
Por décadas, la discusión sobre el desarrollo argentino giró en torno a una consigna repetida: “hay que exportar más”. Sin embargo, los datos obligan a reformular la pregunta: ¿quiénes están exportando? Porque mientras el volumen total crece impulsado por grandes compañías, el entramado empresarial se achica.
En los últimos 20 años, Argentina perdió cerca del 40% de sus empresas exportadoras: pasó de unas 15.000 en 2006 a apenas 9.400 en la actualidad. Este dato no es menor. La densidad exportadora -clave en cualquier economía moderna- se está erosionando.
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La otra cara del fenómeno es aún más reveladora: las pyme representan más del 50% de las firmas exportadoras, pero apenas explican el 6,3% del valor total exportado, según la Cámara de Exportadores de la República Argentina (CERA). En otras palabras, el sistema exportador argentino está altamente concentrado: pocas empresas grandes explican casi todo.
Las pyme representan más del 50% de las firmas exportadoras, pero apenas explican el 6,3% del valor total exportado
No se trata de falta de vocación exportadora, sino de un esquema de incentivos adverso. Las principales trabas son conocidas, persistentes y, sobre todo, acumulativas:
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- El atraso en los reintegros y la devolución de IVA. Para una pyme, el capital de trabajo es crítico. Financiar al Estado durante meses -o años- equivale a quedar fuera del juego.
- La obligación de liquidar divisas en condiciones que no aplican de la misma manera a todos los actores. La asimetría regulatoria genera una desventaja competitiva estructural para las empresas más chicas, que no tienen espalda financiera ni estructuras sofisticadas para arbitrar regulaciones.
- La persistencia de derechos de exportación (retenciones), incluso en sectores con bajo valor agregado o alta competencia internacional. Este impuesto, que en teoría grava rentas extraordinarias, en la práctica actúa como un costo fijo adicional que castiga proporcionalmente más a las pyme.

El resultado es previsible: mientras las grandes empresas -muchas ligadas a las materias primas- aumentan volumen, las pequeñas retroceden en cantidad y relevancia.
La evidencia internacional: más pyme, más desarrollo
La experiencia global muestra exactamente lo contrario. En economías desarrolladas, las pyme explican cerca del 35% del valor exportado, y en países en desarrollo, alrededor del 11,5%, casi el doble que en Argentina.
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Economistas como Dani Rodrik han insistido en que el crecimiento sostenido no depende solo del volumen exportado, sino de la diversificación productiva y la cantidad de firmas que participan del comercio internacional. Más empresas exportando implica más innovación, más empleo calificado y mayor resiliencia macroeconómica.
Más empresas exportando implica más innovación, más empleo calificado y mayor resiliencia macroeconómica
El caso de Corea del Sur es ilustrativo: durante décadas, combinó incentivos fiscales, financiamiento dirigido y simplificación administrativa para integrar a miles de pyme en cadenas globales de valor. Algo similar ocurrió en Italia, donde los distritos industriales y la promoción exportadora permitieron que pequeñas firmas manufactureras compitan globalmente.
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Más cerca en el tiempo, Chile avanzó en la digitalización de trámites, acuerdos comerciales y programas de apoyo específicos para pyme exportadoras, reduciendo costos de entrada y facilitando la internacionalización. Hoy en Chile hay 412 pyme exportadoras cada 1 millón de habitantes mientras que en Argentina hay sólo 199.
Qué debería cambiar
El problema argentino no es de capacidad empresarial, sino de arquitectura económica. Para revertir la caída, el país necesita un cambio de enfoque en al menos tres dimensiones.
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- Previsibilidad macro y financiera. Sin estabilidad cambiaria y acceso al crédito, ninguna pyme puede planificar exportaciones.
- Simplificación radical. Menos regulaciones, procesos más ágiles y eliminación de costos ocultos. Exportar no puede ser una carrera de obstáculos.
- Incentivos alineados. Esto implica acelerar devoluciones impositivas, revisar retenciones en sectores de valor agregado y eliminar distorsiones en el mercado cambiario.
Como señala Michael Porter, la competitividad de un país depende de su capacidad para crear un entorno donde las empresas -especialmente las pequeñas- puedan crecer y escalar. Argentina hoy ofrece lo contrario: un sistema donde sobrevivir ya es un logro.
Una decisión estratégica
El dato más preocupante no es la caída en la cantidad de empresas exportadoras, sino la falta de reacción frente a ese fenómeno. Porque detrás de cada pyme que deja de exportar hay empleo, innovación y valor agregado que el país pierde.
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Argentina no necesita solo exportar más. Necesita que más empresas exporten
Argentina no necesita solo exportar más. Necesita que más empresas exporten.
Y eso no es un resultado automático del mercado, sino el reflejo de una decisión de política económica.
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El autor es Analista Económico, director de Focus Market
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