
¿Alguien puede explicar bajo qué lógica Cristina Kirchner exhibió su trámite exprés para asegurarse dos jubilaciones millonarias en plena campaña electoral? ¿Cuán lejos se puede estar de la gente común y en qué delirio de superioridad para ostentar tan impúdico privilegio? Sin dudas la impudicia puede ser también una forma de la estupidez y del desprecio.
En el proceso de degradación que se precipitó en el Gobierno luego de las PASO, el escándalo de la jubilación de la Vicepresidenta es simbólicamente el marcador más grave de los años luz que separan a la actual administración de la gente.
Hice la pregunta en una mesa de dirigentes políticos y un ex funcionario me respondió: “En otro momento era una muestra de poder que la jefa pudiera quedarse con algo y mostrarlo, porque era la jefa. Como Evita con las joyas. Pero no se dan cuenta que ese momento pasó”. Buscaba explicarme que la jactancia de los botines del poder del jefe o jefa sólo es posible si la bonanza es horizontal. Pero más allá de la tolerancia a los excesos del líder que puede caracterizar a los populismos, en este caso, el carácter simbólico de lo que significa “la jubilación”, en un contexto de pérdida real de valor en el ingreso de los adultos mayores como consecuencia de la inflación y con una definición ultra rápida de la Anses que contrasta con los años que le lleva un juicio a un jubilado común, la resolución a favor de Cristina en plena campaña es un cachetazo a los jubilados que si cobran la mínima reciben casi 100 veces menos que ella: 26 mil contra 2 millones y medio. No más preguntas, Señor Juez. No hacen falta argumentos legales a favor o en contra para considerarlo una inmoralidad.
“No sé con cuál cierre de campaña quedarme”, me dice un colega, “si el Presidente haciéndole bullying a los cordobeses o la policía gaseando a los vecinos de Ramos Mejía”, ironiza. Si el oficialismo había quedado en un pozo por los resultados de las primarias, en el tiempo posterior, sólo siguió cavando.
En los primeros días después de la derrota, el Presidente salió con anotador, según él, a escuchar a la gente, aunque luego sólo escuchó a Cristina. Si tomamos los temas que más preocupan a la sociedad siguen sin plan de solución en el horizonte. La inflación es una fogata que encendieron aún más con emisión, simulando al mismo tiempo que la combatían con los inútiles controles de precios. Las previsiones para el año que viene directamente dan miedo.
La incertidumbre sobre un acuerdo con el Fondo lleva a estado crítico los problemas crónicos de la economía. ¿Quién puede responder qué hará el Gobierno después del 15? Ni el Gobierno puede responderlo y ya se sabe: el que camina a ciegas termina llevándose cosas por delante. La incertidumbre se lee en la cotización del dólar que trepó a 205 pesos y es el indicador de cómo la máquina impresora de billetes es en realidad la trituradora de su valor.
En este tiempo de campaña, de intentar remontar los números como sea y sin pudor, de pronto dieron por terminada la pandemia y aquí no ha pasado nada. Cualquiera se pregunta qué fue verdad y qué no a la luz de los volantazos oportunistas. Y no se trata de un cambio de idea, se trata de una política sanitaria fallida que fulminó a la economía y tampoco evitó un saldo trágico en vidas perdidas. Por no sumar vacunatorio VIP, la fiesta en Olivos, el favoritismo ideológico de las vacunas rusas y chinas, la tardanza de vacunas a menores y haber aplicado sin ensayos suficientes las de los más chiquitos.
Cualquiera que enumere los hechos que siguieron a las primarias, desde la carta de Cristina y su rayo pulverizador se encontrará con una campaña de goles en contra. Y una retirada con certificado médico de la Vicepresidenta que no podrá ir a votar y difícilmente haga acto de presencia para otra derrota. Mientras tanto el Presidente se aseguró un acto de apoyo de la CGT y movimientos sociales para la semana que viene. Es decir que considera que necesitará apoyo. La interna del Gobierno no sólo no está saldada sino que testeará fuerzas con resultados puestos. Ellos están en otro planeta, porque a esto no se le puede llamar gobernar. Lo que no tiene titubeos es la búsqueda de impunidad y por las dudas, una jubilación abultada en caso de embargos de cuentas. De otra manera no se entiende. De otra manera no se entiende la anti campaña de Cristina y sus ingresos de privilegio.
* Editorial de Cristina Pérez en “Confesiones en la noche” (Radio Mitre)
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