Murió Oscar González Oro: “Vas a ser el Héctor Larrea del 2000”

Revolucionó la radio con su programa “El oro y el moro” en Radio 10. Fue el más escuchado y con vínculo especial con los oyentes. También hizo TV. El refugio final en Punta del Este. El adiós a un profesional que marcó toda una época

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Héctor Larrea le pronosticó a Oscar González Oro que sería su sucesor (Foto: Adrián Escandar)
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La placa roja de Crónica del viernes 25 de septiembre, a las 13, fue un impacto: “Murió Oscar ‘El Negro’ González Oro”.

Flashback inevitable. Hace casi 30 años, el Bar Tolón, de la avenida Coronel Díaz y Santa Fe, a metros de donde vivía y vive Charly García, fue durante un largo tiempo la oficina de producción y de reuniones de parte de toda la previa del nacimiento de Radio 10, la emisora creada por el empresario y periodista Daniel Hadad. Siempre, atendidos por el mozo Nicolás. Testigo mudo.

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Octubre de 1996. Como responsable periodístico en el armado inicial, un día Hadad me pidió que me entrevistara con Oscar González Oro. Fue una llamada a su celular Motorola StarTac, la gran atracción en la época de los canjes de las líneas telefónicas y equipos con las empresas y periodistas.

Yo lo escuchaba en Radio del Plata y era casi un fan de su programa, donde por las tardes/noches conducía, de verdad, y siempre hablaba de y con “Dora”. Gran atractivo. Después supimos que no era más que una ficción, que “Dora” era su computadora y así recreó ese personaje.

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El primer encuentro fue inolvidable.

-¿Vos sabés quién soy yo?

-Sí.

-No, no sabés. Anoche fui a comer a Los Años Locos y me encontré con Héctor Larrea. ¿Sabés qué me dijo?: “Vas a ser el Larrea del 2000″.

La charla siguió. Apasionante. Hablamos de todo y surgió un tema clave: cómo sería la apertura del programa de las 9 de la mañana, la estructura, etc.

Ahí mismo, me demostró lo que luego fue e hizo.

-Decile a Daniel que si no puedo abrir cantando un tema de Charly, que ni me contrate.

El comienzo en Radio 10, el 2 de enero de 1999, fue revolucionario. Y marcó una nueva etapa, de cobertura con los móviles de Facundo Pastor, Ronen Suarc y Rodrigo Lusich, producción periodística, artística y comercial. “Un nuevo prócer nace entre Rivadavia y Mitre”, fue el slogan de la campaña publicitaria.

Muy pronto se transformó en la emisora número uno en audiencia.

González Oro se impuso en las mañanas con El oro y el moro: estilo propio, descontracturado, con un vínculo especial con los oyentes. Su programa, como la radio, “era un parlante”. Se impuso a Néstor Ibarra (Mitre), Oscar Gómez Castañón (Continental), Santo Biasatti y Héctor Larrea (Rivadavia). Todos, enormes conductores y profesionales. Esta enumeración da la magnitud de lo que pasó al aire en la AM.

Generó una magia única. Luego, al tiempo, parte de eso se perdió cuando fue a la TV. Como lo fue siempre la radio, la imaginación antes que la imagen. Y así los conductores fueron construyendo su perfil y hasta su personaje.

Fue un innovador y logró traspasar el aire. Ahora, me acuerdo de mi abuela Rosalía. Lo amaba. Su vida no era vida si no lo escuchaba. Como conductor, logró con su lenguaje una atracción única. Les hablaba a “Las chuchis”. La radio en todos lados. Mi abuela Rosalía también fue “una chuchi”.

Fue “cadena nacional” en los taxis (hasta con polémicas). Sus notas, siempre con repercusión. Gran amigo de los amigos, como Eduardo Feinmann y Baby Etchecopar. Y los inolvidables pases de programa con Marcelo Longobardi, María Isabel Sánchez y Rolo Villar.

En la televisión abierta y de cable también tuvo su momento. El 13 de marzo de 2008 invitó a su programa Prime Time en C5N a Susana Giménez. Con él, Sofía Neiman (además, era su productora comercial). Amigos, siempre. Susana llegó al canal con su otra amiga, Teté Coustarot. No fue un programa más. Viví en la previa y en cada corte la complicidad entre ellos. El ida y vuelta fue mucho más que una entrevista, fue una charla de amigos. Casi como una reunión en vivo. La referencia de ese encuentro fue casi el espíritu de cómo sentía a sus amigos.

Éxito descomunal, vida pública, vida privada, jamás pasó inadvertido. Lo admiraron y también tuvo algunos cruces. Varios Martin Fierro, más premios y reconocimientos. Cambio de rumbo. Y se alejó de los medios.

De Buenos Aires y Uruguay. Su último destino en Punta del Este, donde murió, fue su gran refugio. El mensaje de hace meses, conmovedor: “Estoy cerca de mi ocaso. Amé, fui amado, el sol acarició mi faz. Vida, nada me debés, vida, estamos en paz”.

En su despedida, los ex compañeros de todos los medios donde trabajó destacaron su figura. Cada uno aportó su anécdota, el recuerdo con textos, mensajes de audio, fotos y videos.

Vamos a extrañar hasta el tic de la carraspera y el “mmm” en cada entrevista, casi como una pausa reflexiva.

Un auténtico Oscar González Oro, como cuando pasaba su mano por la cara.

Fue un referente de la profesión y logró revitalizar la importancia de la radio y de sus conductores.

Siempre recordaré esa frase, premonitoria, que le dijo Héctor Larrea.

Siempre supo lo que quiso y alcanzó lo máximo.

Disfrutó de lo que más amaba, la radio.

Se fue un número uno.