamá. Tu amor por tu hijo es incondicional. Tu hijo puede hacer lo que quiera, decirte lo que quiera, putearte, hasta decirte cosas horribles y el amor es incondiconal. Entonces esa incondicionalidad que yo sentí siempre desde mis viejos, quería que la sientan en mi casa. Incluso desde antes de saber que podían llegar a ser mis hijos. Que no se tengan que adaptar ellos, yo soy el adulto que se adapta a ellos. Y así fue, siempre. De hecho, me ha pasado de escuchar a veces las personas que estaban al cuidado decir: “No te portes mal, porque sino, no te vienen a buscar más”. “No. No es así. Yo te voy a venir a buscar siempre. Te portes como te portes, yo te voy a venir a buscar”, ese era mi mensaje. Y nosotros lo decimos siempre con los chicos, con mis hijos: “Nosotros nos elegimos como familia, nadie nos impuso amarnos. Nosotros elegimos la familia que tenemos”. Y por eso es alucinante.

—Caro. Si pudieses tomar un mate con tu versión de hace 10 años atrás o más, ¿qué te dirías?

—Que luche por ellos. Que luche por ellos como lo hicimos, pero quizás demoramos más de la cuenta. Más que nada por el miedo a que si uno empezaba esa lucha, la Justicia te los saque más rápido, porque a veces sucede eso. Que luche por ellos, que valen la pena, que son personas alucinantes, que me van a enseñar toda la vida porque los hijos te enseñan tanto. Nosotros capaz que les enseñamos con el ejemplo y nos equivocamos, obvio. Pero tratamos de hacer lo mejor. Yo siempre digo: no vienen con manual de instrucciones. Me puedo equivocar, por supuesto que me voy a equivocar. “Confía en que lo que te digo”, le digo siempre a mi hija de 18 años, porque está en la edad en la que quieren distanciarse de la mamá. “Yo soy distinta y hago lo que quiero”, te dicen. Y yo le explico: “Vos vas a hacer tu experiencia, pero confía en que lo que yo te voy a decir va a ser siempre desde tanto amor…“ Así que lo que me diría a mí misma es: lucha por ellos, vale la pena.

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